Lena Keller (Heidelberg, 1980) pertenece a una generación de artistas que creció durante la transición de lo analógico a lo digital, pero su pintura escapa a cualquier simplificación tecnológica. En sus obras, el paisaje nunca es una vista que contemplar, sino un dispositivo cultural a través del cual cuestionar nuestra relación con la naturaleza, la memoria y la percepción. Keller ha desarrollado una investigación a caballo entre la abstracción y la figuración, en la que el color asume un papel central, capaz de preceder a la palabra y de activar una respuesta emocional inmediata. Su práctica artística aborda el género del paisaje como un campo pictórico moldeado por las condiciones socioecológicas actuales y por el impacto de la cultura de la imagen digital. Arraigadas en un género histórico que refleja los cambios sociales, sus obras al óleo responden a la realidad actual con un sentido de urgencia y una reflexión serena. Keller, que actualmente vive y trabaja cerca de Múnich, desarrolla sus obras a través de procesos de mutación y traducción, en los que la imagen y la referencia pierden gradualmente su jerarquía y se funden en una nueva realidad pictórica. La ambigüedad intrínseca de sus obras ofrece a los espectadores un punto de referencia en relación con su propio ámbito de experiencia. Sus obras han recibido numerosos premios y se han expuesto a nivel internacional en museos, galerías y ferias de arte, entre ellos la Pinakothek der Moderne de Múnich y el Museum Kunsthaus de Fürstenfeldbruck. Ha realizado exposiciones individuales en la LSS Gallery (Nueva York), la Galerie Bayasli (París), la Kornfeld Galerie (Berlín) y la Galerie Heckenhauer (Múnich). Sus obras forman parte de colecciones públicas, entre las que se encuentran la Kunstsammlung des Deutschen Bundestag (Berlín) y la Staatliche Graphische Sammlung de Múnich. En esta conversación con Gabriele Landi, la artista repasa las etapas de su formación, reflexiona sobre el significado del paisaje en la contemporaneidad y nos habla de una práctica que, sin buscar mensajes unívocos, invita al espectador a cuestionarse su propia forma de habitar y observar el mundo.
GL. Para la mayoría de los artistas, la infancia es la edad de oro, cuando empiezan a manifestarse los primeros indicios de interés por el arte. ¿Ha sido así también para ti?
LK. Desde pequeña pintaba, dibujaba y creaba objetos. Me encantaba construir mundos en miniatura con fragmentos de plantas, madera, papel, piedras y alambre. Cuando empecé el colegio, mis cuadernos estaban llenos de dibujos. Mis padres solían llevarnos a sitios interesantes: recuerdo el encuentro con el artista belga Peter Hodiamont en su estudio, los paseos por los jardines de Giverny o la visita a la casa de Dalí en Cadaqués, por ejemplo.
¿Tuviste algún primer amor artístico?
La primera obra que me impactó profundamente de niño fue La dama del armiño, de Leonardo da Vinci, de la que vi una réplica en casa de un compañero de clase. Me dejó perplejo y fascinado al mismo tiempo. La representación de la dama, con sus pinceladas apenas perceptibles, me parecía casi fotográfica, a pesar de pertenecer claramente a una época lejana. Más tarde, en la Tate, vi *I’m dreaming of a black Christmas*, de Richard Hamilton. Más que el tema, fueron los métodos de realización, parcialmente ocultos, los que despertaron mi curiosidad. Fue la primera vez que empecé a reflexionar sobre el papel de la pintura en la era multimedia.
¿Qué estudiaste?
Me licencié en la Akademie der Bildenden Künste de Múnich en 2022 como Meisterschülerin, tras seis años de estudios de Bellas Artes/Pintura.
¿Hubo algún encuentro importante durante tu formación?
Cuando era estudiante, tuve la suerte de conocer a un coleccionista que se fijó en mi trabajo. Su apoyo me ayudó a superar la tendencia a juzgar mi obra con demasiada severidad. Hoy en día, la duda se convierte cada vez más en una fuente de crecimiento.
¿Cómo ha evolucionado tu obra con el tiempo?
Mis primeras obras eran predominantemente abstractas, quizá debido a una reticencia o incapacidad para definir claramente mi postura artística. Actualmente, mis pinturas se sitúan en el umbral entre la abstracción y la figuración, un espacio que me resulta estimulante y productivo.
¿Cuál es el origen de las imágenes que pintas?
El impulso inicial para una obra suele ser una impresión visual del entorno que resuena a un nivel más profundo e intuitivo.
¿Cuál es tu concepción de la naturaleza?
Hay un ensayo de Alexander Kluge sobre nuestra relación con la naturaleza que me encanta. Se titula *Die Sehnsucht der Zellen* («El anhelo de las células»). Kluge plantea el anhelo como un principio formativo de la vida. El deseo humano podría alimentarse de un recuerdo inconsciente de un estado perdido de unidad con la naturaleza, conservado en el cuerpo a lo largo de la evolución. Me gusta esta idea como perspectiva que da forma a mi manera de relacionarme con la naturaleza, tanto como persona como artista.
El paisaje es un tema que cuenta con una larga tradición en la pintura y que aparece a menudo en tus obras. ¿Cómo lo abordas?
