AlUla, Arabia Saudí: ¿el nuevo centro mundial del arte está en medio del desierto?


Un antiguo oasis del noroeste de Arabia Saudí se está transformando en un laboratorio cultural mundial: land art, festivales, grandes instituciones. Hablamos de AlUla, un centro que está redefiniendo la relación entre arte, paisaje y poder, planteando cuestiones sobre la identidad, el poder blando y el futuro de la cultura. ¿Es éste el nuevo centro del arte mundial? La reflexión de Federica Schneck.

Unantiguo oasis, esculpido por cañones de arena roja y palmerales centenarios, se está transformando en una de las geografías culturales más atrevidas del siglo XXI. Al-’Ula (o AlUla), una remota región del noroeste deArabia Saudí, ya no es sólo un yacimiento arqueológico patrimonio de la UNESCO, sino un escenario donde el desierto se encuentra con el arte contemporáneo, la historia se entrelaza con la modernidad y el espacio público se convierte en lugar de nuevas narrativas creativas.

En los últimos años, el espacio y el tiempo de AlUla se han reescrito a través de festivales, exposiciones y proyectos culturales que dialogan con el paisaje, la memoria y las comunidades locales. El Desierto X AlUla, por ejemplo, nacido en 2020 y ahora en su cuarta edición, ve cómo artistas internacionales y saudíes responden a la inmensidad del desierto con instalaciones específicas del lugar con vistas a los desfiladeros y las dunas, transformando el entorno en un museo al aire libre.Al mismo tiempo, el regreso anual delFestival de las Artes de AlUla transforma la antigua ciudad oasis en un vibrante centro de artes visuales, escénicas y de diseño, con programas que van desde encargos de land art a colaboraciones con instituciones culturales internacionales como el Centro Pompidou. La exposición Arduna, comisariada en colaboración con la agencia francesa AFALULA y el museo parisino, ofrece una visión del futuro museo de arte contemporáneo que se está construyendo en AlUla, con obras que dialogan con el concepto de tierra, naturaleza y memoria. Este fermento va más allá de las exposiciones temporales: iniciativas como el Espacio de Diseño de AlUla, el Wadi AlFann (Valle de las Artes), un proyecto de museo al aire libre de 65 kilómetros cuadrados destinado a albergar land art permanente, y programas dedicados a las artes tradicionales y el diseño arraigan la cultura en el tejido socioeconómico de la región.

AlUla, casco antiguo
AlUla, casco antiguo

Los visitantes que llegan a AlUla no ignoran el poder del contraste: un paisaje antiguo atravesado por obras y actuaciones que parecen dibujar nuevos futuros posibles. El arte no es decoración; es experiencia, tiempo, lugar y memoria.

En muchas de estas iniciativas subyace el deseo declarado de revalorizar la identidad cultural saudí, crear espacios de encuentro entre la creatividad regional e internacional y diseñar un destino cultural distinto de los museos y ferias tradicionales. En este sentido, AlUla se desarrolla como un nodo de una red más amplia que ve cómo el Golfo perfila sus propios modelos culturales: del Louvre Abu Dhabi al Museo Nacional de Qatar, pasando por Art Dubai y las ambiciones de Doha de atraer ferias y coleccionistas.

Más allá de instalaciones espectaculares y colaboraciones internacionales, la transformación de AlUla plantea sin embargo profundos interrogantes. Para algunos críticos, proyectos de esta envergadura corren el riesgo de traducirse en un lavado de cara del arte, por el que museos, festivales y megaeventos culturales pueden convertirse en instrumentos de poder blando destinados a “reflejar” una imagen positiva hacia Occidente y los mercados globales, en lugar de crear espacios de confrontación cultural verdaderamente plurales y críticos. Otros señalan que detrás de estos proyectos puede haber dinámicas de poder, inversiones de capital y una arquitectura representativa orientada tanto al turismo cultural como a la construcción de legitimidad internacional. Ni siquiera la relación entre instituciones extranjeras y proyectos en el Golfo es neutral: la presencia de museos asociados, coproducciones y grandes nombres de la escena internacional podría contribuir a una narrativa que correría el riesgo de dar al proyecto un aura de neutralidad cultural, mientras que en el trasfondo jugarían dinámicas de geopolítica cultural.

Dana Awartani, Where the Dwellers lay, obra para Desert X AlUla. Foto: Lance Gerber
Dana Awartani, Where the Dwellers lay, obra para Desert X AlUla. Foto: Lance Gerber
AlUla, Maraya
AlUla, Maraya

Sin embargo, el panorama no es unívoco. En AlUla están surgiendo prácticas culturales que no se limitan a la exhibición de poder, sino que pretenden implicar a la comunidad local, dar cabida a las voces regionales y potenciar las artes tradicionales en relación con las prácticas contemporáneas. Los festivales y los programas educativos, así como el desarrollo de espacios expositivos permanentes, pueden convertirse en infraestructuras culturales que no existen en ningún otro lugar del mundo árabe.

La cuestión central sigue abierta y resulta bastante espinosa: ¿representan AlUla y lugares similares un mero fenómeno de lavado de arte o el comienzo de un nuevo centro de gravedad para el arte contemporáneo? ¿Es posible que una agrupación cultural en el corazón del desierto, lejos de las capitales tradicionales del arte de Europa y Norteamérica, se convierta en un centro vital para artistas, comisarios y público mundial?

Las premisas están ahí: un paisaje único, inversiones sin precedentes, proyectos que integran memoria histórica y creación contemporánea, y un diálogo cada vez más visible entre agentes locales e internacionales. Si estos elementos dan lugar a espacios de debate, pluralidad de voces y prácticas críticas, entonces podemos hablar de un verdadero cambio de perspectiva. Si, por el contrario, la cultura sigue siendo ante todo un escaparate para una estrategia de imagen, entonces el “nuevo centro” corre el riesgo de ser un espejismo cultural, fascinante pero efímero en su impacto en la escena artística mundial.

En el mundo actual, AlUla se encuentra suspendido entre la promesa y la provocación: un lugar de encuentro y confrontación, pero también un terreno de tensión entre la estética, la política y la narrativa global. Su legado, sea cual sea la forma que adopte, dependerá en gran medida de cómo se reconozcan y cuenten estas tensiones, y de cuánto espacio se deje a la complejidad crítica y a la libertad de expresión en el corazón del desierto.



Federica Schneck

El autor de este artículo: Federica Schneck

Federica Schneck, classe 1996, è curatrice indipendente e social media manager. Dopo aver conseguito la laurea magistrale in storia dell’arte contemporanea presso l’Università di Pisa, ha inoltre conseguito numerosi corsi certificati concentrati sul mercato dell’arte, il marketing e le innovazioni digitali in campo culturale ed artistico. Lavora come curatrice, spaziando dalle gallerie e le collezioni private fino ad arrivare alle fiere d’arte, e la sua carriera si concentra sulla scoperta e la promozione di straordinari artisti emergenti e sulla creazione di esperienze artistiche significative per il pubblico, attraverso la narrazione di storie uniche.


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