San Pedro: restaurada la cúpula de la Capilla Clementina; se han recuperado 371 metros cuadrados de mosaicos


Roma: en San Pedro finaliza la restauración de la cúpula de la Capilla Clementina, decorada entre 1601 y 1604 a partir de los bocetos de Pomarancio. La intervención se ha centrado en los mosaicos y los estucos, y se ha creado un archivo digital para su futuro mantenimiento. Se han recuperado más de 300 metros cuadrados de mosaicos.

Más de trescientos metros cuadrados de mosaicos —371, para ser exactos—, realizados a principios del siglo XVII a partir de bocetos de Cristofano Roncalli, conocido como «il Pomarancio» (Pomarance, 1552 – Roma, 1626), vuelven a ser visibles en la Basílica de San Pedro de Roma. Se trata de los que recubren la cúpula de la Capilla Clementina, uno de los conjuntos decorativos más significativos de la Roma de las primeras décadas del siglo XVII, objeto de una intervención de restauración conservativa iniciada en mayo de 2025 y ya concluida.

El trabajo no se ha limitado únicamente a las teselas del mosaico: de hecho, durante la intervención también se ha restaurado la decoración en estuco de la misma época, con el fin de ofrecer una visión más unitaria de todo el conjunto decorativo de la capilla. Además, la obra ha generado una documentación digital destinada a servir como herramienta para futuras actividades de control y mantenimiento: el levantamiento topográfico de la cúpula, la cartografía de los fenómenos de degradación y la información sobre las operaciones realizadas se han integrado, de hecho, en un modelo tridimensional elaborado según la metodología BIM (Building Information Modeling).

La necesidad de intervenir en la cúpula se había puesto de manifiesto a raíz de las actividades periódicas de seguimiento llevadas a cabo por la Fabbrica di San Pietro. El montaje del andamio, iniciado en enero de 2025, permitió observar de cerca las superficies y comprobar el estado de conservación de los mosaicos: los estudios pusieron de manifiesto problemas atribuibles tanto al proceso natural de degradación de los materiales como a las intervenciones que se habían sucedido a lo largo del tiempo. Una vez accedidas las superficies a través del andamio, se pudieron ampliar las comprobaciones también a la decoración de estuco: esta última se incluyó, por tanto, en el programa de obras, con el objetivo de abordar de manera coordinada los distintos componentes del aparato decorativo y garantizar su estabilidad y conservación a lo largo del tiempo.

Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro
Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro

La restauración fue precedida por una campaña de diagnóstico exhaustiva: se llevaron a cabo documentaciones fotográficas, análisis de laboratorio de los materiales constitutivos, cartografías digitales de las formas de deterioro e investigaciones endoscópicas. La recopilación de estos datos ha permitido trazar un panorama del estado de las superficies antes de la intervención y orientar las posteriores operaciones de conservación. Se ha prestado especial atención a la documentación digital. El levantamiento de la cúpula, elaborado mediante la metodología BIM, al que se han asociado el modelo tridimensional de la arquitectura, los datos relativos al levantamiento, la cartografía de las formas de deterioro y la información sobre los trabajos realizados durante la obra, ha permitido crear un archivo digital consultable y actualizable, concebido no solo como documentación de la restauración recién concluida, sino también como herramienta para futuras campañas de control y mantenimiento.

En las superficies de mosaico, las operaciones comenzaron con la prelimpieza y la eliminación del polvo. A continuación, se llevó a cabo el preconsolidamiento de las teselas y las capas sueltas, seguido de una limpieza controlada. El trabajo también abarcó las eflorescencias, con tratamientos específicos, e incluyó consolidaciones superficiales y en profundidad. La fase siguiente se centró en los elementos que, con el paso del tiempo, habían pasado a ser incongruentes con respecto a la decoración, las lagunas y la recuperación de una legibilidad correcta de las superficies. Se retiraron los elementos incongruentes, se rellenaron las lagunas con yeso y se procedió a la presentación estética final del conjunto de mosaicos.

Se siguió un procedimiento análogo, desde el punto de vista metodológico y diagnóstico, para los estucos: también en este caso, las operaciones fueron precedidas por las intervenciones preliminares necesarias para garantizar la seguridad de las superficies. A continuación se llevó a cabo la limpieza y el consolidación, tanto adhesiva como cohesiva, actuando tanto sobre la matriz constitutiva de los elementos modelados como sobre la película dorada que caracteriza su superficie. El trabajo sobre los estucos concluyó con la integración de las lagunas y con el acabado estético final. La intervención, en su conjunto, tuvo, por tanto, un doble objetivo: por un lado, garantizar la conservación material de las decoraciones; por otro, recuperar la legibilidad formal y cromática del conjunto.

Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro
Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro

En las distintas operaciones se han empleado formulaciones que, según lo previsto en el proyecto de restauración, cumplen los requisitos de compatibilidad físico-química, reversibilidad y retratabilidad. El objetivo ha sido intervenir en las superficies respetando los principios teóricos y la normativa vigente en materia de conservación y restauración del patrimonio cultural.

