El vínculo entre la humanidad y el cielo constituye uno de los hilos conductores más profundos y constantes de la historia cultural. Desde los tiempos más remotos, el firmamento ha servido de guía no solo para la orientación física, sino también para la creación de mitos, ritos y sistemas de significado capaces de regular el tiempo y las costumbres sociales. Este entrelazamiento indisoluble entre la observación científica y el impulso creativo es el eje central de «Bajo el cielo estrellado». Una constelación de arte, ciencia y cultura, un proyecto expositivo difuso que, del 18 de julio al 18 de octubre de 2026, transforma el territorio del Valle de Aosta en un laboratorio de reflexión contemporánea. Comisariado por Fortunato D’Amico, el recorrido, que se desarrolla en diferentes sedes, no se limita a celebrar la belleza de los astros, sino que cuestiona radicalmente las transformaciones provocadas por las nuevas tecnologías,la inteligencia artificial y la creciente antropización del espacio, invitando al público a redescubrir las múltiples facetas de un cosmos cada vez más mediado por sensores y modelos matemáticos.
El núcleo generador de esta red expositiva se encuentra en Châtillon, donde el Castillo Gamba acoge la sección «Estación orbital». Trayectorias expresivas de lo contemporáneo. Aquí, el principio inspirador es la instalación permanente de Massimo Uberti denominada «Orbita», un anillo elíptico de luz que, desde 2022, rodea la parte superior de la estructura, identificándola como un lugar privilegiado para la investigación artística. En este contexto, el museo se presenta como un cuerpo suspendido en el tiempo, una especie de nave espacial ideal que acompaña a los visitantes en un viaje a través de un cielo que ha pasado de ser la morada de las divinidades a convertirse en un terreno de exploración interestelar. En el interior de las salas, la escultura luminosa de Angelo Bonello reinterpreta el mito de Orión, transformando al legendario cazador en un pescador de estrellas que lanza su caña hacia el infinito, simbolizando el eterno deseo humano de domesticar lo que trasciende la dimensión terrenal.
El diálogo entre lenguajes continúa en el enfrentamiento entre Mimmo Paladino y Franco Perrotti. Mientras que Paladino confía a la memoria arcaica, a los símbolos y a los signos de una escritura poética la narración de cielos mitológicos, Perrotti introduce una nota de inquietante actualidad con sus obras en cerámica. Sus palomas y pichones adoptan formas tecnológicas y armadas, evocando explícitamente a los drones que hoy vigilan y controlan las fronteras. En esta contraposición, el vuelo pierde su inocencia original para enfrentarse a los sistemas de disuasión y a la disciplina urbana. En las salas de la azotea, por su parte, Marco Nereo Rotelli y Daniela Pellegrini llevan el infinito a la dimensión del cuerpo y del lenguaje. Rotelli libera la palabra de la bidimensionalidad de la página para trazar rutas mentales luminosas, mientras que Pellegrini transforma la epidermis en un mapa sideral, donde los lunares se convierten en coordenadas de una pertenencia íntima y universal al cuerpo de las estrellas.
Al desplazarse hacia Aosta, el proyecto llega al MegaMuseo, en el yacimiento megalítico de Saint-Martin-de-Corléans, con la sección «Arqueología del cielo futuro». Paisajes temporales entre el microcosmos y el macrocosmos. En este yacimiento arqueológico de importancia europea, la historia afloran directamente del suelo en forma de estelas líticas y alineamientos que dan testimonio de cómo las comunidades prehistóricas observaban el firmamento para medir los ciclos estacionales. El arte contemporáneo intenta reactivar estos vestigios remotos mediante intervenciones que cuestionan la linealidad del tiempo. Gilberto Zorio, figura histórica del Arte Povera, coloca en el suelo una monumental estrella de terracota negra impregnada de fósforo y alcohol: la obra cambia al variar la luz, activando una temporalidad ligada a la persistencia visual y a la purificación ritual. Y, además, Angelo Bonello invierte aquí el gesto realizado en el Castello Gamba: su figura mitológica ahora extiende la asta hacia abajo, casi como si quisiera pescar secretos celestiales ocultos en el terreno de las excavaciones.
La interacción entre lo antiguo y lo moderno en el MegaMuseo se ve enriquecida por las «Cielografie» de Daniela Pellegrini, que aquí se alzan como tótems contemporáneos de más de cuatro metros, y por las obras de Giuliana Cunéaz. La artista del Valle de Aosta utiliza metacrilato y fibras ópticas para crear cadenas moleculares que se disponen en enigmáticas configuraciones estelares, explorando el concepto de azar en referencia al último verso de Mallarmé. También Michelangelo Pistoletto interviene en esta estación con «Rotación de cuerpos», una instalación que invita al público a modificar, con un simple toque, la disposición de las constelaciones sobre placas de plexiglás. Este gesto demuestra cómo cualquier punto del universo puede convertirse en central, trasladando la dinámica del cambio cósmico al ámbito de la responsabilidad social individual.
