Durante las investigaciones llevadas a cabo en el Santuario de Hércules Vincitor de Tívoli, uno de los conjuntos monumentales más significativos de la Italia romana, se ha producido un importante descubrimiento arqueológico. En el marco de una nueva campaña de estudios promovida por el Instituto de Villa Adriana y Villa d’Este, con el apoyo del Ministerio de Cultura - Dirección General de Museos y en colaboración con el Departamento de Antigüedades de la Universidad La Sapienza de Roma, se ha hallado un bloque de dintel de travertino enlucido que contiene parte de una inscripción monumental. Las letras, claramente legibles, llevan la inscripción [BA]SILICAM DE[---].
La inscripción, fechable en la época del emperador Augusto (entre finales del siglo I a.C. y principios del siglo I d.C.), representa una confirmación decisiva: confirma que el edificio identificado hace más de treinta años detrás del templo era una basílica, es decir, un gran espacio cubierto destinado a las funciones públicas, incluidas las actividades administrativas y judiciales.
Este descubrimiento permite también releer bajo una nueva luz un pasaje del historiador Suetonio. En De vita Caesarum (Divus Augustus 72), el historiador recuerda cómo Augusto “entre sus lugares de retiro, frecuentaba sobre todo las estaciones balnearias y las islas de Campania o las ciudades cercanas a Roma, Lanuvio, Preneste y Tívoli, donde a menudo administraba justicia en los pórticos del templo de Hércules” (Ex secessibus praecipue frequentavit maritima insulasque Campaniae aut proxima urbi oppida, Lanuvium, Praeneste, Tibur, ubi etiam in porticibus Herculis templi persaepe ius dixit).
El descubrimiento se enmarca en un contexto de excavación excepcionalmente bien conservado. Aproximadamente tres metros por debajo del nivel actual del suelo, se hallaron extensas capas de derrumbe, probablemente causadas por un terremoto a finales de la Antigüedad. Estas capas, que permanecieron selladas durante siglos, han proporcionado un conjunto extraordinariamente rico de materiales: cerámica, elementos arquitectónicos de terracota, inscripciones de mármol, objetos de metal, relieves escultóricos y numerosos fragmentos de yeso pintado. Entre los hallazgos más significativos figura un anillo de bronce con inscripciones grabadas.
Las pinturas halladas en los muros derruidos, que se remontan al segundo y tercer estilos pompeyanos, indican que el edificio ya estaba ricamente ornamentado en época altoimperial, lo que sugiere la presencia de un espacio representativo de gran prestigio. Otros elementos de interés son los sellos de ladrillo con los nombres de los fabricantes C. Naevius Asc(lepiades?) y P. Decumius, activos entre finales de la época republicana y principios de la imperial. También se hallaron fragmentos de losas de Campana, decoraciones arquitectónicas de terracota que representan la pugna por el trípode de Delfos entre Apolo y Heracles, comparables a ejemplares de la llamada Casa de Augusto en el Palatino.
En las capas que siguieron al derrumbe también se hallaron numerosos materiales cerámicos datables entre los siglos V y VI d.C., como sigillata africana, lámparas de aceite y ánforas de transporte. Estos hallazgos atestiguan la continuidad de la actividad en la zona incluso en época tardía y refuerzan la hipótesis de que el santuario fue reutilizado con fines defensivos durante las guerras góticas entre bizantinos y ostrogodos.
El edificio, ahora identificado con certeza como una basílica, ya había sido identificado pero no excavado en 1992, detrás del templo, adosado a la pared trasera del triporticus, un gran espacio porticado en tres lados alrededor de una zona central descubierta. En aquel momento se sacó a la luz la fachada monumental, caracterizada por nueve entradas. Las dimensiones, superiores a 800 metros cuadrados, y la organización arquitectónica ya sugerían la presencia de una gran sala central rodeada de un corredor cubierto. El descubrimiento de la inscripción permite ahora confirmar con certeza esta interpretación, devolviendo plena identidad y función a uno de los espacios más significativos del complejo.
Las investigaciones continuarán en los próximos meses y podrán aportar más datos sobre la estructura del edificio, su decoración y el uso que se hizo del santuario a lo largo de su dilatada historia.
“El descubrimiento de esta inscripción es de extraordinaria importancia científica: permite identificar con certeza la basílica del Santuario de Hércules el Vencedor, uno de los espacios públicos más significativos del complejo, devolviendo una nueva claridad a su articulación monumental y a su función”, declaró el Ministro de Cultura, Alessandro Giuli. “Además, el descubrimiento ofrece una confirmación concreta de lo transmitido por las fuentes antiguas: el pasaje de Suetonio, que recuerda a Augusto administrando justicia en Tívoli, encuentra aquí una correspondencia tangible. Gracias a este descubrimiento, por tanto, podemos imaginar y percibir una dimensión inédita de estos lugares, aumentando así nuestra conciencia histórica”.
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| Tívoli, descubrimiento de una inscripción que confirma la basílica del Santuario de Hércules Vincitor |
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