EE. UU.: El Tribunal Federal de Apelación suspende el salón de baile de Trump en la Casa Blanca


El Tribunal de Apelación del Distrito de Columbia confirma la orden judicial que suspende las obras del salón de baile de 8 000 cuadrados que el presidente quería construir en el emplazamiento del antiguo Ala Este. Trump anuncia que recurrirá ante el Tribunal Supremo.

En Estados Unidos, un tribunal federal de apelación, el Tribunal de Apelación de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia, dictaminó el pasado viernes que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tiene autoridad para construir el salón de baile de 400 millones de dólares dentro del complejo de la Casa Blanca sin la aprobación del Congreso. La decisión supone uno de los golpes judiciales más duros que ha recibido hasta ahora la Administración republicana en relación con uno de los proyectos arquitectónicos más ambiciosos y controvertidos de la Administración Trump, el que prevé la construcción de un gigantesco salón de recepciones de unos 8 000 metros cuadrados en la zona que, hasta el pasado otoño, ocupaba el ala este del edificio presidencial.

El Tribunal de Apelación de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia se ha puesto del lado de las asociaciones de protección del patrimonio histórico que habían presentado un recurso para detener las obras. El tribunal, compuesto por tres jueces, se pronunció por mayoría de dos votos (Patricia Millett y Bradley García) contra uno (Neomi Rao), confirmando la decisión de un tribunal de instancia inferior según la cual la Casa Blanca no dispondría de la autoridad necesaria para continuar con el proyecto del salón de baile. En su dictamen, los jueces han señalado que el Congreso ejerce un control constitucional pleno sobre los bienes federales y sobre la financiación de su mantenimiento y desarrollo, subrayando la ausencia de cualquier autorización, explícita o implícita, que permita al ejecutivo proceder de forma autónoma con una intervención de tal envergadura.

El caso se inició a raíz de la demolición de todo el ala este de la Casa Blanca, llevada a cabo en tan solo tres días en octubre de 2025. Según se ha reconstruido en el proceso judicial, la operación se habría llevado a cabo sin las consultas previas que se habían prometido y sin obtener el visto bueno del Congreso. En su lugar, la Administración inició la construcción de un imponente salón de baile financiado con fondos privados y sin ningún tipo de supervisión parlamentaria. Los jueces han señalado que este tipo de intervención no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos: nunca antes un presidente había demolido de forma unilateral, y con fondos recaudados de forma privada, partes sustanciales de un edificio cuya construcción había autorizado el Congreso y que habían pagado los contribuyentes estadounidenses.

Representación del salón de baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects
Representación del salón de baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects
Representación del salón de baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects
Representación del salón de baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects
Representación del salón de baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects
Representación del Salón de Baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects
Representación del salón de baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects
Representación del Salón de Baile de la Casa Blanca. Imagen: McCrery Architects

En el texto de la sentencia, los jueces Millett y García reiteraron un principio que ha estado en el centro de todo el proceso judicial: «cada presidente es un inquilino temporal, y no el propietario, de la Casa Blanca» (así reza el texto). El jefe de Estado no posee ni reivindica ninguna autoridad de rango constitucional sobre dicha propiedad, que fue concebida y se mantiene para el uso de todos los presidentes, presentes y futuros, y para el pueblo estadounidense. La propia Administración, a través del Servicio de Parques Nacionales, ha definido en el pasado la Casa Blanca como un bien propiedad del pueblo estadounidense, gestionado bajo la custodia de dicho organismo federal, subrayando que se trata de mucho más que la residencia del presidente: un lugar simbólico para las protestas y para el debate nacional sobre lo que significa ser estadounidense.

La sentencia también destaca el valor histórico y arquitectónico del complejo. La Casa Blanca, como edificio público más antiguo del Distrito de Columbia, es el núcleo del distrito histórico nacional de Lafayette Square, incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos. Los jueces han hecho referencia a la planificación urbanística del arquitecto fundador de la capital, Pierre Charles L’Enfant, quien concibió el diseño de la ciudad situando el Capitolio, sede del Congreso, en el centro simbólico del poder democrático, en contraste con la sencillez de la residencia presidencial.