El recorrido se extiende luego hasta las faldas del Mont Blanc, pasando por Les Maisons de Judith en Val Ferret. En este escenario alpino, la sección «Geografías del cosmos contemporáneo. Arte y ciencia para imaginar el futuro» se centra en las misiones espaciales y en la conciencia planetaria. Frente a las cabañas, la instalación permanente « El Tercer Paraíso», de Michelangelo Pistoletto, realizada con troncos recuperados tras un fenómeno meteorológico extremo, actúa como símbolo de regeneración. Aquí, el arte se interroga sobre la sostenibilidad y el destino del planeta, integrando las visiones tecnológicas orbitales con la dimensión biológica. El proyecto SPAC3, fruto de la colaboración entre organismos espaciales internacionales y Cittadellarte, combina las fotografías de la Tierra tomadas por el astronauta Paolo Nespoli desde la órbita con las aportaciones enviadas por los habitantes del planeta. Este mapa participativo reflexiona sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, poniendo de relieve cómo el espacio es ya una región densamente poblada por infraestructuras humanas —desde satélites hasta sistemas de comunicación— que influyen en nuestra vida cotidiana.
En Courmayeur, la Iglesia Valdense acoge la sección «El vuelo de la paloma. Del Arca de Noé a los cielos antropizados», dedicada íntegramente a la investigación de Franco Perrotti. El artista escenifica la metamorfosis de la paloma, símbolo ancestral de la paz, en una entidad técnicamente modificada para adaptarse a unos cielos organizados por radares, frecuencias y aparatos militares. Una escultura monumental de más de cuatro metros ocupa el atrio, alterando la percepción pública del espacio urbano e invitando a reflexionar sobre la «paz preventiva» en una época de conflictos tecnológicos. El interior de la iglesia se convierte en el lugar donde el significado espiritual del vuelo se enfrenta a las barreras invisibles del presente, subrayando la pérdida de inocencia de una atmósfera que antes se percibía como un espacio libre y que ahora se encuentra fragmentada en corredores regulados y zonas de vigilancia.
La dimensión puramente científica y tecnológica del proyecto culmina enel Observatorio Astronómico de la Región Autónoma del Valle de Aosta y en el Planetario de Lignan, en Saint-Barthélemy. La sección «Tecnologías de la visión cósmica» ilustra cómo la astrofísica moderna se encuentra ya inmersa en el paradigma del Big Data. Los telescopios de nueva generación producen enormes cantidades de información que hacen indispensable el uso de la inteligencia artificial para clasificar galaxias, reconocer supernovas e identificar lentes gravitacionales. La investigación se adentra aquí más allá de la luz visible para interpretar los «mensajeros del cosmos», como los neutrinos y las ondas gravitacionales, fragmentos de sucesos muy lejanos que permiten observar el universo desde perspectivas complementarias. El observatorio se convierte en un laboratorio natural donde se invita al público a salir de los espacios cerrados para levantar la vista y enfrentarse directamente a la realidad de la Vía Láctea, visible a simple vista en el cielo inmaculado de la localidad.
La aportación científica se complementa con las contribuciones de figuras como Roberto Battiston, que explora la física fundamental de las astropartículas, y Fabio Grimaldi, que introduce el concepto de logística planetaria. Diseñar misiones a la Luna o a Marte ya no es solo una cuestión de transporte, sino que requiere la creación de sistemas complejos, resilientes y autónomos, capaces de operar en entornos extremos e impredecibles. Esta expansión de la presencia humana en el espacio plantea cuestiones cruciales sobre la responsabilidad ética y la necesidad de no reproducir modelos insostenibles más allá de las fronteras terrestres. Paolo Nespoli, desde su amplia experiencia en órbita, destaca cómo la introducción de la inteligencia artificial está transformando la profesión del astronauta, que pasa de ser un simple ejecutor de instrucciones a convertirse en supervisor de sistemas inteligentes, conservando, no obstante, la facultad exclusiva del juicio crítico y la gestión del riesgo.
En este contexto de transformaciones aceleradas, la teología y la filosofía ofrecen una brújula imprescindible. Don Luca Peyron reflexiona sobre la encrucijada a la que se enfrenta la humanidad en la era de las máquinas inteligentes, recurriendo a la metáfora de Babel, contrapuesta a la visión de una concordia que construye muros protectores y no baluartes defensivos. La inteligencia artificial no debe sustituir al ser humano, sino permitir que cada uno exprese sus propios talentos, preservando esa fragilidad que es la condición misma de la que surgen la amistad, el arte y la organización social. El deseo auténtico debe guiar la tecnología para que se convierta en una herramienta que nos permita pensar más y no menos, preservando la capacidad de asombrarnos ante el misterio que sigue moviéndose sobre nuestras cabezas.
