10 cosas que hay que saber sobre Erté, el genio que dio forma a la imaginería Art Déco


Un recorrido por la vida y la obra de Romain de Tirtoff, el artista que transformó el vestido en un signo distintivo del siglo XX, entre portadas legendarias y decorados espectaculares, ahora celebrados en una gran exposición en el Labirinto della Masone.

Figura capital delArt Déco: en estas pocas palabras se podría resumir el perfil de Erté (Roman Petrovič Tyrtov; San Petersburgo, 1892 - París, 1990), ruso de nacimiento pero francés por efecto, personalidad polifacética capaz de influir en la moda, el teatro, el cine y las artes gráficas con un rigor estilístico sin precedentes. Del 28 de marzo al 28 de junio de 2026, el Labirinto della Masone de Fontanellato dedica a este maestro una extraordinaria exposición titulada Erté. El estilo lo es todo, comisariada por Valerio Terraroli. La exposición pone de relieve la modernidad de un artista capaz de atravesar épocas manteniendo una formidable coherencia expresiva. Con más de 150 obras expuestas, la muestra explora los años dorados del artista, los comprendidos entre las dos guerras mundiales, un periodo en el que su síntesis decorativa se convirtió en el símbolo mismo de la estética Art Déco. Erté no era sólo un dibujante, sino un arquitecto de lo efímero, capaz de traducir el lujo y el exotismo en formas gráficas esenciales y ágiles. La exposición de Parma, enriquecida con préstamos internacionales como los del Victoria and Albert Museum de Londres, nos permite redescubrir un universo poblado de mujeres sofisticadas y criaturas mitológicas.

En una época en la que Europa intentaba olvidar los horrores de la Primera Guerra Mundial, Erté ofrecía un refugio hecho de elegancia, perlas y plumas, un mundo “desencajado e irresponsable” pero profundamente culto. Su arte combinaba la alta artesanía con la cultura de masas, convirtiendo sus figuras en iconos atemporales. Hoy, su legado perdura, no sólo en las colecciones de los museos, sino también en el diálogo con artistas contemporáneos como Caterina Crepax, cuyos vestidos de papel rinden homenaje a la flexibilidad de los cuerpos diseñados por el maestro ruso. Explorar la trayectoria de Erté es sumergirse en una época de transformación radical, en la que la ropa deja de ser una simple prenda para convertirse en “conciencia”. He aquí diez cosas que hay que saber sobre él.

Diseños de exposiciones Erté. El estilo lo es todo
Exposiciones Erté. El estilo lo es todo

1. Un nombre nacido de unas iniciales: el misterio del seudónimo

Nacido en San Petersburgo en 1892 como Roman Petrovič Tyrtov, el artista procedía de una familia de nobles orígenes militares. Su padre, el almirante Pyotr Ivanovič Tyrtov, soñaba con una carrera en la Armada Imperial Rusa para él, siguiendo una tradición centenaria. Sin embargo, el joven Roman manifestó desde muy pequeño una atracción irresistible por el dibujo y la pintura, escapando de las presiones paternas para refugiarse en el mundo de la creatividad. Cuando decidió trasladarse a París en 1912 para perseguir sus aspiraciones artísticas, optó por adoptar un seudónimo para no comprometer el prestigio de su apellido familiar. Así nació Erté, derivado de la pronunciación francesa de sus iniciales “R.T.”.

En pocos años, este nombre se convertiría en una marca mundial, sinónimo de elegancia aristocrática pero profundamente moderna. A pesar de su éxito parisino, Erté (que también reajustó su nombre a la pronunciación francesa: Romain de Tirtoff) siempre mantuvo un vínculo visual con sus raíces, infundiendo a sus obras los colores vivos y las formas bidimensionales de los iconos ortodoxos que había admirado en su juventud. Su biografía, escrita en la vejez, tiende a menudo a mitificar estos comienzos, presentándole como el último vástago de un linaje tártaro que había elegido el arte antes que las armas. Esta dualidad entre la nobleza rusa y la mundanidad francesa marcó profundamente su estilo, haciéndole capaz de interpretar el lujo con una sensibilidad única. El seudónimo Erté representó así su pasaporte a una nueva vida, una identidad creada para conquistar las alturas del sistema internacional del arte y la moda.

