Ha comenzado el proceso de Viterbo y la Tuscia para conseguir el título de Capital Europea de la Cultura en 2033: la candidatura de la ciudad y su territorio pretende configurarse como una iniciativa integral que trascienda los límites municipales para abarcar toda la provincia. Este ambicioso reto no concierne exclusivamente a la administración municipal, sino que involucra activamente a cincuenta y una entidades municipales que han decidido crear una red para poner en valor las excelencias históricas y productivas de esta zona del Lacio. La iniciativa, según informa el Ayuntamiento de Viterbo, se basa en la convicción de que la cultura puede actuar como motor estratégico para la innovación y el desarrollo, estimulando procesos de crecimiento que sean duraderos y coherentes con los principios de la Unión Europea. El objetivo principal es construir una visión compartida del futuro, capaz de superar los particularismos locales para presentar al mundo un territorio cohesionado y consciente de su propio potencial.
«La candidatura de Viterbo y de la Tuscia a Capital Europea de la Cultura 2033 representa una oportunidad extraordinaria para poner en valor nuestro territorio», afirma la alcaldesa Chiara Frontini. «Un territorio unido que comparte un camino. Una candidatura compartida, que involucre a todas las fuerzas del territorio, desde las instituciones públicas hasta las entidades culturales, pasando por las empresas y las asociaciones, porque solo trabajando en conjunto podremos aspirar realmente a un escenario europeo como ejemplo de excelencia cultural y de colaboración territorial». Del mismo parecer es el teniente de alcalde y concejal responsable de la Capital Europea de la Cultura, Alfonso Antoniozzi, quien añade: «Hemos optado por presentar la marca Viterbo ECOC 2033 a través de las entidades que, en colaboración con el Ayuntamiento y mediante las misiones culturales promovidas directamente por la administración, dan vida a la ciudad, no para otorgar protagonismo a un símbolo gráfico, sino para mostrar lo que ese símbolo está llamado a representar».
«Esta candidatura a Capital Europea de la Cultura 2033 representa un reto que trasciende las fronteras administrativas y que exige que todo el territorio actúe de forma coordinada», declara el presidente de la Provincia de Viterbo, Alessandro Romoli. «La respuesta recibida de los 51 municipios demuestra que existe una conciencia compartida: la cultura puede ser un elemento central de crecimiento, desarrollo y cohesión para toda la provincia. La Tuscia es un territorio rico en historia, cultura y tradiciones, formado por pueblos únicos, paisajes extraordinarios, yacimientos arqueológicos, itinerarios espirituales y testimonios artísticos que narran siglos de identidad y pertenencia. Un patrimonio extendido que representa no solo nuestra memoria, sino también una gran oportunidad de desarrollo y puesta en valor para el futuro. Este proyecto nos ofrece la posibilidad de poner en red las excelencias del territorio, construyendo una visión común, capaz de mirar hacia Europa sin perder nuestras raíces. «Como Provincia, seguiremos apoyando este proyecto con convicción, fomentando la participación de las administraciones, las asociaciones, las entidades culturales y las comunidades locales, porque una candidatura sólida nace de la participación y de la capacidad de trabajar juntos».
El núcleode la identidad visual de esta candidatura se dio a conocer el pasado 11 de mayo en la sede de la Provincia: una marca que sintetiza gráficamente el espíritu del proyecto, con un logotipo compuesto por tres haces luminosos que se entrelazan hasta formar la inicial de la capital provincial, interpretando los rasgos distintivos del patrimonio local desde una perspectiva contemporánea. En el interior del símbolo gráfico se aprecian referencias a monumentos emblemáticos como el Palacio de los Papas y el barrio de San Pellegrino, además de la tradición secular de la Macchina di Santa Rosa. La elección cromática no es casual, ya que la gama de colores abarca desde el gris de la piedra de los edificios históricos hasta el azul de las fuentes, pasando por el verde de los Montes Cimini y el naranja que evoca la vivacidad de los eventos culturales. El lema «Historia viva, futuro presente» resume esta voluntad de no quedarse anclados en el pasado, sino de utilizar el legado histórico como un recurso dinámico para orientar el desarrollo futuro.
Desde el punto de vista del posicionamiento europeo, Viterbo se presenta como una ciudad de tamaño medio con un núcleo medieval perfectamente conservado, y pretende ofrecer un modelo de centralidad no metropolitana de gran interés para las políticas continentales. La continuidad entre los espacios urbanos y la vida social cotidiana convierte al territorio, según la administración local, en un laboratorio ideal para experimentar nuevos modelos de sostenibilidad y participación. En este contexto, la presencia de la Vía Francígena actúa como conexión natural con las redes culturales europeas, reforzando la vocación histórica de la ciudad como lugar de tránsito y de encuentro institucional. La candidatura pretende, por tanto, poner en valor el patrimonio no como un simple archivo de recuerdos, sino como una infraestructura capaz de generar una nueva presencia cultural.
La estrategia de comunicación que acompaña al proyecto se ha estructurado en cuatro fases temporales que tienen como objetivo construir un consenso sólido y una concienciación generalizada. En la primera fase, denominada de «emergencia», la atención se centra en dar visibilidad al proyecto y en convertir la candidatura en un tema de debate público. Posteriormente, el plan prevé una fase de activación de la comunidad, en la que los ciudadanos y las asociaciones locales se convierten en coprotagonistas de los procesos creativos a través de talleres y laboratorios de coproyectación. La consolidación de este proceso debe conducir, a su vez, a demostrar la capacidad del territorio para llevar a cabo proyectos concretos, con el fin de alcanzar, en última instancia, la proyección europea que sitúe a Viterbo en el centro de los grandes debates culturales internacionales. Este método tiene como objetivo generar un impacto social y económico que vaya más allá del año 2033, dejando a las generaciones futuras un modelo estable de colaboración territorial.
