Frescos de extraordinaria calidad, un insólito ictiocentauro alado, capiteles de mármol, cistas de plomo decoradas y el sorprendente hallazgo de una obra aún en marcha cuando el Vesubio arrasó la costa vesubiana en el año 79 d. C. Estos son algunos de los resultados obtenidos en la campaña de excavación 2025-2026 llevada a cabo en Villa Sora (Torre del Greco) por el Parque Arqueológico de Herculano y presentados durante una jornada de estudios celebrada en el Palazzo Vallelonga, en Torre del Greco. La iniciativa, organizada en el marco de las Jornadas Europeas de Arqueología 2026, fue promovida por el Parque Arqueológico de Herculano en colaboración con el Ayuntamiento de Torre del Greco y la Banca di Credito Popolare de Torre del Greco. La coordinación científica ha corrido a cargo de Domenico Camardo, Marina Caso y Federica Colaiacomo, directora del Parque Arqueológico de Herculano.
Los resultados presentados durante el encuentro representan un hito importante en el conocimiento de Villa Sora, una de las residencias de lujo más significativas de la antigua costa de Campania. El complejo, situado frente al golfo de Nápoles en el territorio de la actual Torre del Greco, constituye, de hecho, una de las villasde otium de rango senatorial e imperial más imponentes que surgieron a lo largo de la costa vesubiana entre la última etapa de la República y el primer periodo imperial. La villa fue construida hacia mediados del siglo I a. C. y, a lo largo de las décadas siguientes, sufrió una serie de ampliaciones y transformaciones que aumentaron su prestigio. El complejo se extendía a lo largo de la línea de costa a través de un articulado sistema de terrazas que descendían hacia el mar y ocupaba una extensión estimada de unos 150 metros a lo largo del litoral. Su ubicación panorámica y la calidad de sus decoraciones la sitúan entre las residencias aristocráticas más exclusivas del golfo de Nápoles.
Las investigaciones arqueológicas iniciadas en noviembre de 2025 constituyen la primera intervención sistemática en el yacimiento tras más de treinta años. La operación ha sido posible gracias a una financiación de 150 000 euros obtenida en el marco de la Campaña nacional de excavaciones arqueológicas promovida por la Dirección General de Museos del Ministerio de Cultura, que en 2025 destinó un total de 4,8 millones de euros a actividades de investigación en el territorio nacional. Al apoyo ministerial se sumaron el respaldo del Packard Humanities Institute y la contribución del Ayuntamiento de Torre del Greco a través de un proyecto Art Bonus.
Al comentar los resultados de la campaña, la directora del Parque Arqueológico de Herculano, Federica Colaiacomo, destacó el valor de abrir las excavaciones al público y la importancia de compartir: «Abrir las obras y los talleres al público, compartir los descubrimientos en el mismo momento en que surgen: este es el sentido más profundo de las Jornadas Europeas de Arqueología y del compromiso del Parque con Villa Sora. Las investigaciones de esta campaña aportan datos extraordinarios sobre la calidad arquitectónica y decorativa de la villa, confirmando su rango excepcional en el panorama de las residencias de lujo del Golfo de Nápoles».
La excavación surgió de la necesidad de asegurar la fachada noreste del sector ya explorado entre los años ochenta y noventa del siglo XX. Sin embargo, la intervención ha permitido ampliar al mismo tiempo los conocimientos sobre el complejo arqueológico y extender la zona visitable mediante la prolongación de la cubierta y una nueva configuración de la pasarela destinada al público. Se prestó especial atención a la sala 22, un espacio de dimensiones relativamente reducidas, de unos diez metros cuadrados, pero caracterizado por una calidad decorativa excepcional. La sala ya era conocida porque era parcialmente visible a través de un pasadizo, pero las nuevas investigaciones han permitido documentarla de forma mucho más exhaustiva.
La lectura estratigráfica de los estratos arqueológicos ha permitido a los estudiosos reconstruir con precisión la secuencia de acontecimientos que acompañaron a la destrucción de la villa durante la erupción del año 79 d. C. Las corrientes piroclásticas arremetieron violentamente contra las estructuras, provocando primero el derrumbe de las cubiertas y los techos y, posteriormente, el hundimiento de las paredes. Los depósitos volcánicos han sellado así un cuadro extremadamente detallado de los últimos momentos de vida del edificio.
