Los talleres de los maestros del belén de la calle San Gregorio Armeno, en Nápoles, permanecieron cerrados ayer por la mañana (14 de septiembre) hasta las 14:00 horas. La protesta, según informala agencia Ansa, ha afectado al tradicional centro neurálgico de la producción artesanal de pastores y otras figuritas relacionadas con la tradición napolitana del belén. De hecho, en las persianas de las tiendas se colocó un cartel para manifestar su desacuerdo ante el riesgo de que se abran negocios dedicados a la venta de recuerdos de bajo coste que no tienen nada que ver con la producción artesanal de la calle.
La movilización se produce mientrasel Ayuntamiento de Nápoles interviene en el asunto, tras las noticias relativas a la posible apertura en la calle San Gregorio Armeno de locales comerciales ajenos a la tradición de los pastores. En una nota publicada el 14 de septiembre de 2026, el Ayuntamiento ha declarado que quiere tranquilizar a los ciudadanos, artesanos y comerciantes respecto a la existencia de instrumentos de protección de la identidad comercial e histórica de la calle.
En el centro de la postura de la Administración se encuentra el nuevo Plan de Comercio, que, según ha precisado el Ayuntamiento, introduce una protección reforzada y vinculante para la zona. En concreto, el artículo 13, apartado 3, establece que en la calle de San Gregorio Armeno solo se permite «la producción y venta de productos relacionados con el arte del belén y los pastores». El Ayuntamiento subraya, por tanto, que no se prevén excepciones para esta calle: cualquier nueva actividad comercial que no esté relacionada con la producción y la venta de belenes y pastores tradicionales queda formalmente prohibida por las disposiciones a las que hace referencia la Administración.
«La calle de San Gregorio Armeno constituye un patrimonio único en el mundo, símbolo identitario y cultural de nuestra ciudad», explica la concejala de Turismo y Actividades Productivas, Teresa Armato. «Precisamente para defender su esencia frente a fenómenos de homogeneización y especulación comercial, el Ayuntamiento de Nápoles aprobó, en primer lugar, en julio de 2023, una resolución que prohibía la apertura de establecimientos de restauración en el centro histórico de Nápoles y, en San Gregorio Armeno, cualquier nueva apertura que no estuviera vinculada a la artesanía típica y a la elaboración de figuras de pastores; y, posteriormente, una nueva resolución del Pleno Municipal del 29 de junio de 2026 con el nuevo Plan para la programación de las aperturas de establecimientos de restauración, de producción alimentaria y de barrio con consumo inmediato in situ en el centro histórico de Nápoles, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y en las zonas de la denominada «zona de amortiguación». El Ayuntamiento de Nápoles sigue con la máxima atención la evolución de este asunto y se mantiene al lado de las tiendas históricas, confirmando su compromiso diario de proteger el valor cultural, la historia y la tradición del belén que hacen de San Gregorio Armeno el corazón palpitante y auténtico de la ciudad».
El temor expresado por los artesanos se refiere a un fenómeno que afecta a numerosos centros históricos muy expuestos al turismo: la sustitución progresiva de las actividades vinculadas a las características culturales y productivas de un lugar por establecimientos dedicados principalmente a la venta de recuerdos estandarizados. Se trata de un panorama comercial que también se puede observar en algunas de las zonas más concurridas de ciudades como Venecia y Florencia, donde, en las áreas de mayor afluencia turística, abundan los quioscos, los puestos ambulantes y las tiendas con objetos de recuerdo de producción industrial, a menudo ajenos a las tradiciones artesanales locales.
En Venecia, por ejemplo, el recorrido turístico alrededor del Puente de Rialto está repleto de establecimientos dedicados a los recuerdos, mientras que en Florencia existe una oferta similar en las zonas cercanas a la plaza del Duomo (Santa Maria del Fiore) y en otros puntos del centro histórico. El fenómeno, naturalmente, no se limita a las ciudades mencionadas, ni a todos los establecimientos comerciales presentes en sus zonas monumentales, pero pone de manifiesto una cuestión que lleva tiempo acompañando a la gestión de los centros históricos más visitados. ¿Cuál es el equilibrio adecuado que hay que mantener entre la demanda turística, el comercio y la conservación de las actividades que caracterizan la identidad de un lugar?
En el caso de San Gregorio Armeno, la cuestión adquiere una especificidad adicional, ya que la calle se identifica históricamente precisamente con una producción artesanal concreta. La presencia de tiendas especializadas en la elaboración de pastores y elementos del belén constituye, de hecho, la característica comercial y productiva a la que el Plan de Comercio pretende vincular las nuevas actividades autorizadas. La cuestión se refiere también a los procedimientos mediante los cuales se evalúan las solicitudes de apertura de nuevos establecimientos. De hecho, el Ayuntamiento precisa que el proceso de control de las Notificaciones Certificadas de Inicio de Actividad, las denominadas SCIA, prevé una instrucción por parte de las oficinas competentes. El procedimiento, según lo comunicado por la Administración, incluye la verificación de la conformidad del solicitante mediante el extracto del Registro Mercantil.
La actividad comercial, explica además el Ayuntamiento, solo podrá autorizarse y ponerse en marcha si el solicitante tiene un objeto social que se considere perfectamente conforme a las disposiciones contenidas en la normativa municipal. El control institucional se refiere, por tanto, a la legitimidad del objeto social declarado ante la Cámara de Comercio y al cumplimiento de la normativa vigente. Por último, en la misma comunicación, la Administración precisa además que la nacionalidad del solicitante no constituye un elemento relevante a efectos de la verificación.
Mientras que los artesanos de San Gregorio Armeno piden que la calle conserve su carácter específico, el Ayuntamiento de Nápoles se remite a la normativa ya vigente: de hecho, lo que determinará qué actividades podrán instalarse será únicamente la verificación de su conformidad con las disposiciones municipales.
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