Hay superficies que acogen el color y otras que lo ponen a prueba. Cuando te encuentras ante un cuadro de Michael Armitage (Nairobi, 1984), lo primero que comprendes es que la pintura, allí, ha tenido que ganarse su propio espacio. Nacido en Nairobi en 1984 y con actividad entre Kenia y el Reino Unido, Armitage pinta sobre lubugo, una corteza apisonada procedente de la higuera ugandesa. No es un lienzo neutro, ni una elección decorativa: el lubugo es un material vivo, irregular, marcado por costuras, desgarros y cicatrices naturales. Utilizado tradicionalmente en Uganda para vestimentas rituales, sudarios y contextos ceremoniales, lleva consigo una memoria cultural y espiritual que precede a la imagen pintada.
La pintura, sobre esta superficie, no se extiende: se adapta, se desliza, se interrumpe, se reanuda. Los pliegues y las laceraciones pasan a formar parte de la narración visual. La obra no nace, por tanto, sobre un campo liso, sino sobre una piel que respira y resiste. Ante una obra como The Conservationists (2015), el lubugo no es un simple soporte: se convierte en un territorio. La escena, inspirada en una escultura colonial británica que celebraba el «dominio» sobre la naturaleza, se traslada a un paisaje africano ambiguo, atravesado por figuras que parecen aparecer y disolverse entre la vegetación, el agua, la carne y el sueño. Las costuras del lubugo atraviesan los cuerpos, rompen la continuidad y hacen que toda certeza visual resulte inestable. La historia colonial, la violencia y el control sobre el territorio no son solo temas: se encarnan físicamente en la superficie herida del cuadro.
Armitage suele partir de fotografías de actualidad, recuerdos personales, el folclore de África Oriental y la política contemporánea de Kenia; sin embargo, sus imágenes nunca se presentan como ilustraciones directas. En The Promised Land ( 2019), por ejemplo, un grupo de figuras se mueve en medio de un escenario caótico. La referencia a las migraciones, a las promesas políticas traicionadas y a los viajes sin destino es perceptible, pero la escena se desliza continuamente hacia el sueño, la alegoría y la pesadilla. El lubugo amplifica aquí todo: absorbe el color de forma irregular, crea zonas opacas y otras más saturadas, deja entrever la fibra vegetal bajo la pintura. Es como si la propia historia fuera inestable, cosida a duras penas.
Otra obra clave, *Pathos and the Twilight of the Idle* (2017), se inspira en un hecho violento de la actualidad ocurrido en Kenia: la escena, sin embargo, se desarrolla en un espacio suspendido, casi teatral, donde figuras desnudas o semidesnudas se mueven en una atmósfera crepuscular. No hay un realismo documental, sino una tensión emocional que atraviesa los cuerpos, intensificada aún más por la superficie del lubugo, que se pliega, se tensa y, a veces, parece desgarrarse junto con las figuras representadas.
El material no permite crear ilusiones perfectas, ya que cada imagen es consciente de su propia naturaleza como pintura sobre corteza. Las costuras, necesarias para unir varias piezas de lubugo y conseguir formatos monumentales, discurren en vertical u horizontal como cicatrices. Interrumpen rostros, dividen paisajes, atraviesan cielos. En lugar de ocultarlas, Armitage las integra en la composición, convirtiéndolas en fronteras, fracturas políticas, divisiones sociales, recuerdos traumáticos. Incluso en las obras más íntimas, como algunas escenas nocturnas o imágenes relacionadas con rituales y danzas de África Oriental, el lubugo actúa en profundidad: el color no cubre por completo la superficie, deja zonas de respiro, áreas donde el soporte emerge con su tono cálido y terroso.
Contemplar un cuadro de Armitage significa, por tanto, experimentar una pintura inestable, que rechaza la superficie perfecta de la tradición occidental. El lubugo introduce una temporalidad diferente: la del crecimiento del árbol, del proceso manual de golpear la corteza, del uso ritual. Cada obra lleva consigo esta estratificación, incluso cuando aborda temas de gran actualidad como las elecciones violentas en Kenia, las desigualdades, el peso de los legados coloniales o las tensiones entre modernidad y tradición. Hay además un aspecto físico, casi táctil. De cerca, la superficie vibra, las fibras crean pequeñas sombras, los puntos de costura producen relieves, las zonas más finas del material dejan filtrar la luz. El cuadro nunca es solo una imagen: es un objeto, una piel, una reliquia, una bandera, una herida.
Las historias que cuenta Armitage —políticas, íntimas, míticas— pasan siempre a través de esta materia que nos recuerda que toda visión tiene un cuerpo, y que todo cuerpo lleva marcas. Al final, te quedas ante estas obras con la sensación de que la pintura ha recuperado algo arcaico y, al mismo tiempo, de gran actualidad: el contacto directo entre la imagen y la materia viva. Y comprendes que, sobre las superficies irregulares del lubugo, el mundo no se limita a ser representado, sino que es atravesado, con todas sus fracturas, sus sombras y sus repentinos y obstinados destellos de belleza.
El autor de este artículo: Federica Schneck
Federica Schneck, classe 1996, è una giornalista specializzata in arte contemporanea. Laureata in Storia dell'arte contemporanea presso l'Università di Pisa, il suo lavoro nasce da una profonda fascinazione per il modo in cui le pratiche artistiche operano all’interno, e in contrapposizione, alle strutture sociali e politiche del nostro tempo. Si occupa delle trasformazioni del sistema dell'arte contemporanea, del dialogo tra ricerche emergenti e patrimonio culturale, del mercato, delle istituzioni e delle fiere internazionali. Alla scrittura giornalistica affianca quella critica, con testi per artisti, gallerie e collezioni private.Advertencia: la traducción al español del artículo original en italiano se ha realizado mediante herramientas automáticas. Nos comprometemos a revisar todos los artículos, pero no garantizamos la ausencia total de imprecisiones en la traducción debidas al programa. Puede encontrar el original haciendo clic en el botón ITA. Si encuentra algún error, por favor contáctenos.