Un número de teléfono para confesar los pecados, pero sin ninguna autoridad religiosa. Esta es la última provocación de Maurizio Cattelan, que vuelve a cuestionar los símbolos y rituales del catolicismo con un proyecto participativo que combina arte, ironía e implicación directa del público. La iniciativa toma forma con motivo del lanzamiento de una nueva edición limitada de la famosa obra La Novena Hora, presentada originalmente en 1999 y que se ha convertido en una de las imágenes más icónicas y controvertidas del arte contemporáneo. Para acompañar la reedición, el artista ha creado una línea telefónica internacional activa del 2 al 22 de abril, a través de la cual cualquier persona puede dejar un mensaje de voz o de texto para confesar sus pecados.
El proyecto, desarrollado en colaboración con Avant Arte, una plataforma especializada en la creación y venta de múltiples de grandes artistas, permite a los participantes enviar sus confesiones a través de un número de teléfono gratuito en Estados Unidos o por WhatsApp para quienes llamen desde el extranjero (+1 601 666 7466). Las confesiones serán escuchadas por el propio Cattelan, que seleccionará algunas de las más significativas para responderlas directamente e invitará a los participantes a un evento de streaming previsto para el 23 de abril.
Durante la retransmisión en directo, el artista interpretará simbólicamente el papel del sacerdote, ofreciendo una especie de “absolución” laica a los participantes. Un gesto que, según las intenciones declaradas, no pretende sustituir a la religión, sino reflexionar sobre el sentido universal de la confesión. “No lo veo como una absolución religiosa, sino como un gesto compartido”, explicó Cattelan, subrayando cómo la necesidad de confesarse existe de muchas formas, incluso fuera de los contextos religiosos.
La operación forma parte de una larga tradición de obras en las que el artista ha utilizado la iconografía sagrada para investigar temas como la fragilidad, el poder y la mortalidad. La escultura La Novena Hora, que representa a Juan Pablo II siendo alcanzado por un meteorito mientras yace sobre una alfombra roja, provocó reacciones encontradas en el momento de su presentación. Para algunos era un gesto blasfemo, para otros una poderosa alegoría del peso del papel papal y de las tensiones en el seno de la Iglesia contemporánea. La obra, cuyo título recuerda la hora de la muerte de Cristo en la cruz, se vendió en 2001 en Christie’s de Nueva York por 886.000 dólares.
Con motivo del 21 aniversario de la muerte de Juan Pablo II, y coincidiendo con la temporada de Pascua, Cattelan decidió revivir la obra a través de una serie limitada de 666 miniaturas. El número elegido, tradicionalmente asociado a un oscuro simbolismo, refuerza el carácter irónico y provocador de todo el proyecto. Las esculturas, realizadas en resina pintada a mano con detalles metálicos para el báculo, miden aproximadamente 30 centímetros de largo y se ponen a la venta al precio de 2.200 euros cada una.
El acceso a la compra se realiza mediante un sistema de sorteo, pero quienes participen en la línea directa obtendrán acceso anticipado, mientras que los participantes seleccionados recibirán la obra gratuitamente. De este modo, el proyecto entrelaza las dimensiones comercial y participativa, ampliando el público potencial y ofreciendo nuevas formas de interactuar con la obra de arte.
Según Mazdak Sanii, director general de Avant Arte, la iniciativa pretende precisamente hacer más accesible el arte contemporáneo, tanto en términos de coleccionismo como de implicación directa. La idea de invitar al público a confesarse se convierte así en una herramienta para crear una relación más inmediata y personal entre artista y espectador.
La línea directa, abierta hasta el 22 de abril, representa así una extensión conceptual de la obra, concebida para transformar un ritual tradicional en una experiencia colectiva y contemporánea. El mensaje que recibe a los participantes (“Si está aquí para confesar sus pecados, pulse uno”) introduce un dispositivo que mezcla lenguajes religiosos y tecnologías cotidianas, en línea con la práctica de Cattelan.
“En el mundo del pecado, la absolución nunca ha estado tan cerca”, reza el material promocional del proyecto, que resume el enfoque del artista, siempre orientado a cuestionar convenciones y certezas mediante un hábil uso de la ironía y la provocación. Con esta nueva iniciativa, Cattelan confirma su capacidad para interceptar temas universales y traducirlos en nuevas formas, capaces de implicar al público mucho más allá de los límites tradicionales del arte contemporáneo.
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| La nueva provocación de Cattelan: una línea directa para confesarle tus pecados |
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