En Florencia, Narine Arakelian investiga el significado contemporáneo de la alimentación


Del 15 al 30 de mayo, la Accademia delle Arti del Disegno presenta la exposición "PANE", de Narine Arakelian, que investiga el significado contemporáneo de la alimentación. Una escultura de piedra dialoga con la memoria, los símbolos cristianos, los lenguajes digitales y la crisis del compartir.

En Florencia, en los espacios de la Sala delle Esposizioni de laAccademia delle Arti del Disegno en Via Ricasoli 68, está abierta al público hasta el 30 de mayo la exposición PANE de la artista de origen armenio Narine Arakelian. El proyecto expositivo, comisariado por Inna Khegay, propone una investigación sobre el significado de la alimentación en la época contemporánea, entrelazando referencias a la memoria cultural, la dimensión espiritual y los lenguajes digital y financiero.

En el centro de la exposición está la cuestión de qué representa hoy el “pan de cada día” en un contexto en el que los recursos materiales se solapan con las economías inmateriales y especulativas. La obra principal, también titulada PAN, adopta la forma de una gran escultura de toba rosa procedente de Armenia, tierra de antigua tradición cristiana. La obra está subdividida en trece partes, aunque insinúa la unidad global de la forma, y recuerda explícitamente la tradición de la Última Cena y la dimensión ritual de la Eucaristía.

La escultura adopta la forma de un “pan de piedra”, un objeto no comestible que transforma la comida en símbolo y el alimento en cuestionamiento. La piedra rota adopta la forma de un dispositivo visual que pone en tensión las categorías de sacrificio e integridad, mientras que su inaccesibilidad material se convierte en un elemento conceptual central. La obra solicita una reflexión sobre la posibilidad de recuperar el valor del intercambio simbólico frente al puramente material, insistiendo en la fractura entre la necesidad real y los sistemas abstractos contemporáneos de compensación. La superficie de la escultura está grabada con signos y patrones que remiten a códigos de la cultura digital y referencias a la imaginería de las criptomonedas, incluido el símbolo de Bitcoin. Junto a estos elementos aparecen citas textuales, como “ser o no ser”, que contribuyen a la construcción de un léxico visual estratificado.

Narine Arakelian, Pan (2026; escultura en 13 partes. Piedra (toba), talla, 45 x 400 x 60 cm) Foto: Giuseppe Cabras
Narine Arakelian, Pan (2026; escultura en 13 partes. Piedra (toba), talla, 45 x 400 x 60 cm) Foto: Giuseppe Cabras

“No tienen una función decorativa, sino que construyen un lenguaje capaz de revelar una fractura contemporánea: el Bitcoin en mi obra no es un tema en sí mismo”, dice la artista. Funciona como signo de una creencia en sistemas abstractos que prometen seguridad y libertad, pero permanecen desconectados de las condiciones materiales de la vida. El pan se transforma en una reliquia de piedra tallada en toba armenia, un material volcánico históricamente vinculado a la arquitectura sagrada, la memoria colectiva y la resistencia. A través de esta obra, conecto los espacios excavados de Matera con las tradiciones pétreas armenias, reflexionando sobre los sistemas de valores, la supervivencia y la responsabilidad compartida".

El proyecto expositivo forma parte de una investigación que Arakelian lleva años realizando sobre los temas de la justicia social, la identidad y la memoria cultural, a través de un lenguaje que atraviesa la escultura, la instalación, el vídeo y las tecnologías digitales, incluidos experimentos relacionados con la inteligencia artificial. Su práctica artística reinterpreta símbolos y arquetipos de la historia de la humanidad, al tiempo que observa las transformaciones culturales y tecnológicas del presente. Intervenciones anteriores incluyen la performance realizada durante la “Revolución de Terciopelo” en 2018, presentada como parte de la Bienal de Venecia de 2019, en la que el artista estuvo presente tanto en el Pabellón de Armenia como en el Palazzo Contarini del Bovolo, y en la que había creado una performance sonora a lo largo de los canales venecianos utilizando ollas y sartenes.

