La investigación en archivos, si se lleva a cabo con competencia y dedicación, siempre ofrece resultados positivos: así se desprende de las investigaciones que Giuseppe Petralia ha llevado a cabo en diversos archivos sobre temas relacionados con la historia medieval de la Toscana y de Pisa, con referencia a fenómenos de alcance europeo, recopilando datos que permiten profundizar y poner en valor los acontecimientos vinculados al notario pisano Giuliano di Colino degli Scarsi da SanGiusto¹, a su actividad y a su familia, quizá la misma que desempeñó un papel político de cierta relevancia a lo largo del siglo XIV, durante el dominio de Gherardo (Gaddo) y Fazio Novello diDonoratico². Giuliano degli Scarsi, que ocupará el cargo de «Operaio» de la Primaziale de Pisa entre los años treinta y cincuenta del siglo XV, es conocido en el ámbito histórico-artístico por haber sido el mecenas para el que Masaccio realizó, entre los años 1426 y 1427, el políptico destinado a una capilla de la iglesia de Santa Maria del Carmine, que aún se conservaba en su lugar en la época de Vasari y que este describió con grandetalle³. Una obra grandiosa, de unos cinco metros de altura, en la que se entrelazaban, en una estructura de carpintería aún gótica, una serie de imágenes articuladas con rigor en el espacio. Algunas partes del políptico, desmembrado a finales del siglo XVI, se han perdido, pero muchas se conservan y se encuentran en distintos lugares: el elemento central, una Virgen con el Niño entronizada, se encuentra en la National Gallery de Londres, mientras que en el Museo Nacional de San Matteo de Pisa solo se conserva un San Pablo de medio cuerpo, y su compañero, un San Andrés, se encuentra en el J.P. Getty Museum de LosÁngeles⁴.
La crítica ha identificado desde hace tiempo las razones de la presencia de los numerosos santos que, en un principio, rodeaban a la Virgen: una mujer madura en su tipología, austera, envuelta en un amplio manto azul, en cuyo regazo se sienta un recién nacido con un gesto aún vacilante, pero no por ello menos vivaz, que se lleva a la boca los granos de un racimo que le ofrecesu madre⁵. Igualmente severos son los santos de cuerpo entero y de medio cuerpo, y sobria la narración de las historias relacionadas con algunos personajes representados en los paneles menores. Una obra planificada y construida con esmero, de la que intento repasar de forma sintética aquella parte que reviste especial importancia en el estudio de Petralia, a saber, el panel que aparecía en el centro de la predela del políptico,la Adoración de los Reyes Magos conservada en la Gemäldegalerie de Berlín; en el marco de los estudios que se le han dedicado, aún hay margen para algunas precisiones (fig. 1).
La solución compositiva de la tabla se articula horizontalmente, adaptándose al formato, e impone una visión progresiva que parte de la izquierda, donde el espacio que acoge la escena encuentra una primera definición concreta a través de la representación del pesebre y de lo que este contiene (fig. 2): a lo largo del siglo XV y en relación con los temas propios de la Natividad, el asno y el buey previstos por la iconografía suelen representarse de perfil, y sirven para medir la profundidaddel espacio⁶, como ocurre también aquí con los dos animales, pero más representativa es la silla de montar estereométrica, situada en primer plano sin otra razón que la articulación perspectiva de la narración. La representación continúa con los protagonistas del acontecimiento, la Virgen con el Niño, San José y algunos personajes que rinden homenaje al recién nacido: los Reyes Magos, uno tras otro, bien diferenciados entre sí y ataviados con vestimentas de gran valor, sin las coronas que, con la ayuda de los sirvientes, se depositan enel suelo⁷; detrás de ellos, algunas cabezas que asoman en los planos más lejanos aluden al resto de la comitiva, que concluye en la parte derecha del cuadro, donde se encuentran reunidos y en reposo algunos caballos de complexión vigorosa (fig. 3). Lasmonturas⁸ aún llevan las lujosas sillas de montar y los arreos con los que acaba de concluir el viaje de los Reyes Magos, y en dos caballos blancos se aprecian matices metafóricos destinados a los entendidos: uno inclina la cabeza para beber (referencia evidente al púlpito de Nicola Pisano en el Baptisterio, figs. 4 y 