En Pieve di Cadore se inaugura una nueva exposición dedicada a Tiziano, concebida para profundizar en el papel que el paisaje ha desempeñado en su obra artística. Con motivo del 450.º aniversario de la muerte del artista, su ciudad natal acoge tres pinturas autógrafas y más de treinta obras gráficas basadas en sus dibujos o realizadas por artistas que se adelantaron a su sensibilidad o recogieron su legado. El recorrido expositivo reúne obras de figuras destacadas como Lucas Cranach, Alberto Durero, Rembrandt, Watteau y Marco Ricci, ofreciendo una visión general de la evolución del paisaje en el arte europeo. La exposición «Tiziano y el paisaje», que tendrá lugar en el Palacio de la Magnifica Comunità di Cadore del 18 de julio al 18 de octubre de 2026, constituye la segunda cita de un proyecto expositivo inaugurado durante los Juegos Olímpicos de Invierno. La iniciativa nace con el objetivo de analizar la contribución decisiva de Tiziano a la definición de una nueva concepción del paisaje, destinada a influir profundamente en la pintura veneciana y europea en los siglos siguientes. Promovida por la Magnifica Comunità di Cadore y la Fundación Centro de Estudios Tiziano y Cadore, con la colaboración del Ayuntamiento de Pieve di Cadore, la exposición está comisariada por Bernard Aikema y Thomas Dalla Costa. El proyecto, llevado a cabo con el apoyo del Comité Científico de la Fundación y la organización de Villaggio Globale International, constituye uno de los eventos centrales del programa conmemorativo «Titianus Cadorinus 1576-2026», dedicado a los 450 años de la muerte del artista.
La exposición pretende combinar la investigación histórico-artística con la calidad de la puesta en escena, diseñada por FormaUbis. Tras haber acogido el famoso retablo de Gozzi, la muestra devuelve a la tierra natal del pintor otras importantes obras maestras. De hecho, el recorrido expositivo pondrá en relación tres pinturas procedentes de los Museos Capitolinos de Roma, de la Accademia Carrara de Bérgamo y de las Galerías de la Academia de Venecia con más de treinta grabados, xilografías y dibujos de Tiziano y de otros grandes maestros europeos. El objetivo es reconstruir los orígenes de su sensibilidad hacia el paisaje y comprender hasta qué punto su interpretación de la naturaleza ha influido en las generaciones posteriores. Como complemento a la exposición, se ha elaborado también un amplio catálogo científico, publicado por ZeL Edizioni y respaldado por numerosas entidades y socios institucionales, que recoge ensayos y análisis en profundidad firmados por los comisarios y por estudiosos internacionales.
El recorrido expositivo, a través del cual se busca comprender cómo el paisaje contribuye a la construcción del significado de las obras de Tiziano, cuáles son las fuentes que inspiraron su visión de la naturaleza y qué impacto tuvo su lenguaje figurativo en la cultura visual europea, se desarrolla en tres secciones, cada una de ellas dedicada a un aspecto fundamental de la investigación artística de Tiziano. La inauguración de la exposición presenta una selección de obras que remiten a los años de formación veneciana de Tiziano, en un contexto fuertemente influenciado por las relaciones comerciales y culturales con el norte de Europa y por la creciente difusión de la imprenta artística.
En El bautismo de Cristo, conservado en los Museos Capitolinos, el paisaje participa activamente en la narración a través de una rica simbología que dialoga con los protagonistas de la escena. Al fondo se divisa un pueblo dominado por una torre cilíndrica y unas montañas cuyo perfil recuerda a las Dolomitas, elementos que confieren mayor profundidad y significado a la composición. Por el contrario, el enfoque adoptado en «Orfeo y Eurídice» de la Accademia Carrara es diferente, ya que el paisaje se divide en dos ambientes opuestos: por un lado, un escenario sereno, caracterizado por la presencia de una iglesia y su campanario; por otro, un entorno oscuro y amenazador, dominado por la entrada a los Infiernos, que refleja el drama de la historia mitológica.
