10 cosas que hay que saber sobre Horst P. Horst, maestro de la fotografía de moda y más allá


De las lecciones con Le Corbusier a las legendarias portadas de Vogue, recorremos la vida y obra de un maestro, Horst P. Horst, que transformó la moda en una ecuación geométricamente perfecta, celebrada hoy en una gran retrospectiva veneciana en Le Stanze della Fotografia.

El universo visual de Horst P. Horst (Weissenfels, 1906 - Palm Beach, 1999) nunca fue una simple cuestión de ropa o tendencias pasajeras. Al contrario, para el fotógrafo alemán nacionalizado estadounidense, cada instantánea representaba una oportunidad de construir mundos. Su carrera de más de sesenta años redefinió el concepto de elegancia, elevando la fotografía de moda a una forma de arte culto y arquitectónico. Su legado es ampliamente investigado por la exposición La geometría de la gracia, comisariada por Anne Morin y Denis Curti (en Venecia, Le Stanze della Fotografia, del 21 de febrero al 5 de julio de 2026), que reúne cientos de obras para restituir la complejidad de un autor capaz de dialogar con los gigantes del siglo XX. Horst no se limitó a retratar la belleza: la calculó, la construyó y la hizo eterna mediante un hábil uso de las sombras y las proporciones.

Nacido en 1906 como Horst Paul Albert Bohrmann, trasladó a la fotografía el rigor de sus raíces alemanas y la influencia de la Bauhaus, transformando el estudio fotográfico en un laboratorio plástico donde la luz actuaba como principio organizador. Su trayectoria le llevó de las obras de Le Corbusier a la redacción de Vogue, convirtiéndose en testigo privilegiado de una época de extraordinaria transformación cultural. En sus imágenes, el cuerpo humano adquiere la monumentalidad de las esculturas griegas, mientras que los tejidos se pliegan siguiendo lógicas espaciales precisas, creando lo que muchos llaman un encuentro secreto entre lo arcaico y lo moderno. Esta introducción a su mundo no es sólo un homenaje a un fotógrafo de moda, sino una exploración de un artista que ha buscado incansablemente la “divina proporción” en cada detalle de lo visible, desde los rostros de las divas de Hollywood hasta las nervaduras de una hoja. Comprender a Horst significa entender cómo la técnica puede convertirse en poesía y cómo el rigor puede desembocar en una sensualidad sofisticada y atemporal. He aquí diez puntos fundamentales para ahondar en la figura de este “arquitecto del estilo”, como le llama Denis Curti.

Horst P. Horst, Lisa Fonssagrives con turbante, Nueva York, 1940 © Horst Estate
Horst P. Horst, Lisa Fonssagrives con turbante, Nueva York, 1940 © Horst Estate
Horst P. Horst, Manos, manos,1941 © Horst Estate
Horst P. Horst, Manos, manos,1941 © Horst Estate
Horst P. Horst, portada de American Vogue, 15 de mayo de 1941 © Horst P. Horst Estate
Horst P. Horst, portada de American Vogue, 15 de mayo de 1941 © Horst P. Horst Estate

1. Formación arquitectónica: el signo de Gropius y Le Corbusier

El secreto de la estabilidad compositiva de Horst reside en sus estudios de juventud. Antes de coger una cámara, se dedicó con pasión a la arquitectura y al diseño de muebles en la Kunstgewerbeschule de Hamburgo. Aquí tuvo la suerte de formarse con Walter Gropius, el fundador de la Bauhaus, de quien aprendió la importancia de combinar arte, artesanía y técnica. Esta impronta modernista le llevó a París en 1930, donde consiguió ser contratado como aprendiz en el estudio del legendario Le Corbusier.

Aunque su colaboración con el arquitecto suizo fue breve, resultó decisiva: Horst asimiló el concepto de “espacio mínimo” y la teoría del Modulor, que más tarde transpondría a sus instantáneas. Para él, la fotografía se convirtió en una especie de arquitectura de la luz, en la que cada elemento debía responder a criterios de funcionalidad y equilibrio matemático. No es casualidad que sus decorados se construyeran a menudo con volúmenes geométricos limpios y referencias a estructuras monumentales, transformando el estudio en un espacio mental en el que la profundidad no era sólo óptica sino conceptual. Cada modelo se convertía así en una unidad de medida del espacio, como el hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci o las figuras del Modulor lecorbusieriano.