Erté - Romain de Tirtoff, Le Génie Lumineux de la Lampe d'Aladin, Mille et Deuxième Nuit de Bagdad, L'Orient Merveilleux (1917; témpera sobre papel, 27 x 21 cm; colección particular, Milán) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE
Erté - Romain de Tirtoff, Le Génie Lumineux de la Lampe d’Aladin, Mille et Deuxième Nuit de Bagdad, L’Orient Merveilleux (1917; témpera sobre papel, 27 x 21 cm; colección privada, Milán) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE

2. El aprendizaje con Paul Poiret: el debut en la alta costura

Llegado a la Ville Lumière cuando sólo tenía diecinueve años, Erté empezó a trabajar en 1913 con Paul Poiret, el sastre que había revolucionado la moda eliminando los corsés y liberando el cuerpo femenino. En este taller, el joven artista tuvo la oportunidad de enfrentarse a una estética exótica llena de influencias orientales, que Poiret promovía con audacia. Entre sus primeros encargos importantes figura la creación del vestuario para la ópera Le Minaret, donde Erté tuvo que vestir a la famosa espía y bailarina Mata Hari. Los trajes diseñados para esta producción, caracterizados por faldas pantalón y túnicas transparentes, tuvieron tal repercusión que influyeron en toda la moda parisina de 1913. Poiret también confió a su colaborador el diseño de accesorios, peinados y telas de decoración, reconociendo su talento para manipular los colores y las formas.

Fue durante este periodo cuando Erté aprendió la importancia del teatro como escenario para la moda, un concepto que desarrollaría a lo largo de toda su carrera. La influencia de Poiret fue fundamental, pero Erté supo ir más allá, simplificando aún más las líneas y acercándose a una estilización casi geométrica. El cierre del atelier de Poiret debido al estallido de la Primera Guerra Mundial obligó al artista a buscar nuevos caminos, orientándole hacia la carrera de ilustrador. Sin embargo, el periodo pasado con el “sultán de la moda” siguió siendo la base sobre la que Erté construyó su visión de la mujer moderna: una criatura libre, flexible e increíblemente sofisticada.

Erté - Romain de Tirtoff, Escenografía, Conde Hindou, Folies Bergère (1922; gouache sobre papel, 51 x 41 cm; colección privada, Londres) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE
Erté - Romain de Tirtoff, Escenografía, Conde Hindou, Folies Bergère (1922; gouache sobre papel, 51 x 41 cm; colección privada, Londres) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE

3. Harper’s Bazaar: la colaboración que le convirtió en leyenda

En 1915, Erté inició la que se convertiría en una de las colaboraciones más importantes de la historia de la edición, firmando su primera portada para la revista estadounidense Harper’s Bazaar. Entre ese año y 1937, el artista realizó más de doscientas portadas para la revista, definiendo el gusto estético de generaciones de lectores. Sus planchas no eran simples ilustraciones de moda, sino visiones oníricas pobladas de princesas orientales, dioses mitológicos y criaturas florales. Gracias a un contrato de exclusividad que le vinculó a la revista durante décadas, Erté se convirtió en una celebridad absoluta en Estados Unidos, un país que estaba sustituyendo la “civilización del espíritu” por la de los “signos y las cosas”. Cada mes, sus obras llevaban a los hogares estadounidenses un fragmento del glamour parisino, filtrado a través de una refinada línea curva y campos de color planos y perfectos.

Esta simbiosis creativa permitió al artista influir no sólo en la moda sartorial, sino también en el floreciente mercado del prêt-à-porter de los grandes almacenes. Harper’s Bazaar fue el trampolín que permitió a Erté ampliar su obra al teatro de Broadway y al cine de Hollywood. Sus ilustraciones para la revista se consideran hoy verdaderas obras maestras del grafismo Art Déco, conservadas en los principales museos de todo el mundo. La ruptura con la revista en 1938 marcó el final de una era, pero el trabajo que realizó durante esos años sigue siendo el testimonio visual de una época de esplendor sin parangón.