La exposición continúa analizando las raíces culturales que contribuyeron a la formación de la concepción del paisaje de Tiziano, poniendo de relieve el papel determinante que desempeñaron la pintura y el arte gráfico nórdicos. A través de una minuciosa comparación entre obras de artistas italianos y europeos, se pone de manifiesto cómo el maestro de Cadore supo asimilar y reinterpretar diferentes lenguajes, dando vida a una visión original destinada a dejar una huella profunda en la historia del arte. Entre las obras más significativas figuran La penitencia de San Juan Crisóstomo, de Lucas Cranach, procedente de las Galerías de los Uffizi, y el grabado con San Eustaquio realizado por Alberto Durero a principios del siglo XVI. Ambas muestran características compositivas que se reflejan en la obra juvenil de Tiziano, como el horizonte elevado y la especial atención dedicada a la descripción del entorno natural. Si Cranach realza el paisaje como elemento narrativo, Durero demuestra cómo el mero uso de la línea puede transmitir profundidad, atmósfera y riqueza de detalles.
El interés de Tiziano por el lenguaje del grabado queda documentado también en la xilografía del Sacrificio de Abraham, realizada hacia 1516 por Ugo da Carpi a partir de un dibujo del pintor. La obra da testimonio del fuerte vínculo entre la pintura y el mundo de la imprenta en la Venecia renacentista y constituye uno de los primeros ejemplos de la voluntad del artista de difundir sus propias creaciones a través de técnicas distintas de la pintura sobre lienzo. La exposición pone además de relieve cómo la práctica de la cita era extremadamente extendida en el Renacimiento. De hecho, en la figura del pastor representado en El sacrificio de Abraham se reconoce una referencia directa a San José, presente en La huida a Egipto de Durero. Del mismo modo, el grupo de la Sagrada Familia concebido por el maestro alemán se retoma, con algunas variaciones, en la xilografía dedicada al mismo tema realizada por Domenico Campagnola. También el fondo montañoso revela evidentes referencias al modelo original, lo que confirma el continuo diálogo entre artistas pertenecientes a diferentes escuelas figurativas.
Otra comparación interesante es la que se establece entre el Paisaje con un gran cañón de Durero y el Paisaje con pastores y una familia de viaje de Domenico Campagnola. En el primer caso, el paisaje conserva un fuerte valor descriptivo y documental, gracias a la precisión con la que se representa el valle del río Wiesent y el entorno circundante. En la obra de Campagnola, en cambio, la naturaleza asume un papel predominante: las figuras humanas pasan a ser casi marginales frente a la inmensidad del escenario, que domina toda la composición y evoca los paisajes del interior del Véneto.
Estas obras dan testimonio del creciente interés que, en el siglo XVI, los coleccionistas y aficionados sentían por los dibujos y los grabados dedicados al paisaje. De hecho, las nuevas técnicas gráficas permitían a los artistas experimentar con eficaces juegos de luz y sombra y representar la naturaleza con gran sensibilidad, incluso sin color. En este proceso resultó fundamental la colaboración entre Tiziano, Giulio Campagnola y su hijo adoptivo Domenico, protagonistas de una etapa artística que contribuyó a la difusión de una nueva cultura del paisaje.
La segunda sección de la exposición profundiza precisamente en la evolución de las artes gráficas dentro del círculo de Tiziano. Entre las obras expuestas destaca el Paisaje con molino, realizado por Giulio Campagnola hacia 1510, en el que el artista experimenta con nuevas formas expresivas mediante un uso refinado del trazo, variando el grosor, la inclinación y la intensidad de las líneas para conferir mayor vitalidad a los elementos naturales. En los años siguientes, Tiziano estableció una intensa relación de colaboración tanto con Giulio como con Domenico Campagnola. Las obras de este último se atribuyeron en ocasiones erróneamente al maestro de Cadore, como demuestra el Paisaje con San Giovannino, considerado durante mucho tiempo una obra autógrafa de Tiziano. Precisamente a través de esta colaboración tomó forma una nueva tipología compositiva destinada a caracterizar muchas de las obras posteriores del artista, en la que el paisaje asume un papel cada vez más determinante dentro de la narración pictórica. Entre los ejemplos más significativos figuran los grabados San Jerónimo en un paisaje salvaje y Paisaje con San Francisco, realizados probablemente por Nicolò Boldrini a partir de dibujos de Tiziano. En estas composiciones, cada elemento natural contribuye a definir el equilibrio de la escena, convirtiéndose en parte integrante de la construcción narrativa y de la percepción visual de la obra.
También obras como Árbol con dos cabras, de Domenico Campagnola, y los grabados dedicados a temas mitológicos confirman esta evolución. Si en las obras anteriores prevalecían los temas religiosos o pastorales, en las producciones posteriores el paisaje sigue ocupando un lugar central, al tiempo que acompaña a relatos mitológicos y reinterpretaciones de las célebres invenciones de Tiziano, lo que constituye una muestra de la continua transformación de su lenguaje figurativo.
