Alemania: la Casa Rusa de Berlín, en el centro del debate: ¿debería cerrarse o no?


La Casa Rusa de la Ciencia y la Cultura de Berlín está gestionada por Rossotrudnichestvo, entidad sujeta a sanciones de la UE desde 2022. Las acusaciones sobre posibles actividades de los servicios secretos rusos reavivan el debate sobre su cierre, mientras que el Gobierno alemán evalúa también las consecuencias para el Goethe-Institut en Rusia.

La Russisches Haus de Berlín, es decir, la Casa Rusa de la Ciencia y la Cultura (Russisches Haus der Wissenschaft und Kultur), se encuentra estos días en el centro de un intenso debate político en Alemania: el edificio situado en la Friedrichstraße 176-179, en pleno centro de la capital, lleva años siendo objeto de controversia, pero las acusaciones formuladas recientemente por las autoridades francesas, según las cuales la estructura estaría vinculada a actividades de los servicios secretos rusos, han reavivado las peticiones de cierre. El problema, sin embargo, no es solo político: sobre el futuro de la institución pesan, de hecho, sanciones europeas, investigaciones judiciales y una compleja red de acuerdos bilaterales en la que también está implicado el Goethe-Institut, es decir, el instituto de cultura alemana en Rusia.

A principios de agosto, una investigación llevada a cabo por tres periódicos (Tagesschau, WDR y Süddeutsche Zeitung) sacó a la luz un documento del Ministerio del Interior francés que vincula la Casa Rusa con posibles actividades de los servicios secretos de Moscú. La estructura está gestionada por Rossotrudnichestvo, la agencia estatal rusa para la cooperación cultural dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Moscú y que, desde 2022, está sujeta a las sanciones de la Unión Europea, adoptadas a raíz de la invasión rusa de Ucrania. El Gobierno alemán no ha confirmado públicamente hasta la fecha las acusaciones francesas. Sin embargo, el 10 de agosto, durante una rueda de prensa en Berlín, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Martin Giese, declaró que, «a la luz de las acciones emprendidas contra los operadores y las organizaciones culturales alemanas», Alemania está examinando de forma exhaustiva y continua los fundamentos jurídicos internacionales que regulan la actividad de la Casa Rusa. La cuestión resulta especialmente delicada debido a la existencia de dos acuerdos bilaterales entre Alemania y Rusia relativos, respectivamente, a los inmuebles y a la cooperación cultural.

La Russisches Haus de Berlín. Foto: Sven Wolter
La Russisches Haus de Berlín. Foto: Sven Wolter

La Casa Rusa ocupa el edificio de la Friedrichstraße desde 1984: en la época de la República Democrática Alemana y de la Unión Soviética era la mayor institución cultural soviética en el extranjero. Hoy en día, el complejo de siete plantas alberga espacios expositivos, una sala de conciertos, un cine, una librería y una oficina de correos rusa. Su programa incluye cursos de ruso, ballet y dibujo, además de proyecciones cinematográficas, encuentros dedicados a Aleksandr Pushkin, iniciativas relacionadas con la memoria de la Segunda Guerra Mundial y actos con coros cosacos alemanes. Para sus defensores se trata de actividades culturales, mientras que para los críticos, en cambio, el problema radica precisamente en la forma en que estas iniciativas contribuyen a mantener una relación aparentemente normal con Rusia a pesar de la guerra en Ucrania y a difundir la visión del mundo de Moscú.

Entre quienes defienden la necesidad de su cierre se encuentra, entre otros, el diputado de Los Verdes Robin Wagener, según quien las acusaciones francesas son plausibles. Según él, declaró a *Die Welt*, la Casa Rusa formaría parte de la «guerra de información» llevada a cabo por Moscú y, al estar sujeta a sanciones, debería cerrarse. «Un Estado de derecho también debe querer hacer respetar el derecho y la ley», afirmó. El asunto también se ha colado en la campaña electoral para las elecciones a la Cámara de Representantes de Berlín, previstas para el 20 de septiembre. El candidato principal del SPD, Steffen Krach, se ha desplazado hasta el edificio y ha pedido la expropiación del inmueble. El BSW, partido de izquierda, se ha pronunciado, por el contrario, en contra del cierre. Durante un acto organizado por el partido, el candidato a la alcaldía de Berlín, Alexander King, defendió que cortar todo canal de diálogo con Rusia no prepararía a la ciudad ni a Alemania para la paz. Se han puesto en marcha peticiones contra el cierre y se ha anunciado una manifestación.

Otro aspecto de este asunto se refiere a las sanciones europeas. Dado que Rossotrudnichestvo figura en la lista de organizaciones sancionadas por la UE, la Casa Rusa no puede recibir fondos libremente y solo puede aceptar de terceros lo estrictamente necesario para el mantenimiento del edificio. A pesar de ello, el edificio percibe alquileres. Según la investigación de Tagesschau, en junio de 2023 vivían en el inmueble 115 personas. La Fiscalía de Berlín ha abierto una investigación por un posible delito en virtud de la ley de comercio exterior.

