El Louvre, la advertencia del director: «El museo está al límite, se necesitan inversiones urgentes»


El nuevo presidente y director del Louvre, Christophe Leribault, denuncia ante el Senado los graves problemas estructurales del museo. Entre problemas de seguridad, deterioro de los edificios y carencias en las infraestructuras, el museo apuesta por el proyecto «Louvre Nouvelle Renaissance» para hacer frente a un reto que supera los mil millones de euros.

A menos de cuatro meses de su toma de posesión al frente del Louvre, el nuevo presidente y director del museo francés, Christophe Leribault, traza un panorama extremadamente preocupante sobre el estado de la mayor institución museística del mundo. Ante la Comisión de Cultura del Senado francés, Leribault ha lanzado una señal de alarma que no deja lugar a interpretaciones: «Podemos decirlo sin rodeos: a pesar de su grandiosidad y del esfuerzo diario del personal, el Louvre está al límite». Estas declaraciones, pronunciadas el 17 de junio durante su comparecencia parlamentaria, se producen pocos meses después de uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente del museo: el robo de las joyas de la corona, ocurrido el pasado mes de octubre. Un suceso que ha puesto de manifiesto graves vulnerabilidades en los sistemas de seguridad de la institución y que también ha tenido consecuencias a nivel de gestión, culminando con la finalización del mandato de Laurence des Cars, que permaneció al frente del Louvre durante cinco años.

Su sucesor ha optado por abordar la cuestión de inmediato, esbozando un panorama complejo en el que los problemas de seguridad representan solo una parte de las dificultades que afectan al museo. Según Leribault, de hecho, el Louvre se enfrenta hoy a una emergencia infraestructural. «Los equipamientos y las infraestructuras han llegado al final de su ciclo de vida. Nos encontramos en una encrucijada y las urgencias en materia de obras se acumulan», explicó a los senadores. El director ha destacado cómo el gran proyecto del Grand Louvre de los años ochenta, representado simbólicamente por la famosa pirámide diseñada por el arquitecto Ieoh Ming Pei, ha acabado ocultando con el paso de los años el estado real de conservación del complejo monumental. Las instalaciones técnicas realizadas en aquel periodo muestran hoy signos evidentes de desgaste y deterioro, mientras que numerosas partes históricas del edificio necesitan intervenciones estructurales significativas.

El Louvre. Foto: Daniele D'Andreti
El Louvre. Foto: Daniele D’Andreti

Entre las situaciones más críticas se encuentran los edificios que rodean la Cour Carrée y algunas zonasdel ala Sully que dan al Sena. Precisamente en esta zona han surgido problemas estructurales que ya han tenido consecuencias operativas importantes. Leribault recordó que la fragilidad de las vigas de la segunda planta obligó al museo a evacuar en noviembre las oficinas de dos departamentos. Además, la Galería Campana se cerró por precaución, y fue necesario trasladar y poner a salvo más de 10 000 vasijas griegas que forman parte de las colecciones. Según el presidente-director, esta situación constituye un ejemplo concreto de las numerosas obras urgentes que necesita el museo. Un tema que ha sido el centro de la audiencia parlamentaria, durante la cual no han faltado momentos de tensión.

De hecho, el senador de Los Republicanos, Max Brisson, criticó abiertamente al nuevo responsable del museo, acusándole de mantener una continuidad sustancial con la gestión anterior. «Hablan de acogida, puesta en valor e imagen, como si nada hubiera pasado», afirmó el parlamentario, alegando que esperaba un cambio más marcado tras el robo que conmocionó a la opinión pública francesa e internacional. Leribault rechazó las acusaciones, asegurando que no pretendía minimizar las dificultades de la institución y subrayando que la mejora de la experiencia de los visitantes y la resolución de los problemas estructurales son objetivos estrechamente relacionados.

En materia de seguridad, el director ha anunciado la implantación, a partir de enero de 2027, de un nuevo sistema de videovigilancia perimetral. Tras el robo del pasado mes de octubre, el museo ya ha procedido a instalar algunas cámaras adicionales en las zonas consideradas más vulnerables, pero el responsable del Louvre ha aclarado que no es posible reconstruir toda una red de vigilancia sin intervenir al mismo tiempo en las infraestructuras técnicas que la sustentan.

Entre las medidas previstas figura también el traslado y la ampliación de la central operativa de seguridad. Además, el nuevo cargo de coordinador de seguridad, creado precisamente como respuesta al robo de las Joyas de la Corona, ha sido confiado a Olivier Goupil, excomisario de la policía francesa y antiguo responsable de seguridad de la RATP, la empresa que gestiona el transporte público de París. Aunque reconoce la gravedad del suceso que ha afectado al museo, Leribault ha invitado a no centrar toda la atención exclusivamente en la cuestión de la seguridad contra los robos. «El robo ha sido una tragedia, pero no hay que olvidar los riesgos que suponen las filtraciones de agua, las cubiertas acristaladas que ya no funcionan y el riesgo de incendio derivado de la enorme afluencia de público», afirmó.