5)⁹; otro levanta el hocico mostrando los dientes mientras su cuidador lo sujeta amenazándolo con un látigo (una referencia de mayor profundidad, vestigio de una refinada cultura anticuaria), y ambos estiran el cuello tirando de sus respectivas riendas. En la iconografíade la Adoración y en la comitiva desplegada ante la Sagrada Familia es frecuente la representación de animales que acompañaron a los Reyes Magos en el viaje desde Oriente hasta Palestina, y entre ellos aparece a veces un caballo o un camello retenido por un mozo de cuadra: una representación que la crítica considera inspirada en los Dioscuros de Monte Cavallo, uno de los monumentos más conocidos de la Roma antigua, que nunca quedó enterrado y, a pesar de sufrir múltiples deterioros, gozó de una fama duradera, como revela la frecuente presencia de esta fórmula en las Adoraciones de los siglos XIV y XV (Giotto, Bartolo di Fredi, Gentile da Fabriano, Angelico y Botticelli, por citar algunos ejemplos)10; Masaccio se suma ahora a estos nombres (figs. 6 y 7), aunque el reducido tamaño de la predela ha retrasado hasta hoy el reconocimiento del gesto del escudero armado conun látigo¹¹.En la Adoración de los Reyes Magos, la serie de representaciones icónicas dedicadas a un animal rebelde o distraído (caballos, camellos, perros) pone de manifiesto la torpeza de aquellos que, a diferencia de los hombres, no reconocen el acontecimiento prodigioso del nacimiento de Cristo ni el valor de su misión salvífica; representaciones que, por otra parte, de una obra a otra, de un maestro a otro, pierden con el tiempo cualquier posible referencia a la Antigüedad y se consolidan como elementos descriptivos del cortejo. En cuanto a la hipótesis de ver en el rostro de ese siervo al hermano menor de Masaccio, Scheggia (figs. 8-11), hay que señalar que una fisonomía viril, caracterizada por una frente alta, un mentón retraído y una nariz puntiaguda con tabique afilado, está muy presente en la obra de ambos pintores, probablemente un rasgo familiar, y es, en cualquier caso, un testimonio de la predisposición a retratar «del natural».
Otro indicio revelador de la pasión porlo antiguo¹² se aprecia en un objeto de gran valor, aparentemente incongruente pero cargado también de valor simbólico, la reluciente silla de montar plicatilis de oro en la que se asienta la Virgen, caracterizada en su estructura por protomas y patas de león (fig. 2); un asiento portátil con una larga historia, que formaba parte del equipamiento destinado a acompañar en sus desplazamientos a quienes ostentaban el poder —príncipes, papas, condotieros—, contribuyendo a señalar suautoridad allá dondefueran¹³. La atribución de este emblemático asiento a María se justifica, al menos en el plano evocativo, ya que el nacimiento de Cristo se sitúa entre dos viajes: la partida hacia Belén y, justo después del nacimiento, la huida aEgipto14.
En el análisis de la imagen, he dejado de lado hasta ahora un elemento importante de la procesión: las figuras de los dos hombres en primer plano, que, aunque aparentemente se encuentran cerca de los Reyes Magos y sus sirvientes, se diferencian de ellos, aunque sea ligeramente, por sus dimensiones y por la calidad de su vestimenta, que resulta de estilo «moderno» en comparación con la de los demás personajes, lujosa pero carente de rasgos históricamente definidos (fig. 12-13). Los dos hombres, uno maduro y otro más joven, participan en el encuentro con el Niño, pero al mismo tiempo parecen pertenecer a una época diferente a la del acontecimiento representado: visten, con sobria elegancia, amplias capas cuyo drapeado realza su calidad —la del joven, que llevaespuelas en los pies, es más corta15— y sombreros voluminosos, que recuerdan la forma del «mazzocchio». Dos espectadores, es decir, un tipo de figura masculina presente en las composiciones repletas de personajes, que en el siglo XV era objeto habitual de estudio por parte de los artistas, como atestiguan los numerosísimos dibujos que, sobre todo a partir de mediados del siglo XV, retratan modelos erguidos en pose estable, revestidos con amplias telasdrapeadas¹⁶ (figs. 14-15). Sirva de ejemplo los frescos murales de la Capilla Sixtina, donde aparece un rico repertorio de espectadores en los grupos que presencian las historias pertenecientes al Antiguo y al Nuevo Testamento.
