El Palazzo Magnani de Reggio Emilia volverá a abrir sus puertas al público con la exposición «Las puertas de lo invisible. Kandinsky, Klee y Malévich a la luz del pensamiento de Pavel Florenski», que tendrá lugar del 14 de noviembre de 2026 al 14 de marzo de 2027. La exposición, comisariada por Roberto Cresti, Emilio Ferrario y Valentina Parisi, con el apoyo de un comité científico formado por John Bowlt, James Bradburne, Silvia Cavalchi, Luigi Grasselli y Nicoletta Misler, propone un proyecto de investigación dedicado a las relaciones entre el arte, la ciencia y el pensamiento filosófico a principios del siglo XX.
El recorrido expositivo indaga en las raíces de la revolución artística y científica que marcó el siglo pasado, estableciendo una relación entre las obras maestras de las vanguardias abstractas históricas, los iconos rusos y la figura de Pavel Florenskij (1882-1937), científico, matemático, teólogo, educador y teórico del arte, definido por sus contemporáneos como «el Leonardo ruso». La exposición continúa la reflexión iniciada por el Palazzo Magnani sobre el tema de la representación del espacio y la visión, ya abordado en las exposiciones dedicadas a Piero della Francesca en 2015 y a M. C. Escher en 2013.
La investigación de Florenskij, situada en la frontera entre el análisis científico y la dimensión trascendente, se convierte en la clave interpretativa para reinterpreter el clima cultural de principios del siglo XX, cuando el arte, la ciencia y la técnica formaban parte de un único sistema de conocimiento. En aquellos años, experiencias como la Bauhaus en Alemania y el VChUTEMAS en Rusia dan testimonio de una estrecha relación entre diferentes disciplinas, mientras que las nuevas teorías científicas modificaban la percepción del espacio y de la realidad: desde la relatividad de Einstein hasta las geometrías no euclidianas de Riemann, pasando por los estudios matemáticos sobre el infinito de Cantor.
En este contexto, los artistas buscaban lenguajes capaces de superar el naturalismo y la perspectiva renacentista, considerada ya un modelo limitado para representar la complejidad de lo real. La exposición presenta, por tanto, el cambio de perspectiva que une las investigaciones de Florenski con las de los protagonistas de la abstracción: para el pensador ruso, la realidad tridimensional constituye solo una visión parcial, ya que las cosas poseen una profundidad temporal y pertenecen a una dimensión adicional que el arte puede ayudar a revelar.
A través de obras procedentes de importantes instituciones europeas, entre ellas el Zentrum Paul Klee de Berna, la Colección Costakis de Salónica y colecciones privadas, el proyecto identifica tres ejes principales de interpretación de la nueva sensibilidad espacial.
El primero está dedicado a Vasili Kandinski y a su investigación sobre las geometrías espirituales. En su pintura, el color pierde su vínculo con la representación del mundo natural para convertirse en un instrumento capaz de evocar una dimensión más allá. La abstracción de Kandinski se construye a través de formas dinámicas y planos que parecen superponerse en un espacio indefinido, en diálogo con la tradición de los iconos rusos y con su complejo sistema simbólico.
El segundo recorrido se centra en Paul Klee, para quien la abstracción adquiere una dimensión narrativa e imaginativa. Su pintura construye universos visuales autónomos, en los que el espacio se transforma continuamente gracias a la intervención del artista. Esta búsqueda encuentra un punto de comparación con los iconos caracterizados por un componente más lírico y narrativo, a los que une la capacidad de ir más allá de la mera descripción de la realidad exterior.
La tercera vía conduce, por su parte, a Kazimir Malevič y al suprematismo, movimiento basado en la búsqueda de una dimensión mental pura. En las obras del artista, la geometría se convierte en un lenguaje autosuficiente, capaz de trascender el objeto y abrir una nueva concepción del espacio. La no objetividad suprematista se relaciona con la simplicidad formal de los iconos medievales, desprovistos de elementos naturalistas y construidos sobre una dimensión esencial.
En la primera planta del Palazzo Magnani, las obras de Kandinski, Klee, Malevich y otros protagonistas de la escuela suprematista, entre ellos Iván Kljun y Liubov Popova, se expondrán junto a una selección de iconos rusos que datan de los siglos XV al XVIII, procedentes de la colección de Banca Intesa de Vicenza.
La relación con el arte icónico constituye uno de los elementos centrales de la reflexión de Florenski. De hecho, en las primeras décadas del siglo XX, la pintura antigua rusa fue redescubierta desde una perspectiva laica por los artistas de las vanguardias, quienes reconocieron en la perspectiva invertida de los iconos no una forma primitiva de representación, sino un sistema consciente de organización del espacio basado en el valor simbólico de las imágenes. Aunque mantenía una distancia crítica respecto a los resultados más radicales de la vanguardia, Florenski identificaba en las nuevas investigaciones artísticas una voluntad común de superar la primacía del naturalismo.
La exposición incorpora además un componente científico gracias a la colaboración con el Instituto Nacional de Física Nuclear (INFN), que ha contribuido a la realización de la sala inmersiva «Curvar el espacio». La instalación traduce en una experiencia visual el concepto de Florens sobre el espacio como realidad dinámica, es decir, como un campo de fuerzas modificado por las masas que lo habitan.
Se dedicará una sección específica a la divulgación y la didáctica. En la planta baja, antes de acceder al recorrido principal, los visitantes encontrarán un espacio interactivo diseñado gracias a la colaboración con Luigi Grasselli y James Bradburne. A través de herramientas digitales, reconstrucciones virtuales e instalaciones físicas, colegios, familias y visitantes podrán profundizar en los principios matemáticos, geométricos y perceptivos que han contribuido a la transformación de la cultura moderna.
Este enfoque recuerda la experiencia de «Mathematica», la exposición concebida por Charles y Ray Eames en 1961, que ya había explorado la relación entre las matemáticas, la ciencia y la creatividad, confirmando el papel de esta disciplina como elemento fundacional de la modernidad. El proyecto irá acompañado de un programa de actividades educativas y de una serie de encuentros públicos dedicados a las relaciones entre el arte, la ciencia y la música. El calendario contará con la participación del INFN, la Universidad de Módena y Reggio Emilia (Unimore), las comunidades ortodoxas, la Biblioteca Teológica de Reggio Emilia y las instituciones educativas de la zona. El programa concluirá con los actos musicales organizados por Soli Deo Gloria —órganos, sonidos y voces de la ciudad—, bajo la dirección artística de Renato Negri.
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| En Reggio Emilia, Kandinsky, Klee y Malévich reinterpretados a través del pensamiento de Florenski |
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