Las primeras estimaciones apuntan a unos 160 millones de euros necesarios para abordar las prioridades más urgentes relacionadas con la seguridad, las instalaciones de calefacción y los sistemas de climatización. Estas intervenciones deberían financiarse a través del nuevo sistema de tarifas diferenciadas adoptado por el museo. Sin embargo, hasta la fecha solo se han destinado efectivamente a estas necesidades 15 millones de euros procedentes de la taquilla.

La situación ha avivado inevitablemente el debate en torno al proyecto «Louvre Nouvelle Renaissance», anunciado en enero de 2025 por el presidente de la República, Emmanuel Macron. Se trata de un plan de transformación destinado a redefinir el futuro del museo y su relación con el público. El proyecto tiene un valor total superior a mil millones de euros, una cifra que, según un informe del Tribunal de Cuentas francés, estaría incluso subestimada con respecto a los costes reales. De esta cantidad, 660 millones de euros se destinan a la creación de un nuevo acceso y a la apertura de nuevos espacios expositivos con el objetivo de aliviar la presión sobre los recorridos de visita más congestionados. Los 460 millones restantes se invertirían en la modernización técnica de los distintos departamentos del museo.

Aunque en un principio Leribault no se había pronunciado de forma definitiva sobre el proyecto, tras pasar meses observando de cerca las condiciones de la institución se ha convencido de su necesidad. «Hoy creo firmemente, al igual que todo el equipo del museo, en la absoluta necesidad de un gran proyecto de remodelación para hacer frente a estas dificultades y adaptar el Louvre a los retos del siglo XXI», declaró. Según el director, las actuales condiciones de acogida no están a la altura del prestigio internacional del museo y acaban dañando su imagen. Las largas colas que se forman a diario a los pies de la pirámide, a menudo bajo la lluvia o el sol intenso, representan una de las manifestaciones más evidentes de un sistema que ya está al borde de la saturación.

Uno de los elementos más significativos del proyecto «Louvre Nouvelle Renaissance» es la creación de un nuevo acceso doble a la altura de la Gran Columnata, a lo largo de la rue de l’Amiral de Coligny. Leribault ha descrito la zona como un espacio poco valorizado en la actualidad, caracterizado por superficies arenosas, un intenso tráfico rodado y la presencia de edificios históricos como la iglesia de Saint-Germain-l’Auxerrois y el antiguo ayuntamiento del distrito, que quedan en parte ocultos y marginados.

La intervención tiene como objetivo transformar esta zona en una gran explanada urbana en el corazón de París, recuperando la función original de la Columna, diseñada en el siglo XVII por los arquitectos Claude Perrault y Louis Le Vau por voluntad de Luis XIV y del ministro Jean-Baptiste Colbert. Creada como entrada principal del Louvre, la estructura perdió su protagonismo tras el traslado de la corte a Versalles en 1682 y quedó aún más marginada a lo largo del siglo XIX con el desplazamiento del centro del poder hacia el Palacio de las Tullerías. El proyecto ganador, firmado por STUDIOS Architecture Paris y Selldorf Architects y presentado oficialmente el pasado 18 de mayo, prevé dos rampas de piedra integradas en los muros de los fosos que bordean la columnata. Los accesos se situarán, respectivamente, al norte y al sur de la fachada, lo que permitirá una redistribución de los flujos de visitantes.

Gracias a los sistemas de reserva en línea, será posible dirigir al público hacia las diferentes entradas del museo en función de las colecciones que se deseen visitar. Quienes deseen ver la «Mona Lisa» serán dirigidos hacia el nuevo acceso de la Columna, mientras que otros recorridos seguirán girando en torno a la Pirámide.

Precisamente la «Mona Lisa» constituye uno de los ejes centrales de la futura reorganización del museo. La obra maestra de Leonardo da Vinci se trasladará a una nueva sala concebida específicamente para realzar la obra y mejorar la experiencia de los visitantes. De hecho, su ubicación actual en la Salle des États, que alberga el cuadro desde 1966, se considera ya insostenible debido a la excesiva afluencia de público. El objetivo no es solo gestionar mejor los flujos turísticos, sino también ofrecer al público una mayor comprensión del significado histórico y artístico de la obra. La nueva presentación deberá permitir explicar el papel de la Gioconda en la historia del Renacimiento, su importancia en el desarrollo del retrato, la trayectoria artística de Leonardo y las razones que llevaron el cuadro a Francia tras el artista durante el reinado de Francisco I.

El proyecto definitivo de la nueva sala aún no se ha hecho público en detalle. Leribault ha precisado que ahora se inicia una fase de consulta con los arquitectos, con los equipos del museo y con la Prefectura de Policía, dejando abierta la posibilidad de introducir modificaciones adicionales.

Por último, sigue pendiente la cuestión de la financiación de todo el programa. Los 660 millones de euros necesarios para la construcción de los nuevos espacios y accesos deberán recaudarse a través del mecenazgo privado, según ha anunciado el presidente Macron. Un reto que el propio Leribault califica de exigente. Actualmente, se prevé que unos 300 millones de euros procedan de la colaboración con Abu Dabi, mientras que los 360 millones restantes deberán recaudarse en los próximos meses mediante la contribución de grandes empresas y donantes privados. «Es una presión enorme», ha admitido el director del Louvre, consciente de que del éxito de esta recaudación de fondos dependerá una parte importante del futuro del museo más visitado del mundo.

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