¿Cómo se puede reparar el medio ambiente? En Castello Gamba una exposición colectiva reflexiona sobre el tema


Hasta el 4 de febrero de 2024, la exposición "Reparaciones medioambientales. Reparaciones simbólicas en el arte contemporáneo": una exposición colectiva de nueve artistas invitados a cuestionar el tema del medio ambiente y las posibles formas de su reparación.

Tras elregreso de Mario Cresci al Valle de Aosta después de treinta años y la exposición monográfica dedicada a la artista aostanesa Sarah Ledda, el año de exposiciones en el Castillo de Gamba - Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Châtillon concluye con una muestra colectiva de artistas invitados a interrogarse sobre el tema del medio ambiente, hoy más de actualidad que nunca, incluido el del Valle de Aosta. Hasta el 4 de febrero de 2024, la exposición Rammendi ambientali. Reparaciones simbólicas en el arte contemporáneo, comisariada por Gabriella Anedi, historiadora del arte y galerista que desde hace años centra su trabajo en el arte de la fibra y las tradiciones textiles locales, y producida por ADART - Associazione Ambiente Design Arte.

Para esta exposición se invitó a nueve artistas a crear obras concebidas como formas de reconstrucción, de reparación. Como explica el comisario, la intención es reparar el entorno, el espacio herido en el que viven los seres vivos. Obras murales, instalaciones visuales y sonoras destinadas a “guiar al espectador a mirar con empatía los desequilibrios medioambientales que, aunque centrados en situaciones particulares identificadas en Valle d’Aosta, pueden leerse como modelos de alteraciones universales”. Así pues, se pidió a los artistas que aportaran, según su propia visión, más que una interpretación del fenómeno de las catástrofes medioambientales provocadas por el hombre, una vía para su posible reencuentro, una recomposición de la ruptura que se ha creado entre el hombre y el medio ambiente, y que se reconectaran con los contextos, creando una obra que no es la de un proyecto, sino una obra visionaria que se alimenta de la memoria y del deseo. “No se trata aquí de ’arte medioambiental’, sino de ’figuras’ de una reconstrucción posible que nacen de la familiaridad con un entorno vivido en el que cada autor ha visto derrumbarse la red de relaciones entre los seres vivos”, subraya el comisario. “Contar esta ruptura, prefigurar una reparación, comunicar con el lenguaje simbólico del arte la percepción personal y única de esta herida es la tarea de los artistas”.

Las obras expuestas son todas inéditas y site-specific, creadas en su mayoría por artistas locales, como Romilda Boccia, Mariagiovanna Casagrande, Daniele de Giorgis (ya presente en Castello Gamba en la colección permanente), Chicco Margaroli (que donó la obra Arazzo, 2016), Daniela Evangelisti y Piera Antonelli. Pero también participaron artistas de otras regiones, como Emilia Persenico, Brenno Franceschi y Pietrina Atzori. A la inauguración de la exposición siguió una actuación de Gloria Campriani que, acompañada por la música de Paolo Zampini, reconectó árboles y hombres entrelazándolos con hilos de colores: la obra creada se convirtió en parte integrante de la exposición y permanecerá visible en el parque que rodea Castello Gamba durante todo el periodo de la exposición.

Los artistas utilizaron materiales diversos y abordaron distintos aspectos del tema medioambiental, desde la discontinuidad urbana al rechazo de la degradación estética, pasando por las catástrofes de las inundaciones, los incendios y las emergencias hídricas, hasta la dimensión de la habitación humana y animal y la transformación del paisaje, partiendo siempre de la realidad. El punto de partida es una fotografía, un mapa para marcar, para mostrar el lugar violado en su equilibrio.

“¿Qué puede hacer el arte? ¿Qué pueden decir los artistas? Les pedimos que se dejen llevar por un camino que, más que estrictamente proyectual, sea visionario y se nutra de la memoria y el deseo. Estos mapas pueden luego ser modificados y redefinidos en la fase de diseño por todas esas energías, pensamientos, recuerdos que resurgen en la mirada, en el cuerpo, en el espacio”, comenta el comisario. “La exposición documenta, por tanto, el recorrido de cada autor, desde la elección del lugar hasta las etapas que marcan el acercamiento progresivo a la obra final, una obra que, en la autonomía de su poética, se posiciona como un ”puente“ entre nosotros, el artista y el mundo porque está cargada de las emociones de una experiencia, de un afecto que alimenta, de forma metafórica, el objetivo final: la composición de una nueva armonía. Se pide, pues, a los artistas que comuniquen una conciencia ética y una planificación simbólica, premisas fundadoras de toda intervención sobre un bien que quiere ser compartido”.

