Un colgante muy poco común que representa a la reina Isabel I será la pieza estrella de una subasta organizada por Sotheby’s en Londres el 1 de julio. Datable alrededor del año 1600, es decir, en los últimos años del reinado de la soberana inglesa, la joya constituye uno de los ejemplos más raros que se conocen del trabajo renacentista del ámbar, material que en aquella época se consideraba muy preciado y era conocido en toda Europa como «oro báltico». En el centro del colgante, con forma de corazón, se encuentra una refinada miniatura de la reina, tallada en ámbar blanco con una extraordinaria atención al detalle. La imagen procede de un famoso grabado de Crispijn de Passe el Viejo, realizado a partir de un retrato pintado del natural por Isaac Oliver entre 1590 y 1592. Aunque el rostro sigue los cánones oficiales de la representación monárquica de la época, el camafeo ofrece una imagen autoritaria y madura de Isabel I, que resalta sus rasgos distintivos y la riqueza de su vestimenta a través de una representación tridimensional de gran efecto.
La calidad del microtallado da testimonio de una extraordinaria maestría técnica. La precisión de los detalles y la nitidez de las superficies sugieren que la obra se realizó íntegramente a mano, lo que la distingue entre los objetos de ámbar más refinados producidos a principios del siglo XVII.
Uno de los aspectos más sorprendentes del colgante es el sofisticado recurso óptico empleado. En la parte posterior del corazón de ámbar se ha excavado una cavidad cóncava que, combinada con la superficie convexa y translúcida del material, produce un efecto de aumento natural. El retrato de la soberana aparece así ampliado y suspendido en el interior del ámbar, creando una ilusión óptica que, en ciertos aspectos, se adelanta a los posteriores experimentos con lentes de aumento.
Entre finales del siglo XVI y principios del XVII, el ámbar gozaba de un enorme prestigio no solo por su belleza, sino también por las propiedades beneficiosas y protectoras que se le atribuían. Según las creencias de la época, era capaz de favorecer el bienestar físico e incluso de señalar la presencia de sustancias nocivas mediante la emisión de aromas particulares. Por este motivo, los objetos de ámbar eran muy codiciados en las cortes europeas, donde se conservaban como artículos de lujo y a menudo se utilizaban como valiosos obsequios diplomáticos. Los estudiosos atribuyen el colgante a los mejores maestros talladores que trabajaban en Königsberg, importante centro de elaboración de ámbar en la costa báltica. Las similitudes técnicas y estilísticas con un famoso tablero de ajedrez de ámbar que perteneció a Carlos I de Inglaterra han llevado a relacionar la obra con los orfebres de la corte Hans Klingenberg o Georg Schreiber, y hay varios elementos que parecen apuntar precisamente a este último como probable autor.
La joya posee, además, un fuerte valor simbólico. En aquella época, encerrar un retrato en ámbar significaba, en cierto modo, conservar su memoria. La figura de Isabel I, envuelta en el resplandor dorado del material, parece así preservada eternamente, casi como si custodiara el recuerdo de la época isabelina. En el reverso aparece además la representación de un loro, símbolo tradicionalmente asociado a la Virgen María y a la pureza, una clara referencia a la imagen de la «Reina Virgen» que Isabel promovió a lo largo de todo su reinado.
La obra cuenta además con una prestigiosa procedencia coleccionista. En el pasado perteneció a John Malcolm, primer barón Malcolm de Poltalloch y uno de los coleccionistas británicos más importantes del siglo XIX. Tras pasar a manos de sus herederos, el colgante llegó finalmente a su actual propietario.
La joya se subastará en Sotheby’s de Londres el 1 de julio de 2026, en el marco de la subasta «Master Sculpture from Four Millennia», con un precio estimado de entre 100 000 y 150 000 libras esterlinas.
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| En la subasta de Sotheby’s Londres se subasta un colgante de ámbar muy poco común con el retrato de Isabel I |
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