El Museo Alto Garda de Riva del Garda (Trento) está inmerso en un proyecto de museo accesible y multisensorial que pretende redefinir la forma en que su público se relaciona con las colecciones. El director, Matteo Rapanà, tiene como objetivo crear un museo en el que los espacios y las obras puedan explorarse a través de diferentes vías, capaces de atraer a públicos diversos y de enriquecer la experiencia cultural de cualquiera que cruce el umbral de la institución. No se trata de crear itinerarios paralelos reservados a las personas con discapacidad, sino más bien de replantear gradualmente todo el modelo de acceso al museo. La implicación de varios sentidos pretende convertirse así en un canal adicional de conocimiento: una herramienta creada para responder a una necesidad específica puede transformarse en un recurso para todos los visitantes. Este enfoque pretende ir más allá de la concepción tradicional de la accesibilidad, entendida como la mera eliminación de las barreras arquitectónicas, y reinterpretarla como una posibilidad de experimentar el patrimonio cultural a través de múltiples modalidades.
Los proyectos presentados este año se inscriben en una reflexión iniciada por el MAG en los últimos años sobre las formas de acceso a sus contenidos. Ya en la primavera de 2025 se habían preparado materiales y recursos didácticos pensados para públicos diversos, desde familias hasta investigadores, pasando por quienes visitan el museo por primera vez. El rumbo tomado es el de una institución que no propone una única forma de visita, sino que pone a disposición diversas formas de relación con sus colecciones.
El recorrido por el museo se desarrolla a lo largo de dos líneas relacionadas entre sí, pero diferenciadas: por un lado, está el trabajo sobre la accesibilidad, respaldado en particular por el proyecto «Museo Alto Garda sin barreras: experiencias culturales accesibles, interactivas y multilingües», que ha sido posible gracias a la financiación obtenida en el marco de la convocatoria «Digital para la Cultura 2024» de la Fundación Caritro. Por otro lado, se está desarrollando una investigación sobre la multisensorialidad, llevada a cabo mediante colaboraciones con entidades locales y actores privados, que permite incorporar a la visita también el oído, el tacto y el olfato. El proyecto respaldado por la Fundación Caritro surgió de una red de colaboraciones que ha reunido diversas competencias en los ámbitos de la tecnología, la cultura y el ámbito social. Entre los socios participantes figuran el MITAG, el Museo Histórico Italiano de la Guerra de Rovereto, las empresas Suggesto, FunnelArt y PromFacility para los aspectos tecnológicos y productivos, además de entidades especializadas en el ámbito de la discapacidad como ANFFAS, AbilNova y ENS, el Ente Nacional de Sordos. Esta red de competencias ha permitido actuar en distintos frentes, combinando herramientas digitales, nuevos contenidos y actividades de formación y sensibilización. El objetivo ha sido hacer más accesible el patrimonio del Museo Alto Garda, trabajando no solo en las formas de transmitir la información, sino también en la preparación de las personas que contribuyen a crear la experiencia de la visita.
Entre las iniciativas llevadas a cabo destaca el desarrollo de la aplicación MobiCult, concebida como una herramienta para acompañar a los visitantes en el descubrimiento de las colecciones y los espacios del museo, y la creación de un recorrido virtual que permite acercarse al patrimonio del MAG incluso a distancia, experimentando una forma alternativa de visita. Resultan especialmente significativas las réplicas táctiles de estatuas y hallazgos arqueológicos que se conservan en el museo, obtenidas mediante escaneo láser e impresas en polvo de nailon con unas dimensiones y un nivel de detalle pensados para ser explorados mediante el tacto. El proyecto también ha incluido la producción de vídeos en lengua de signos, que hacen que parte de los contenidos sean accesibles para las personas sordas, y la elaboración de una guía redactada en lenguaje «Easy to Read», pensada para facilitar la comprensión por parte de las personas con discapacidad intelectual. Estas iniciativas se enmarcan en una visión de la accesibilidad que no se limita a la adaptación de los contenidos ya existentes, sino que se pregunta qué herramientas pueden permitir realmente a las personas con necesidades diversas establecer una relación auténtica con el patrimonio.
