Robos en museos: Europol da la voz de alarma: más violencia y nuevas redes delictivas


Un nuevo informe de Europol ofrece una visión general de la evolución de los robos de bienes culturales en la Unión Europea: aumenta el uso de la fuerza, los ataques selectivos y el interés por el oro, las joyas y los objetos de gran valor, y los delincuentes también son reclutados a través de las redes sociales.

Los robos en los museos europeos están cambiando de cariz: considerados durante mucho tiempo una forma de delito contra el patrimonio caracterizada sobre todo por la discreción, la planificación y la ausencia de violencia física, hoy en día parecen recurrir cada vez más a la fuerza, a los ataques selectivos y a modalidades operativas que también pueden atribuirse a grupos delictivos procedentes de otros sectores. Esta transformación queda reflejada en un nuevo informe de Europol, dedicado a la evolución de las técnicas utilizadas en los robos a museos y a los cambios en la elección de los objetos que se sustraen. El documento, titulado «Changing tactics, changing targets: the evolving nature of museum heists» (Tácticas cambiantes, objetivos cambiantes: la naturaleza cambiante de los robos en museos), pone de relieve un fenómeno que presenta varios elementos novedosos. Por un lado, los autores de los robos recurren con mayor frecuencia a instrumentos y métodos violentos para penetrar en los edificios, forzar puertas y vitrinas e intimidar al personal y a los visitantes. Por otro lado, la selección de los objetivos parece cada vez más precisa: los metales preciosos, las piedras preciosas, las joyas y determinadas categorías de objetos de importancia cultural se eligen en función de su valor económico y de la posibilidad de introducirlos con relativa facilidad en los circuitos de la receptación y del mercado ilícito.

Según Europol, este cambio podría ser también una señal de la entrada en este sector de nuevos perfiles delictivos. Por lo tanto, no se trataría únicamente de los traficantes de bienes culturales que tradicionalmente se dedican al robo y la venta clandestina de obras y hallazgos, sino también de personas con experiencia previa en otros mercados delictivos, interesadas en la perspectiva de obtener elevados beneficios a través de operaciones que se perciben como relativamente poco arriesgadas. Además, en algunos casos, los participantes en los robos parecen ser reclutados de forma puntual a través de las redes sociales y los canales de comunicación instantánea, sin que existan vínculos previos entre ellos.

Este panorama se desprende de casos recientes señalados por las autoridades nacionales y de las investigaciones aún en curso. Europol destaca en particular tres episodios: el robo de hallazgos dacios ocurrido en el Drents Museum de Assen, en los Países Bajos, en 2025; el famoso robo en el Louvre de París de ese mismo año; y el atraco al Musée Cognacq-Jay de París de 2024. Las respectivas investigaciones nacionales han contado con el apoyo de los expertos en delitos contra el patrimonio del Centro Europeo contra la Delincuencia Grave y Organizada de Europol, el European Serious and Organised Crime Centre, conocido como ESOCC. Mediante el apoyo operativo, analítico y de coordinación, los especialistas del centro contribuyen a las actividades de investigación llevadas a cabo por los Estados miembros de la Unión Europea y desempeñan un papel en la lucha contra el comercio ilegal de bienes culturales.

La ventana de la Galerie d’Apollon, por donde entraron los autores del robo en el Louvre en octubre de 2025
La ventana de la Galerie d’Apollon, por donde entraron los autores del robo en el Louvre en octubre de 2025

De la discreción a la fuerza

El cambio más evidente se refiere a la forma en que los ladrones acceden a los museos y llegan hasta los objetos que pretenden sustraer. El informe recuerda que los robos en museos se han considerado generalmente una forma no violenta de delincuencia organizada contra el patrimonio. Los autores se basaban sobre todo en el engaño y en la capacidad de moverse sin ser descubiertos, mediante actividades de reconocimiento, una preparación minuciosa y operaciones llevadas a cabo con discreción. Un ejemplo de este modelo lo constituye el gran robo de libros de gran valor que tuvo lugar en 2024 en varias bibliotecas de la Unión Europea. En ese caso, los autores habían actuado con especial discreción, sustituyendo los originales por copias falsificadas para evitar que el robo se detectara de inmediato. Sin embargo, el nuevo informe de Europol señala que la información recopilada por las autoridades de los Estados miembros y las investigaciones en curso indican una evolución tanto de las técnicas como de los objetivos.

De hecho, los autores de los robos están adoptando enfoques más directos y agresivos. En los casos más recientes se han utilizado mazas, hachas, palancas y otras herramientas para forzar las entradas y destruir las vitrinas de exposición. En algunos casos incluso han aparecido explosivos y armas de fuego. La violencia no sería, por tanto, un elemento ocasional, sino un componente cada vez más significativo de algunas operaciones específicas.