Erté - Romain de Tirtoff, Cabeza de maniquí para Pierre Imans en La Reine de Saba (1927; temple sobre papel, 38,5 x 28,2 cm; Colección Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE
Erté - Romain de Tirtoff, Cabeza de maniquí para Pierre Imans en La Reine de Saba (1927; temple sobre papel, 38,5 x 28,2 cm; Colección Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE

4. Un estilo único entre exotismo y modernidad

El estilo de Erté es una síntesis perfecta de influencias heterogéneas, que van desde las miniaturas persas e indias hasta la escultura griega arcaica. El artista afirmaba a menudo que las reproducciones de jarrones griegos que admiraba en el Hermitage de San Petersburgo fueron fundamentales para el desarrollo de su estilizada línea bidimensional. A ello se sumó su fascinación por los Ballets Rusos de Sergei Djagilev, cuyos colores violentos y trajes resplandecientes habían sacudido París a principios de siglo. Erté supo metabolizar estas sugerencias y transformarlas en un lenguaje contemporáneo, caracterizado por un signo gráfico ágil y geométrico. El término "glamour", entendido como glamour combinado con lujo y privilegio, describe perfectamente la esencia de sus creaciones, que pretendían transportar al espectador a mundos alejados de la banalidad cotidiana.

En sus obras, la ropa nunca es meramente funcional, sino que se convierte en un signo que crea la conciencia de quien la lleva. Para Erté,la elegancia era una cualidad innata que podía realzarse con un movimiento o un detalle precioso, como un bordado que recordara a una tela de araña o un corsé de diamantes. Esta búsqueda obsesiva de la belleza le llevó a colaborar con las mayores casas y revistas de moda, lo que le convirtió en el intérprete original del Art Déco internacional. Su estilo nunca buscó el realismo, sino que siempre apuntó a una "superficie poética " en la que cada elemento es inventado y sustituido por el signo.

Erté - Romain de Tirtoff, Salomé (1926; temple sobre cartón, 30 x 39 cm; Colección Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE
Erté - Romain de Tirtoff, Salomé (1926; temple sobre cartón, 30 x 39 cm; Collezione Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE

5. El teatro y el music-hall: decorados de ensueño

El teatro representaba para Erté una esfera de expresión ilimitada, donde su imaginación podía materializarse en fastuosas puestas en escena y vestuarios fuera de lo común. En 1919 empezó a colaborar con el Folies Bergère de París, creando espectáculos basados en la pompa y la fantasía de los decorados. Al mismo tiempo, en Nueva York, se convirtió en la estrella de George White’s Scandals, una serie de musicales inspirados en los Ziegfeld Follies que lanzaron a los nombres más famosos del teatro ligero estadounidense. Erté diseñó todos los detalles: desde las monumentales escaleras hasta el vestuario de las bailarinas, convirtiendo el escenario en un cuadro vivo.

Sus producciones se caracterizaban por un derroche de color y luz, con constantes cambios de vestuario que exigían una inventiva inagotable. También colaboró con la Compañía de Ópera de Chicago, aportando su toque sofisticado al mundo de la ópera. Un ejemplo emblemático de su maestría teatral es el gouache para Salomé de 1926, que sintetiza a la perfección su gusto por el exotismo misterioso y la estilización gráfica. Erté fue capaz de vestir a cientos de figuras simultáneamente, manteniendo un extraordinario nivel de detalle y lujo para cada una de ellas. Su trabajo en el teatro influyó profundamente en la moda de la época, ya que las divas llevaban fuera del escenario el estilo que el artista había imaginado para ellas. En este universo, el teatro y la vida se mezclaban a la perfección, especialmente en las suntuosas fiestas de máscaras de las que Erté era a menudo el anfitrión y creador.