La coproyección ha desempeñado un papel fundamental en este proceso, entendida como un método de trabajo que involucra directamente a las personas interesadas en la definición de las soluciones. Desde esta perspectiva, la accesibilidad no se concibe únicamente para unos pocos, sino que se construye junto con quienes utilizarán los recursos puestos a su disposición.
Dentro del proyecto respaldado por Caritro también ha tenido cabida la colaboración con el instituto científico y clásico «Andrea Maffei» de Riva del Garda. Los alumnos participaron en un curso formativo sobre técnicas de impresión tridimensional y en una labor de sensibilización sobre el tema de la discapacidad visual, lo que condujo a la realización de una maqueta tridimensional de la Rocca de Riva del Garda, sede del museo. El modelo constituye un ejemplo concreto de cómo la tecnología puede convertirse en una herramienta de accesibilidad: la reproducción tridimensional permite, de hecho, explorar mediante el tacto la forma y algunos elementos arquitectónicos de la Rocca, ofreciendo a las personas ciegas y con discapacidad visual una forma alternativa de conocer un monumento que, por lo general, se percibe principalmente a través de la vista. Sin embargo, el valor de la iniciativa no se agota en el resultado final: el proceso con los estudiantes también ha tenido una dimensión educativa, ya que enfrentarse a las necesidades de las personas ciegas ha supuesto para los jóvenes aprender a diseñar un objeto teniendo en cuenta, desde el principio, modos de percepción distintos de la visual.
Es precisamente en este punto donde el trabajo sobre la accesibilidad se cruza con la segunda gran línea de actuación emprendida por el museo: la multisensorialidad. La idea fundamental es que el museo no tiene por qué ser necesariamente un lugar en el que el patrimonio se conozca casi exclusivamente con los ojos: una obra, un objeto o un entorno histórico también pueden narrarse a través del sonido, el tacto, el olfato y las sensaciones que estos elementos son capaces de evocar. La música representa uno de los ámbitos en los que este enfoque ya ha encontrado una aplicación concreta, gracias a la colaboración con el Conservatorio de Música Francesco Antonio Bonporti de Trento y Riva del Garda. Las piezas compuestas por los alumnos de la sede de Riva del Garda se convierten en una clave para interpretar el patrimonio, no como un simple fondo musical para la visita, sino como una herramienta interpretativa capaz de añadir un nivel adicional a la experiencia. De hecho, la escucha puede contribuir a crear atmósferas, sugerir épocas y contextos, evocar lugares y facilitar la comprensión de un contenido histórico o artístico.
En las antiguas salas de la Pinacoteca, por ejemplo, el repertorio de Tomás Luis de Victoria y Giovanni Pierluigi da Palestrina remite al vínculo originario entre las imágenes y la liturgia, evocando una dimensión en la que los retablos, las esculturas devocionales y otras obras sagradas no solo se observaban, sino que se vivían en el seno de una comunidad y de una práctica ritual. En la sección dedicada al siglo XIX, por su parte, la música de Mauro Giuliani permite adentrarse en el ambiente cultural de la música de cámara y de la Hausmusik, la práctica musical doméstica extendida en los círculos privados de la época: la Serenata en La mayor, obra 19, dialoga con la cultura del salón del siglo XIX y con las relaciones entre pintura, música y literatura que caracterizaban el mundo de los artistas e intelectuales de la época. Esta modalidad puede resultar especialmente significativa para quienes no pueden valerse de la vista, sin por ello estar concebida exclusivamente para este público: «escuchar un museo» significa simplemente añadir una posibilidad de experiencia adicional.