Horst P. Horst, Valentyna Sanina-Schlee, Vogue
Horst P. Horst, Valentyna Sanina-Schlee, Vogue

2. Adiós al nombre original y huida de los fantasmas del nazismo

El nombre por el que hoy le conocemos es en realidad el resultado de una necesidad histórica y personal. Nacido como Horst Paul Albert Bohrmann, el fotógrafo se enfrentó a un momento de gran crisis de identidad durante la Segunda Guerra Mundial. En 1941, cuando Alemania declaró la guerra a Estados Unidos, Horst se encontró en suelo americano considerado un “extranjero enemigo”. Además de las restricciones laborales que le obligaban a no abandonar el estudio de Vogue, pesaba sobre él una engorrosa homonimia: su apellido, Bohrmann, se parecía demasiado al de Martin Bormann, uno de los más estrechos colaboradores de Adolf Hitler.

Para distanciarse definitivamente de cualquier vínculo con el régimen nazi y facilitar su integración en Estados Unidos, decidió cambiar legalmente de nombre. En 1943, el día de su juramento como ciudadano estadounidense tras alistarse en el ejército, eligió el apelativo original de Horst P. Horst. Esta repetición del nombre se ha interpretado a menudo como un reflejo geométrico, casi una simetría visual coherente con su estilo artístico. A partir de ese momento, el “Querubín” (como le llamaban sus amigos) dejó atrás su pasado alemán para convertirse de hecho en un pilar de la cultura visual estadounidense.

Horst P. Horst, Marlene Dietrich, Nueva York - Los Ángeles, 1942
Horst P. Horst, Marlene Dietrich, Nueva York - Los Ángeles, 1942

3. El encuentro con su mentor George Hoyningen-Huene

La carrera fotográfica de Horst probablemente nunca habría despegado sin su encuentro seminal con el barón George Hoyningen-Huene, entonces fotógrafo jefe de Vogue Francia. Huene no sólo fue un maestro, sino también un compañero de vida y un guía que introdujo al joven Horst en la intelectualidad parisina de los años treinta. Horst empezó como su ayudante, alumno e incluso modelo, aprendiendo los secretos de la iluminación dramática y la composición teatral.

Bajo el ala de Huene, el joven artista desarrolló una sensibilidad por el neoclasicismo y viajaron juntos a Grecia para estudiar los mármoles del Partenón y las esculturas antiguas. Cuando Huene dimitió abruptamente de Vogue en 1935 para incorporarse al concurso de Harper’s Bazaar, Horst heredó su papel de fotógrafo jefe, demostrando que había superado a su maestro en cuanto a rigor formal y visión innovadora. El vínculo entre ambos se mantuvo fuerte durante toda su vida, hasta el punto de que cuando Huene murió en 1968, Horst heredó todo su archivo fotográfico, preservando su memoria durante décadas.

Horst P. Horst, Lisa Fonssagrives luciendo un sombrero de Suzy, 1938, Vogue
Horst P. Horst, Lisa Fonssagrives modelando un sombrero de Suzy, 1938, Vogue

4. El corsé Mainbocher: un icono nacido al borde del abismo

Entre las miles de fotografías tomadas por Horst, una en particular se ha convertido en legendaria: la Corset Mainbocher de 1939. Esta toma representa la síntesis perfecta de su lenguaje y está cargada de un extraordinario valor simbólico. Tomada en los estudios parisinos de Vogue poco antes de que el fotógrafo embarcara rumbo a Nueva York para huir del inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial, la imagen muestra a una modelo de espaldas, vestida con un corsé hábilmente atado.

La luz esculpe la espalda de la mujer y los pliegues de la tela con un claroscuro que recuerda las atmósferas barrocas, mientras que la composición desprende una serena calma que contrasta con el caos que estaba a punto de sumir a Europa. El propio Horst describió aquella imagen como su despedida del mundo que había conocido hasta entonces: había nacido un nuevo artista, un continuo constructor de mundos. Horst“, escribió Denis Curti, ”está interesado en construir nuevos mundos interiores que puedan transportarnos aún más lejos. Todos los que han escrito sobre él lo describen como un meticuloso constructor de fantasías. Cada detalle, en sus arquitecturas visuales, está calibrado con precisión cartesiana, dejando fuera el dominio de lo fortuito. Sus modelos no se consideran ni remotamente meros maniquíes. Bajo una lluvia de luz controlada, se convierten en figuras centrales de un espacio casi teatral, escenario de una representación visual en la que los fondos blancos y el atrezzo se reducen a una esencialidad casi monástica".

Horst P. Horst, Madame Bernon, corsé de Detolle para Mainbocher, 1939 - Vogue
Horst P. Horst, Madame Bernon, corsé de Detolle para Mainbocher, 1939 - Vogue

5. La búsqueda de la "geometría de la gracia

Para Horst, la belleza no era un hecho fortuito, sino el resultado de una calculada armonía matemática. Influido por las proporciones clásicas descritas por Euclides y la “divina proporción” de Luca Pacioli, Horst construía sus imágenes como ecuaciones visuales. En cada una de sus fotografías, ya sea un retrato o una sesión de moda, se percibe un diálogo constante con la estatuaria griega: los modelos se colocan a menudo en “yuxtaposición”, como los mármoles de Fidias o Policleto, transformándose en esculturas vivientes.

