por Redazione 18/10/2026
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Una encuesta realizada por el Arts Council England a 296 organizaciones culturales pone de manifiesto los efectos de las olas de calor sobre el personal, los visitantes y los presupuestos en el Reino Unido. El 96 % de las entidades encuestadas ha sufrido consecuencias y menos del 1 % se considera muy preparada para hacer frente a futuras emergencias. Los datos son alarmantes.
Temperaturas de hasta 48 grados en los espacios de trabajo, eventos cancelados, descenso del número de visitantes y personal obligado a trabajar en condiciones difíciles. En el Reino Unido, las olas de calor de este verano han tenido consecuencias directas en el funcionamiento de las organizaciones artísticas y culturales, desde museos y bibliotecas hasta entidades dedicadas a las artes escénicas. Así lo documenta una encuestadel Arts Council England, realizada en julio de 2026 entre 296 organizaciones, de la que se desprende que el 96 % de los participantes ha sufrido las consecuencias de las altas temperaturas. Casi la mitad, el 47 %, señala consecuencias significativas o graves, mientras que ninguno de los encuestados se considera plenamente preparado para hacer frente a futuras olas de calor.
Los resultados se publicaron el 12 de octubre de 2026 y llegan tras un verano que la Met Office, el servicio meteorológico nacional británico, ha calificado provisionalmente como el más caluroso jamás registrado en el Reino Unido. La encuesta se puso en marcha precisamente para comprender cómo las olas de calor entre mayo y julio han afectado a las actividades culturales, a los costes de gestión y a las condiciones de trabajo, pero también para comprobar qué medidas se han adoptado y en qué medida las organizaciones están preparadas para hacer frente a fenómenos similares en el futuro.
El panorama que se desprende se refiere a un sector que debe hacer frente a consecuencias que no se limitan al confort de los espacios. Las altas temperaturas pueden comprometer la seguridad y el bienestar de los trabajadores y del público, reducir la asistencia a los eventos, aumentar los gastos operativos y obligar a modificar los horarios o a cerrar temporalmente algunos espacios. La encuesta sugiere, además, que, a pesar de que una parte de las organizaciones ya ha adoptado medidas para hacer frente al calor, la preparación estructural sigue siendo limitada.
El efecto señalado con mayor frecuencia se refiere al bienestar de los empleados, colaboradores autónomos y voluntarios. Este problema fue señalado por 208 organizaciones, lo que equivale al 70 % de los participantes. Le sigue de cerca la reducción de la afluencia de público, visitantes y participantes en las actividades, señalada por 199 entidades, el 67 % de la muestra. En 134 casos, lo que equivale al 45 % de los encuestados, los espacios interiores se han vuelto demasiado calientes para poder utilizarlos. Por su parte, el bienestar de los visitantes fue señalado por 127 organizaciones, el 43 %. Las consecuencias también se han traducido en cambios concretos en la programación: 93 entidades, el 31 %, han cancelado eventos o actividades, mientras que 76, el 26 %, los han aplazado o reprogramado.
Algunas organizaciones se han visto obligadas a limitar el acceso a los espacios. Setenta y una entidades, el 24 %, han informado de cierres parciales, por ejemplo, de determinadas salas o espacios, y 66, el 22 %, han modificado o reducido los horarios de apertura. Veintinueve entidades, el 10 %, declararon haber cerrado por completo. En otros casos, el público abandonó los espacios antes de lo previsto: esta circunstancia fue señalada por 55 organizaciones, el 19 %.
Los efectos no se limitaron a los espacios cerrados. Cuarenta y cinco organizaciones, el 15 %, informaron de problemas relacionados con las actividades al aire libre, mientras que otras tantas señalaron daños o deterioro en las zonas exteriores, entre ellos casos de quema de la vegetación y consecuencias de la sequía. Además, trece entidades, el 4 %, indicaron un aumento del riesgo de incendio o la necesidad de adoptar precauciones adicionales.
La encuesta también recoge problemas con los equipos y las instalaciones técnicas, señalados por 83 organizaciones, el 28 %. Otras 60 entidades, el 20 %, tuvieron que reasignar parte de su personal a la gestión de las consecuencias del calor. El aumento del consumo de agua, ya sea para la refrigeración, las zonas exteriores o los servicios a los visitantes, fue señalado por 78 participantes, el 26 %.