Uno de los momentos más significativos de este recorrido fue la gran fiesta celebrada el 12 de julio en el corazón de Viterbo, que transformó el Teatro dell’Unione en un centro creativo abierto a todos. Durante el evento, numerosas entidades culturales ofrecieron actuaciones que abarcaron desde la música barroca hasta el jazz manouche, pasando por la danza contemporánea y las proyecciones de documentales. Artistas y profesionales dialogaron con el público, en un intento por demostrar cómo el camino hacia el título europeo ya ha comenzado a través de la práctica cotidiana de la producción cultural. La numerosa y diversa participación ha confirmado que la candidatura pertenece a todo el sistema territorial, reforzando el sentido de pertenencia de la población local al proyecto común.
El análisis de los puntos fuertes y débiles del sistema de Tuscia ha puesto de manifiesto la necesidad de subsanar algunas carencias mediante la creación de nuevos símbolos narrativos que hagan que la ciudad sea inmediatamente reconocible. Al mismo tiempo, la unión de los 51 municipios permite ofrecer una narrativa sistémica que incluye pueblos, paisajes naturales y yacimientos arqueológicos, transformando la dispersión geográfica en una riqueza de contenidos. El grupo de trabajo encargado de gestionar esta complejidad está dirigido por expertos en planificación estratégica y diseño, con experiencia adquirida en grandes eventos internacionales como los Juegos Olímpicos y la Expo. La gobernanza del proyecto se ha estructurado para que sea multinivel y adaptativa, capaz de evolucionar con el tiempo e integrar el apoyo del sector privado a través de la recaudación de fondos.
En el ámbito económico, la candidatura ya ha cosechado cierto apoyo, como lo demuestra la alianza oficial firmada con Confcommercio Lazio Nord. Esta asociación reconoce que la cultura es una palanca fundamental para el crecimiento del sistema empresarial y para aumentar el atractivo turístico de la provincia. La experiencia de otras ciudades que ya han desempeñado el papel de capital europea demuestra que los beneficios económicos superan con creces la inversión inicial, generando ventajas para los sectores del comercio y la hostelería. La alianza entre las instituciones, las empresas y el mundo de la cultura se considera esencial para plasmar la visión estratégica en acciones que tengan repercusiones tangibles en la vida de los residentes.
El calendario institucional prevé etapas muy intensas en los próximos años. En 2027, el Ministerio de Cultura invitará formalmente a las ciudades italianas (de hecho, en 2033 la Capital Europea de la Cultura será italiana) a presentar sus expedientes, conocidos como «bid book», documentos estratégicos que deben esbozar el programa cultural y los impactos previstos. A continuación, entre 2028 y 2029, tendrán lugar las fases de preselección y la evaluación final a cargo de un jurado internacional de expertos. La ciudad ganadora recibirá el título unos cuatro años antes de que tengan lugar las celebraciones, obteniendo además acceso al Premio Melina Mercouri, una ayuda económica condicionada al cumplimiento de los compromisos adquiridos. Con este objetivo, Viterbo ya ha creado un comité promotor y ha puesto en marcha mesas de trabajo temáticas para consolidar los contenidos de la propuesta.
La comunicación digital desempeña un papel fundamental en este proceso, con la puesta en marcha de una plataforma web concebida como un laboratorio en constante evolución. La página web no es un mero repositorio de información, sino un espacio donde documentar el desarrollo del proyecto y fomentar la interacción con las partes interesadas. Paralelamente, se utilizan las redes sociales para diferenciar los mensajes: Facebook actúa como plataforma informativa e institucional, mientras que Instagram se dedica a la narración visual y emocional del patrimonio local. También se han previsto herramientas más directas, como los canales de WhatsApp, para mantener una relación cercana con la ciudadanía, convirtiendo la candidatura en una experiencia que se vive a diario.
Fuera de Internet, la presencia de la marca en el territorio se refuerza mediante materiales impresos y carteles que ocupan el espacio urbano. Folletos, prospectos y carteles relatan las trayectorias de desarrollo, mientras que objetos como chapas y pegatinas fomentan la apropiación espontánea del proyecto por parte de los jóvenes y los visitantes. Cada acción comunicativa se supervisa mediante indicadores de calidad que miden no solo la visibilidad mediática, sino también la tasa efectiva de participación y la implicación emocional de los ciudadanos. La transparencia a la hora de informar sobre las fases de avance del dossier de candidatura se considera un requisito fundamental para generar la confianza necesaria que permita sostener un proceso tan largo y complejo.
Por último, la candidatura de Viterbo y la Tuscia pretende constituir una aportación original al debate cultural europeo, abordando temas como la transición ecológica y el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza. El paisaje se entiende no solo como un escenario, sino como una auténtica infraestructura cultural gestionada de forma compartida. A través de la participación de las universidades y los profesionales creativos, el territorio aspira a convertirse en un referente de la innovación social, demostrando que incluso las realidades provinciales pueden generar energías capaces de dialogar con las grandes capitales del continente. La determinación con la que el sistema local está respondiendo al reto indica que, independientemente del resultado final, el camino emprendido ya ha comenzado a transformar la forma en que esta parte del Lacio se percibe a sí misma y a su futuro.
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| Viterbo y la Tuscia se presentan como candidatas a Capital Europea de la Cultura 2033 |
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