Del 6 de mayo al 22 de noviembre de 2026, el Museo Fortuny de Venecia presenta Soñadores, una amplia exposición monográfica dedicada a Erwin Wurm (Bruck an der Mur, Austria, 1954), una de las figuras más relevantes del panorama artístico contemporáneo. Comisariada por Elisabetta Barisoni y Cristina Da Roit, la exposición se centra en una investigación que, a lo largo de décadas, ha redefinido los límites de la escultura, ampliando sus parámetros tradicionales y cuestionando categorías como el tiempo, la masa, la superficie, la abstracción y la representación.
La obra de Wurm se basa en una reflexión que entrelaza el cuerpo humano y los objetos cotidianos, llevando ambos al centro de una práctica que se sitúa entre el arte y la vida. La ironía, elemento estructural de su producción, se convierte en una herramienta para abordar cuestiones filosóficas y sociales. Las obras escenifican tensiones propias del mundo contemporáneo, entre presiones económicas y construcciones de identidad, situándose en un espacio intermedio entre la dimensión monumental y la banalidad de la vida cotidiana.
La inclusión de la exposición en las salas del Museo Fortuny introduce una doble tensión. Por un lado la física, ligada a la gravedad y al manejo de volúmenes y masas, y por otro la histórica, determinada por la estratificación cultural de un edificio profundamente arraigado en la memoria veneciana. En este contexto, la presencia de las obras de Wurm adopta la forma de un elemento de interferencia y diálogo.
“Lo ordinario”, afirma Erwin Wurm, “nos resulta tan cercano y familiar que tendemos a pasarlo por alto. Mirar lo ordinario desde la perspectiva del absurdo y la paradoja nos da la oportunidad de ver algo diferente, quizá más interesante”.
Una sección importante de la exposición está dedicada a las famosas Esculturas de un minuto (1996-97), que contribuyeron a la fama internacional del artista. Instaladas en la segunda planta del museo, estas obras implican la participación directa del público, invitado a realizar acciones o adoptar poses con objetos cotidianos como sillas, botellas, libros o ropa. La escultura se configura aquí como un acontecimiento temporal: existe en el gesto y en su breve duración, sólo para sobrevivir en la documentación fotográfica, a menudo realizada con Polaroids, pensadas como formas de registro inmediato de la acción.
Junto a estas experiencias, la exposición presenta obras en las que objetos comunes adquieren características antropomórficas. En la serie Dreamers, elementos como cojines de gran tamaño sostenidos por extremidades humanas dan forma a configuraciones inestables y a veces grotescas. Estas obras aluden a la dimensión onírica y relacionan el cuerpo físico con la esfera psicológica del inconsciente, poniendo de relieve un estado de tensión entre la presencia material y la percepción mental.
Otro núcleo temático se refiere a la relación entre el cuerpo y el vestido, entendido como extensión escultórica. En la serie Substitutes, Wurm expone prendas sin figura humana, concebidas como huellas o envoltorios que conservan el recuerdo de una presencia ahora ausente. En particular, el diálogo entre el chal de Knossos y la escultura Yikes pone de relieve cómo formas aparentemente sencillas adquieren significado a través de la interacción con el cuerpo. Si el chal se presenta como una estructura abierta, que requiere una intervención activa para tomar forma, Yikes devuelve un momento cristalizado, suspendido entre la acción y la disolución.
El vínculo con la figura de Mariano Fortuny ayuda a definir mejor el contexto de la exposición. Artista polifacético, activo como escenógrafo, inventor, pintor y diseñador, Fortuny transformó el Palazzo Pesaro degli Orfei en un espacio de experimentación total. El actual Museo Fortuny se configura como un entorno complejo en el que materiales, lenguajes y recuerdos se superponen e interactúan. Dentro de esta estructura, las obras de Wurm se insertan como elementos capaces de alterar equilibrios y activar nuevas lecturas.
La experiencia expositiva se desarrolla así en un espacio concebido como un organismo dinámico, en el que continente y contenido se influyen mutuamente. Las esculturas, caracterizadas por deformaciones, expansiones y contracciones, introducen una dimensión de inestabilidad que invade todo el recorrido expositivo. El museo se convierte así en un lugar de observación de las transformaciones de la identidad contemporánea, en continuidad con las estratificaciones del pasado. En el diálogo entre permanencia y precariedad, surge así una reflexión sobre el papel del individuo en una sociedad que exige constantemente asumir formas definidas.
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| Erwin Wurm en el Museo Fortuny de Venecia: una exposición que transforma el cuerpo en escultura viva |
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