Pérdidas económicas y costes de gestión
Las consecuencias de las olas de calor también se han reflejado en los balances. Nada menos que 123 organizaciones, el 42 % de la muestra, señalaron una reducción de los ingresos, relacionada, entre otros factores, con las cancelaciones de entradas, la disminución de las ventas, la caída de los ingresos derivados de los servicios de acogida y restauración o la pérdida de ingresos comerciales. Un número casi equivalente, 119 entidades, lo que supone el 40 %, registró un aumento de los costes operativos, por ejemplo, debido a la energía necesaria para refrigerar los locales. A la pregunta sobre la existencia de un impacto financiero negativo, 189 participantes respondieron afirmativamente. La tabla publicada por el Arts Council England recoge esta cifra como el 64 % de los encuestados, mientras que 62 organizaciones, el 20 %, se mostraron indecisas. El documento presenta además un dato de 45 respuestas negativas, asociadas al 8 % en la tabla, un porcentaje que no se corresponde con la cifra absoluta indicada.
La encuesta se llevó a cabo cuando, para muchas organizaciones, aún era demasiado pronto para calcular con precisión las pérdidas totales. 82 participantes, el 28 %, declararon que aún no podían estimar el impacto económico. Entre las que proporcionaron una estimación, 59 organizaciones indicaron pérdidas de entre 500 y 2 000 libras, 31 de entre 2 000 y 5 000 libras y 20 de entre 5 000 y 10 000 libras. Otras 38 estimaron pérdidas inferiores a 500 libras, mientras que 20 consideran que el perjuicio económico superará las 10 000 libras.
En la tabla relativa a las estimaciones financieras, 39 organizaciones indicaron que no habían sufrido consecuencias económicas y solo tres señalaron un posible efecto positivo. Este último dato corresponde aproximadamente al 1 % de la muestra, mientras que las organizaciones que prevén pérdidas superiores a 10 000 libras representan alrededor del 7 % del total de los encuestados.
El panorama económico sigue siendo, por tanto, en parte provisional, pero las respuestas recabadas indican una presión en ambos lados de los balances: por un lado, menores ingresos; por otro, mayores costes para mantener las instalaciones en condiciones de uso y gestionar las consecuencias de las altas temperaturas. Para las instituciones que dependen de la venta de entradas, de los servicios al público o de actividades programadas en fechas concretas, la cancelación o modificación de los eventos puede afectar directamente a los ingresos.
Las soluciones adoptadas: sobre todo ventiladores y medidas temporales
Ante el calor, las organizaciones han recurrido sobre todo a intervenciones inmediatas. La medida más extendida ha sido la instalación o el uso de ventiladores temporales, señalada por 210 participantes, el 71 %. En segundo lugar se sitúael aumento de la ventilación, por ejemplo, mediantela apertura de ventanas, adoptada por 164 entidades, el 55 %. El 49 % cerró cortinas o persianas ya disponibles para aprovechar la sombra existente.
Otras medidas se han centrado directamente en la gestión del personal y la atención al público. 117 organizaciones, el 40 %, han aumentado los descansos para los empleados y los artistas; 112, el 38 %, han intensificado los controles sobre el estado de las personas consideradas más vulnerables entre los visitantes y participantes. Las pausas para beber fueron adoptadas por 110 entidades, el 37 %, mientras que 103 organizaciones, el 35 %, flexibilizaron las normas sobre la vestimenta del personal y otras tantas pusieron a disposición del público agua potable de forma gratuita.
Un tercio de los participantes, 97 organizaciones, trasladaron las actividades a entornos más frescos, por ejemplo, a espacios interiores o con aire acondicionado. Noventa y seis entidades, el 32 %, aplazaron o reprogramaron actividades, mientras que 90, el 30 %, las cancelaron. Ochenta y dos organizaciones, el 28 %, han cerrado temporalmente algunos espacios y 76, el 26 %, han reducido o modificado los horarios de apertura.
El aire acondicionado se utilizó de forma temporal en 59 organizaciones, el 20 %, mientras que 34, el 11 %, disponían de instalaciones permanentes. 44 entidades, el 15 %, han instalado estructuras de sombra temporales y 35, el 12 %, han trasladado colecciones o equipos sensibles al calor. Treinta organizaciones, el 10 %, han abierto al público espacios gratuitos destinados a ofrecer un ambiente más fresco; 22, el 7 %, redujeron el aforo de visitantes y 20, también el 7 %, adoptaron otras formas de refrigeración gratuita, como la distribución de polos o la entrega de sombrillas.