Todas las obras de la exposición están vinculadas por el elemento formal del hilo en forma de lazo, tejido, nudo, zurcido, sutura, cuento.

La obra de Piera Antonelli, escudriñada por zonas cromáticas y matéricas, se configura como un entorno “análogo” inventado al unir el deseo de una armonía, en cierto modo soñada, pero regida por el rigor formal. Es la recomposición que el artista imagina para una pequeña porción de terreno en la que ha visto, a lo largo de los años, una sucesión de intervenciones y fracturas localizadas que han comprometido el continuo medioambiental. En su obra, busca construir una nueva armonía entre elementos separados y heridos. En el tejido dañado, como en la naturaleza, es difícil volver a tejer, y aquí hay un modelo de construcción equilibrada donde los materiales y tintes naturales sostienen el sueño del sentimiento y la razón.

La artista sarda Pietrina Atzori ha yuxtapuesto el paisaje del Valle de Aosta con el de Cerdeña gracias a la práctica común de la ganadería ovina. Más allá del aspecto descriptivo, ha buscado el mínimo común denominador de estos lugares: envolviendo círculos de aluminio en lana, ha creado la imagen de la unidad mínima constitutiva de todo ser vivo, la célula. En esta presentación “serena”, sin embargo, hay signos de destrucción, como la madera quemada por los incendios que asolan zonas cada vez menos ocupadas por el cuidado cotidiano de los agricultores, y la lana vuelve a convertirse en metáfora de una posibilidad salvífica para todos.

Para Romilda Boccia, la fractura medioambiental adopta la forma de un arco, una puerta que, en el centro histórico de Aosta, conecta el espacio urbano abierto con el espacio claustral del antiguo palacio episcopal. El desgarro producido por la discontinuidad urbana y el olvido no aparece más que en la memoria de aquellos que saben reconstruir la totalidad de esta porción de muralla: se trata de una red que recompone fragmentos de antiguos bordados como signos de una permanencia en la memoria frente a la prisa distraída de las travesías que ya no dejan huellas.

Es sobre el tema del paisaje en transformación que se centra la reflexión de Mariagiovanna Casagrande, a partir de su práctica de restauración arquitectónica de objetos antiguos que caracterizan el paisaje del Valle de Aosta. Utilizando una metodología extraída de las modernas teorías de la restauración, la artista teje un mundo imaginario “nuevo” en el que entran materiales reversibles, compatibles y reconocibles, como los fragmentos originales de los estucos caídos de la iglesia de San José o viejas “perdidas” y piedras del Valle de Aosta que actúan como contrapesos de las nuevas urdimbres sobre las que se tiende su paisaje como un puente entre la memoria y los nuevos proyectos.

Piera Antonelli, Coser la naturaleza (2023; lana, seda, algodón, cáñamo, hilos de lana y tintes naturales, 100 x 90 cm)
Piera Antonelli, Coser la naturaleza (2023; lana, seda, algodón, cáñamo, hilos de lana y tintes naturales, 100 x 90 cm)
Pietrina Atzori, Communitas (2023; lana cruda de oveja Rosset del Valle de Aosta, lana hilada a mano de oveja negra Arbus, madera quemada, gasa médica, hilo de aluminio, sedal, esencias vegetales, marañas de helicriso, madera de Cimbria del Valle de Aosta).
Pietrina Atzori, Communitas (2023; lana cruda de oveja Rosset del Valle de Aosta, lana hilada a mano de oveja negra de Arbus, madera quemada, gasa médica, hilo de aluminio, hilo de pescar, esencias vegetales, helichrysum faggots, madera de Cimbro del Valle de Aosta)
Romilda Boccia, Con ternura (2023; tela de cáñamo, lana de mohair, varilla de hierro, alambre de hierro, base de hormigón)
Romilda Boccia, Con tenerezza (2023; tela de cáñamo, lana de mohair, varilla de hierro, alambre de hierro, base de cemento)
Mariagiovanna Casagrande, Desde las ruinas (2023; tela antigua de cáñamo, con urdimbres y tramas nuevas tejidas en un telar de mesa de la cooperativa de piedras y reliquias Lou Dzeut, 100 x 180 cm)
Mariagiovanna Casagrande, Dalle rovine (2023; tela de cáñamo antigua, con urdimbres y tramas nuevas tejidas en un telar de mesa de la cooperativa de piedras y hallazgos Lou Dzeut, 100 x 180 cm)

La intervención restauradora de Daniele De Giorgis se erige como un camino “à rebours” y, como un cirujano que se dedica a reabrir suturas para liberar algo que había quedado aprisionado, el artista parece querer reabrir esa herida que quizá se cosió demasiado deprisa para dejar hablar a la memoria dolorosa.