Pues bien, al problema de la identidad de los dos hombres, situados en primer plano con evidente protagonismo y cuya presencia parece pasar desapercibida para el cortejo, responde hoy con argumentos fundados Giuseppe Petralia, quien retoma una hipótesis apenas esbozada por JohnSpike17 y que, con el respaldo de los documentos de archivo, reconoce en las dos figuras al notario Giuliano di Colino degli Scarsi y, muy probablemente, al hijo de uno de sus primos, presente en varias ocasiones en la documentación examinada porel estudioso¹⁸; por muy reducida que sea la escala, el parecido entre ambos es evidente. Desde el punto de vista visual, esta identificación se ve confirmada por el hecho de que los dos no adoptan la postura de los Reyes Magos, no inclinan la cabeza ni se arrodillan: como personalidades autorizadas vinculadas a la realización del políptico, asisten, fuera de contexto, al acontecimiento extraordinario del nacimiento. Como corroboración, destaco a los dos elegantes transeúntes (también fuera de contexto) que Masolino introduce en la historia dedicada a los milagros de San Pedro en el ciclo de la Capilla Brancacci.
Entre la Baja Edad Media y el primer Renacimiento aparecen, de forma esporádica, en la parte inferior de los cuadros, inscripciones que indican el nombre del autor y/o del mecenas de la obra, o bien es la propia efigie del mecenas la que aparece representada en actitud de oración junto a los protagonistas, que permanecen inmóviles ocupando casi todo el espacio disponible: en la predela de Masaccio aparece, en cambio, una solución bastante inusual para principios delsiglo XV¹⁹, la inclusión del comitente no como un orante situado junto a la divinidad y los posibles personajes secundarios, según la fórmula del «donateur en abisso» descrita por AndréChastel20, sino como parte de la narración, en este caso el epílogo del viaje que lleva a los Reyes Magos a rendir homenaje al Niño Jesús.
Esto demuestra las ambiciones de un personaje destacado que, a pesar de que Pisa se encontraba sometida a Florencia y tendía al declive, mantenía un buen nivel de dignidad social, y para la decoración de la capilla familiar en Santa María del Carmín recurría a un artista joven pero ya reconocido como Masaccio, portador de un nuevo lenguaje visual: un hecho que se suma a la estancia en Pisa de Donatello y Michelozzo precisamente en la década de 1420, y que contribuye a esbozar un contexto aún vivo desde el punto de vista de la producción artística, que más tarde verá cómo los pisanos recurren de nuevo a maestros florentinos.
No obstante, hay que evitar el riesgo de sobrevalorarla: en un principio, la efigie de los dos «contemporáneos» no podía ser más que una presencia discreta, reservada a quienes entraban en la capilla y se acercaban al políptico, probablemente colocado sobre un altar, aunque no sabemos a qué altura; no obstante, la predela se encontraba en la base del mismo políptico, casi con toda seguridad al alcance de los espectadores, y en la zona tradicionalmente destinada a suscitar devoción, pero también curiosidad: de hecho, en esa franja aparecían historias de santos y mártires, y aquí, en el centro, se encuentrala Adoración, donde el mecenas asiste, como espectador privilegiado, al encuentro entre los Reyes Magos y la Sagrada Familia. Por lo tanto, es plausible que los dos personajes, pertenecientes a la alta sociedad de la ciudad, resultaran reconocibles para la mayoría.