Los cierres totales fueron señalados por 33 participantes, el 11 %. Solo nueve organizaciones, el 3 %, declararon haber instalado ventiladores permanentes no pertenecientes a sistemas de aire acondicionado. Quince entidades señalaron otras medidas sin especificar en detalle.
Los datos muestran, por tanto, que las respuestas al calor se han basado a menudo en soluciones prácticas y a corto plazo: ventilación, sombra, agua, pausas y modificaciones en las actividades. Resultan menos frecuentes las medidas que requieren inversiones en infraestructuras o una revisión más sistemática de los procedimientos de gestión.
La preparación para las próximas olas de calor
Es precisamente en el ámbito de la planificación a largo plazo donde la encuesta identifica uno de los principales puntos críticos. A la pregunta sobre la preparación de la organización para afrontar futuros periodos de calor extremo, ningún participante eligió la respuesta «muy preparada». 36 entidades, el 12 %, se definieron como bastante preparadas, mientras que 154, el 52 %, declararon encontrarse en una situación intermedia, en parte preparadas y en parte no preparadas. Otros 74 participantes, el 25 %, se consideran en su mayoría poco preparados y 19, el 6 %, nada preparados. Una organización no supo indicar su nivel de preparación. El dato clave es, por tanto, que la mayoría aún no se considera suficientemente preparada para afrontar con seguridad las consecuencias de futuras olas de calor.
Las medidas que ya estaban en vigor antes de las recientes olas de calor ayudan a comprender esta dificultad. 190 organizaciones, el 64 %, disponían de ventiladores no conectados a sistemas de aire acondicionado, mientras que 83, el 28 %, contaban con sistemas de climatización. Los procedimientos específicos para el personal estaban menos extendidos: solo 70 entidades, el 24 %, habían establecido instrucciones para los empleados en caso de ola de calor.
Aún más limitada era la integración de este riesgo en los procedimientos de gestión. Cuarenta y dos organizaciones, el 14 %, habían incluido el calor extremo en sus registros de riesgos; 38, el 13 %, contaban con procedimientos o políticas específicas para las olas de calor. Las estructuras permanentes para proporcionar sombra estaban presentes en 31 entidades, el 10 %, mientras que apenas 18 organizaciones, el 6 %, habían tenido en cuenta los cierres debidos al calor en la planificación de la continuidad operativa.
Las medidas adoptadas durante el verano no equivalen, por tanto, necesariamente a una estrategia de adaptación estructurada: disponer de ventiladores, abrir las ventanas o distribuir agua puede mitigar los efectos inmediatos de las altas temperaturas, pero no sustituye a los planes que definan responsabilidades, umbrales operativos, procedimientos para el personal, modalidades de comunicación con el público y criterios para modificar o interrumpir las actividades.
Por ello, el Arts Council England subraya la necesidad de reforzar la capacidad de respuesta del sector a largo plazo. La planificación deberá tener en cuenta no solo la continuidad de las actividades, sino también el bienestar de los empleados, autónomos y voluntarios, que es el impacto más frecuentemente señalado en la encuesta.
Informar al público durante las emergencias
La comunicación con los visitantes y participantes constituye otro aspecto de la gestión de las olas de calor. 107 organizaciones, el 36 %, comunicaron cambios operativos, como modificaciones en los horarios o en las actividades. 92 entidades, el 31 %, invitaron al público a llevar agua o protector solar, mientras que 80, el 27 %, compartieron consejos de seguridad durante las olas de calor, haciendo referencia también a información propia o a la publicada en el portal gubernamental británico gov.uk. Además, 69 organizaciones, el 23 %, han informado de la disponibilidad de espacios más frescos, incluidos aquellos equipados con aire acondicionado. Y 28 entidades, el 9 %, han invitado a las personas a evitar los desplazamientos, mientras que 21, el 7 %, han sugerido no acudir a sus sedes.
