Las sucesivas olas de calor que han azotado Francia este verano también ponen en peligro uno de los lugares más vinculados al imaginariodel arte impresionista: los jardines de Claude Monet en Giverny, en Normandía. Las temperaturas excepcionalmente altas, que también han contribuido a la aparición de grandes incendios y a un aumento de la mortalidad con respecto a los niveles habituales, han tenido consecuencias especialmente evidentes en la vegetación del histórico jardín que Monet amó y cuidó durante gran parte de las últimas décadas de su vida. Entre las plantas más afectadas se encuentran las capuchinas, uno de los elementos característicos del jardín. Sus flores multicolores se han marchitado por completo bajo el efecto del calor, a pesar de los riegos específicos y otras medidas puestas en marcha por los jardineros para limitar los efectos de la sequía y el estrés térmico.
«Es increíblemente triste», declaró a France 24 Rémi Lecoutre, subjefe de jardinería de la Maison et Jardins de Claude Monet. «Es la primera vez que ocurre a esta escala. Es terrible». Lecoutre mostró a los periodistas las zonas en las que, en esta época del año, las capuchinas deberían estar normalmente en pleno esplendor y que hoy, en cambio, se ven desprovistas de flores. El equipo encargado del jardín está tratando de proteger las plantas que aún pueden salvarse. Entre las estrategias adoptadas se encuentran la agrupación de las plantas y el riego nocturno de las flores más vulnerables, cuando las temperaturas son más bajas y la evaporación del agua es menor.
Las medidas adoptadas han permitido contener, al menos en parte, los daños. El uso de miniaspersores y de un sistema de riego subterráneo ha permitido contrarrestar el estrés hídrico, pero no ha impedido que algunas partes de la vegetación sufrieran, de todos modos, consecuencias. De hecho, a nivel fisiológico, las plantas reaccionan ante las temperaturas extremas cerrando los estomas e interrumpiendo la floración, lo que ha dado lugar a un elevado número de flores marchitas.
Por lo tanto, la situación está obligando a los jardineros a encontrar un difícil equilibrio entre la conservación del aspecto histórico del lugar y la necesidad de adaptarlo a unas condiciones climáticas que ya no son las de antaño. Una de las hipótesis que se están barajando es la de introducir en el futuro especies más resistentes al calor y a la sequía. Al mismo tiempo, habrá que tener en cuenta los cambios en los ciclos estacionales de las plantas, que podrían provocar floraciones anticipadas con respecto al calendario tradicional del jardín.
Sin embargo, la cuestión no es sencilla, ya que el jardín de Giverny no es un espacio verde cualquiera: forma parte integrante de la imagen por la que se conoce a Monet, además de la memoria del pintor. Su casa, que aún hoy se conserva, con su característica fachada rosa y sus detalles en verde, constituye, junto con el jardín, un complejo histórico concebido para transmitir a los visitantes la atmósfera de los paisajes florales que el artista convirtió en uno de los temas fundamentales de su pintura. No obstante, hay que señalar que el jardín actual no pretende ser una reconstrucción perfectamente fiel al que conoció Monet. Y precisamente este aspecto podría permitir a los responsables introducir progresivamente nuevas especies, siempre que sean compatibles con la identidad histórica y estética del lugar.
«Al tratarse de un jardín histórico, es mejor que estas plantas cumplan criterios estéticos y se parezcan lo más posible a las que conocía Monet», explicó Lecoutre ante los micrófonos de France 24. Pero la conservación no implica necesariamente inmovilidad. «Al fin y al cabo, no somos un jardín-museo, sino un espacio que evoluciona con el tiempo».
Esta capacidad de adaptación, por otra parte, encuentra su justificación en la propia concepción que Monet tenía del jardín de Giverny. El pintor deseaba una gran variedad de plantas y organizaba las floraciones en sucesiones, con especies capaces de alcanzar su máximo esplendor durante períodos relativamente cortos. El resultado era un paisaje en continua transformación, casi una obra de arte vegetal que cambiaba con el paso de las estaciones.
«Este es el valor añadido de este jardín de Giverny: muchas plantas con un ciclo corto, pero en cantidades muy grandes», explicó Lecoutre. Sin embargo, es precisamente esta variedad la que hace que resulte especialmente complejo mantener el equilibrio previsto en el proyecto, sobre todo cuando las condiciones climáticas modifican al mismo tiempo la disponibilidad de agua, los plazos de floración y la capacidad de las plantas para soportar el calor.
Afortunadamente, no todas las especies están sufriendo por igual. Las famosas nenúfares de Monet, que representan quizás el símbolo más reconocible del jardín de Giverny y de su pintura, parecen, de hecho, sentirse a gusto con las altas temperaturas y están prosperando. El problema, en cambio, sigue siendo especialmente evidente para las plantas más sensibles. Para los jardineros, el reto de los próximos años será, por tanto, conservar el carácter histórico y visual de Giverny sin ignorar un cambio climático que parece cada vez más difícil de gestionar. El objetivo no es solo mantener con vida el mayor número posible de plantas, sino encontrar un equilibrio entre la fidelidad al legado de Monet y la capacidad de adaptación.
La cuestión cobra especial relevancia precisamente en 2026, año en el que se cumple el centenario de la muerte de Monet. El aniversario se celebra con numerosas exposiciones y eventos, sobre todo en Francia. En París, el Musée de l’Orangerie inaugurará el 30 de septiembre una exposición propia, mientras que el Musée Marmottan Monet presentará, a partir del 24 de septiembre, un recorrido que establecerá un diálogo entre las obras del impresionista y las de artistas modernos y contemporáneos.
Así pues, mientras los museos y las instituciones celebran el centenario a través de las pinturas, en Giverny es el propio paisaje de Monet el que debe hacer frente a una de las consecuencias más concretas del cambio climático. Y precisamente el jardín que el artista había concebido como una obra en continua transformación podría verse obligado, hoy en día, a transformarse una vez más para poder sobrevivir.
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| Francia: el calor extremo afecta al jardín de Monet en Giverny: se registran daños |
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