Espero que este breve reexamen del cuadro berlinés sirva para añadir algún matiz a lo ya dicho por la crítica sobre la estructura original (estructural, estilística e iconográfica) de la obra de Masaccio y, en particular, del políptico del Carmine, a pesar de la desafortunada historia de su desmembramiento y de algunas pérdidas: de hecho, también en la predela se encuentran indicios de algunas de esas excelencias que Giorgio Vasari atribuye al pintor: la maestría en la representación del escorzo, la variedad y el equilibrio de las figuras, la capacidad de retratar «al natural»... y, por lo tanto, en definitiva, lo que el propio Giorgio reitera con un término que aparece varias veces en la Vida de Masaccio, a saber, una «modernidad» sustancial e innovadora.
Un agradecimiento a Annarosa Calderoni Masetti por algunos intercambios de ideas, y un sincero agradecimiento a Neville Rowley, el servicial y competente conservador dela Gemäldegalerie de Berlín.
1 Giuseppe Petralia dio a conocer el resultado de sus estudios durante el congreso «Il Carmine di Pisa e i 600 anni del polittico di Masaccio», celebrado en Pisa el 27 de mayo de 2026, cuyas actas están en proceso de impresión, a cargo de S. Bruni.
2 No es seguro que se trate de la misma familia: sobre esta cuestión, véase A. Poloni, «Trasformazioni della società e mutamenti delle forme politiche in un Comune italiano: il Popolo a Pisa (1220-1330)», Ediciones ETS, Pisa 2004, pp. 349-369; y, sobre todo, la contribución específica de M. Battistoni, «Giuliano di Colino degli Scarsi, obrero de la catedral de Pisa (1435-1456)», Pontedera, Bandecchi y Vivaldi 1999, Cuadernos de la Opera della Primaziale Pisana n.º 13.
3 G. Vasari, Las Vidas ( 1568), a cargo de R. Bettarini y P. Barocchi, Florencia, Sansoni (posteriormente S.P.E.S.) 1966-1997, III (texto), pp. 123-134. Para una bibliografía sintética sobre la figura y la obra de Masaccio, véase *L’età di Masaccio. Il primo Quattrocento a Firenze*, catálogo de la exposición (Florencia 1990), a cargo de L. Berti y A. Paolucci, Electa, Milán 1990; P. Joannides, *Masaccio and Masolino, Complete Catalogue*, Londres, Phaidon Press 1993; U. Baldini, *Masaccio*, Milán, Electa 2001; *Nel segno di Masaccio. La invención de la perspectiva, catálogo de la exposición (Florencia 2001-2002), editado por F. Camerota, Giunti, Florencia 2001; A. De Marchi, «Norma y variedad en la transición del políptico al retablo cuadrado», en Historia de las artes en la Toscana. El siglo XV, a cargo de G. Dalli Regoli y R. P. Ciardi, Florencia, Edifir, 2002, pp. 199-222; J. T. Spike, Masaccio, Milán, Rizzoli Libri illustrati, 2002; «Masaccio y los orígenes del Renacimiento», catálogo de la exposición (San Giovanni Valdarno 2001-2002), editado por L. Bellosi, Skira-Milán 2002; A. Baldinotti, A. Cecchi, V. Farinella, «Masaccio y Masolino»(con una contribución de Linda Pisani), Milán, 5 Continents 2006; A. Tartuferi, «Masaccio», en Diccionario Biográfico de los Italianos, Roma, Treccani, 2008, vol. 71, ad vocem; A. Cecchi, «Masaccio», Milán , 24 Ore Cultura, 2016. Con un amplio resumen histórico-crítico, Chiara Franceschini ha repasado la historia del políptico en el curso del coloquio «El Carmine de Pisa y los 600 años del políptico de Masaccio», Pisa 2026, cit., en prensa.
4 Se dedica un número completo de «Predella» al contexto en el que se situaba el políptico de Masaccio: «Las artes en Pisa en el primer Renacimiento», n.º 13/14, 2016, y dentro de este, el tema se resume en el riguroso ensayo de G. De Simone, «Entre la decadencia y el Renacimiento: apuntes sobre el siglo XV en Pisa», pp. 287-305. Véase también el anterior y detallado estudio de R. P. Ciardi, «El siglo XV», en *Escultura en Pisa entre los siglos XV y XVII. El siglo XV, en R. P. Ciardi, C. Casini y L. Tongiorgi Tomasi, «Escultura en Pisa entre los siglos XV y XVII», Ediciones ETS, Pisa 1987, pp. 12-112, con bibliografía.
