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En Córcega se ha descubierto una vivienda de la Antigüedad tardía cerca de un antiguo embarcadero: los hallazgos nos hablan de la vida cotidiana

Categorías: Arqueología / Descargo de responsabilidad


En Meria, en el Cabo de Córcega, las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz un edificio de al menos 50 metros cuadrados que data de la Antigüedad tardía. Este hallazgo se suma al de un embarcadero descubierto en 2025 y abre nuevas perspectivas sobre la presencia romana a lo largo de las costas de Córcega.

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A menos de cien metros del mar, en un promontorio rocoso que domina la bahía de Meria, en Capo Corso ( Córcega, Francia), los arqueólogos han descubierto un edificio de la Antigüedad tardía con estancias destinadas a la vida cotidiana. Entre los restos se han hallado fragmentos de cerámica relacionados con las actividades culinarias, recipientes de vidrio, utensilios de hierro y una muela. Las estructuras se encuentran a unos treinta metros de desnivel con respecto a un antiguo embarcadero descubierto en la misma zona en 2025. Ambos hallazgos, fruto de investigaciones arqueológicas preventivas, sugieren que Meria podría haber sido sede de un asentamiento costero más complejo de lo que se creía hasta ahora.

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La nueva campaña de excavación se llevó a cabo en los meses de mayo y junio de 2026, antes de la construcción de una vivienda privada en la zona del puerto deportivo de Meria, en Córcega. Los arqueólogos del Inrap, el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas francés, han investigado una superficie de 150 metros cuadrados por orden del Servicio Regional de Arqueología de la DRAC de Córcega, la Dirección Regional de Asuntos Culturales. Esta intervención constituye la segunda operación preventiva llevada a cabo en la península tras la realizada en la primavera de 2025, cuando se identificó una estructura de embarcadero atribuida a la Antigüedad tardía, en la orilla sur del Ruisseau de Meria. El nuevo edificio se encuentra en la ladera norte de un pequeño promontorio rocoso que domina tanto el curso de agua como la bahía. Su ubicación, cerca de la costa y a poca distancia del embarcadero, constituye uno de los elementos que hacen que el complejo arqueológico resulte especialmente interesante. De hecho, ambas estructuras podrían ser contemporáneas, aunque la relación cronológica y funcional entre la vivienda y la infraestructura portuaria deberá analizarse en profundidad mediante el estudio de los datos recopilados.

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Meria, Córcega. Foto: Inrap
Meria, Córcega. Foto: Inrap
Ubicación de la excavación de la plataforma de aterrizaje realizada en 2025 (en amarillo) y en 2026 (en rojo)
Ubicación de la excavación de la plataforma de desembarque realizada en 2025 (en amarillo) y en 2026 (en rojo). Foto: Inrap

Un edificio construido en la roca

El edificio identificado durante las excavaciones presenta una planta dividida en dos partes y una superficie mínima de 50 metros cuadrados. Se erige directamente sobre el sustrato rocoso de esquisto, que los antiguos constructores modificaron para preparar los cimientos. Estas últimas se conservan en al menos tres hileras y están construidas con bloques de esquisto escuadrados, dispuestos siguiendo una técnica de albañilería minuciosa. Los elementos de piedra se alternan según un sistema que prevé bloques colocados longitudinalmente en la mampostería y otros dispuestos perpendicularmente al frente.

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En algunos puntos, la roca natural se utilizó directamente como parte de las paredes interiores. De hecho, las superficies se cortaron para prolongar el trazado de algunas construcciones, reduciendo así la necesidad de realizar íntegramente en mampostería los límites de los espacios: la conformación del terreno no solo constituía el soporte del edificio, sino que se integraba en su organización arquitectónica. Otra característica se refiere a la división de los espacios interiores: los arqueólogos han identificado losas monolíticas de esquisto local colocadas verticalmente y mantenidas en su posición mediante piedras de refuerzo y postes de madera (estos elementos servían para separar los espacios, introduciendo una solución constructiva diferente a la de las paredes de mampostería). La presencia de tales separadores atestigua, por tanto, una organización de los espacios que combinaba diferentes materiales y técnicas, adaptándose a las características del lugar.