El paisaje no es una entidad objetiva; es una perspectiva cultural más que una visión neutral del mundo. Pensemos, por ejemplo, en los paisajes meticulosamente observados y con perspectiva del Siglo de Oro holandés. Son completamente diferentes del tratamiento simbólico y ornamental de la naturaleza que se encuentra en muchas tradiciones artísticas de Oriente Medio. El paisaje es una imagen producida por una sociedad a través de la experiencia, el encuadre y la representación. Y esta concepción está influenciada por las condiciones sociales y las realidades ambientales de su época. Me centro en el paisaje como modelo de percepción en el contexto de nuestra relación actual con la naturaleza. ¿Qué está en juego y cómo nos influye? Mis reflexiones giran en torno a las presiones medioambientales, a nuestra alienación de la naturaleza y a cómo la tecnología influye en la forma en que percibimos, recordamos y construimos el concepto de naturaleza hoy en día.
¿Te interesa el aspecto pictórico?
Mis temas no son representaciones directas de la realidad. Intento evocar referencias a la experiencia visual de un motivo y trazar sus tensiones y paradojas subyacentes con delicadeza y sensibilidad. Para mí, la mayor capacidad de la pintura es la de transmitir aspectos sutiles y registros emocionales que van más allá de la expresión verbal.
¿Qué importancia tiene el aspecto técnico en tu trabajo?
Pertenezco a una generación que creció durante la transición de lo analógico a lo digital, moldeada por un mundo cada vez más fragmentado y estetizado. Me baso en estas condiciones para construir mi realidad pictórica. No las considero limitaciones, sino elementos productivos de mi práctica.
¿Qué importancia tiene el color en tu obra?
Antes incluso de ver nada, percibimos el color. Nos habla directamente, antes incluso de que el pensamiento consciente pueda intervenir. Aunque tenga un concepto en mente, el color es el elemento más intuitivo de mi pintura, aquel al que dedico más espacio. Los matices de color y las transiciones tonales son un elemento fundamental en mis cuadros, ya que crean conexiones y definen los límites dentro de la imagen o, por el contrario, los disuelven de formas que desafían las convenciones visuales.
¿Te interesa la dimensión espiritual?
No especialmente. Definiría mi visión como agnóstica. La base de mi práctica probablemente se deriva de la curiosidad y la exploración.
¿Qué papel desempeña para ti el estudio, entendido como el lugar físico en el que se desarrolla el trabajo del artista?
En primer lugar, es mi espacio de trabajo. Me aísla del mundo y me permite concentrarme. Puedo dar rienda suelta a mi trabajo, observarlo desde diferentes perspectivas o con distancia, y comprender cómo se relacionan las piezas entre sí. Mi estudio es mi refugio, donde protejo mis ideas y mis obras de las presiones y los juicios hasta que estén listas.
Cuando empiezas una obra, ¿tienes ya una idea clara de cómo se desarrollará, o hay margen para cambios a lo largo del proceso?
Me inspiro en un archivo de bocetos, textos y fotografías, tanto encontradas como tomadas por mí misma. Antes de empezar a pintar, realizo numerosos estudios preparatorios, tanto en papel como en formato digital, para dar forma a mis ideas. Una vez que empiezo a pintar, el proceso se vuelve más abierto, pero sigue guiado por una visión de fondo clara.
¿El azar y los imprevistos influyen en tu trabajo?
Tengo un fuerte vínculo con mi intuición. Pero eso no significa que pinte de forma intuitiva. Perseguir la visión de un cuadro requiere concentración y perseverancia. El azar y los imprevistos son característicos de este medio y aportan variedad al proceso, pero no los fomento activamente. Cuando se producen, resultan estimulantes y, a menudo, llevan al cuadro más allá de sus límites.
¿Trabajas en series, centrándote en un cuadro cada vez, o creas varios a la vez?
No trabajo en series, sino en varios cuadros a la vez debido al proceso de secado. Esto suele traducirse en grupos de obras vagamente relacionadas entre sí. Para mí, estas agrupaciones son formaciones abiertas, mientras que considero las series como estructuras más rígidas, temáticamente fijas, que me parecen demasiado restrictivas para mi forma de trabajar.
¿Qué tipo de diálogo buscas con el espectador que se encuentra frente a tus obras?
No me interesa transmitir un mensaje o una narración predefinida. Más bien, espero crear un espacio en el que los espectadores puedan reflexionar sobre su propia relación con el mundo y sus retos. Creo que la pintura habla un lenguaje propio, transmitiendo información sensorial a través de la imagen y el proceso de creación.
Algunos artistas se sitúan al margen de su actividad; otros, como los artistas escénicos, suelen estar en el centro; luego están los que contemplan su trabajo desde arriba o desde abajo, o viceversa… ¿Cómo te posicionas respecto a lo que haces?
La obra surge de mi perspectiva, de la forma en que percibo el mundo. La pintura me permite entrar y salir de esa experiencia, involucrarme en ella y, al mismo tiempo, observarla. En ese sentido, ocupo una posición cambiante: en parte participante, en parte observador.
El autor de este artículo: Gabriele Landi
Gabriele Landi (Schaerbeek, Belgio, 1971), è un artista che lavora da tempo su una raffinata ricerca che indaga le forme dell'astrazione geometrica, sempre però con richiami alla realtà che lo circonda. Si occupa inoltre di didattica dell'arte moderna e contemporanea. Ha creato un format, Parola d'Artista, attraverso il quale approfondisce, con interviste e focus, il lavoro di suoi colleghi artisti e di critici. Diplomato all'Accademia di Belle Arti di Milano, vive e lavora in provincia di La Spezia.Advertencia: la traducción al español del artículo original en italiano se ha realizado mediante herramientas automáticas. Nos comprometemos a revisar todos los artículos, pero no garantizamos la ausencia total de imprecisiones en la traducción debidas al programa. Puede encontrar el original haciendo clic en el botón ITA. Si encuentra algún error, por favor contáctenos.