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En Colombia se han sustraído 30 objetos de un museo. Y los ciudadanos han protestado para defenderlos.

Categorías: Museos / Descargo de responsabilidad


El Ministerio de Cultura de Colombia ha ordenado la retirada de treinta obras y testimonios de la exposición permanente del Museo Nacional de Bogotá, incluidas aquellas relacionadas con los movimientos feministas y LGBTQ+ y con la historia de la izquierda. La decisión ha provocado protestas ciudadanas, críticas por parte de seis museos y una intervención judicial para impedir que se produzc

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La retirada de treinta obras y testimonios históricos de las salas del Museo Nacional de Colombia, en Bogotá, ha desencadenado un conflicto sobre el papel de las instituciones culturales en la construcción de la memoria pública. Según informa el diario EL PAÍS, la decisión, tomada por el Ministerio de Cultura de Colombia, ha afectado a la exposición permanente «Hacer Sociedad», dedicada a la historia y la diversidad del país, lo que ha provocado protestas de los ciudadanos, críticas por parte de otras instituciones museísticas y una intervención judicial para impedir nuevos cambios.

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El asunto salió a la luz el jueves, cuando los visitantes constataron la ausencia de objetos, documentos y fotografías que habían sido seleccionados previamente por los comisarios para narrar la historia de la sociedad colombiana. Entre los materiales retirados figuran testimonios relacionados con el movimiento LGBTQ+, las luchas feministas, los estudiantes que contribuyeron a la Constitución de 1991 y dos figuras de la izquierda asesinadas en 1990.

El sábado y el domingo, cientos de personas se concentraron frente al edificio, un antiguo panóptico nacional (un modelo de prisión ideal), para protestar contra la decisión. Las protestas diurnas se desarrollaron de forma pacífica, mientras que durante la noche la policía antidisturbios utilizó cañones de agua contra los participantes y destruyó una instalación improvisada compuesta por torres de ladrillos sobre las que se exponían fotografías de los treinta objetos retirados.

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La movilización también ha involucrado al sector museístico. Los museos de arte moderno de Medellín, Cartagena, Barranquilla, Tolima y Roldanillo —sede del Museo Rayo— han hecho un llamamiento a la ministra de Cultura, Paola Holguín, para que garantice la independencia y la autonomía de las instituciones artísticas. Según los museos, la retirada se llevó a cabo sin respetar los procedimientos técnicos previstos y en un momento en el que el Museo Nacional carecía de un director fijo. El Consejo Internacional de Museos de Colombia también ha cuestionado la operación, calificándola de violación del Código Ético de los Museos.

El lunes por la mañana, un juez de Bogotá ordenó al Gobierno que no realizara más modificaciones y que conservara las obras retiradas. La noche anterior, mientras el museo aún estaba custodiado por la policía antidisturbios, Holguín llevó a cabo la retirada sin aclarar los criterios utilizados para seleccionar los materiales ni los motivos de la repentina operación, que dejó huecos en las paredes de las salas. La ministra se limitó a declarar que el Ministerio está revisando el enfoque curatorial del museo.

Entrada principal del Museo Nacional de Colombia. Foto: Wikimedia Commons | Peter Angritt -  Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.
Entrada principal del Museo Nacional de Colombia. Foto: Wikimedia Commons | Peter Angritt - Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported.

La decisión se inscribe en el marco del enfrentamiento político y cultural iniciado por el presidente colombiano Abelardo de la Espriella, que asumió el cargo el 7 de agosto. El mismo día de la retirada, el presidente pronunció un discurso en el Ministerio de Cultura en el que declaró la guerra a la cultura progresista, calificada de «woke». De la Espriella acusa a esta visión de negar las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, glorificar a los terroristas y falsificar la historia reduciéndola al conflicto entre opresores y oprimidos.

Según informa también el medio, tras las protestas, Holguín no ha dado señales de querer reconsiderar la decisión. Por el contrario, en un mensaje publicado el domingo por la noche acusó a los promotores de las manifestaciones de haber convertido la cultura en un instrumento de deconstrucción histórica, glorificación del crimen y revictimización de las víctimas. La declaración iba dirigida al anterior Gobierno, liderado por Gustavo Petro, al que la actual administración reprocha haber atribuido a determinados objetos un valor simbólico que, a su juicio, no se correspondería con su real relevancia histórica, sino que reflejaría una ideología específica.

Entre los objetos cuestionados figura el sombrero de Carlos Pizarro, comandante de la guerrilla M-19, quien firmó un acuerdo de paz en 1989 y fue asesinado pocos meses después, mientras se presentaba como candidato a la presidencia, a bordo de un avión. Petro, que en el pasado había formado parte del M-19, no participó en la manifestación, a la que sí asistieron algunos de sus antiguos ministros, entre ellos la exministra de Medio Ambiente, Susana Muhamad. Las críticas a la retirada no han venido solo de la izquierda. La decisión también ha suscitado reacciones en los círculos liberales y en sectores de la derecha tradicional, como demuestran las cartas públicas firmadas por decenas de personalidades.

Para algunos analistas, el enfrentamiento colombiano se inscribe en una controversia internacional sobre la relación entre el poder político y la narrativa histórica en los museos. En Estados Unidos, Donald Trump ha entablado una larga disputa con la Institución Smithsonian, acusándola de haberse alejado de los valores estadounidenses y occidentales, sobre todo en la forma de abordar la historia del racismo. En Argentina, en febrero, el presidente Javier Milei solicitó que el sable del héroe de la independencia José de San Martín fuera trasladado del Museo Histórico Nacional a una unidad militar, al considerarlo más adecuado para su conservación. En Chile, el partido del presidente José Antonio Kast ha impulsado el proyecto de un Museo de la Verdad destinado a reevaluar el golpe de Estado de 1973 liderado por Augusto Pinochet.

El caso del Museo Nacional de Colombia vuelve a poner así en el punto de mira una cuestión que afecta directamente a las instituciones culturales: ¿quién decide qué objetos merecen ser expuestos y qué acontecimientos deben formar parte de la memoria colectiva? La selección museística, por tanto, no solo se refiere a la conservación de los testimonios, sino también a la forma en que una sociedad representa su propio pasado.

En Colombia se han sustraído 30 objetos de un museo. Y los ciudadanos han protestado para defenderlos.
En Colombia se han sustraído 30 objetos de un museo. Y los ciudadanos han protestado para defenderlos.

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