El mismo principio se aplica al tacto. En el recorrido del MAG se han realizado réplicas de tejidos históricos gracias a la colaboración con la restauradora experta en tejidos Katia Brida, con el objetivo de transmitir, a través de la percepción táctil, algunas características de los materiales y de los procesos de elaboración. Se han habilitado puestos táctiles específicos, donde es posible tocar los tejidos que vestían los personajes más destacados retratados en la pinacoteca del museo: seda, terciopelo, bordados, pieles y lana, que normalmente el visitante solo puede percibir a través de su representación pictórica. La artista intenta recrear su suavidad, brillo, textura, peso o capacidad para reflejar la luz a través de colores, pinceladas y contrastes; el proyecto va un paso más allá, combinando la representación pictórica con el material real. Esto permite comprender mejor no solo cómo un pintor representa un tejido, sino también qué significaba ese tejido en la sociedad que lo utilizaba, ya que podía simbolizar riqueza, poder, pertenencia social, devoción, profesión, elegancia o vida cotidiana.
La referencia a los tejidos ayuda a comprender la lógica global del proyecto: no existe una única experiencia táctil, ya que los distintos materiales transmiten sensaciones diferentes. La textura, la suavidad o la mayor rigidez de un tejido, la trama de la superficie y los distintos acabados se convierten en información capaz de narrar un objeto más allá de su imagen. También en este caso, la experiencia no se concibe como un recorrido reservado a las personas ciegas: la posibilidad de tocar una réplica y reconocer su textura puede resultar interesante para cualquier visitante, precisamente porque abre una vía de conocimiento que suele estar vedada en las colecciones museísticas.
El camino hacia un museo cada vez más multisensorial no se agota con la música y el tacto. El siguiente paso se centra en el olfato, un sentido especialmente poderoso a la hora de evocar ambientes, épocas y recuerdos. El MAG ya ha puesto en marcha un proyecto dedicado a esta dimensión, actualmente en fase de realización, con la intención de identificar aromas y estímulos olfativos capaces de contribuir a la narración de las colecciones y los espacios. De hecho, el olfato puede establecer con el pasado una relación diferente a la que produce una imagen o un texto: un olor puede evocar de inmediato un entorno, una práctica cotidiana, un material o una atmósfera determinada.
El hilo conductor de todas estas experiencias es la voluntad del Museo Alto Garda de evitar una distinción clara entre los recursos pensados para las personas con discapacidad y los destinados al resto del público. La accesibilidad sigue siendo, sin duda, una necesidad ineludible: una persona ciega debe poder encontrar herramientas que le permitan conocer y comprender el patrimonio; una persona sorda debe poder acceder a los contenidos a través de medios adecuados; y quienes tienen dificultades motrices u otras necesidades específicas deben poder disfrutar del museo sin encontrar barreras. Pero el objetivo del MAG va más allá, ya que pretende transformar los recursos de accesibilidad en oportunidades para una experiencia compartida.
Un modelo tridimensional diseñado para permitir que una persona ciega explore la Rocca puede convertirse, para cualquiera, en una forma interesante de comprender su estructura a través del tacto. Una réplica textil realizada para que quienes no pueden ver los materiales y las técnicas de elaboración puedan percibirlos ofrece a todos un conocimiento más concreto del objeto. La música puede acompañar a quienes no ven, pero también enriquece la experiencia de quienes ven. Un futuro recorrido olfativo podrá constituir una herramienta de accesibilidad y, al mismo tiempo, una nueva forma de interpretar el patrimonio.
Esta es la dirección en la que está trabajando el Museo Alto Garda: un museo accesible y, al mismo tiempo, multisensorial, en el que la pluralidad de formas de percibir no constituya un elemento de separación, sino un valor añadido para toda la comunidad. El objetivo final no es, por tanto, crear un museo especial reservado a determinadas categorías de visitantes, sino una institución capaz de ofrecer más vías de acceso a la cultura, dejando a cada uno la posibilidad de elegir, utilizar y combinar diferentes formas de exploración.
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| El Museo Alto Garda está desarrollando un programa de accesibilidad y experiencias multisensoriales |
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