Las estructuras conservadas permiten reconstruir, al menos en parte, la planta del edificio, pero aún quedan por aclarar algunos aspectos de su configuración original. Entre ellos se encuentra la cubierta: de hecho, en el interior del edificio se han identificado varios agujeros de postes, algunos de los cuales presentan sistemas de fijación realizados con piedras. Estas cavidades podrían corresponder a los alojamientos de los soportes de madera utilizados para sostener un tejado de tejas, hipótesis que también sugiere la abundante presencia de tegulae, las tejas planas romanas, en los estratos de abandono.

Vista detallada de los muros y los niveles de demolición. Foto: Inrap
Vista detallada de los muros y los niveles de demolición. Foto: Inrap
Vista detallada del revestimiento de una estructura de mampostería.
Vista detallada del revestimiento de una estructura de mampostería. Foto: Inrap
Losa monolítica colocada de canto, que hace las veces de separador
Losa monolítica colocada de canto, que hace las veces de tabique. Foto: Inrap
Vista aérea del edificio desenterrado. Foto: Brice Chevaux, Inrap
Vista aérea del edificio puesto al descubierto. Foto: Brice Chevaux, Inrap

Cerámicas, vidrios y utensilios: vestigios de la vida doméstica

Los materiales recuperados durante la excavación son los que más contribuyen a aclarar la función del edificio. En las esquinas de las distintas estancias se han identificado fosas que contenían desechos y residuos de las actividades realizadas en el interior de la estructura: el material hallado comprende, sobre todo, fragmentos de cerámica relacionados con la preparación y el consumo de alimentos, recipientes de vidrio, herramientas de hierro y una muela, identificada con el término latino catillus. La concentración de estos hallazgos remite a la esfera doméstica y respalda la interpretación del edificio como vivienda (no se trata, por tanto, únicamente de restos de muros, sino de un conjunto de indicios que permite acercarse a las actividades que realizaban los ocupantes y a la gestión cotidiana de los espacios).

La cerámica, el vidrio y los utensilios constituyen, además, una fuente importante para el estudio de la cultura material de Córcega en la Antigüedad tardía. De hecho, los materiales recogidos en las dos campañas de excavación presentan producciones características de este periodo que aún están poco documentadas en la isla: su estudio puede contribuir a ampliar los conocimientos sobre las tipologías cerámicas que circulaban en Córcega y sobre las relaciones entre los asentamientos locales y las demás regiones del Mediterráneo.

También reviste especial interés la variedad de importaciones identificadas en el corpus cerámico. Según el Inrap, su riqueza sitúa a Meria dentro de los circuitos de intercambio mediterráneos, y la presencia de materiales procedentes de otros contextos productivos sugiere, por tanto, que el yacimiento no estaba aislado, sino que formaba parte de redes de circulación de mercancías y manufactos. Para comprender con mayor precisión el origen de los hallazgos y las modalidades de estos intercambios, serán determinantes los análisis en profundidad de los materiales recuperados. El conjunto de hallazgos incluye, además, numerosos objetos metálicos, artefactos de vidrio y elementos líticos atribuibles a diferentes ámbitos de uso: las actividades domésticas y artesanales, la esfera personal y la navegación. Esta variedad es uno de los aspectos destacados por los arqueólogos, ya que contribuye a definir el carácter peculiar de Meria en el arco cronológico que va desde la época romana hasta principios de la Edad Media.

Fosa situada en el interior del edificio que contiene los residuos procedentes de la cocción de cerámica.
Fosa en el interior del edificio que contiene los residuos derivados de la cocción de cerámica. Foto: Inrap
Se está excavando una zanja.
Excavación de una fosa en curso. Foto: Inrap

Un embarcadero para conectar el asentamiento con el mar

El descubrimiento de la vivienda cobra mayor relevancia si se analiza junto con los resultados de la campaña arqueológica de 2025. En aquella ocasión, también en Meria, se identificó una estructura de embarcadero atribuida a la Antigüedad tardía, situada en la orilla sur del Ruisseau de Meria. El edificio descubierto en 2026 se encuentra a menos de cien metros de la línea de costa y unos treinta metros más arriba que la estructura de atraque.