Las obras también permitieron abordar los soportes que presentaban riesgo de desprendimiento, garantizando su consolidación estructural. Asimismo, se han combatido los factores de degradación, tanto intrínsecos como extrínsecos, que afectaban a los materiales, mientras que la limpieza, los consolidamientos, las integraciones y la presentación estética han contribuido a recuperar la unidad visual de la decoración.

Para comprender el significado de la intervención, es necesario fijarse en la historia de la Capilla Clementina y en el momento concreto de la historia romana en el que se concibió su aparato decorativo. La capilla toma su nombre de Clemente VIII, cuyo nombre de pila era Ippolito Aldobrandini ( Fano, 1536 – Roma, 1605), quien promovió su decoración. El espacio se construyó según el proyecto de Miguel Ángel Buonarroti y lo terminó Giacomo della Porta en 1580, como contrapartida simétrica de la Capilla Gregoriana. La Clementina forma parte del conjunto de espacios que rodean la Confesión de San Pedro, uno de los núcleos fundamentales de la basílica. El programa iconográfico de la capilla se inscribe en el clima cultural de la Contrarreforma, y a su definición contribuyó de manera decisiva el cardenal Cesare Baronio ( Sora, 1538 – Roma, 1607), figura central de la cultura eclesiástica romana de la época. La decoración debía, por tanto, integrarse en un programa más amplio, en el que las imágenes, la arquitectura y el aparato ornamental contribuían a la construcción de un significado religioso concreto.

La realización de los mosaicos se remonta a los primeros años del siglo XVII, entre 1601 y 1604. Para su ejecución se contó con un equipo compuesto por una decena de maestros, entre los que se encontraban Marcello Provenzale, Paolo Rossetti y Ranuccio Semprevivo. El uso del mosaico para la decoración de la basílica vaticana respondía a la naturaleza particular del edificio y a la voluntad de garantizar una larga duración a las imágenes, plasmando en materiales duraderos composiciones elaboradas a partir de los bocetos preparatorios. Entre estos cartones se encontraban los de Cristofano Roncalli, el Pomarancio, a partir de los cuales se realizó la decoración de la cúpula. Su presencia sitúa la decoración de la Capilla Clementina en pleno apogeo de la cultura artística romana entre finales del siglo XVI y principios del XVII, en un momento en que la ciudad estaba desarrollando nuevos lenguajes figurativos y nuevas formas de comunicación visual vinculadas también a las necesidades de la Iglesia postridentina.

Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro
Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro
Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro
Restauración de la cúpula de la Capilla Clementina. Foto: Fabbrica di San Pietro

Sin embargo, la decoración de la cúpula no se limita únicamente a la superficie principal del mosaico: el conjunto decorativo incluye también una rica ornamentación, en la que se representan querubines, festones y símbolos heráldicos vinculados a la familia Aldobrandini. En los penachos se representan a los cuatro Doctores de la Iglesia, mientras que en las lunetas aparecen episodios bíblicos. Los mosaicos y los estucos contribuyen, por tanto, a la construcción de un sistema decorativo unitario, en el que las diferentes técnicas deben dialogar entre sí.

Es precisamente esta unidad lo que la restauración ha tratado de recuperar. La intervención únicamente sobre las teselas del mosaico no habría sido suficiente para restituir una lectura correcta del conjunto: por ello, las comprobaciones realizadas durante las obras llevaron a incluir también la decoración de estuco en el programa de trabajos. La finalización de la restauración llega, por tanto, tras un proceso que ha durado más de un año y que devuelve a la Capilla Clementina no solo superficies limpias y consolidadas, sino también una nueva base documental para seguir velando por su conservación. La cúpula, con sus 371 metros cuadrados de mosaicos, vuelve a ser legible junto con la decoración de estuco que la acompaña, mientras que la documentación digital permite conservar el registro de las condiciones observadas y de las operaciones realizadas. La restauración de la cúpula se inscribe así en la propia historia de la conservación de la Basílica de San Pedro: un edificio en el que la complejidad de los elementos decorativos hace necesario complementar las intervenciones en las obras y superficies individuales con un seguimiento continuo y una documentación capaz de registrar a lo largo del tiempo las transformaciones de los materiales. En cuanto a la Capilla Clementina, las obras que acaban de concluir han supuesto una oportunidad para intervenir en los fenómenos de deterioro detectados por la Fabbrica de San Pedro y, al mismo tiempo, para crear una herramienta destinada a utilizarse incluso cuando el andamio ya haya sido desmontado.

San Pedro: restaurada la cúpula de la Capilla Clementina; se han recuperado 371 metros cuadrados de mosaicos
San Pedro: restaurada la cúpula de la Capilla Clementina; se han recuperado 371 metros cuadrados de mosaicos



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