5 Sobre la sensibilidad que Masaccio manifiesta en la representación de los niños y de la relación madre-hijo, véase G. Dalli Regoli, «Las manos y los afectos», en *Escritos de Historia del Arte en honor a Sylvie Beguin*, a cargo de M. Di Giampaolo y E. Saccomani, Paparo Edizioni, Nápoles 2001, pp. 46-52; La misma autora, *Il gesto e la mano. Convenzione e invenzione nel linguaggio figurativo fra Medioevo e Rinascimento*, Leo S. Olschki Editore, Florencia 2000, pp. 33-35; sobre el panel central del políptico y la imagen de la Virgen, véase L. Pisani, «Investigaciones sobre la iconografía del políptico pisano de Masaccio», en «Predella» n.º 13/14, 2016, cit., pp. 163-171.
6 Un ejemplo representativo lo encontramos en los frescos de Benozzo Gozzoli de la capilla del Palacio Medici, donde el asno y el buey, explícitamente separados del recién nacido, se presentan como sofisticados ejercicios de representación en escorzo.
7 Siguiendo un orden meticuloso: en el suelo, la corona del Rey Mago postrado a los pies del Niño; la del Rey Mago arrodillado está en las manos de un paje que está a punto de depositarla ante la Sagrada Familia; y, por último, la tercera, la del Rey Mago que aún permanece de pie, la sostiene por encima de las cabezas del grupo un segundo paje, que la dejará caer junto a las demás.
8 La distinción entre los tres colores de la capa —blanco, castaño y negro azabache— facilita la interpretación del grupo compacto de seis animales (uno para cada uno de los Reyes Magos y para sus pajes); en este sentido, cabe destacar la acertada elección de dos caballos blancos en los que destacan las riendas negras: una forma eficaz de introducir, a través de sus posturas, sugerencias que van más allá de la narración. Baldini (Masaccio 2001, cit., p. 152) señala que la sobriedad de la imagen no excluye la presencia de detalles realistas en la representación de los caballos, como la herradura y la cola atada, típica «peinada de viaje» para estos animales.
9 La afinidad entre los dos caballos, ya señalada por Joannides (Masaccio y Masolino 1993, cit. p. 395), es puramente formal y tiene una motivación diferente: los caballos de Nicola revelan signos de inquietud (tienen las fosas nasales dilatadas, dos arquean el cuello y levantan la cabeza, con las crines agitadas por el viento, y uno olfatea el suelo), lo que denota desconfianza y miedo ante el Niño recién nacido que irradiaba luz («lux vera» en Juan, 1, 9, tema retomado en los Evangelios apócrifos); en otro famoso monumento del siglo XIV pisano,el «Encuentro de los tres vivos con los tres muertos» de Buffalmacco (frescos del Camposanto), los caballos se muestran igualmente recelosos: uno tiende a volverse hacia atrás, otro inclina la cabeza hacia el suelo y estira el hocico hacia las tumbas sin tapa; por el contrario, el mismo detalle en la predela de Masaccio presupone un significado diferente, donde el caballo en primer plano sumerge sus cascos en un charco y, por lo tanto, baja la cabeza para beber: aparentemente un toque realista que, sin embargo, delata una referencia a la obra maestra de Nicola y, por tanto, demuestra que el pintor posee un lenguaje visual denso y consciente.
10 G. Dalli Regoli, «Il tema dell’Adorazione dei Magi. Differenze d’interpretazioni fra Gentile e Leonardo», en Arte e politica, Studi per Antonio Pinelli, editado por N. Barbolani di Montauto y col., Florencia, Mandragora 2013, pp. 15-20, con resumen de la bibliografía pertinente (p. 20, nota 9).