Diseños de exposiciones Erté. El estilo lo es todo
Decorados de exposiciones Erté. El estilo lo es todo

6. La aventura de Hollywood y el vestido "Peacock

En 1925, Erté aterriza en Hollywood gracias a un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer, que ya era una de las productoras cinematográficas más importantes de la época. Durante su estancia en California, diseñó el vestuario y los decorados de varias películas, aportando el rigor del gusto parisino a las producciones estadounidenses. Entre sus creaciones más famosas de este periodo figura el vestido “Peacock” que confeccionó para la actriz Carmel Myers en la colosal Ben-Hur. Este traje, con su majestuoso volante de plumas y su peinado inspirado en la tradición rusa, se convirtió en uno de los símbolos más emblemáticos del cine mudo. A pesar de su éxito, el artista no participó en la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París de 1925 porque estaba comprometido en Estados Unidos, a pesar de ser el protagonista ideal.

El cine permitió a Erté transmitir sus diseños a un público masivo, haciendo soñar a millones de personas que veían en las actrices los nuevos iconos de estilo. Hollywood mantuvo intacto el atractivo del Art Déco durante unos años más, incluso cuando el clima político en Europa empezaba a deteriorarse. La experiencia cinematográfica consolidó el mito de Erté como creador de sueños, capaz de transformar a una actriz en una deidad hierática mediante el hábil uso de perlas, diamantes y tejidos preciosos. Incluso después de su regreso a Francia, la influencia de su trabajo en Hollywood siguió resonando en los decorados de los grandes musicales de los años siguientes.

Erté - Romain de Tirtoff, Grupo avanzando delante de Salomé, proyecto para Bacchanale (1927; temple sobre papel, 38,5 x 28,5 cm; Colección Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE
Erté - Romain de Tirtoff, Grupo avanzando delante de Salomé, proyecto para Bacchanale (1927; temple sobre papel, 38,5 x 28,5 cm; Colección Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE

7. El alfabeto y los números: obras maestras de la gráfica

Uno de los proyectos más ambiciosos y famosos de Erté es sin duda la serie delAlfabeto, iniciada en 1927 y terminada sólo cuarenta años después. En esta colección de veintiséis láminas, se utiliza el cuerpo humano para componer las letras en un juego de poses que recuerda a un espectáculo de danza. Cada letra es una obra de arte en sí misma: por ejemplo, la “L” está representada por una figura de largas extremidades que recuerda a la marquesa Luisa Casati con su guepardo. La serie Numeri, publicada en 1968, sigue el mismo principio de estilización extrema, donde las siluetas pierden consistencia física para convertirse en puros arabescos gráficos. Estas obras demuestran la capacidad de Erté para ir más allá de la moda , hacia un purismo lírico que roza la abstracción.

Las planchas se tradujeron posteriormente en serigrafías de gran éxito, alimentando un vasto mercado de coleccionistas y amantes del arte. ElAlfabeto representa el “ensayo general” de una coreografía de cuerpos que definen un espacio y un nombre, como en el gouache dedicado al bailarín Theodore Kosloff. Estas series gráficas han hecho de Erté un icono definitivo del “Estilo 1925”, celebrado con exposiciones individuales en los museos más prestigiosos, como el Metropolitan de Nueva York. A través de estas obras, el artista creó un código visual universal, donde la belleza femenina se declina en infinitas variantes alfabéticas y numéricas.

Diseños de exposiciones Erté. El estilo lo es todo
Exposiciones Erté. El estilo lo es todo

8. La “Mujer de Erté”: una silueta entre el mito y la realidad

La figura femenina imaginada por Erté no es una mujer corriente, sino una silueta incorpórea, una “figura pura” que sostiene sueños hechos de telas preciosas y joyas geométricas. Según el crítico Roland Barthes, que escribió un ensayo fundamental sobre el artista en 1970, en Erté no es el cuerpo el que está vestido, sino el vestido que se prolonga en el cuerpo. La “Mujer de Erté” traslada sus sentimientos y su moral directamente al traje: el pudor reside en los velos, la sensualidad en las perlas y el sexo en las plumas. Estas figuras son indiferentes a lo que hay bajo la superficie; todo se inventa y se desarrolla poéticamente como signo gráfico.