La última sección de la exposición está dedicada al aspecto más innovador del proyecto expositivo: el análisis del legado que dejaron Tiziano y su círculo artístico en el desarrollo de la representación del paisaje en Europa. Se trata de un ámbito de investigación aún poco explorado, pero fundamental para comprender cómo las intuiciones del maestro de Cadore influyeron en artistas, grabadores y coleccionistas entre los siglos XVI y XVII.
La exposición pretende poner de relieve cómo el lenguaje elaborado por Tiziano abrió nuevas perspectivas artísticas, transformando el paisaje de simple elemento de fondo a protagonista de la composición. Girolamo Muziano, formado en el taller de Domenico Campagnola y que posteriormente desarrolló su actividad en Venecia y Roma, desempeñó un papel decisivo en esta difusión. A través de su estilo, capaz de fusionar la tradición veneciana con influencias nórdicas, contribuyó a exportar esta nueva sensibilidad artística mucho más allá de las fronteras del Véneto.
De hecho, la influencia de Tiziano no se limitó a Italia. Entre finales del siglo XVI y el siglo XVII, su forma de interpretar el paisaje se extendió por toda Europa, convirtiéndose en un modelo de referencia para numerosos artistas. Sus composiciones y sus dibujos circularon ampliamente gracias a los grabados, lo que favoreció el surgimiento de nuevas experimentaciones figurativas y contribuyó a la definición de un lenguaje compartido a nivel internacional.
Un ejemplo emblemático es el de Rembrandt, quien siempre reconoció en Tiziano uno de sus principales referentes. El maestro holandés estudió atentamente sus dibujos, llegando en algunos casos a copiarlos y a reinterpretar sus inventos compositivos. En la exposición, este diálogo artístico queda ilustrado por la comparación entre el célebre San Jerónimo en un paisaje italiano de Rembrandt y el grabado San Jerónimo leyendo en el desierto, realizado por Cornelis Cort según un diseño de Tiziano en 1566. Esta yuxtaposición pone de relieve la continuidad de un lenguaje capaz de traspasar épocas y culturas diferentes.
El recorrido expositivo demuestra, además, cómo muchas de las creaciones figurativas de Tiziano se convirtieron en auténticos modelos para las generaciones posteriores. Entre ellas destaca el Paisaje con un tocador de zanfona y una muchacha, de Domenico Campagnola, considerado uno de los ejemplos más influyentes de la tradición veneciana. La estructura de la composición, con pequeñas figuras en primer plano, un gran árbol, un pueblo al fondo y las montañas en el horizonte, será de hecho retomada y reinterpretada por numerosos artistas en los siglos siguientes.
El éxito de este modelo queda patente en las numerosas obras que se derivaron de él. La xilografía de Campagnola inspiró a pintores y grabadores de diversa formación, entre ellos Giovanni Francesco Grimaldi, Marco Ricci y Francis Torond. Paralelamente, crecía en toda Europa el interés por la obra de Tiziano, favorecido por la difusión de los grabados, la publicación de colecciones ilustradas y la intensificación del coleccionismo de dibujos. De este modo, su forma de concebir el paisaje llegó a un público cada vez más amplio, consolidando la fama internacional del maestro de Cadore.
Los grandes coleccionistas europeos también contribuyeron de manera decisiva a la conservación y difusión de este legado. Colecciones prestigiosas, como las del banquero Everard Jabach y del financiero Pierre Crozat, conservaban un número considerable de dibujos atribuidos a Tiziano y a Domenico Campagnola. Gracias a estas colecciones, que posteriormente pasaron a formar parte de importantes museos europeos, los estudiosos y los artistas pudieron seguir conociendo, estudiando y transmitiendo el lenguaje elaborado por el maestro veneciano.
La exposición concluye, por tanto, proponiendo una nueva interpretación del papel desempeñado por Tiziano en la historia del arte. El paisaje, en sus obras, ya no es un simple fondo decorativo, sino que se convierte en un elemento fundamental de la narración, capaz de transmitir significados, emociones y valores simbólicos. A través de pinturas, grabados y dibujos, el recorrido expositivo pone de relieve cómo esta concepción innovadora influyó profundamente en la cultura figurativa europea, contribuyendo a transformar la forma de representar la naturaleza y consolidando el mito de Tiziano como uno de los grandes protagonistas del Renacimiento.
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| Tiziano y el paisaje: en Pieve di Cadore, tres obras maestras del artista con motivo del 450.º aniversario de su fallecimiento |
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