Del 15 de abril al 28 de mayo de 2026, el espacio expositivo M45 de Milán presenta Corpo a Corpo (Cuerpo a Cuerpo), un proyecto comisariado por Marco Senaldi que reúne por primera vez las investigaciones plásticas de Giovanni Ruggiero y Paolo Grassino. La exposición, montada en las salas de la sede dirigida por Marco Bertoli y Angelo Enrico, se configura como una confrontación estructurada entre dos prácticas escultóricas que, aunque parten de presupuestos técnicos diferentes, convergen en una reflexión compartida sobre la vulnerabilidad, el trauma y la persistencia de la huella humana en el presente.
El título resume la naturaleza del proyecto: se trata de una tensión continua entre materia y pensamiento. La dimensión evocada es la de un choque, tan físico como conceptual, que recorre toda la exposición. Las esculturas de Paolo Grassino, caracterizadas por una fuerte presencia volumétrica y escénica, se enfrentan a los introrilievi de Giovanni Ruggiero, obras que desarrollan una investigación opuesta basada en la sustracción e incisión del espacio. El resultado es un equilibrio construido a base de contrastes, en el que superficie y profundidad entran en relación directa.
La exposición se articula a través de un sistema de pesos y contrapesos visuales. El negro, elemento dominante en la producción de Grassino, define un centro de percepción estable y denso. Ruggiero responde a esta compacidad con obras que trastocan la noción tradicional de relieve: sus obras no emergen hacia el exterior, sino que escarban en el material, configurando imágenes a través de la ausencia, la huella y el rastro. La figura se construye en el vacío, más que en la presencia.
En la primera sala, se establece un primer diálogo directo entre las obras. Los perros inmóviles de Tumulto, de Grassino, introducen una tensión contenida, de la que se hacen eco Vivi respiri y Passi perduti, de Ruggiero, obra en la que la huella de una bota militar se fija sobre cerámica. La relación continúa en la sala contigua, donde Ciò che resta, un gran cráneo de elefante realizado por Grassino, encuentra un contrapunto en los introrrelieves de cerámica de tres colores de Ruggiero. El recorrido alcanza un momento de mayor intensidad en la tercera sala: aquí la gran cerámica Non tutti gli amori de Ruggiero se enfrenta a Travasi, una fundición de aluminio antropomorfa de Grassino, dando forma a un choque visual más explícito.
Las diferencias entre los dos artistas también se manifiestan en términos de materiales y técnicas. Grassino utiliza esponja sintética y resina para construir superficies arrugadas, parecidas a pieles artificiales, que cubren figuras humanas, animales u objetos. Ruggiero, por su parte, trabaja la cerámica y las fundiciones de aluminio con un enfoque que alterna el gesto impulsivo y el control formal. En el plano cromático, la insistente monocromía de Grassino encuentra un contrapunto en las elecciones de Ruggiero, que introduce inserciones de esmaltes amarillos, verdes y azules sobre fondos oscuros, transformando la superficie en una especie de cicatriz luminosa. El color adquiere una función evocadora, vinculada a dimensiones espirituales y recuerdos de carácter colectivo. La disposición de la instalación acentúa una dimensión teatral que conduce hacia una radicalización de la narrativa visual. El espectador se enfrenta a presencias que eluden la lectura inmediata, inmerso en una atmósfera de extrañeza.
“Deja un espacio amplio, casi ilimitado, para la representación de acontecimientos enigmáticos, a menudo salvajes, casi crueles, inquietantes, en cualquier caso difíciles de explicar, con los que el observador debe encontrarse”, escribe el crítico Lorand Hegyi sobre la investigación de Grassino.
Una tensión similar se encuentra en las obras de Ruggiero, donde cada obra se presenta como la huella de una acción, violenta o meditada, capaz de interrumpir una condición de inercia. Obras como las grandes fundiciones de aluminio, entre las que se encuentra INTRO, o las cerámicas marcadas por la huella de la bota, evidencian un conflicto entre el pensamiento y el gesto. Estos elementos dialogan con las presencias monumentales de Grassino, como las Travasi, que ocupan el espacio con una estaticidad cargada de ambigüedad. La confrontación entre los dos artistas se articula así en un doble nivel: por un lado, una dimensión externa, dominada por las superficies y los volúmenes, y por otro, una tensión interna que atraviesa el material y pone de relieve sus fracturas.
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| Milán, Corpo a Corpo: Ruggiero y Grassino debaten sobre escultura |
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