Del 24 de abril al 27 de septiembre de 2026, el MAXXI de Roma acoge Andrea Pazienza. Non sempre si muore, exposición comisariada por Giulia Ferracci y Oscar Glioti que constituye el segundo capítulo del proyecto expositivo dedicado al artista en el 70 aniversario de su nacimiento. La exposición recoge el testigo de La matematica del segno (La matemática del signo), instalada en el MAXXI de L’Aquila y dedicada a los años de formación y los primeros experimentos del artista, con el objetivo de completar el relato y restituir una visión de conjunto de su producción.
El proyecto se inscribe en la vía por la que el museo renueva su compromiso con la valorización de figuras que han marcado la cultura del siglo XX italiano y anticipado cuestiones que siguen siendo centrales en la investigación artística contemporánea. De hecho, Andrea Pazienza, fallecido en 1988, sigue representando una figura de referencia para un vasto imaginario visual y cultural que atraviesa el arte, la literatura y los lenguajes de la comunicación.
El título de la exposición procede de una larga entrevista que Pazienza concedió en 1988 al presentador de radio y televisión británico Clive Griffiths, poco antes de su muerte. En aquella ocasión, el artista pronunció la frase “no siempre se muere”, elegida como clave interpretativa de todo el proyecto. La expresión transmite la sensación de una presencia que se prolonga a través de las obras y que aún mantiene una fuerte capacidad de diálogo con el público. La exposición recorre toda la trayectoria de Pazienza, desde sus años de formación hasta sus últimas obras, articulada en salas temáticas y cromáticas que siguen la evolución de sus investigaciones. En el centro de la disposición se encuentra un núcleo de más de quinientas tiras cómicas, que recorren los personajes más famosos del autor y reconstruyen su complejidad narrativa y gráfica.
Entre los protagonistas figuran Pentotal, el personaje con el que Pazienza se dio a conocer al público y a la crítica; Zanardi, construido como encarnación del cinismo y las contradicciones de los años ochenta; Pertini, el “presidente partisano misionero”; y Pompeo, considerado el testamento artístico del autor, en el que se produce una de las más intensas imbricaciones entre biografía y ficción narrativa. Junto a ellos, otros muchos personajes menores que conforman un vasto repertorio humano, hecho de caricaturas, confesiones y máscaras que cuentan sin mediaciones el tiempo en que nacieron.
Entre las obras más esperadas se encuentra el gran mural que Pazienza realizó en directo en 1987 en la Mostra d’Oltremare de Nápoles, durante el IV Salón del Cómic. La obra, ejecutada en sólo tres horas, mide ocho metros de largo por dos y medio de alto y representa una venatio, una escena de combate entre guerreros y animales ambientada en un contexto de la Antigüedad clásica. Era en esta época cuando el mundo clásico se estaba convirtiendo en uno de los principales intereses del artista, como demuestra también la posterior Historia de Astarté, que quedó inacabada a causa de su muerte. El mural se presenta por primera vez en un contexto museístico gracias a un proyecto de restauración financiado por el MAXXI y destinado a realzar su valor. Su presencia en la exposición contribuye a restaurar una imagen más amplia de Pazienza como artista capaz de abordar diferentes lenguajes y formatos.
El segundo capítulo de la exposición se centra también en la relación entre palabra e imagen, elemento central en la producción del autor. Bocetos a lápiz, estudios preparatorios, ilustraciones en color y láminas originales dialogan con notas, poemas, cartas privadas y textos en prosa, ofreciendo una lectura más cercana del proceso creativo. La imbricación de los signos gráficos y la escritura restituye la complejidad de una investigación que atravesó continuamente diferentes registros y disciplinas. Para completar la exposición, una amplia selección de material de archivo incluye fotografías, películas en Super 8, grabaciones de audio y reproducciones de obras cuyos originales faltan o no han podido ser expuestos.
