En la Galería Ada de Roma, del 10 de abril al 24 de mayo de 2026, se presentará la exposición de Diego Gualandris (Bérgamo, 1993) titulada Floralia. Este proyecto se desarrolla como una narración fragmentada en forma de flujo de conciencia, construida en torno a una pluralidad de voces y estados perceptivos que se superponen sin una estructura lineal. La obra se articula como una investigación sobre la transformación de la materia viva, en particular la materia vegetal, a través de imágenes de crecimiento, deterioro y dispersión. Para su exposición individual en ADA, Diego Gualandris presenta un nuevo ciclo de óleos.
El texto central de la exposición adopta la forma de unacertijo en primera persona, en el que el narrador se identifica con una forma vegetal arrancada de su entorno original por una mano gigante. El paso del ciclo natural a la condición de objeto cercenado introduce una reflexión sobre la fragilidad de la materia orgánica, sometida a la acción del sol que la seca y descompone progresivamente. La disolución se presenta como un proceso continuo que conduce a la fragmentación y multiplicación en partes dispersas. Dentro de esta narrativa hay referencias a una dimensión perceptiva alterada, en la que el cuerpo vegetal registra el movimiento de los insectos en la superficie, percibida como un camino recorrido por una actividad incesante. La temporalidad se amplía para incluir la sucesión de estaciones y lunas, que contribuyen a una forma de observación cósmica de la transformación.
El texto introduce también una reflexión sobre el pensamiento y la percepción, interrumpida por un episodio vinculado a la figura de Ernesto, que en sueños se hace una pregunta sobre la naturaleza de la luz, cuestionando la relación entre el origen externo y la percepción visual. Este elemento abre una dimensión filosófica que atraviesa toda la estructura narrativa, sin resolverse en una respuesta única. A continuación, la narración se desplaza a un plano de movimiento y viaje, con un traslado nocturno afrontado en aislamiento sensorial, marcado por una fuerte sensibilidad a los olores y a la presencia de los demás. El deseo de sueño y suspensión va acompañado de la idea de un destino incierto, en el que el cuerpo busca una forma de reubicación.
Posteriormente, el relato adquiere una dimensión marina: el sujeto atraviesa el agua hasta perder el contacto con su lugar de origen, llevándose consigo una casa que se agranda y se hace progresivamente más pesada. La ruptura de esta forma conduce a la dispersión en el fondo marino y a un lento regreso a la orilla, donde el sujeto es recogido y reubicado en un nuevo contexto desconocido. Desde esta nueva posición, se desarrolla una perspectiva distanciada, en la que la realidad aparece como una secuencia de escenas que se componen a través del pensamiento. La observación se transforma en acción repentina, descrita como un rápido e impactante descenso a tierra, carente de sonido y de reacción externa. El tiempo posterior se representa como una condición cíclica, comparable a una caja de música, en la que la forma cambia aún más, asumiendo diferentes proporciones y una condición de aislamiento.
Otra imagen colectiva presenta una hilera de elementos que, aplastados y levantados por el viento, adquieren temporalmente la apariencia de un ejército en marcha, con referencias visuales a las lanzas y al movimiento coordinado. La dimensión cotidiana se alterna con momentos de inestabilidad perceptiva, en los que el sujeto declara que está cantando mientras es consciente de su propia desafinación, impulsado por una necesidad interna más que por un propósito estético. La conclusión del texto se centra en una sensación de intenso cruce físico, descrita como una descarga eléctrica que recorre el sistema nervioso y produce una tensión interna que puede compararse a una fuerza de retorno hacia un origen indefinido. La experiencia culmina en una condición de suspensión y caída repetidas, hasta la transformación final en una trampa para insectos percibida como alimento y como dispositivo pasivo de atracción.
La narración se cierra con una pregunta directa y sin respuesta: “¿Qué soy?”, que resume todo el transcurso de la exposición como un proceso de redefinición continua de la identidad de la materia viva y su percepción. La exposición Floralia se acompaña de un vinilo de edición limitada y de un texto escrito por la artista.
Diego Gualandris vive y trabaja en Roma. Se graduó en pintura en 2018 en la Academia de Bellas Artes de Bérgamo. Entre sus exposiciones individuales recientes destacan las de 2026 en ADA, Roma, y la de 2025 en Studio Pesca, Milán, comisariada por Arianna Pavoncello y Carolina Latour. En 2022 expuso de nuevo en ADA de Roma y en el Instituto Italiano de Cultura de Ciudad de México, comisariada por Matteo Binci. En 2019 presentó un proyecto también en ADA, Roma, mientras que en 2018 participó en una exposición en Tile Project Space en Milán junto con Riccardo Sala.
Entre las exposiciones colectivas recientes se incluye una participación en 2026 en la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Roma. En 2025 participó en una exposición en el Museo MACRO, comisariada por Luca Lo Pinto y Cristiana Perrella, y en Proyecto Nasal en Ciudad de México. En 2024 expuso en el Studiolo de Milán, comisariada por Maria Chiara Valacchi y Antonio Di Mino. En 2023 participó en varios proyectos expositivos, entre ellos Triennale Milano, comisariada por Damiano Gullì, Panorama L’Aquila como parte de ITALICS comisariada por Cristiana Perrella, CURA. Basement de Roma, la Galerie Kandlhofer de Viena, el MACRO Museum de Roma y la Mai 36 Galerie de Zúrich, comisariada por Antonio Grulli. En 2022 volvió a participar en el Proyecto Nasal de Ciudad de México, comisariado por Matteo Binci, mientras que en 2020 participó en la Quadriennale d’arte del Palazzo delle Esposizioni de Roma, comisariada por Sarah Cosulich y Stefano Collicelli Cagol. En 2026 fue galardonado con el premio del concurso Connessioni Urbane, promovido por la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea en colaboración con Techbau S.p.A., mientras que en 2020 recibió la beca de la Pollock-Krasner Foundation de Nueva York.
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| Diego Gualandris en Roma: la metamorfosis de la materia vegetal en disolución |
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