Además, la Casa Rusa no goza de inmunidad diplomática, aunque las condiciones de uso del inmueble están reguladas por un acuerdo firmado en 2013 entre los Gobiernos alemán y ruso, relativo a las sedes de la Casa Rusa en Berlín y del Goethe-Institut en Moscú. El acuerdo tiene una vigencia de 99 años y establece, entre otras cosas, que cada uno de los dos Estados corra con el impuesto sobre bienes inmuebles correspondiente al edificio utilizado por el otro país. Para 2026, la cuota a cargo del Estado alemán por la Casa Rusa asciende a 70 000 euros. El acuerdo establece además que los edificios destinados a funciones soberanas gozan de inmunidad frente a medidas ejecutivas y que ninguna de las dos partes puede vender los inmuebles ni ceder su uso íntegro a terceros sin el consentimiento de la otra.

A ello se suma el acuerdo intergubernamental sobre cooperación cultural entre Alemania y Rusia, firmado en diciembre de 1992 y que entró en vigor en mayo de 1993. El tratado tiene una vigencia de cinco años, con renovación automática por períodos de la misma duración, salvo que se comunique la rescisión al menos seis meses antes de su vencimiento. El acuerdo establece que ambos países fomenten la cooperación cultural a todos los niveles, garanticen un amplio acceso a sus respectivas culturas y faciliten la creación y la actividad de las instituciones culturales de la otra parte. Además, prevé la posibilidad de poner a disposición de los estudiantes, doctorandos e investigadores del otro país becas de estudio y formación, así como de facilitar la concesión de permisos de residencia.

Sin embargo, precisamente estas disposiciones resultan cada vez más difíciles de aplicar a la luz de la situación internacional y de las medidas adoptadas por Rusia contra las instituciones alemanas. El Goethe-Institut, la principal organización alemana para la promoción de la lengua y la cooperación cultural internacional, se vio obligado a reducir drásticamente sus actividades en Rusia en mayo de 2023, tras las restricciones impuestas por las autoridades rusas sobre el número de funcionarios alemanes autorizados a operar en el país. Unas semanas antes, las cuentas bancarias del Goethe-Institut en Rusia habían sido congeladas a petición del Banco Central de Rusia, a raíz de un procedimiento iniciado por la Fiscalía de Berlín contra la Casa Rusa por una presunta violación de las sanciones.

Sin embargo, a pesar de las dificultades, los servicios digitales del Goethe-Institut, incluidos los cursos de idiomas, siguen estando disponibles. Además, las bibliotecas de las sedes de Moscú y San Petersburgo siguen recibiendo nueva literatura alemana, aunque con problemas logísticos. El Goethe-Institut ha explicado que, hasta la fecha, no ha sido objeto de censura estatal, aunque ha precisado que se compromete a respetar las estrictas disposiciones legislativas rusas.

La cuestión de la seguridad añade una nueva dimensión a la controversia. En el informe publicado en junio, la Oficina Regional para la Protección de la Constitución de Berlín calificó el nivel de amenaza que representan los servicios secretos rusos como «sin cambios y alto». La Casa Rusa no se menciona directamente en el documento, que, no obstante, señala que los servicios rusos tienen cada vez menos posibilidades de operar bajo la cobertura diplomática de embajadas y consulados. Según el informe, es por tanto necesario suponer que dichas actividades puedan continuar de forma modificada dentro de las estructuras estatales o semiestatales rusas que aún existen en Alemania.

Por lo tanto, no es posible determinar, basándose en los datos hechos públicos, que la Casa Rusa se utilice efectivamente como centro operativo de los servicios secretos rusos. No obstante, las acusaciones francesas han situado la cuestión en el centro de la atención política alemana, mientras que la inclusión de Rossotrudnichestvo en la lista de sanciones europeas y la investigación sobre los ingresos procedentes de los alquileres hacen que el caso sea especialmente delicado. La decisión final de las autoridades alemanas deberá tener en cuenta también las consecuencias para el sistema cultural alemán en Rusia: de hecho, el Ministerio de Asuntos Exteriores teme que el cierre de la Casa Rusa pueda provocar nuevas restricciones contra los Goethe-Institut de Moscú y San Petersburgo, que, a pesar de las limitaciones, siguen manteniendo un contacto directo con sectores de la sociedad civil rusa. Al mismo tiempo, algunos representantes políticos consideran que el riesgo de perder estas estructuras es ya un precio necesario para hacer frente a las presiones de Moscú.

Desde el punto de vista jurídico, existe un plazo concreto. El acuerdo de 2011 que regula la actividad de las instituciones culturales podría ser rescindido por Alemania con efecto a partir de junio de 2027. La notificación debería presentarse antes del 6 de diciembre de 2026. Una decisión de este tipo supondría el cese de las actividades culturales de la Casa Rusa, pero no implicaría automáticamente la pérdida del inmueble, que seguiría siendo propiedad de Rusia. El Ministerio de Asuntos Exteriores, sin embargo, aún no ha adoptado una postura definitiva. La línea oficial sigue siendo la de revisar los acuerdos internacionales que regulan la estructura. Mientras tanto, se acerca la fecha límite del 6 de diciembre y, con ella, la decisión de rescindir el acuerdo de cooperación cultural o mantenerlo en vigor, dejando abierta la Casa Rusa y, con ella, uno de los canales más controvertidos de la presencia cultural rusa en la Alemania actual.

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