En Estados Unidos, nuevo ataque de la Administración de Donald Trump contra la Institución Smithsonian, el complejo museístico más grande del país. De hecho, el pasado 4 de julio se publicó en la página web de la Casa Blanca un extenso informe de 162 páginas, titulado Saving America’s Story, elaborado por el Consejo de Política Interna de la Casa Blanca y publicado simbólicamente en la fecha del 250.º aniversario de la independencia. El documento afirma que la institución, y en particular el Museo Nacional de Historia de Estados Unidos (NMAH), ha sido víctima de una deriva ideológica que habría convertido la enseñanza de la historia en un instrumento de división política. Según el informe de la Administración Trump, el museo presentaría deliberadamente a Estados Unidos como una nación irremediablemente comprometida desde sus orígenes, fundada por figuras profundamente imperfectas y gestionada aún hoy mediante mecanismos de opresión sistémica. La crítica principal formulada por la Casa Blanca se refiere al supuesto paso del rigor de la investigación académica a un activismo político extremo, que definiría la experiencia estadounidense principalmente a través del prisma de la supremacía blanca, la esclavitud y la injusticia social.
La investigación llevada a cabo por la Administración subraya que este cambio de rumbo ha sido impulsado por la actual dirección del museo, citando explícitamente a la directora Anthea M. Hartig. El informe destaca declaraciones públicas en las que la dirección define la historia no como una disciplina objetiva, sino como una herramienta fundamental para la justicia social. Un pasaje crucial del informe se refiere al cambio en la declaración de misión del NMAH, donde las referencias a la riqueza infinita de la historia estadounidense han sido sustituidas por un lenguaje centrado en el empoderamiento de los visitantes para crear un futuro más justo. Esta decisión se habría tomado, según las palabras recogidas en el informe, para alejarse de una mentalidad definida como «America First» en la narración histórica. Dicha visión incluiría el deseo de reorientar la atención de los estudiosos lejos de un enfoque considerado anglocéntrico sobre la fundación de Estados Unidos.
Las acusaciones entran en detalle sobre exposiciones concretas actualmente abiertas al público que, según la Casa Blanca, demostrarían una intención de adoctrinamiento. Se cita la exposición «Many Voices, One Nation», que recorre la historia nacional exclusivamente a través del prisma de la migración y la inmigración, defendiendo que no existe una única cultura o narrativa estadounidense. Dentro de este recorrido, el informe critica duramente el hecho de que la única mención a Benjamin Franklin se refiera a sus supuestas opiniones ambivalentes hacia los inmigrantes, omitiendo su papel central en la creación de la república. Del mismo modo, figuras monumentales como George Washington y Abraham Lincoln se presentarían sin aportar información sustancial sobre sus logros o sobre por qué se les considera héroes nacionales, sino que se les menciona únicamente en contextos didácticos que resaltan sus aspectos oscuros o el hecho de que poseyeran esclavos. El informe denuncia además la desaparición de ceremonias patrióticas tradicionales, como el pliegue de la bandera, y la falta de programas especiales para el Día de la Independencia en 2025 y 2026, a pesar de que el museo esté abierto con normalidad en esas fechas.
Otro tema candente planteado por el informe se refiere a la exposición «Girlhood (It’s Complicated)», acusada de promover una ideología de género dirigida a los menores. El documento señala la presencia de materiales que describen el género como fluido y no heredado biológicamente, e incluyen relatos sobre niñas que desean cambiar su cuerpo. La Casa Blanca cuestiona la inclusión de contenidos calificados de «sexualmente sugerentes» en zonas frecuentadas por familias, como vídeos de drag queens y referencias a prácticas sexuales que, según la Administración, no son adecuadas para un público infantil. Estas decisiones curatoriales formarían parte de un plan interpretativo que «impone al personal», según se lee en el informe, «relacionar cada tema tratado en el museo con una serie de “cuestiones fundamentales de nuestro tiempo”, entre las que se incluyen la identidad racial, la sexualidad, el cambio climático, la migración, el cambio tecnológico, la desigualdad económica y el globalismo». Según los autores del informe, esta agenda encorsetaría la historia dentro de los límites de un único punto de vista ideológico que considera que las instituciones estadounidenses son opresivas por naturaleza.
