Durante más de cuatro milenios, uno de los mayores interrogantes en torno a Stonehenge ha sido la procedencia y el transporte de sus imponentes piedras. Hoy, una nueva investigación internacional añade una pieza importante a la reconstrucción de la historia del famoso monumento megalítico del sur de Inglaterra, centrándose en particular en laPiedra del Altar, el gran bloque de arenisca situado en el centro del complejo. Según los resultados del estudio, publicados el 4 de junio en la revista Journal of Quaternary Science, el megalito habría realizado un extraordinario viaje desde el noreste de Escocia hasta la llanura de Salisbury, recorriendo unos 700 kilómetros a través de terrenos complejos y entornos naturales muy diferentes. La investigación fue dirigida por investigadores de la Universidad de Curtin (Australia) en colaboración con especialistas de la Universidad de Sheffield Hallam, la Universidad de Sheffield, Wessex Archaeology y la Universidad de Bristol (Reino Unido). El objetivo era comprender cómo una piedra de unas seis toneladas de peso consiguió llegar a Stonehenge y averiguar si el transporte podía atribuirse a los glaciares de la última Edad de Hielo o a la intervención directa de los hombres prehistóricos.
En los últimos años, los análisis geológicos ya habían modificado profundamente nuestros conocimientos sobre el origen de la Piedra del Altar. Durante mucho tiempo, se había supuesto que el bloque procedía de Gales, de forma similar a las llamadas bluestones del monumento. Posteriormente, gracias a sofisticadas técnicas de identificación geológica basadas en el análisis de la huella mineralógica de las rocas, los estudiosos identificaron en cambio un origen mucho más septentrional, rastreable hasta el noreste de Escocia.
Sin embargo, quedaba abierta una cuestión fundamental: cómo era posible que una piedra de semejante tamaño hubiera recorrido una distancia tan considerable en el Neolítico. Para responder a esta pregunta, el nuevo estudio combinó varias metodologías científicas. Por un lado, los investigadores realizaron análisis de procedencia de areniscas mediante la datación de granos minerales específicos, en particular zircones detríticos, que representan una especie de firma geológica que puede vincular una roca a su lugar de origen. Por otro, utilizaron modelos informáticos para reconstruir los movimientos de los grandes casquetes glaciares que afectaron a Gran Bretaña durante la última glaciación.
Actualmente se considera que la Piedra del Altar es un megalito de arenisca de unos 6.000 kilogramos de peso. Las pruebas disponibles sugieren que su origen se encuentra en la cuenca de Orcadia, una vasta cuenca sedimentaria del noreste de Escocia. Sin embargo, la ubicación exacta de la cantera sigue siendo desconocida y es objeto de futuras investigaciones. En el pasado se barajó la posibilidad de que la roca hubiera sido transportada de forma natural por los glaciares como una de las explicaciones más plausibles. En tal hipótesis, la piedra podría haber quedado incrustada en el hielo y depositada posteriormente mucho más al sur durante el retroceso de las masas glaciares. Sin embargo, los resultados obtenidos por el equipo de investigación demuestran que esta hipótesis presenta numerosas criticidades.
En efecto, las simulaciones de la antigua dinámica glaciar indican que las rutas de transporte hacia el sur desde el noreste de Escocia eran extremadamente limitadas y localizadas. Esto significa que la identificación exacta de la zona de origen de la Piedra del Altar es crucial para evaluar la verosimilitud del transporte glaciar. Algunas zonas candidatas situadas más al sur dentro de la cuenca de Orcadia son teóricamente más compatibles con un desplazamiento hacia el sur por parte de los glaciares, pero muestran una correspondencia menos convincente con las características de los circones presentes en la Piedra de Altar.
En cambio, las areniscas de la región de Caithness, en el territorio continental del noreste de Escocia, ofrecen la correspondencia más convincente en términos de estructura cronológica de los circones. Por tanto, esta zona parece ser una de las candidatas más firmes para el origen de la Piedra de Altar. Sin embargo, los modelos glaciológicos muestran que los flujos de hielo procedentes de Caithness se dirigieron principalmente hacia el noreste y no hacia el sur de Inglaterra.
Según las simulaciones, sólo había un camino local orientado al sureste que llevaba en dirección al Banco Dogger, una vasta zona ahora sumergida en el Mar del Norte. En este escenario, el hielo podría haber transportado la piedra hasta esa región, reduciendo la distancia que los humanos habrían tenido que recorrer posteriormente de unos 700 a unos 400 kilómetros.
Sin embargo, incluso esta reconstrucción presenta un problema importante. De hecho, el Banco Dogger quedó sumergido por la subida del nivel del mar que se produjo tras el final de la última Edad de Hielo. Los estudiosos señalan que esta sumersión se habría producido antes de la probable llegada de la Piedra del Altar a Stonehenge, lo que crea una dificultad cronológica que hace insuficiente una explicación basada únicamente en procesos naturales.
