Alarma en los museos del Reino Unido, donde las instituciones se enfrentan a una etapa de profunda incertidumbre y, por lo tanto, necesitan medidas drásticas: este es, en pocas palabras, el resumen del informe elaborado por una comisión parlamentaria multipartidista, el Comité de Cuentas Públicas (PAC), organismo encargado de supervisar la eficacia del gasto público, que ha expresado una gran preocupación por la gestión de los 15 museos y galerías nacionales financiados por el Gobierno y que, por lo tanto, dirige una fuerte crítica al Departamento (es decir, el Ministerio) de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte (DCMS) del Reino Unido. Según los miembros de la comisión, el ministerio habría dejado a los museos expuestos a vulnerabilidades que van desde la seguridad informática hasta la protección física de las valiosas colecciones que conservan. El enfoque del Gobierno se describe como predominantemente reactivo, carente de la visión estratégica necesaria para afrontar los retos económicos y tecnológicos actuales.
En el centro de la polémica se encuentra la falta de una visión clara por parte del ministerio, actualmente dirigido por la secretaria de Cultura, Lisa Nandy, sobre el valor real que estos museos aportan al contribuyente a cambio de la financiación recibida. La comisión, en este sentido, es muy dura: «El Departamento», se lee en el informe, «no tiene una visión clara del valor real que los museos y galerías están aportando a los contribuyentes con los fondos públicos que se les conceden anualmente». Aunque en el bienio 2024-25 el Departamento haya destinado unos 484 millones de libras en forma de subvenciones directas (cifra que representa una cuarta parte del gasto total del DCMS y casi la mitad de los ingresos totales de los museos), no parecen existir instrumentos de medición adecuados para evaluar su impacto. De ahí, por tanto, la recomendación: «En un plazo de seis meses, el Departamento debería definir parámetros claros con los que evaluar la eficacia con la que los museos y las galerías están contribuyendo a la consecución de sus objetivos prioritarios y qué consecuencias se prevén para aquellos que no se adapten».
El contexto financiero en el que operan las instituciones culturales se ha vuelto notablemente más hostil en los últimos años. Desde el periodo 2021-22, los museos han tenido que hacer frente a una reducción de la financiación gubernamental del 16 % en términos reales, coincidiendo con el fin de los fondos de emergencia asignados durante la pandemia de COVID-19. Al mismo tiempo, los costes operativos totales se han disparado un 18 %, impulsados principalmente por el aumento de los gastos de personal y el repunte de los gastos energéticos y de mantenimiento. A pesar de estas dificultades, las direcciones de los museos han demostrado una notable capacidad de adaptación, logrando aumentar los ingresos propios en un 53 % en términos reales con respecto a los niveles de 2021-22. Entre los ejemplos de este dinamismo comercial se incluyen iniciativas innovadoras como el Pink Ball organizado por el Museo Británico en octubre de 2025, que contribuyó a elevar el volumen total de ingresos privados a 563 millones de libras esterlinas. Sin embargo, la comisión subraya que estas fuentes de ingresos siguen siendo intrínsecamente frágiles, ya que dependen de la evolución de la economía mundial y de una afluencia de visitantes que, en el país, aún no ha recuperado los volúmenes anteriores a la crisis pandémica.
Un punto especialmente delicado se refiere a los denominados «resultados prioritarios» fijados por el Ministerio en julio de 2024. Aunque se ha pedido a los museos que contribuyan a objetivos ambiciosos como el crecimiento económico local, la inclusión social y la creación de una narrativa nacional compartida, el Departamento no habría proporcionado indicaciones precisas sobre cómo traducir estas directrices en acciones concretas. La vaguedad de las expectativas ministeriales hace imposible determinar si los fondos públicos se están empleando de manera eficiente. La comisión ha señalado que faltan incluso indicadores operativos básicos, como normas relativas a los horarios de apertura o a la frecuencia de los cierres de las salas de exposición, elementos que podrían servir de señal de alarma temprana ante un posible deterioro de la salud financiera de una institución.
La seguridad constituye otro frente crítico en el que se ha hecho patente la falta de coordinación centralizada. Acontecimientos recientes, como el ciberataque sufrido por la British Library en octubre de 2023 y los robos denunciados por el British Museum ese mismo año, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sector. Aunque el Ministerio ha facilitado el intercambio de experiencias entre las distintas instituciones, la comisión observa una falta de medidas concretas para proteger los sistemas y las colecciones a nivel sistémico. De hecho, el Gobierno tiende a delegar la responsabilidad de la seguridad física y cibernética exclusivamente en los consejos de administración de cada museo, interviniendo a menudo solo una vez que se ha producido el incidente. Entre las recomendaciones del informe figura la necesidad de aprovechar en mayor medida la tecnología digital para mejorar la catalogación y la trazabilidad de los objetos, reduciendo así el riesgo de que los bienes valiosos puedan desaparecer sin que nadie se dé cuenta durante largos períodos de tiempo.
