Una importante obra de Jean-Baptiste-Camille Corot pasa a formar parte de las colecciones del Museo y Real Bosco de Capodimonte de Nápoles. Se trata de «La bahía de Nápoles con el Castel dell’Ovo», fechada en 1828, adquirida por el Estado mediante el procedimiento de compra en el extranjero por un importe de 600 000 euros. La propuesta fue presentada por la Oficina de Exportación de Florencia y concluyó con el decreto de adquisición firmado el 30 de junio de 2026, garantizando así que la obra permaneciera en el patrimonio público italiano.
El cuadro data de la primera estancia en Italia de Jean-Baptiste-Camille Corot, realizada entre 1825 y 1828, un período decisivo para la formación del pintor francés. Durante ese viaje, el artista desarrolló ese lenguaje pictórico basadoen la observación directa de la naturaleza que caracterizaría toda su obra, perfeccionando una sensibilidad única en la representación de la luz y de las delicadas variaciones atmosféricas. Fue precisamente en Italia donde Corot maduró esa luz plateada destinada a convertirse en el rasgo distintivo de su pintura. Trabajando a menudo al aire libre y dando prioridad a las primeras horas de la mañana o al atardecer, el artista renovó la tradición del paisaje clásico inspirada en Nicolas Poussin y Claude Lorrain mediante una observación minuciosa de la realidad.
Corot llegó a Nápoles en la primavera de 1828, atraído también por los relatos de Stendhal, quien definía la ciudad como «la más bella del mundo». Durante las aproximadamente siete semanas que pasó en la capital napolitana, realizó numerosos estudios del natural, fascinado por la luz del golfo y su atmósfera única.
La bahía de Nápoles con el Castel dell’Ovo constituye uno de los testimonios más significativos de esta experiencia. La obra combina una rigurosa observación del paisaje con una refinada construcción poética, transformando una vista real en una visión atemporal. Las barcas apenas visibles en el horizonte, las rocas que marcan la composición y el perfil del Castel dell’Ovo narran la vida cotidiana de la ciudad, mientras que la representación de la luz de la madrugada transmite toda la sensibilidad atmosférica de Corot. El cielo velado y la calma de las aguas plasman en el lienzo los efectos de los vientos matutinos y la quietud que precede al pleno despertar de la ciudad.
A lo largo del siglo XIX, Nápoles se convirtió en uno de los destinos preferidos por los artistas europeos, atraídos por la extraordinaria luminosidad del golfo y la riqueza del paisaje. En este contexto surgió la Escuela de Posillipo, fundada por el pintor holandés Anton Sminck van Pitloo, destinada a revolucionar la forma de representar la naturaleza. El diálogo entre Corot y Pitloo reviste una importancia especial en la historia del arte europeo. El intercambio entre ambos artistas contribuyó a la difusión de una nueva concepción del paisaje, basada en el trabajo al aire libre, en la observación directa de la realidad y en la atención a los efectos cambiantes de la luz. Corot experimentó además con técnicas innovadoras, como la pintura al óleo sobre papel entelado montado sobre lienzo o cartón, eligiendo soportes ligeros que le permitían trabajar rápidamente al aire libre y captar con inmediatez las variaciones atmosféricas del paisaje.
La incorporación de *La bahía de Nápoles con el Castel dell’Ovo* a las colecciones del Museo y Real Bosco de Capodimonte supone una adquisición de especial relevancia desde el punto de vista histórico y artístico, ya que, por un lado, devuelve al patrimonio público italiano una extraordinaria vista de uno de los símbolos de Nápoles, y, por otro, documenta el profundo vínculo entre Corot e Italia, país decisivo en la formación del pintor. La obra da testimonio, además, del diálogo cultural entre Francia e Italia en la primera mitad del siglo XIX y confirma el papel de Nápoles como encrucijada internacional de la pintura paisajística.
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| Se ha adquirido por 600 000 euros, para el Museo de Capodimonte, una obra maestra de la primera estancia de Corot en Italia |
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