El caso del Drents Museum de Assen: en la noche del 24 al 25 de enero de 2025, varios hallazgos arqueológicos dacios fueron sustraídos del museo, entre ellos el famoso yelmo de oro de Coțofenești y tres brazaletes de oro dacios. Los responsables lograron entrar en el edificio detonando explosivos en la puerta de entrada. El yelmo y dos de los tres brazaletes fueron recuperados posteriormente y, en abril de 2026, devueltos a Rumanía. No obstante, el caso sigue siendo emblemático por la forma en que se llevó a cabo el asalto y por el valor de los objetos seleccionados por los responsables.

La presencia de la violencia también se pone de manifiesto en los casos en los que los delincuentes no se limitan a forzar instalaciones y vitrinas, sino que recurren a la amenaza directa contra las personas. En algunos robos, subraya Europol, se utilizaron armas de fuego para intimidar al personal de seguridad y a los visitantes. Otros incidentes han supuesto agresiones físicas a los empleados de los museos, incluido el uso de la fuerza bruta y, en algunos casos, su inmovilización.

El Louvre, Galería de Apolo, sin vitrinas tras el robo. Foto: Nicolas Bousser
El Louvre, la Galería de Apolo, vaciada de vitrinas tras el robo. Foto: Nicolas Bousser

El asalto al Musée Cognacq-Jay y el golpe al Louvre

Entre los casos citados en el informe figura el asalto al Musée Cognacq-Jay de París, ocurrido en 2024. Cuatro personas con el rostro cubierto, armadas con bates de béisbol y hachas, irrumpieron en el museo y sustrajeron siete objetos decorados con oro y diamantes. Tras el robo, los responsables huyeron a bordo de motos. Aún más relevante, por su magnitud y valor, es el robo ocurrido en el Louvre en octubre de 2025. También en este caso, la operación se caracterizó por su violencia. Para alcanzar los objetos que tenían como objetivo, los ladrones rompieron una ventana y, según la reconstrucción de Europol, amenazaron a los guardias y a los visitantes. En el interior de la Galerie d’Apollon se destrozaron las vitrinas que protegían las piezas y se sustrajeron joyas por un valor estimado de 88 millones de euros.

Los episodios analizados por Europol presentan un elemento común: el uso de la fuerza parece estar estrechamente vinculado a la elección previa de determinados objetos. No se trata, por tanto, de saqueos indiscriminados en los que los responsables se llevan lo que encuentran a su paso. Por el contrario, la repetición de objetivos específicos sugiere actividades previas de identificación, reconocimiento y planificación. La violencia se convierte así en parte de operaciones diseñadas en torno a la sustracción de bienes ya identificados como especialmente rentables.

Diadema del conjunto de joyas de la reina María Amalia y de la reina Hortensia, robada del Louvre en octubre de 2025
Diadema del juego de joyas de la reina María Amelia y de la reina Ortensia, robada del Louvre en octubre de 2025

El oro, las piedras preciosas y las piezas chinas en el punto de mira

No solo cambian las modalidades de los robos. También los objetos elegidos muestran una tendencia clara. En los últimos dos años, según la información recopilada por Europol, los metales preciosos y las piedras preciosas han sido con frecuencia objeto de ataques. En la mayoría de los casos se ha registrado además algún tipo de violencia.

Entre los bienes sustraídos figuran objetos de oro de diversa índole, desde pepitas hasta monedas, pasando por elementos decorativos y joyas adornadas con piedras preciosas. Además de estos materiales, el informe señala un segundo ámbito de creciente interés: las piezas de la cultura china antigua. En concreto, se han convertido en objetivo platos de porcelana china que datan de los siglos XII y XIII, jarrones atribuibles a la dinastía Ming y jarrones chinos de bronce con esmaltes de colores pertenecientes a las dinastías Ming y Qing. También en este caso, Europol destaca el carácter selectivo de las operaciones: los casos señalados hasta ahora no parecen corresponder a formas de saqueo indiscriminado, sino a robos deliberadamente preparados, precedidos de actividades de reconocimiento y planificación. La selección de los objetos constituye, por tanto, un elemento central de la actividad delictiva.