Sin embargo, el dato que merece especial atención es el relativo a la falta de comunicación: 97 organizaciones, el 33 %, declararon no haber difundido información al público en relación con las olas de calor. El resultado pone de manifiesto que, además de las medidas materiales, la comunicación preventiva y oportuna constituye un ámbito en el que las organizaciones pueden reforzar sus procedimientos. Informar sobre posibles cierres, cambios de programa, disponibilidad de agua y espacios frescos o condiciones de acceso forma parte, de hecho, de la gestión operativa de una emergencia. Para las instituciones culturales, la capacidad de comunicar puede contribuir a limitar los desplazamientos innecesarios y a permitir que el público organice su visita en función de las condiciones reales.
Un impacto más grave que el año anterior
Las respuestas indican también que las consecuencias de la ola de calor se percibieron, en general, como más graves que las del verano anterior. 128 organizaciones, el 43 %, describieron el impacto como mucho más grave, mientras que 111, el 38 %, lo consideraron ligeramente más grave. 42 entidades, el 14 %, declararon que la situación se había mantenido prácticamente sin cambios; dos señalaron consecuencias ligeramente menos graves y ninguna indicó un impacto mucho menos grave. Trece organizaciones no supieron responder.
En conjunto, el 81 % de los participantes considera, por tanto, que las olas de calor de 2026 tuvieron consecuencias más graves que las del año anterior. Este dato concuerda con la valoración del Arts Council England sobre la necesidad de preparar al sector para unas condiciones climáticas que pueden comprometer cada vez más el desarrollo normal de las actividades.
La distribución geográfica de las respuestas también presenta diferencias. El sur de Inglaterra concentra los impactos más graves señalados en la encuesta. La muestra incluye 73 organizaciones del suroeste, lo que representa el 25 % de los encuestados; 63 del sureste, el 21 %; 71 de Londres, el 24 %; 53 del norte, el 18 %; y 30 de las Midlands, el 10 %. Ocho participantes, el 2 %, indicaron tener su sede fuera de Inglaterra.
Por su parte, el Arts Council England señala que el número de respuestas por cada disciplina artística o cultural no es suficiente para extraer conclusiones fiables sobre las diferencias entre los distintos ámbitos. Por lo tanto, no es posible determinar, a partir de esta encuesta, si algunos tipos de organizaciones se han visto más afectadas que otras debido a sus respectivas actividades.
Entornos de trabajo con temperaturas superiores a los 40 grados
Otro indicador de la magnitud del fenómeno se refiere a las temperaturas registradas en los espacios de trabajo cerrados. 169 organizaciones, el 57 % de la muestra, facilitaron una medición o una estimación de la temperatura máxima alcanzada durante las olas de calor. De ellas, 8 indicaron valores comprendidos entre 20 y 25 grados, 41 entre 26 y 30 grados, 66 entre 31 y 35 grados y 45 entre 36 y 40 grados. Nueve organizaciones comunicaron temperaturas superiores a los 40 grados, lo que equivale al 5 % de las que facilitaron este dato. El valor máximo registrado fue de 48 grados.
El documento del Arts Council England señala además que 20 respuestas indicaban temperaturas superiores a los 40 grados, pero la tabla resumen recoge nueve organizaciones en el rango por encima de los 40 grados. En cualquier caso, las temperaturas declaradas ponen de manifiesto hasta qué punto el calor puede dificultar las condiciones de trabajo en el interior de algunos edificios. Para las organizaciones culturales, el problema se entrelaza con la necesidad de mantener los espacios accesibles y de proteger al personal y al público, además de garantizar el funcionamiento de los equipos y la continuidad de las actividades.
Al presentar los resultados, Nicola Saunders, directora de responsabilidad medioambiental e innovación del Arts Council England, declaró: «Agradecemos sinceramente al sector creativo y cultural su participación activa en esta encuesta. Las aportaciones recopiladas son de suma importancia y resultan fundamentales para orientar nuestro trabajo, garantizando al mismo tiempo el apoyo necesario para que el sector pueda desarrollar resiliencia ante la creciente intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos y otros impactos relacionados con el cambio climático». La encuesta, según las intenciones del organismo, servirá, por tanto, para orientar el trabajo futuro en apoyo de las organizaciones culturales, al tiempo que aumentan las preocupaciones por las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos y otros efectos del cambio climático.
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| El calor extremo de este verano ha puesto en apuros a los museos e instituciones culturales del Reino Unido |
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