Bajo el cielo estrellado se configura, por tanto, como un mapa experiencial que conecta piedras arcaicas, órbitas artificiales y visiones artísticas en una única gran historia humana. A través del diálogo entre diversas disciplinas, el proyecto reitera que cada mirada dirigida hacia las galaxias lejanas conduce inevitablemente a una renovada conciencia de la Tierra. La conquista del «más allá» espacial conlleva las consecuencias de las decisiones tomadas en el presente, y el cielo, que siempre ha sido la medida de nuestra presencia en el planeta, sigue siendo la pregunta más urgente dirigida al futuro. La exposición, con sus talleres, charlas y recorridos didácticos, no es solo un evento expositivo, sino una invitación colectiva a no perder la capacidad de observación directa y a interpretar el cosmos como un sistema complejo en el que habitar con responsabilidad y asombro. Cada estación de esta constelación del Valle de Aosta ofrece una clave de lectura diferente para descifrar el aparente desorden del mundo, rastreando las reglas de un orden superior que ilumina los procesos de la mente y revela la dimensión más profunda del espíritu humano.
«El cielo», explica el comisario Fortunato D’Amico, «es el guardián de la historia humana desde los primeros pasos de la orientación y el mito. Las estrellas han marcado el rumbo de los viajes, las siembras, los ritos y las oraciones. Durante milenios, impulsados por una sed inextinguible de comprensión, hemos alzado la mirada para escrutar el infinito. Lo hemos hecho para descifrar la creación, pero también para reflejarnos en nuestro microcosmos humano, como fragmentos finitos de un sistema inmenso, sin límites. Nos reconocemos como hijos de las estrellas, cuerpos celestes dispersos en un inmenso mare magnum; el vacío cósmico alberga luz y oscuridad, átomos y partículas infinitamente pequeñas, fuerzas invisibles que tejen la trama del universo. Y en todo esto, también estamos nosotros. En ese mismo océano de sustancias visibles e invisibles flotan las moléculas de ADN de las que surgen los arquetipos de los mitos, las geometrías, las matemáticas, la armonía de la música y el aliento de las escrituras sagradas de todas las religiones y de los caminos espirituales personales. Aquí, la ciencia y la conciencia tienen una raíz común. El imperio estelar ha inspirado las vocaciones de científicos, filósofos, poetas, artistas y santos en sus respectivas búsquedas. Cada uno se sumerge en ese inmenso mare magnum para descubrir las reglas del orden superior y dar sentido al aparente desorden del mundo. El universo ilumina los procesos de la mente, despierta la intuición creativa y revela la dimensión del espíritu. Hoy, tras milenios de observaciones, nuestra relación con el firmamento experimenta una nueva evolución. Satélites, telescopios, sensores, sondas, redes digitales, algoritmos e inteligencia artificial amplían y multiplican los horizontes de la percepción humana, extendiendo la mirada desde las galaxias hasta las infraestructuras de la vida cotidiana. «Bajo el cielo estrellado» nace con la idea de narrar, a través de las artes, las ciencias y la espiritualidad, una parte de esta compleja interpretación: la nueva condición paradigmática del enfoque de los fenómenos espaciales».
El Castillo Gamba de Châtillon acoge la sección principal de la exposición, que podrá visitarse todos los días de 9:00 a 19:00 durante los meses de julio y agosto. A partir de septiembre, el museo permanecerá cerrado los lunes. La entrada cuesta 6 euros (tarifa completa) y 4 euros (tarifa reducida). Al presentar la entrada de la sede de Châtillon, se podrá obtener un descuento para la entrada al MegaMuseo de Aosta. La segunda sede del proyecto es el MegaMuseo —Museo Arqueológico Contemporáneo de Aosta—, situado en el 258 de Corso Saint-Martin-de-Corléans. Aquí, la exposición estará abierta del 23 de julio al 18 de octubre de 2026. Los espacios del museo arqueológico contemporáneo acogerán una parte del recorrido dedicada a la relación entre la historia, la innovación y las nuevas formas de interpretación del patrimonio. El MegaMuseo estará abierto de martes a domingo, de 10:00 a 19:00 horas. La entrada general costará 7 euros, mientras que la reducida será de 5 euros. También en este caso, la entrada dará derecho a un descuento en la sede del Castillo Gamba. En Courmayeur, el proyecto se amplía aún más con dos sedes expositivas adicionales. Del 18 de julio al 23 de agosto de 2026, Les Maisons de Judith, en Val Ferret, acogerá una sección de la exposición inmersa en el paisaje alpino. El espacio podrá visitarse todos los días de 14:30 a 17:30, y permanecerá cerrado en caso de lluvia. Del 25 de julio al 27 de septiembre de 2026, por su parte, participará la Iglesia Valdense de Courmayeur, en la plaza Petigax. La inauguración tendrá lugar el 23 de julio a las 17:00 horas en la Sala de Pinturas de l’Ange. La exposición estará abierta todos los fines de semana de 10:00 a 13:00 y de 14:00 a 19:00. El proyecto va acompañado de un catálogo publicado por Moebius Edizioni, que recoge y profundiza en los contenidos de la iniciativa y en el diálogo entre las obras artísticas, la investigación científica y las nuevas visiones del futuro.
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| Bajo el cielo estrellado: en el Valle de Aosta, el arte y la ciencia dialogan sobre el futuro |
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