Los resultados del estudio llevan, pues, a una conclusión importante: el transporte glaciar pudo representar una etapa intermedia en el largo viaje de la piedra, pero no habría podido, por sí solo, explicar su ubicación final en la llanura de Salisbury. Incluso en la hipótesis más favorable de una contribución glaciar, habría sido necesaria una intervención humana sustancial para completar el viaje. La investigación refuerza así las conclusiones de estudios anteriores que ya habían descartado el papel exclusivo de los glaciares en el desplazamiento de las piedras de Stonehenge. La atención de los estudiosos se ha centrado, por tanto, en lareconstrucción concreta del recorrido que pudo hacer la Piedra del Altar hace miles de años.
Según el doctor Anthony Clarke, coautor principal del estudio y miembro del Grupo de Cronología de Sistemas Minerales de la Facultad de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad de Curtin, las pruebas reunidas dibujan un escenario caracterizado por una cuidadosa planificación y una considerable capacidad de organización. “En lugar de ser transportados de forma natural por el hielo, las pruebas apuntan a un movimiento deliberado y cuidadosamente planificado a través de un paisaje difícil y variado”, explicó Clarke. Señaló que las simulaciones muestran que los glaciares pueden haber transportado la roca parte del camino durante la última edad de hielo, potencialmente hasta el Banco Dogger en el Mar del Norte, pero no tan lejos como el sur de Inglaterra. Por consiguiente, la roca aún habría tenido que ser trasladada cientos de kilómetros por grupos humanos. Según Clarke, los datos también demuestran la ausencia de rutas glaciares viables que pudieran conectar directamente la región de origen con Stonehenge. Esto refuerza aún más la interpretación de que el transporte humano fue un componente indispensable de toda la operación.
La hipótesis que los estudiosos consideran actualmente más plausible es la de un desplazamiento en varias etapas. El megalito podría haber sido transportado por tierra durante largos tramos, utilizando al mismo tiempo vías navegables, rutas fluviales o caminos costeros siempre que las condiciones lo hicieran posible. Esta estrategia habría permitido cubrir una distancia excepcional al reducir las dificultades logísticas asociadas al transporte de una piedra de seis toneladas.
Las implicaciones de la investigación van más allá de la simple reconstrucción de la ruta de la Piedra del Altar. De hecho, el estudio ofrece nuevas perspectivas sobre las capacidades técnicas y organizativas de las comunidades neolíticas de Gran Bretaña. Transportar un bloque de este tamaño a través de cientos de kilómetros habría requerido una planificación extremadamente detallada, la cooperación entre diferentes grupos humanos y un conocimiento profundo del terreno. Transportar una piedra de este tamaño a través de una distancia tan larga habría requerido planificación, coordinación y un profundo conocimiento del paisaje, por no hablar de una extraordinaria determinación", afirmó Clarke. Para los investigadores, este nivel de organización sugiere que las poblaciones neolíticas poseían unas habilidades logísticas y sociales probablemente más avanzadas de lo que se había reconocido hasta ahora. Así, la construcción de Stonehenge se perfila cada vez más como el resultado de amplias redes de colaboración y de una notable capacidad para movilizar recursos humanos a gran escala.
Otro aspecto destacado por la investigación se refiere al valor del enfoque interdisciplinar. En efecto, la combinación de análisis geológicos de alta precisión y sofisticados modelos informáticos ha permitido abordar una cuestión abierta desde hace décadas y reducir considerablemente el campo de las posibles explicaciones. “El estudio demuestra cómo la combinación de análisis geológicos y modelos informáticos puede ayudar a resolver antiguas cuestiones sobre cómo se construyó Stonehenge”, concluye Clarke.
Las investigaciones futuras se orientarán a determinar con mayor precisión el punto exacto de origen de la Piedra del Altar, en el noreste de Escocia, y a reconstruir las posibles rutas utilizadas por las comunidades prehistóricas. Los estudiosos esperan que nuevos análisis geológicos y más modelos de simulación proporcionen detalles aún más precisos sobre cómo uno de los megalitos más enigmáticos de Stonehenge consiguió llegar a su destino final.
El estudio, titulado From Highlands to Henge: Refining the Provenance and Transport Pathways of Stonehenge’s Altar Stone, se publicó en el Journal of Quaternary Science con DOI 10.1002/jqs.70080 y representa una de las contribuciones más recientes al debate científico sobre los orígenes y la construcción de uno de los monumentos prehistóricos más famosos del mundo.
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| Stonehenge, ¿cómo viajaron las piedras? Una investigación plantea una nueva hipótesis |
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