El tribunal recordó además que, a lo largo de la historia, siempre ha sido el Congreso el que ha asignado los fondos necesarios tanto para el mantenimiento de la Casa Blanca como para las ampliaciones físicas del edificio. Fue el Congreso quien autorizó la reconstrucción de la Casa Blanca después de que las tropas británicas intentaran incendiarla durante la guerra de 1812, mediante una ley aprobada en 1815. Del mismo modo, fue también el Congreso quien asignó específicamente los fondos utilizados para construir las alas este y oeste originales del edificio, mediante una ley de 1902. Este precedente histórico, según los jueces, refuerza la tesis de que las decisiones de este alcance competen al poder legislativo y no pueden ser adoptadas unilateralmente por el ejecutivo.

Un elemento central de la decisión se refiere a los efectos concretos de la construcción. Según la propia Administración, tal y como se desprende de la evaluación ambiental relativa al proyecto de modernización del Ala Este y a la construcción del salón de baile, la edificación de este último tendrá repercusiones negativas permanentes en el contexto cultural. El documento admite que las obras perturbarán la continuidad histórica de los terrenos de la Casa Blanca y alterarán de manera desfavorable, a largo plazo, el diseño, el entorno y la atmósfera general de los jardines y del edificio.

Cabe destacar que la orden judicial confirmada por el Tribunal de Apelación no afecta a todas las obras en curso. La resolución original del tribunal de distrito había bloqueado exclusivamente la construcción en superficie del salón de baile, excluyendo explícitamente de su ámbito todas las obras subterráneas, incluida la construcción de búnkeres, los refugios antiaéreos y las infraestructuras militares y médicas, además de las estructuras en superficie estrictamente necesarias para cubrir, asegurar y proteger dichas instalaciones, garantizar la seguridad personal del presidente y de su equipo, así como la seguridad y la integridad estructural de la Casa Blanca, sus terrenos y la obra subterránea. El Tribunal de Apelación confirmó íntegramente este enfoque, desestimando por infundada la solicitud de la Administración de suspender la resolución a la espera del resultado del recurso.

Según los jueces, la Administración no ha podido demostrar ninguna autoridad constitucional, ni explícita ni implícita, que justifique sus acciones, y es muy probable que tampoco cuente con una base normativa suficiente para proceder a la construcción del salón de baile, tanto por el pleno control constitucional que el Congreso ejerce sobre los bienes federales, como por la ausencia de autorizaciones específicas, así como por la existencia de límites estatutarios explícitos que el proyecto infringiría.

Los jueces han precisado que su fallo no entra en el fondo de la cuestión dela conveniencia política del salón de baile, ni establece de manera definitiva que el proyecto no pueda llevarse a cabo jamás. Lo que afirma la sentencia es que la Administración no puede proseguir con las obras en superficie mientras se desarrolla el procedimiento judicial sin obtener primero la autorización del Congreso, tal y como prevén la Constitución y la legislación vigente. Por el momento, según el Tribunal, las asociaciones demandantes han demostrado de manera convincente que el Congreso nunca ha cedido al ejecutivo una autoridad ilimitada para rediseñar, remodelar y reconstruir la Casa Blanca en función de los deseos de un único presidente.

Por lo tanto, el tribunal confirmó la sentencia del tribunal de distrito que había dictado la medida cautelar modificada, revocando al mismo tiempo la suspensión administrativa concedida por el propio Tribunal de Apelación el pasado 17 de abril. No obstante, los jueces han decidido suspender la entrada en vigor de su decisión durante catorce días, concediendo así a la Administración la posibilidad de recurrir, si lo considera oportuno, ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

La demolición del ala este de la Casa Blanca. Foto: Wikimedia/Sizzlipedia
La demolición del ala este de la Casa Blanca. Foto: Wikimedia/Sizzlipedia
La Casa Blanca vista desde arriba; el Ala Este es el edificio que se ve a la derecha
La Casa Blanca vista desde arriba; el Ala Este es el ala que se ve a la derecha
Dentro del círculo, el Ala Este. Dentro del rectángulo rojo anaranjado, la zona que actualmente se está demoliendo.
En el círculo, el ala este. En el rectángulo rojo anaranjado, la zona que se encuentra actualmente en fase de demolición. Foto: Google

La jueza Neomi Rao se opuso a la decisión en una opinión disidente muy contundente, cuya postura fue posteriormente retomada y respaldada por el propio Trump en una publicación en su red social Truth. En su texto, Rao calificó la decisión de la mayoría de «abuso de discrecionalidad», alegando, en primer lugar, que el tribunal de distrito carecía de competencia porque la asociación demandante no tenía legitimación para actuar con el fin de detener las obras en la Casa Blanca. La jueza ha sostenido además que la ponderación de los intereses en juego se inclina claramente a favor del Gobierno, criticando al tribunal por haber antepuesto la molestia estética de un simple transeúnte a los intereses de seguridad del Gobierno relacionados con el salón de baile y a los riesgos que supone dejar abierta una obra en la residencia y la oficina del presidente. Según Rao, estos errores de valoración deberían haber dado lugar ala anulación de la orden judicial, y la decisión de la mayoría constituiría una forma de injerencia judicial en un asunto que debería quedar fuera de la competencia de los tribunales federales.