Al lamento apagado y perdido que sale del cuerpo del glaciar, Daniela Evangelisti responde extendiendo una manta. A partir de imágenes fotográficas de la parte terminal del Gran Etret, crea una instalación táctil y video sonora que materializa su actual estado de sufrimiento. Escuchando el gemido de la naturaleza y protegiendo su fragilidad, la artista se convierte en intérprete de ese gesto maternal que, dirigido a toda criatura en una relación de cuidado, se transforma en expresión de una conciencia ecológica compartida.

Brenno Franceschi parte de la dimensión habitacional humana, tan frágil como un viejo tejido cuyas tramas y desgarros ha puesto de relieve y que poco a poco ha ido asemejándose a los de la naturaleza en su dinámica. Es una corteza de alerce la que aparece como imagen de este devenir común. El principio de transformación y adaptación entre las diferentes especies de seres vivos está vinculado a estas casas casi transparentes, permeables al entorno, frágiles pero interdependientes, ya que cuelgan de poleas: un modelo de entorno interconectado.

En su instalación, Chicco Margaroli se dejó guiar por el tema del agua, partiendo de una emergencia hídrica analizada en la Conca di By, en Ollomont, precisamente al pie del gran campo de nieve cercano al glaciar Valsorey: el retroceso y la filtración del manantial, que aseguraba el suministro de agua a los pastos altos de la dehesa de montaña, provocaron tal escasez de agua en 2022 que los rebaños sufrieron un grave índice de abortos. Se puso en marcha una reparación de ingeniería mediante una madeja de tuberías transportada en helicóptero, que logró reconectar el manantial con los pastos altos a lo largo de una distancia de 1.000 metros. El tema de la reserva de agua que preserva la vida fue elaborado por el artista, pasando de lo tecnológico a lo simbólico: así es como las vejigas de ternero estabilizadas se disponen como una agregación reticular de moléculas de H2O, una ligera suspensión que invita a releer los delicados mecanismos de interacción entre el hombre, la naturaleza y el medio ambiente.

Contra la adicción a la degradación estética, Emilia Persenico ha intervenido con una especie de radiografía temporal, hecha de capas superpuestas. Una empatía estética que le ha permitido imaginar nuevas floraciones con estratificaciones transparentes, casi una excavación arqueológica: volver a partir de una flora y una fauna originales, pero ahora en peligro de extinción, se convierte en la condición para prefigurar una nueva vida para estos entornos.

Daniele De Giorgis, Sutura (2023; hilo de lana afieltrado, grapa de lana y lana de estambre; 100 x 70 cm). Audio de Luca Favaro
Daniele De Giorgis, Sutura (2023; hilo de lana afieltrado, borra de lana y lana de estambre; 100 x 70 cm). Audio de Luca Favaro
Daniela Evangelisti, La agonía del glaciar (2023; telas de cáñamo tejidas en telar, malla metálica, placas de plexiglás, alambre de acero, varillas de hierro). Vídeo-sonido Luca Favaro.
Daniela Evangelisti, La agonía del glaciar (2023; telas de cáñamo tejidas en telar, malla metálica, placas de plexiglás, alambre de acero, varillas de hierro). Vídeo-sonido Luca Favaro.
Brenno Franceschi, Frágiles equilibrios (2023; tela y cera)
Brenno Franceschi, Frágiles equilibrios (2023; tela y cera)
Chicco Margaroli, Ingenio (2023; ampollas disecadas, hilos de nailon, fotografías)
Chicco Margaroli, Ingenio (2023; ampollas disecadas, hilos de nailon, fotografías)

Para más información, visite www.castellogamba.vda.it

Horario: De martes a domingo de 10.00 a 17.00 h. Lunes cerrado.

¿Cómo se puede reparar el medio ambiente? En Castello Gamba una exposición colectiva reflexiona sobre el tema
¿Cómo se puede reparar el medio ambiente? En Castello Gamba una exposición colectiva reflexiona sobre el tema


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