La exposición va acompañada de un programa público y de un catálogo publicado por Coconino Press - Fandango, editor de todas las obras de Andrea Pazienza. El volumen incluye textos de Oscar Glioti, Giulia Ferracci, Francesca Alinovi, Rossana Campo, Enrico Beniamino de Notaris, Giacinto Di Pietrantonio, Emi Fontana, Cinzia Leone, Maicol & Mirco, Domenico Migliaccio, Michele Mordente, Vincenzo Mollica, Veronica Raimo, Alessio Trabacchini y Nicoletta Verna.
“El MAXXI no se limita a acoger la obra de Pazienza: la celebra”, afirma Maria Emanuela Bruni, Presidenta de la Fundación MAXXI. "Su obra dialoga con el mundo del arte con la misma intensidad, con los jóvenes creativos que hoy descubren su poder visual y con quienes encuentran en sus paneles fragmentos de su propia experiencia. Llegar a públicos diferentes no significa simplificar, sino ampliar las posibilidades de acceso a la belleza. El MAXXI es un espacio en el que las generaciones se encuentran, se contaminan y se cuestionan: un lugar en el que quienes están acostumbrados a las geometrías de la arquitectura de Zaha Hadid pueden sorprenderse con el trazo vibrante de Zanardi o con el desorientador de Pentothal, personajes que cobran vida en los paneles de Pazienza. Su arte sigue siendo una chispa siempre viva, capaz de seguir encendiéndose con el paso del tiempo y de recordarnos, como él mismo nos enseñó, que no siempre morimos.
“Pazienza es una multitud: cada obra redefine las reglas, cada panel es un lenguaje y al mismo tiempo una ruptura, cada personaje un dispositivo que deforma y amplifica lo real”, subraya Francesco Stocchi, Director Artístico del MAXXI. “Atraviesa un tiempo convulso, entrelazando dimensiones políticas, existenciales y lingüísticas, no limitándose a relatarlo, sino incorporando sus contradicciones. Su obra sigue siendo un instrumento vivo de lectura del presente”. La exposición del MAXXI es una invitación a detenerse en esta complejidad, sin reducirla, y a reconocer en Andrea Pazienza a un artista capaz, aún hoy, de abrir nuevas miradas y generar interrogantes".
“Las obras de Pazienza”, añade Giulia Ferracci, comisaria de la exposición, “son ventanas abiertas a un tiempo que no quiere detenerse, en una exposición pensada para las atmósferas, donde la plenitud alterna con el vacío, como en sus dibujos, donde el signo nunca llena el espacio por costumbre, sino que lo habita con una conciencia compositiva que tiene pocos equivalentes en la historia del cómic italiano. La obra de Paz no deja fuera al espectador, sino que lo atrae hacia sí, permitiendo que las emociones vividas en intensidades estelares se filtren en gestos, palabras y obras de arte. El signo siempre va más allá del límite, la palabra siempre más allá de lo necesario, la vida siempre más allá de lo razonable. Y es esto lo que no pasa. Ni la leyenda, ni el mito prematuro, ni la juventud cristalizada. En un tiempo que premia a los que saben repartir y aguantar, Pazienza eligió arder del todo y, al arder, arrojar más luz de la que muchos han hecho ahorrando”.
“Este proyecto expositivo, el más extenso y completo jamás dedicado a Andrea Pazienza, marca también un paso importante: la institucionalización del medio del cómic, por primera vez en el cuerpo principal del museo MAXXI, con el artista que más contribuyó a su despeje”, concluye Oscar Glioti, comisario de la exposición. “Pazienza sigue vivo: en las obras maestras que no se desvanecen, en los pliegos inéditos que siguen aflorando, en las planchas que no dejan de hablar al presente. Está vivo en la mirada lúcida con la que atravesó su tiempo e imaginó el nuestro”.
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| En el MAXXI de Roma, el segundo capítulo de la exposición sobre Andrea Pazienza |
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