En el fondo de esta selección se encontraría, sobre todo, una motivación económica. De hecho, la información disponible indica que el valor económico representa el principal factor que orienta la elección de los objetivos. El oro y la plata, así como las joyas con piedras preciosas, habrían adquirido un atractivo especial también en relación con su creciente cotización. La ventaja para los delincuentes no reside únicamente en el valor intrínseco de los materiales: de hecho, los metales preciosos pueden fundirse, lo que dificulta a los investigadores rastrear el origen de los objetos y permite eliminar las características que permiten su identificación. El oro puede, por tanto, transformarse y, posteriormente, introducirse en los circuitos ilícitos de receptación con un rastro material mucho más difícil de seguir. Las piedras preciosas presentan características similares en cuanto a la facilidad para volver a colocarlas en el mercado. En el caso de las joyas, las piedras pueden extraerse y venderse por separado, lo que complica la identificación del bien sustraído originalmente. Según el análisis de Europol, los metales preciosos y las piedras resultan especialmente atractivos para las redes delictivas también por su visibilidad, su accesibilidad y la percepción de que los museos podrían disponer de sistemas de seguridad menos sólidos que los adoptados por las joyerías.

La seguridad en los museos, de hecho, presenta una dificultad estructural. Una evaluación publicada en 2022 por la Red Europea de Prevención del Delito había subrayado que la protección de los museos constituye necesariamente un equilibrio entre las ventajas y los inconvenientes de las distintas medidas de seguridad. Un museo, señalaba el estudio, no puede adoptar al mismo tiempo todos los dispositivos de protección posibles, tanto por razones presupuestarias como porque se trata de un espacio público o semipúblico que, por su propia naturaleza, debe permitir el acceso a las colecciones y al patrimonio cultural.

El yelmo de oro de Coțofenești, robado del Drents Museum en 2025 y posteriormente recuperado. Foto: Wikimedia Commons | Ángel M. Felicísimo - Licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic
El yelmo de oro de Coțofenești, sustraído del Drents Museum en 2025 y posteriormente recuperado. Foto: Wikimedia Commons | Ángel M. Felicísimo - Licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic

Nuevos delincuentes para un nuevo modelo de robo

El cambio en las técnicas y los objetivos podría reflejar, según Europol, una transformación aún más profunda: la de los perfiles de los autores de los delitos. Los traficantes tradicionalmente implicados en delitos contra el patrimonio cultural tienden a evitar la violencia. Por lo general, se trata de especialistas en el robo organizado y el tráfico de bienes culturales, integrados en redes estructuradas y construidas en torno a un núcleo organizado, a menudo dirigido por una figura central. Su fuerza reside en la planificación, la discreción y el conocimiento específico del sector.

El perfil emergente descrito por Europol es, en cambio, diferente. Los autores de los ataques más agresivos podrían tener antecedentes delictivos adquiridos en otros ámbitos y no poseer necesariamente una especialización en el tráfico de bienes culturales. Además, en algunos casos, los responsables identificados en las investigaciones más recientes parecen haberse coordinado únicamente para la ejecución de un único golpe.

Un elemento especialmente significativo es el posible uso de las redes sociales y los sistemas de mensajería instantánea para el reclutamiento. Algunas personas podrían participar a nivel local sin tener relaciones previas con los demás miembros del grupo. Se trata de un modelo muy diferente al de las redes tradicionales, organizadas en torno a un núcleo estable y una estructura jerárquica.

Europol señala la posibilidad de que algunos ejecutores de bajo nivel sean reclutados de forma aleatoria según un modelo de «crimen como servicio» (crime-as-a-service), es decir, como mano de obra criminal contratada para llevar a cabo una actividad específica. No obstante, el informe precisa que aún existe un vacío de información y que no es posible determinar con certeza hasta qué punto está extendido este esquema.

Otra posibilidad es que algunos delincuentes y redes que ya operan en otros mercados ilícitos hayan identificado en los robos en museos una nueva oportunidad. La combinación de un beneficio potencial elevado y un riesgo percibido como relativamente bajo podría haber atraído a personas que anteriormente no operaban en el sector de los bienes culturales.

Así se perfilan dos modelos opuestos. Por un lado, sigue existiendo el traficante tradicional, integrado en una red delictiva estructurada, generalmente no violento y dotado de una competencia específica en delitos contra el patrimonio y en el tráfico de bienes culturales. Por otro lado , surge lo que Europol define como un «agresor emergente»: un individuo o un grupo ad hoc, posiblemente reclutado a través de las redes sociales, dispuesto a recurrir a altos niveles de violencia e interesado en los robos en museos también como una oportunidad ocasional procedente de otro mercado delictivo.