Otro nivel de interpretación de la exposición se refiere al origen del proyecto, que se basa en una comparación entre la arquitectura de piedra armenia y la arquitectura tallada de Matera. El artista identifica un principio común en ambas experiencias, que se refiere a la construcción del espacio a través de la sustracción en lugar de la adición. Las viviendas rupestres y los espacios sagrados de Matera se convierten así en referencia para una reflexión sobre la transformación de la ausencia en forma activa, en la que el vacío adquiere valor generativo. Matera, en particular, representa para Arakelian un lugar de estudio en profundidad, especialmente por la dimensión comunitaria vinculada a la producción de pan en hornos públicos y su circulación entre los habitantes de los Sassi. En este contexto, el pan asumió un valor que iba más allá de su función alimentaria, configurándose como elemento de supervivencia y cohesión social.

Narine Arakelian, Pan. Foto: Giuseppe Cabras
Narine Arakelian, Pan. Foto: Giuseppe Cabras

La exposición también establece un diálogo directo con la ciudad de Florencia y su historia. Como señala el historiador Zeffiro Ciuffoletti, el pan representa un elemento central de la memoria civil y cultural de la ciudad. En la Edad Media, instituciones como Orsanmichele desempeñaban la función de mercado y granero público, garantizando el abastecimiento de grano en situaciones de crisis alimentaria. El pan, en este contexto, no era sólo alimento, sino también instrumento de estabilidad social y protección colectiva.

La dimensión simbólica del pan emerge también en los ciclos pictóricos de los cenáculos florentinos, como el Cenáculo de Santa Apolonia y el Cenáculo de Todos los Santos, donde el gesto de compartir adquiere un valor espiritual y comunitario. En estas representaciones de la Última Cena, así como en la tradición de acoger a los pobres y a los peregrinos, el pan se convierte en un signo de misericordia y de relación. La exposición arakeliana se inscribe, pues, en esta estratificación histórica, activando una confrontación entre memoria local y reflexión global.

La exposición también incluye una selección de obras recientes. Entre ellas, el vídeo Subconscious Rebirth de 2019, junto con obras presentadas en 2024 en el Museo de Arte Moderno de Ereván. Entre las obras expuestas se encuentran el políptico Letters, el tríptico LOVE CORE HOPE y el díptico Aphrodite. En estas producciones, el signo TO ₿E es recurrente, vinculando dimensiones existenciales y lenguajes digitales, manteniendo la continuidad con la investigación sobre la imbricación entre símbolo y sistema económico.

Narine Arakelian, Love (2019; tinta serigráfica sobre tela, pintura dorada, 180x140 cm). Foto: Giuseppe Cabras
Narine Arakelian, Love (2019; tinta serigráfica sobre tela, pintura dorada, 180x140 cm). Foto: Giuseppe Cabras

Declaraciones

“Las manifestaciones artísticas de Arakelian comunican aprensión, pero también confianza en la resiliencia de la humanidad, a la que el arte puede y debe contribuir decisivamente. Una tensión que recorre todo el proyecto, suspendido entre la conciencia crítica y la apertura a la transformación”, afirma Cristina Acidini, presidenta de la Accademia delle Arti del Disegno.

“La forma de un pan dividido en trece partes es una referencia obvia a la Última Cena. Es una obra que activa en el observador una serie de reflexiones y consideraciones sobre el ’pan de cada día’ (de hoy) para el cuerpo y el espíritu. Una exposición que merece la pena ver”, añade Luca Macchi, Presidente de la Clase de Pintura Accademia delle Arti del Disegno.

“La exposición toma la forma de una reflexión sobre el significado del ’pan de cada día’ en el siglo XXI, cuestionando la relación entre los recursos materiales y los sistemas simbólicos. En el ’Padre Nuestro’, el pan es a la vez alimento concreto y sustancia espiritual, y el proyecto de Arakelian reactiva esta ambivalencia, planteando una pregunta urgente: ¿qué forma de alimento compartido sigue siendo posible hoy en día?”, subraya Inna Khegay, comisaria de la exposición.

“La instalación”, concluye Jan Bigazzi, comisario de la exposición, “acompaña al visitante a una dimensión suspendida entre la presencia física y el reflejo simbólico, donde la piedra, la luz y la superficie reflectante de las bases amplifican la percepción de una imagen frágil y al mismo tiempo ritual. La elección de una luz mínima y enrarecida confiere al espacio un carácter casi sagrado, transformando la fragmentación del pan en una experiencia de contemplación colectiva entre la memoria, la espiritualidad y las tensiones del presente”.

En Florencia, Narine Arakelian investiga el significado contemporáneo de la alimentación
En Florencia, Narine Arakelian investiga el significado contemporáneo de la alimentación



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