La gobernanza interna de las instituciones parece igualmente debilitada. El modelo de gestión británico se basa en gran medidaen la autonomía de los museos y en la competencia de sus consejos de administración (Board of Trustees), pero el informe pone de relieve que estas estructuras suelen estar incompletas o se constituyen con retrasos excesivos. En octubre de 2025, la tasa de vacantes en los consejos de administración de los 15 museos nacionales era del 15 %. El plazo medio para el nombramiento de un nuevo miembro del consejo de administración fue de unos 219 días en el bienio 2024-25, superando con creces el objetivo gubernamental de 90 días. Estos retrasos burocráticos impiden cubrir a tiempo las carencias en competencias cruciales, especialmente en el ámbito financiero, precisamente en un momento de inestabilidad en los altos cargos administrativos de muchas instituciones. El Departamento ha justificado estas demoras alegando factores externos, entre ellos el carácter no remunerado de los cargos y el impacto de las elecciones generales de 2024, aunque ha asegurado que se están llevando a cabo revisiones para acelerar los procedimientos. Además, la comisión recomienda al Ministerio que informe, en un plazo de seis meses, sobre las medidas adoptadas para garantizar que los nombramientos en los consejos de administración de los museos cuenten con la combinación adecuada de competencias necesarias para que dichos consejos puedan desempeñar eficazmente sus funciones.
En cuanto al apoyo estratégico, el informe sugiere que el Ministerio está perdiendo valiosas oportunidades para ayudar a los museos a compartir servicios y abordar retos comunes, como la digitalización de las colecciones y el uso de la inteligencia artificial. En la actualidad, las instituciones funcionan como entidades autónomas y no están obligadas a adherirse a sistemas compartidos para la gestión de recursos humanos o de contabilidad, lo que impide la creación de datos comparativos sobre los costes y la obtención de economías de escala. La gestión de los depósitos también se señala como un ámbito en el que una coordinación centralizada podría generar ahorros significativos, aunque ello requeriría inversiones iniciales que el Departamento parece reacio a destinar.
Por último, el debate se centra en la sostenibilidad del actual modelo de acceso gratuito. Aunque la introducción de la gratuidad en 2001 ha favorecido una fuerte participación del público, el Ministerio ha admitido que desea explorar, junto con las direcciones de los museos, la posibilidad de introducir tarifas de entrada para los visitantes internacionales. Se trata de una cuestión delicada que requiere una evaluación cuidadosa para evitar comprometer la misión educativa y social de estas instituciones. Sobre este tema, que suscita gran interés, la comisión es tajante: «El actual régimen de financiación del Departamento corre el riesgo de no proporcionar a los museos y galerías incentivos suficientes para sostenerse financieramente». El Departamento reconoce la importancia de proporcionar a los museos y galerías incentivos para maximizar las oportunidades de generar ingresos propios, sin dejar de recibir subvenciones, con el fin de mejorar su solidez financiera. Considera que los museos y las galerías están muy motivados para aumentar sus ingresos y estima que su solidez financiera corre ahora menos riesgo que en el pasado, aunque sigue clasificada como «de alto riesgo». Sin embargo, el enfoque habitual del Departamento, que prevé aumentos anuales a tanto alzado de la financiación destinada a museos y galerías a principios de año, con complementos posteriores para aquellos que se encuentren en dificultades financieras, podría no proporcionar a los museos y galerías incentivos suficientes para maximizar los ingresos generados por sí mismos o para funcionar de manera eficiente. Una posible fuente de ingresos adicionales podría ser la introducción de una entrada para los visitantes internacionales. El Departamento evaluará esta opción con los museos y galerías, pero advierte de que la introducción de una medida de este tipo requeriría una gran cautela».
Además, el Departamento está trabajando en una nueva herramienta de indicadores estratégicos, prevista para finales de año, que debería ofrecer una visión más integrada y oportuna de la resiliencia financiera de cada museo, con el objetivo de pasar de una recopilación de información anecdótica a un seguimiento sistemático. El reto para el futuro próximo será equilibrar la autonomía operativa de las prestigiosas instituciones nacionales con una orientación gubernamental capaz de proporcionar los recursos y las garantías necesarias para preservar el patrimonio cultural británico para las generaciones futuras.
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