Del 18 de abril al 20 de junio de 2026, la galería Vistamare, en su sede de Milán, acogerá Parentescos tangibles, la segunda exposición individual de Rosa Barba (Agrigento, 1972) en los espacios milaneses de la galería. La muestra, que se inaugurará el viernes 17 de abril de 18.00 a 21.00 horas, propone un proyecto articulado que se desarrolla en torno a la investigación de la artista sobre el cine, entendido no sólo como lenguaje visual, sino como sistema físico y perceptivo que implica luz, proyección, performance y espacio. En el centro de la exposición se encuentra un nuevo núcleo de obras que tejen un complejo diálogo con Charge, una película realizada en 2025 y estrenada en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que ha permanecido inédita en Italia hasta la fecha. La obra constituye el punto de partida de una reflexión más amplia que se expande más allá de los límites tradicionales del cine, convirtiéndose en un entorno articulado en el que se entrecruzan imágenes, sonido y materia.
La película, rodada en 35 mm con sonido óptico, asume un papel central no sólo como obra autónoma, sino como dispositivo capaz de generar un espacio más, una dimensión que va más allá de la pantalla y se extiende al entorno expositivo. En este contexto, el cine se replantea como una experiencia espacial y sensorial, en la que la relación entre visión y percepción se abre a nuevas posibilidades interpretativas.
La carga toma forma a través de paisajes marcados por la presencia de instalaciones de investigación e infraestructuras industriales, lugares en los que se entrecruzan la energía, la experimentación científica y el entorno construido. La cámara se desplaza por estos espacios liminales, donde la actividad humana y los sistemas naturales se encuentran y solapan, generando una reflexión sobre el modo en que la luz actúa como fuerza transformadora, capaz de afectar tanto a los procesos tecnológicos como a los medioambientales.
La luz, elemento fundamental en la práctica de Barba, se investiga como medida de distancia y tiempo, pero también como fenómeno perceptivo que sólo existe en relación con la oscuridad. Como subraya el artista, la posibilidad misma de percibir la luz depende de su contraste con el entorno, una condición que comparten tanto la astronomía como el cine. Esta relación se convierte en un punto de entrada para explorar temas más amplios, que van de los paisajes a los cambios medioambientales, de la memoria a los archivos, pasando por el vínculo entre la imagen fílmica y la observación cósmica.
Dentro de la exposición, la película se configura así como una especie de matriz generativa, una estructura de la que se ramifican otros elementos, ampliando su significado. De hecho, la exposición presenta una serie de nuevas obras escultóricas, creadas con vidrio, materiales transparentes y porosos, películas y mecanismos cinéticos. Estas obras están dispuestas en el espacio de tal manera que establecen un diálogo entre sí y con el público, creando un entorno dinámico en el que la percepción se estimula constantemente.
Las obras interactúan con la luz de forma activa, reflejándola y refractándola dentro de la galería, contribuyendo a extender la película más allá de sus límites tradicionales. De este modo, la imagen proyectada no queda confinada a la pantalla, sino que se extiende por todo el espacio, involucrando al espectador en una experiencia que desafía los modos habituales de contemplación.
La instalación se presenta como un sistema inestable, en el que los fenómenos luminosos y los reflejos se ven influidos por lo que ocurre en el espacio circundante. El movimiento de los visitantes, las variaciones ambientales y las interacciones entre las distintas obras contribuyen a generar configuraciones siempre cambiantes, transformando la exposición en un organismo vivo, en constante evolución.
En este contexto, el cine se configura como una práctica que va más allá de la dimensión narrativa para convertirse en un campo de investigación, un dispositivo a través del cual explorar las relaciones entre tiempo y espacio. El planteamiento de Barba, caracterizado a menudo por una tensión investigadora, pretende crear situaciones en las que estos elementos puedan vibrar, colapsarse, superponerse y expandirse, sin recurrir a artificios, sino por la necesidad intrínseca del propio lenguaje.
La investigación del artista se desarrolla en una línea que cuestiona constantemente las categorías de verdad y ficción, mito y realidad, metáfora y materia. Esta actitud se traduce en una práctica que considera la ética de la responsabilidad, la hospitalidad y la empatía como elementos fundamentales. La idea de especulación conceptual, tal y como la entiende Barba, se configura como un espacio de reflexión en el que es posible formular hipótesis, llenar lagunas de conocimiento e imaginar posibles explicaciones a fenómenos que escapan a la comprensión inmediata.
En este escenario, el público está llamado a moverse dentro de un sistema que requiere atención y participación, en el que la percepción nunca se da de una vez por todas, sino que se construye a través de la interacción con las obras y el entorno. La exposición se convierte así en un lugar de cruce, en el que imágenes, sonidos y materiales se combinan para generar nuevas posibilidades de interpretación.
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| Rosa Barba en Milán, cine ampliado en Vistamare |
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