Se reaviva el debate sobre las restauraciones de Villa Lante en Bagnaia (Viterbo), uno de los jardines históricos más famosos de Italia, tras la finalización de las obras financiadas con fondos del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PNRR). Las dudas y preocupaciones surgen a raíz de una carta dirigida a la prensa por el historiador del arte Salvatore Enrico Anselmi, doctor en memoria y materia de las obras de arte, en la que se cuestionan los resultados de las obras, su impacto en la conservación del complejo monumental y algunas de las formas en que se habría gestionado la obra. En el centro de las críticas se encuentra lo que se define como una intervención de limpieza excesivamente invasiva en las decoraciones plásticas y escultóricas de las fuentes, considerada responsable de la alteración del aspecto histórico de las superficies de piedra. Según Anselmi, las intervenciones habrían eliminado no solo las formaciones biológicas, como musgos y líquenes, sino también la denominada pátina histórica de la piedra, elemento que puede considerarse parte integrante de la materia original y, sobre todo, factor de protección del peperino, la roca volcánica utilizada en gran parte de las estructuras arquitectónicas y escultóricas de la villa. De hecho, el peperino es un material especialmente poroso y, una vez despojado de la capa superficial que se ha ido formando a lo largo de los siglos, quedaría más expuesto a los efectos de las variaciones higrométricas. Las continuas variaciones de humedad y temperatura podrían, de hecho, favorecer fenómenos de ablación y de desgaste progresivo de la piedra, acelerando los procesos de degradación.
El tema se refiere a uno de los complejos monumentales más importantes del Renacimiento italiano. La Villa Lante es reconocida universalmente como uno de los máximos ejemplos de jardín a la italiana del siglo XVI. Durante siglos ha sido una parada imprescindible del Grand Tour y sigue atrayendo hoy en día a estudiosos, historiadores del arte y visitantes de todo el mundo gracias al excepcional equilibrio entre arquitectura, paisaje, juegos de agua y elementos escultóricos. Precisamente el valor histórico y artístico del lugar hace que cualquier intervención de conservación resulte especialmente delicada. En la carta se subraya que las obras, realizadas con una financiación total de unos siete millones de euros en el marco del PNRR, habrían modificado lo que se denomina la «facies iconográfica y sustancial» de las decoraciones escultóricas, alterando la relación entre la superficie histórica de la piedra y su percepción visual.
Además de las cuestiones estrictamente relacionadas con la conservación, la denuncia de Anselmi también llama la atención sobre el estado de algunas zonas del complejo monumental. En concreto, se señala el estado de deterioro de una parte del llamado «barco», el camino que discurre a lo largo del muro de contención lateral del jardín histórico. Según se informa, a lo largo de este tramo se darían situaciones que podrían suponer un riesgo para la seguridad de los visitantes: verjas oxidadas que dan acceso a espacios utilizados como almacenes de escombros, acumulaciones de maleza y fragmentos de piedra abandonados. La denuncia de Anselmi se refiere además a la accesibilidad de las tuberías del sistema hidráulico destinado al suministro y a la recirculación del agua de las fuentes. Otro problema destacado se refiere a algunos marcos laterales de la logia derecha de la Fuente del Diluvio, descritos como deteriorados y ya incapaces de impedir posibles accesos no autorizados al interior del jardín histórico, eludiendo el recorrido de la taquilla.
Anselmi también ha lanzado una petición en Change.org, firmada por más de un centenar de personas, en la que se solicita la puesta en marcha de un programa de seguimiento continuo de las fuentes y los conjuntos escultóricos de Villa Lante. La iniciativa parte de la consideración de que el jardín histórico constituye un testimonio extremadamente frágil de la civilización artística italiana del siglo XVI y que, tras la finalización de las restauraciones, es necesario establecer controles constantes sobre el estado de conservación de las superficies de piedra. Entre las peticiones formuladas por los promotores de la petición figura la puesta en marcha de un seguimiento permanente destinado a verificar la evolución de los fenómenos de biodeterioro de la piedra y los efectos de la variación higrométrica sobre el peperino, constantemente expuesto al agua de las fuentes. Además, se propone la introducción de intervenciones periódicas de descalcificación del agua utilizada en el sistema hidráulico del jardín, que se consideran fundamentales para limitar los efectos corrosivos de la cal y preservar el funcionamiento de las fuentes históricas.