Los labios rojos oscuros en forma de corazón y las miradas felinas contribuyen a crear una iconografía de la femme fatale que convive con la androginia de la mujer moderna. Esta criatura, libre pero a menudo teñida de una sutil melancolía, fuma, practica deportes y habita palacios amueblados con materiales preciosos como el ébano y el nácar. Para Erté, la elegancia era la única cualidad que contaba, un don innato que transformaba incluso a una mujer de origen humilde en un icono “chic”. A través de sus dibujos, la artista modelaba la forma misma de la mujer contemporánea, surgida de las batallas por la emancipación, pero aún ligada a un mundo de encanto y maravilla.

Erté - Romain de Tirtoff, Les Fleurs du Mal: Les Gousses de Vanille (1916; tinta y temple sobre cartón, 27 x 18,5 cm; Colección Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE
Erté - Romain de Tirtoff, Les Fleurs du Mal: Les Gousses de Vanille (1916; tinta y temple sobre cartón, 27 x 18,5 cm; Colección Franco Maria Ricci, Labirinto della Masone, Fontanellato) © Chalk & Vermilion LLC / SIAE

9. El vínculo con Italia y Franco Maria Ricci

Italia ha desempeñado un papel fundamental en el redescubrimiento y la apreciación de la obra de Erté, especialmente a partir de los años sesenta. En 1965 y 1966, el artista expuso sus obras en la Galleria Milano, despertando un gran interés entre los coleccionistas nacionales. Sin embargo, fue el encuentro con el editor Franco Maria Ricci el que marcó un punto de inflexión decisivo: en 1970, Ricci publicó la primera gran monografía dedicada a Erté en la prestigiosa serie I segni dell’uomo. Este volumen, con el famoso ensayo de Roland Barthes, contribuyó a transformar al artista en un mito cultural también para las nuevas generaciones. Ricci adquirió además un importante núcleo de obras, que hoy se conservan en la colección permanente del Labirinto della Masone de Fontanellato. El vínculo entre el editor y el artista se basaba en una pasión común por la estética refinada y la importancia de los signos en la sociedad industrial. La exposición 2026 en el Labirinto celebra esta asociación, exhibiendo no sólo los dibujos históricos sino también nuevas adquisiciones que enriquecen el patrimonio italiano dedicado a Erté. Italia supo captar antes que otros el alcance revolucionario de este artista, viendo en su “frenesí de modernidad” un contrapeso ideal a la tradición clásica. Gracias a Ricci, el nombre de Erté ha quedado indisolublemente unido a la historia del diseño y la ilustración de alta calidad en nuestro país.

Franco Maria Ricci con Erté. Foto: FMR
Franco Maria Ricci con Erté. Foto: FMR

10. El legado: un maestro indestructible del estilo

Erté siguió trabajando con inagotable energía hasta los últimos días de su larguísima vida. En los años 70 y 80, su estrella volvió a brillar gracias al renacimiento del Art Déco, lo que le llevó a crear el vestuario de la soubrette Zizi Jeanmaire y decorados para musicales de Broadway como Stardust en 1988. Al final de su vida, se dedicó también a la creación de esculturas y joyas en bronce, reinterpretando de forma tridimensional los motivos que le habían hecho famoso décadas antes. Murió en París el 21 de abril de 1990, a la edad de noventa y siete años, tras haber atravesado un siglo de cambios radicales sin renunciar nunca a su ideal de belleza.

Su legado está hoy más vivo que nunca, como demuestra la exposición del Labirinto della Masone que incluye creaciones de Caterina Crepax, inspiradas en sus dibujos. Crepax crea vestidos-escultura de papel que rinden homenaje a la ligereza y flexibilidad típicas del estilo Erté, demostrando cómo su gramática visual sigue siendo relevante hoy en día. La artista fue capaz de transformar la moda en una obra de arte total, donde cada detalle, desde el movimiento del cuerpo hasta la elección del material, contribuye a crear un mundo de encanto. Romain de Tirtoff, alias Erté, sigue siendo el abanderado inoxidable de un estilo que, como decía Franco Maria Ricci, “ha sabido sustituir la civilización del alma por la de las cosas y los signos”.

Diseños de exposiciones Erté. El estilo lo es todo
Exposición Erté. El estilo lo es todo


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