11 No tengo constancia de que el detalle que destaco en esta nota haya sido señalado anteriormente, pero no descarto que en la extensa bibliografía sobre Masaccio pueda haber un precedente.
12 No es el único, ya que en la misma predela, al margen de la Crucifixión de San Pedro, aparece la Pirámide de Caio Cestio, otro elemento identificativo de Roma ya destacado por Giotto.
13 F. Gandolfo, «Faldistorio», en Enciclopedia Arte Medievale, Treccani, Roma 1995 , ad vocem. La María de Nicola Pisano, enla ya citadaAdoración de los Reyes Magos , está sentada sobre un faldistorio, lo que confirma de manera evidente la prolongada atención que Masaccio dedicó al púlpito del Baptisterio de Pisa,
14 G. Dalli Regoli, «La Sagrada Familia en Egipto. La huida y el regreso», «Predella» en línea, 49, 2021, pp. 123-145
15 Probablemente se trate de un signo de prestigio propio del joven, puesto de manifiesto por los colores negro sobre rojo: por ejemplo, el joven Rey Mago no lleva espuelas, a pesar de que se supone que acaba de bajarse del caballo.
16 C . L. Ragghianti – G. Dalli Regoli, Florencia 1470-1480. Dibujos del modelo, Universidad de Pisa, Pisa 1975.
17 J . T. Spike, Masaccio 2002, cit., p. 188.
18 G. Petralia, Actas del Congreso «Il Carmine di Pisa», Pisa 2026, cit., en prensa. Entre los datos relativos a las actividades del acaudalado notario figuran compras de telas de gran calidad, lo que aporta un respaldo adicional a la reconstrucción de la identidad del personaje.
19 Siguiendo la estela de Masaccio y Masolino, la presencia de los mecenas en las historias se hará frecuente más adelante: así lo ilustran las Adoraciones de los Reyes Magos de Botticelli y de Domenico Ghirlandaio.
20 A. Chastel, «Le donateur in abisso dans les pale», Festschriftfür O. von Simson, ed. por L. Grisebach y K. Renger, Berlín, Propyläen Verlag, 1977.
El autor de este artículo: Gigetta Dalli Regoli
Gigetta Dalli Regoli è storica dell'arte specializzata in arte del Rinascimento, con particolare riferimento alla Toscana del Quattrocento. Si è formata all’Università di Pisa, laureandosi negli anni Sessanta. A lungo docente di Storia dell’arte medievale e moderna all’Università di Pisa e all’Università del Salento, ha al suo attivo numerose pubblicazioni (in particolare su Leonardo da Vinci, su Lorenzo di Credi, artisti di cui è tra gli esperti più riconosciuti, e poi sulla scultura medievale, sul disegno rinascimentale, oltre a diversi saggi su temi iconografici). Tra le sue pubblicazioni figurano la monografia dedicata a Lorenzo di Credi (1965), lo studio sui Disegni dal modello, in collaborazione con Carlo Ludovico Ragghianti (1975), il saggio sulla miniatura nella storia dell'arte italiana Einaudi (1980), e ancora Silvius Magister (1991), Il gesto e la mano (2000), Leda e il cigno: un mito per Leonardo (2001), la curatela, assieme a Roberto Paolo Ciardi, del volume Il Quattrocento. Storia delle arti in Toscana (2002), e i più recenti volumi L'attribuzione dell'opera d'arte. Itinerari di ricerca fra dubbi e certezze (2003), Pisa medievale e le arti (2013), Il gesto e la mano. Convenzione e invenzione nel linguaggio figurativo fra Medioevo e Rinascimento (2015) e Arti Belle/Belle Arti: la intitolazione delle Accademie e una riflessione sulla bellezza nell'arte (2025).Advertencia: la traducción al español del artículo original en italiano se ha realizado mediante herramientas automáticas. Nos comprometemos a revisar todos los artículos, pero no garantizamos la ausencia total de imprecisiones en la traducción debidas al programa. Puede encontrar el original haciendo clic en el botón ITA. Si encuentra algún error, por favor contáctenos.