La proximidad geográfica y la posible contemporaneidad de ambas estructuras plantean una cuestión importante: ¿el embarcadero daba servicio únicamente a una vivienda aislada o formaba parte de un asentamiento más extenso? Por el momento, los datos disponibles no permiten dar una respuesta definitiva, pero la hipótesis de un asentamiento costero más complejo figura entre las perspectivas que se abren a raíz de las investigaciones.

Las dos campañas han aportado una cantidad considerable de datos a pesar de las superficies relativamente limitadas en las que se han realizado las excavaciones. Su interés no se limita únicamente a las estructuras arquitectónicas y los objetos hallados, sino también a la posibilidad de reconstruir el entorno en el que se insertaba el embarcadero. Por este motivo, las investigaciones arqueológicas se complementan con estudios geoarqueológicos y paleoambientales. El análisis de los niveles caracterizados por condiciones hidromorfas, presentes en las proximidades de la estructura de desembarque, se complementa con investigaciones sobre ecofactos y con estudios de malacología y palinología (la malacología se ocupa de los moluscos, mientras que la palinología estudia el polen: ambas pueden contribuir a la reconstrucción de las condiciones ambientales del pasado).

Estos enfoques permiten profundizar en la evolución del territorio y en las dinámicas fluviales y costeras en las que se inscribía la estructura de atraque: la línea de costa, la conformación de los cursos de agua y las condiciones ambientales pueden, de hecho, cambiar con el tiempo; reconstruir su historia es esencial para comprender el funcionamiento de un antiguo embarcadero y su relación con los asentamientos cercanos.

El yacimiento de Meria ofrece así la oportunidad de estudiar conjuntamente los vestigios de la actividad humana y los de los procesos naturales. Los hallazgos documentan las actividades cotidianas y las relaciones de intercambio, mientras que los análisis medioambientales ayudan a definir el paisaje en el que se desarrollaban estas actividades.

Plano de una estructura en la que actualmente se están realizando excavaciones. Foto: Brice Chevaux, Inrap
Levantamiento topográfico de una estructura que actualmente es objeto de excavación. Foto: Brice Chevaux, Inrap

Las huellas de una presencia más antigua

La hipótesis de que Meria albergara un asentamiento más extenso no se basa exclusivamente en los descubrimientos recientes: de hecho, los arqueólogos recuerdan algunos hallazgos anteriores quesugieren una ocupación del territorio ya en la época romana. En el siglo XIX se descubrió un elemento de mármol que servía de soporte para una mesa de altar, con una inscripción dedicatoria al emperador Claudio, y a este hallazgo se suma otro elemento de mármol, recuperado en 2012 por el Departamento de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas y Submarinas francés (DRASSM), en las profundidades de la bahía de Meria.

Estos hallazgos, junto con los resultados de las dos campañas preventivas, contribuyen a esbozar una historia arqueológica más compleja que la que sugiere la mera presencia de una vivienda y un embarcadero. Según el Inrap, Meria podría haber sido sede de un asentamiento complejo, tal vez un pequeño poblado o un asentamiento costero, ya durante la época romana. Se trata, sin embargo, de una hipótesis que deberá verificarse mediante nuevas investigaciones y el estudio exhaustivo de los materiales.

En cualquier caso, las investigaciones de Meria abren nuevas perspectivas para el estudio de la Córcega romana y de la Antigüedad tardía, un ámbito en el que algunas categorías de hallazgos, en particular las producciones cerámicas de la Antigüedad tardía, aún están poco documentadas. El análisis de los materiales procedentes de las dos excavaciones, junto con los estudios sobre el paisaje y la dinámica costera, podrá contribuir a precisar la cronología y las características del asentamiento.

En Córcega se ha descubierto una vivienda de la Antigüedad tardía cerca de un antiguo embarcadero: los hallazgos nos hablan de la vida cotidiana
En Córcega se ha descubierto una vivienda de la Antigüedad tardía cerca de un antiguo embarcadero: los hallazgos nos hablan de la vida cotidiana

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