El informe también examina en profundidad el papel del Center for Restorative History (CRH), una iniciativa interna del Smithsonian acusada de apoyar activamente el activismo de los inmigrantes indocumentados. El informe revela colaboraciones con organizadores políticos que habrían trabajado para influir en las elecciones locales y se habrían opuesto a la aplicación de las leyes federales de inmigración. Se describen espacios digitales y vídeos dirigidos a alumnos de secundaria y bachillerato que presentan como heroicas las acciones de quienes reclaman la abolición de las agencias de control fronterizo, como el ICE. Además, se acusa al Smithsonian de formar a miles de profesores estadounidenses a través de programas que promueven la idea de que el país se asienta sobre tierras robadas a los pueblos indígenas y de que las estructuras occidentales privilegian intrínsecamente la blancura en detrimento de otras culturas. El informe menciona también el uso de materiales procedentes del Southern Poverty Law Center, una organización que la Administración considera sesgada y no apta para orientar los planes de estudios nacionales.
La cuestión no es puramente cultural, sino que adquiere importantes dimensiones económicas y jurídicas. El Smithsonian recibe cada año más de mil millones de dólares de financiación de los contribuyentes estadounidenses y está supervisado por un Consejo de Regentes del que forman parte el presidente del Tribunal Supremo y el vicepresidente de los Estados Unidos. El informe subraya que el público tiene derecho a esperar que dichos fondos se utilicen para una gestión fiel e imparcial del patrimonio histórico nacional, en lugar de para campañas ideológicas. Esta postura guarda relación directa con la Orden Ejecutiva 14253, firmada por el presidente en marzo de 2025, titulada «Restoring Truth and Sanity to American History»(Restablecer la verdad y la cordura en la historia estadounidense), que ya entonces tenía como objetivo eliminar los relatos que pudieran fomentar un sentimiento de vergüenza nacional. La Casa Blanca ha amenazado en repetidas ocasiones con recortes presupuestarios si el Smithsonian no concedía pleno acceso a los documentos internos para una revisión de los contenidos, una petición que ha generado fuertes tensiones con el secretario Lonnie Bunch III.
El propio Bunch intentó defender la autonomía de la red de museos, al tiempo que abría los materiales a la transparencia para evitar represalias financieras. En un comunicado oficial, un portavoz del Smithsonian recordó que, durante más de 180 años, la institución ha servido al público estadounidense con investigaciones imparciales e independientes, y confirmó su compromiso de seguir por este camino. Sin embargo, el informe *Saving America’s Story* concluye que, bajo la dirección actual, el Smithsonian ya no es digno de la confianza necesaria para narrar con honestidad la historia de la nación de una manera «inspiradora y unificadora». Por lo tanto, el documento insta al presidente, al presidente del Tribunal Supremo y al Congreso a emprender las reformas necesarias para «restablecer la integridad del museo», sosteniendo que es deber del Estado proteger los «valores estadounidenses compartidos para que no se vean degradados o fragmentados en función de la raza o la ideología».
El conflicto refleja una profunda división sobre cómo deben los Estados Unidos abordar su pasado mientras se encaminan hacia un aniversario histórico fundamental. Por un lado, la Administración aboga por una historia definida como patriótica, que celebre los avances tecnológicos, científicos y morales de la nación como motores de la libertad global. Por otro lado, los conservadores de los museos defienden la necesidad de explorar las complejidades y las injusticias históricas para incluir las voces de comunidades que han sido marginadas durante mucho tiempo en la narrativa oficial. El informe cita ejemplos en los que la objetividad y el individualismo se describen en los documentos del Smithsonian como rasgos opresivos vinculados a la cultura de la supremacía blanca, una visión que la Casa Blanca califica de radical y arraigada en el marxismo teórico aplicado a la historia.
En este clima, el destino de los responsables de los museos parece incierto, con casos ya registrados de dimisiones forzadas, como la de la directora de la Galería Nacional de Retratos, Kim Sajet, tras los ataques directos de Trump a través de las redes sociales. La batalla por la historia de Estados Unidos se libra ahora entre los pasillos del poder de Washington y las vitrinas del museo, con el Smithsonian como campo de batalla por la identidad futura del país. Mientras que el informe concluye que la institución ha caído presa de una ideología fundamentalmente opuesta a la noble narrativa de la nación, el Smithsonian reitera su papel de guardián imparcial del conocimiento, dejando en manos del público y de los legisladores la tarea de decidir qué versión de la historia debe preservarse para las generaciones venideras.
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| Trump vuelve a arremeter contra el Smithsonian: se ha publicado un informe de 162 páginas contra la institución |
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