Del 16 de junio al 13 de septiembre de 2026, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedica una exposición especial a la «Venus y Cupido» de Peter Paul Rubens, expuesta en la Sala 19 de la colección permanente. La exposición narra el complejo proceso de restauración y los estudios científicos que han permitido profundizar en el conocimiento de la técnica pictórica del artista, devolviendo al cuadro su equilibrio cromático y su luminosidad originales.
La intervención, que duró aproximadamente un año y medio, fue llevada a cabo por el Departamento de Conservación y Restauración del museo mediante un programa estructurado de análisis diagnósticos, estudios de laboratorio y operaciones de conservación. El objetivo era eliminar los efectos provocados por el envejecimiento de las capas protectoras, que con el paso del tiempo habían alterado profundamente la percepción de la obra, empañando sus colores y comprometiendo su profundidad espacial. Antes de intervenir, los restauradores llevaron a cabo una serie de exámenes científicos para comprender la estructura del cuadro e identificar los materiales utilizados por Rubens. Las investigaciones permitieron planificar cada fase de la restauración con la máxima precisión, garantizando la seguridad de la obra. La intervención más significativa consistió en la eliminación de la capa de barniz oxidada que cubría la superficie pictórica. Esta capa, ya muy amarillenta, alteraba sobre todo los tonos de piel de las figuras, ocultando los delicados matices cromáticos y el brillo original de la paleta de Rubens. Paralelamente, se han consolidado algunas zonas de la capa pictórica afectadas por pequeñas fisuras y levantamientos, garantizando así su estabilidad a largo plazo.
Los análisis han puesto de manifiesto, además, que el cuadro ya había sido restaurado en el pasado, aunque no existen documentos que permitan reconstruir cuándo y de qué manera se llevaron a cabo las intervenciones anteriores. El lienzo original, constituido por una sola pieza de lino, había sido reforzado con un forro de cera y resina, probablemente a raíz de un daño anterior.
El estudio de las micromuestras ha permitido reconstruir con precisión el procedimiento ejecutivo adoptado por Rubens. El artista comenzó aplicando un fondo de carbonato cálcico, seguido de una capa de imprimación gris compuesta por blanco de plomo, carbonato cálcico y negro de humo. Posteriormente, construyó las figuras con finos velados de color utilizando pigmentos como el blanco de plomo, el bermellón, el minio, la azurita, tierras naturales y la preciada laca de cochinilla, empleada sobre todo en los tonos rojizos de la piel.
Resulta especialmente interesante el descubrimiento de una capa blanca aplicada bajo las figuras de Venus y Cupido. Este recurso técnico permitía aumentar la luminosidad de los tonos de piel, haciéndolos resaltar con mayor intensidad sobre el fondo oscuro, uno de los efectos más característicos de la pintura barroca de Rubens.
Los análisis diagnósticos también han aportado información valiosa sobre el proceso creativo del artista. Las radiografías han revelado algunas modificaciones realizadas durante la ejecución de la obra, sobre todo en la posición de los pies y las piernas de Cupido, mientras que la reflectografía infrarroja ha mostrado un dibujo preparatorio extremadamente preciso, con los contornos de los rostros, el cabello e incluso los detalles decorativos ya definidos desde las primeras fases del trabajo. La composición parece estar básicamente establecida desde el principio, con pocas variaciones respecto al proyecto original. Sin embargo, el artista centra toda su atención en las figuras principales, tratadas con una rica capa pictórica que contrasta con la representación más esencial del fondo.
La exposición también dedica un espacio a la restauración del marco, un elegante ejemplar de estilo Regencia francesa, posterior al cuadro pero de gran valor decorativo. Realizado en madera tallada y dorada, presentaba profundas fracturas, lagunas, ennegrecimientos debidos a tratamientos anteriores y numerosos elementos decorativos dañados.
La intervención consistió en una limpieza extremadamente delicada, diseñada para conservar la pátina histórica del dorado, seguida de la consolidación estructural, la reconstrucción de las partes que faltaban y el retoque con materiales totalmente reversibles. La última fase consistió en la aplicación de una fina capa protectora a base de resina acrílica, capaz de devolver al marco su equilibrio estético y su estabilidad conservadora.
Gracias a este largo trabajo de investigación y restauración, «Venus y Cupido» vuelve hoy a mostrarse con una luminosidad y una riqueza cromática muy cercanas a las imaginadas por Rubens hace más de cuatro siglos, ofreciendo además al público una ocasión única para conocer de cerca los secretos de su extraordinaria técnica pictórica.
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| En el Museo Thyssen-Bornemisza, la restauración de la «Venus y Cupido» de Rubens revela los colores y las técnicas originales |
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