Una sala del Musée Cognacq-Jay, París. Foto: Musée Cognacq-Jay
Una sala del Musée Cognacq-Jay, París. Foto: Musée Cognacq-Jay

El papel de Europol en las investigaciones

Ante este panorama, el papel de Europol cobra especial relevancia, ya que el alcance del tráfico de bienes culturales suele traspasar las fronteras de un solo país. El Centro Europeo contra la Delincuencia Grave y Organizada (ESOCC) constituye uno de los principales instrumentos a través de los cuales la agencia apoya a los Estados miembros y a sus socios en las actividades contra el comercio ilegal de bienes culturales.

El apoyo no se limita únicamente a la recopilación de información. Europol pone a disposición de los investigadores competencias operativas y analíticas y lleva a cabo actividades de coordinación, llegando incluso a desplegar expertos sobre el terreno para respaldar las investigaciones nacionales. A nivel estratégico, la agencia también puede observar la evolución del fenómeno a escala europea, relacionando casos e información procedentes de distintos países e identificando nuevas tendencias y amenazas.

Un ejemplo concreto de la actividad de Europol es una operación coordinada llevada a cabo en noviembre de 2025, en la que participaron las fuerzas del orden de varios Estados miembros de la Unión Europea y socios de cooperación. La operación condujo al desmantelamiento de una red delictiva implicada en el tráfico a gran escala de bienes culturales dentro de la Unión y más allá de sus fronteras. La red se dedicaba principalmente al tráfico de monedas antiguas de oro y plata y de otros objetos antiguos. La intervención se llevó a cabo en el marco de un grupo de trabajo operativo de Europol, un instrumento que facilitó el intercambio de información, la coordinación entre las autoridades y el apoyo analítico a las investigaciones. La labor del grupo de trabajo ha permitido identificar vínculos entre personas que se encontraban en distintos países y localizar otros hallazgos que se consideran potencialmente relacionados con el tráfico gestionado por la red delictiva. Además, de las actividades coordinadas han surgido nuevas investigaciones en algunos de los países implicados.

Bienes recuperados por Europol tras una operación en Bulgaria, 2025. Foto: Europol
Bienes recuperados por Europol tras una operación en Bulgaria, 2025. Foto: Europol

Un fenómeno aún por comprender

El informe de Europol no solo ofrece, por tanto, una panorámica de los robos más espectaculares de los últimos años, sino que trata de identificar las transformaciones que podrían caracterizar los delitos contra el patrimonio cultural en un futuro próximo. El paso de modalidades predominantemente furtivas a operaciones más agresivas también modifica la naturaleza de la amenaza para los museos y los profesionales del sector. Puertas, ventanas y vitrinas pueden convertirse en objetivos que hay que derribar por la fuerza, mientras que el personal y los visitantes pueden verse directamente implicados en las fases del golpe.

Al mismo tiempo, la elección de objetos específicos indica que el componente violento no excluye la planificación. Por el contrario, los casos analizados por Europol sugieren que los robos más agresivos pueden estar cuidadosamente preparados y centrados en bienes previamente identificados. La violencia, desde esta perspectiva, no representa necesariamente lo contrario de la sofisticación delictiva, sino que puede convertirse en una de las herramientas mediante las cuales los grupos organizados alcanzan objetivos seleccionados.

Aún queda por aclarar cuál es el peso real de las nuevas formas de reclutamiento y hasta qué punto está extendida la participación de delincuentes procedentes de otros mercados. La propia Europol reconoce la existencia de una laguna en la información disponible. Sin embargo, los casos recientes constituyen indicios suficientes para considerar este cambio como una tendencia que hay que vigilar.

El panorama que se perfila es el de un mercado delictivo capaz de adaptarse rápidamente a las oportunidades económicas. Para Europol, por lo tanto, el reto no consiste únicamente en recuperar los objetos sustraídos tras un robo. Cada vez es más importante comprender de antemano cómo cambian las redes, las modalidades de reclutamiento, los mercados de destino y la elección de los objetivos. La cooperación internacional adquiere en este contexto un peso decisivo, ya que una pieza sustraída de un museo de un país puede trasladarse rápidamente a otro Estado y, posteriormente, introducirse en un mercado clandestino mucho más amplio.

Robos en museos: Europol da la voz de alarma: más violencia y nuevas redes delictivas
Robos en museos: Europol da la voz de alarma: más violencia y nuevas redes delictivas



Advertencia: la traducción al español del artículo original en italiano se ha realizado mediante herramientas automáticas. Nos comprometemos a revisar todos los artículos, pero no garantizamos la ausencia total de imprecisiones en la traducción debidas al programa. Puede encontrar el original haciendo clic en el botón ITA. Si encuentra algún error, por favor contáctenos.