La reacción de Trump no se hizo esperar. En su Truth Social, el presidente anunció que recurrirá de inmediato ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, calificando la sentencia de «horrible, motivada políticamente e ilegítima». En su intervención, Trump citó ampliamente el texto de la opinión disidente de la jueza Rao para respaldar su postura, subrayando que los dos jueces que votaron en contra del proyecto fueron nombrados durante las administraciones de Obama y Biden.

El presidente ha sostenido además que la decisión pondría en peligro la vida y el bienestar de las personas que trabajan, y trabajarán en el futuro, en la Casa Blanca, incluidas las de todos los futuros presidentes de Estados Unidos y sus familias, así como las de los jefes de Estado, los dignatarios extranjeros y todos los estadounidenses que deseen visitar lo que él ha definido como la residencia histórica. Según Trump, el problema radica en que el salón de baile forma parte de un único proyecto integrado, que también incluiría refugios antibombas, instalaciones hospitalarias y médicas de vanguardia, instalaciones y estructuras militares, columnas, techos y vigas de acero resistentes a misiles, techos y cubiertas a prueba de drones, sistemas de ventilación de nivel militar y cristales a prueba de balas, explosiones y ataques balísticos. El presidente ha definido todo el complejo como una única obra, grande, costosa y muy compleja, indispensable para la seguridad nacional y para las operaciones militares de Estados Unidos, y ha afirmado que gran parte de la estructura ya se ha construido, fabricado y pagado, con materiales que ya se encuentran en la obra o en fase de entrega, y ha reiterado que no habrá ningún gasto a cargo de los contribuyentes estadounidenses. Trump también ha criticado el momento en que se presentó el recurso judicial, preguntándose por qué no se interpuso mucho antes del inicio de las obras, y ha afirmado que el salón de baile, construido antes de lo previsto y con un presupuesto inferior al previsto, representa un regalo suyo personal y de otros simpatizantes al país.

No obstante, es importante destacar que la sentencia del Tribunal de Apelación deja explícitamente intacta la posibilidad de continuar con la construcción del búnker presidencial, elemento que ya había quedado excluido del alcance de la orden judicial original del tribunal de distrito y que, por lo tanto, sigue estando autorizado a seguir adelante.

La decisión del viernes supone el segundo revés judicial que sufren en una sola semana los planes de construcción del presidente. Pocos días antes, una evaluación del Servicio de Parques Nacionales había concluido, de hecho, que otro proyecto muy deseado por Trump, el del arco del triunfo, correría el riesgo de comprometer la integridad histórica de decenas de monumentos situados dentro del Memorial Avenue Corridor, la zona que conecta algunos de los lugares conmemorativos más importantes de la capital, Washington. Entre los riesgos identificados por el organismo federal figura la posible ruptura de la alineación simbólica entre el Monumento a Lincoln, el Memorial Bridge y Arlington House, un eje visual e histórico considerado de gran valor para la identidad del lugar.

El proceso judicial se inició el pasado mes de marzo, cuando el juez de distrito estadounidense Richard Leon rechazó en términos muy duros los argumentos presentados por la Administración Trump en defensa de la legitimidad de la construcción del salón de baile en el emplazamiento del antiguo Ala Este. En su dictamen, que contenía al menos diecisiete signos de exclamación que ponían de manifiesto la firmeza de su postura, el juez había concluido que el National Trust tenía buenas probabilidades de ganar el caso en cuanto al fondo, ya que ninguna norma legal se acercaba ni remotamente a conferir al presidente la autoridad que este reivindicaba poseer.

La batalla legal en torno al futuro de la Casa Blanca y sus terrenos históricos está, por tanto, destinada a continuar en las próximas semanas, ya que la Administración Trump ya ha anunciado su intención de llevar el asunto hasta la máxima instancia judicial de Estados Unidos, el Tribunal Supremo, mientras que, por el momento, sigue vigente la suspensión de las obras en superficie del controvertido salón de baile presidencial.

EE. UU.: El Tribunal Federal de Apelación suspende el salón de baile de Trump en la Casa Blanca
EE. UU.: El Tribunal Federal de Apelación suspende el salón de baile de Trump en la Casa Blanca



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