Otro punto se refiere a la elaboración de un plan de gestión y mantenimiento a largo plazo, elaborado con la colaboración de especialistas del sector de la conservación, con el fin de garantizar una programación continua de las intervenciones y una gestión sostenible de los recursos destinados al complejo monumental. Según los promotores del llamamiento, solo un sistema de controles constantes y de mantenimiento programado podrá garantizar la conservación de uno de los símbolos más importantes del patrimonio histórico y paisajístico italiano.
Paralelamente a la petición, el historiador del arte Salvatore Enrico Anselmi ha recopilado en un documento diez preguntas dirigidas a los responsables de las intervenciones, solicitando aclaraciones sobre aspectos técnicos y metodológicos de la restauración. La primera cuestión se refiere a los motivos que habrían llevado a realizar una limpieza tan radical como para eliminar la pátina histórica de las superficies de piedra, considerada parte integrante del monumento antiguo tanto por su valor testimonial como por la función protectora que ejerce sobre la piedra.
Una segunda pregunta se centra en lo que se define como un malentendido metodológico, preguntando por qué la necesaria eliminación de musgos, líquenes y otras formas de degradación biológica se ha acompañado de intervenciones que habrían eliminado también la capa de oxidación natural de la piedra, en contraposición al principio brandiano de la intervención mínima. El documento plantea, además, el problema de las consecuencias perceptivas de la intervención, preguntándose cómo será posible recuperar la relación original entre los volúmenes arquitectónicos y los escultóricos, que se considera alterada por una uniformización cromática y superficial que habría reducido la complejidad plástica de las obras.
Entre las preguntas figura también la relativa al tiempo necesario para que el peperino recupere un aspecto cromático más cercano al histórico, superando lo que se describe como una percepción actual «cementificada» de las superficies. Anselmi se pregunta, además, cómo explicar a los estudiosos y a los visitantes internacionales las razones de una intervención que, según su interpretación, habría comprometido la correcta lectura filológica de las decoraciones arquitectónicas y escultóricas.
Otra cuestión se refiere a la elección de las técnicas de limpieza adoptadas. De hecho, en el documento se pregunta por qué no se han utilizado sistemas láser de pulsos Nd:YAG o Erbio:YAG, tecnologías que, según se sostiene, permitirían eliminar de forma selectiva las formaciones biológicas preservando la pátina histórica gracias a la absorción óptica diferenciada.
Además, se llama la atención sobre las posibles consecuencias de la eliminación de la pátina desde el punto de vista conservacionista, con especial referencia al aumento de la porosidad de la piedra y a la aceleración de los fenómenos de degradación provocados por la alternancia entre humedad y sequedad.
Las últimas cuestiones abordan aspectos relacionados con la seguridad y la gestión del recinto. Además del estado del barco y de las tuberías de agua, se señala la situación de los marcos de la Fuente del Diluvio y se pregunta si la nueva instalación de iluminación instalada en el complejo, considerada especialmente invasiva a lo largo de la denominada «Cadena del Agua», se ha diseñado previendo una futura ampliación del horario de apertura de la Villa también durante las horas de la tarde.
Las observaciones contenidas en la carta y en la petición representan, por tanto, el inicio de un debate público sobre el delicado equilibrio entre la restauración, la conservación y la gestión del patrimonio histórico. Un debate que no solo afecta a la Villa Lante, sino, de manera más general, a las metodologías adoptadas en las intervenciones en los grandes complejos monumentales italianos, sobre todo cuando se trata de bienes de excepcional valor histórico, artístico y paisajístico. Por el momento, en el material difundido por los promotores de la iniciativa no figuran respuestas ni declaraciones de las administraciones y organismos competentes implicados en la realización de las obras.
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| Villa Lante en Bagnaia, emergencia por las obras de restauración: una petición para solicitar un seguimiento de las obras |
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