Entre los elementos de mayor interés que han salido a la luz durante la campaña destaca el rico aparato decorativo que adornaba el espacio excavado. Numerosos fragmentos de yeso con frescos, procedentes tanto de las paredes como del techo, dan testimonio de la existencia de un programa pictórico particularmente refinado. Los análisis preliminares sugieren una datación en torno a mediados del siglo I d. C., situando las decoraciones en una fase de gran vivacidad artística y experimentación estilística. Los estudiosos consideran que los artesanos que participaron demostraron una notable capacidad innovadora, combinando elementos tradicionales con soluciones figurativas originales. Las paredes presentaban un elegante fondo negro marcado por franjas de cinabrio. Dentro de este esquema decorativo aparecían refinados candelabros metálicos dorados animados por la presencia de garzas. Las figuras de las aves, ejecutadas con gran atención al detalle naturalista, representan uno de los aspectos más significativos del aparato ornamental y dan testimonio del alto nivel alcanzado por los artistas encargados de la decoración de los espacios.
También el techo mostraba una extraordinaria riqueza iconográfica. Sobre un fondo claro se desarrollaba un repertorio compuesto por guirnaldas, frisos ornamentales y figuras mitológicas. Entre estas destacan los grifos, insertados en una composición compleja que debía contribuir a crear un fuerte impacto escenográfico en los huéspedes de la villa.
El hallazgo más importante se refiere, sin embargo, a la figura de un ictiocentauro alado, es decir, un centauro con cola de pez, que surgió de la reconstrucción de numerosos fragmentos del techo. Se trata de un tema iconográfico extremadamente raro y de especial interés para los estudiosos. El ser mitológico, mitad hombre y mitad criatura marina, no parece relegado a un simple elemento decorativo, sino que ocupa una posición central dentro del programa figurativo. La imagen llama la atención por la calidad de la ejecución y por la complejidad de la representación pictórica. Los claroscuros, los reflejos de luz y una postura muy dinámica confieren a la figura una extraordinaria plasticidad. Según los primeros estudios, el ictiocentauro alado representa un caso de excepcional singularidad iconográfica, destinado a enriquecer de manera significativa los conocimientos sobre las decoraciones pictóricas de las villas romanas de la época imperial.
Las sorpresas no se limitaron a las decoraciones. En el interior del espacio se han hallado tres cistae de plomo finamente decoradas y atribuibles al mismo taller artesanal. Estos recipientes, realizados en plomo y adornados con valiosos trabajos, constituyen un indicador más del alto nivel económico y social de los propietarios de la villa. Junto a las cistae han aparecido importantes elementos arquitectónicos de mármol blanco. Entre ellos destaca un capitel de estilo corintio decorado con motivos en forma de lira, conservado en condiciones excepcionales. La obra se realizó íntegramente a cincel y parece atribuible al lenguaje artístico de la época augustea. La calidad de la ejecución atrajo inmediatamente la atención de los especialistas. El capitel representa, de hecho, un testimonio de gran valor no solo desde el punto de vista estético, sino también para la comprensión de las fases constructivas del complejo.
El conjunto de hallazgos de mármol descubiertos durante la excavación ha permitido, de hecho, formular una de las interpretaciones más interesantes surgidas de la campaña. La presencia de numerosos fragmentos arquitectónicos cuidadosamente conservados y depositados en un espacio específico sugiere la existencia de un almacenamiento intencionado de materiales destinados a obras de remodelación o ampliación. Según los arqueólogos, Villa Sora se encontraba, por tanto, inmersa en una importante fase de obras en el momento de la erupción del Vesubio. Las obras en curso se vieron interrumpidas repentinamente por la catástrofe del año 79 d. C., dejando congelada una situación que hoy ofrece a los estudiosos una oportunidad excepcional para comprender las dinámicas de transformación de las grandes residencias aristocráticas romanas. Este hallazgo añade un elemento particularmente significativo a la historia del complejo. De hecho, no se trata solo de una lujosa villa destruida por la erupción, sino de un edificio aún plenamente vivo, objeto de inversiones y obras destinadas probablemente a mejorar aún más su prestigio.
El procesamiento de los datos recopilados aún está en curso. Se presta especial atención a la recomposición de los fragmentos de frescos y a la reconstrucción del programa decorativo del techo, que podría deparar nuevas sorpresas una vez completadas las operaciones de estudio y restauración. Las próximas campañas de investigación se dedicarán a la ampliación de las zonas de excavación y a la continuación de los estudios sobre las estructuras aún enterradas. Paralelamente, el Parque Arqueológico de Herculano se propone desarrollar nuevos itinerarios de visita y puesta en valor, con el objetivo de hacer cada vez más accesible al público uno de los complejos residenciales más fascinantes y menos conocidos de la costa del Vesubio.
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| Torre del Greco, importantes hallazgos en Villa Sora: resurgen frescos, capiteles y otros elementos |
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