Esta búsqueda de la perfección le llevó a cuidar casi obsesivamente la disposición de luces y sombras, utilizando el principio del Nōtan (el equilibrio japonés entre luz y oscuridad) para definir el espacio. Para Horst, un brazo doblado o el drapeado de un vestido no eran meros elementos estéticos, sino vectores de fuerza que organizaban la visión según leyes universales. Esta disciplina formal elevaba la imagen más allá del mero ámbito comercial de la moda, transportándola a una dimensión metafísica y sagrada donde el tiempo parecía detenerse. “Su lenguaje fotográfico”, explica Anne Morin, “no se limita a captar lo visible, sino que remite a una búsqueda de la esencia, de esa dimensión viva y vibrante de la realidad donde cada imagen contiene en sí misma ese ’esplendor de la verdad’ que, según Platón, encarna la belleza por excelencia”. La obra de Horst se inscribe así en una tradición filosófica en la que la belleza no puede reducirse a un mero aspecto perceptible, sino que debe entenderse como una manifestación concreta de aquello que supera la realidad, va más allá de ella y la trasciende".

Horst P. Horst, Sin título, hacia 1960 © Horst Estate
Horst P. Horst, Sin título, hacia 1960 © Horst Estate

6. La profunda amistad con Coco Chanel

En el animado ambiente parisino, una de las figuras más influyentes en la vida de Horst fue sin duda Coco Chanel. La suya fue una amistad duradera basada en la estima intelectual mutua y en una visión compartida de la elegancia. Horst fotografió a Chanel en innumerables ocasiones, captando su esencia con una sobriedad e intensidad que pocos podían igualar. Este rigor puede haber inspirado una de las citas más famosas asociadas a menudo con la estética de Horst: “La moda es una expresión del tiempo. La elegancia es otra cosa”.

Esta distinción era crucial para el fotógrafo, que siempre buscaba ir más allá de las tendencias del momento para captar algo duradero. “La moda es mucho más que ropa, es una expresión de la personalidad, una declaración de estilo y un vehículo para explorar el mundo entero y las diferentes culturas”, explica Curti. “Es asombroso observar cómo las fotografías de Horst P. Horst nunca envejecen, manteniendo una frescura y sofisticación que trasciende las modas pasajeras”. Su relación con la diseñadora era tan estrecha que ella le recibía regularmente y le enviaba cartas personales, documentos que hoy forman parte del valioso material de archivo que acompaña sus exposiciones. Chanel representaba para él la musa perfecta: una combinación de atrevida modernidad y respeto por la línea clásica, los mismos elementos que definían su estilo fotográfico.

Horst P. Horst, Maria Callas, hotel Waldorf Astoria, Nueva York, 1952 © Horst Estate
Horst P. Horst, Maria Callas, hotel Waldorf Astoria, Nueva York, 1952 © Horst Estate

7. Patrones de la naturaleza: explorando el mundo botánico

Después de la guerra, Horst sintió la necesidad de alejarse temporalmente del glamour de la moda para investigar las estructuras primordiales de la naturaleza. En 1946 publicó Patterns from Nature, una serie de primeros planos fotográficos de plantas, flores, conchas y minerales. Con el ojo de un biólogo y la sensibilidad de un artista, Horst aisló los detalles morfológicos de los elementos naturales, revelando sus insospechadas geometrías fractales y simetrías perfectas.

Este trabajo, influido por las tablas científicas de Ernst Haeckel, demostró que las leyes de la belleza son universales y pueden encontrarse tanto en la gran arquitectura como en los microorganismos. En estas fotos, una hoja se convierte en una abstracción geométrica y la sección de una concha se transforma en una escalera de caracol modernista. Este interludio experimental fue crucial para Horst: le permitió refinar aún más su vocabulario visual, aplicando más tarde ese sentido del ritmo y la textura orgánica a sus posteriores trabajos para House & Garden y Vogue.

Horst P. Horst, Nautilus Pompileus II, 1945
Horst P. Horst, Nautilus Pompileus II, 1945

8. El fotógrafo de mansiones ilustres y Diana Vreeland

Un capítulo clave en la carrera de Horst está ligado a su colaboración con la legendaria editora Diana Vreeland. Fue la propia Vreeland quien le sugirió, en la década de 1960, que se dedicara a una serie de sesiones fotográficas de las casas y jardines de famosos y de la aristocracia internacional. Horst se convirtió así en un maestro de la fotografía de interiores, capaz de retratar no sólo las estancias, sino el espíritu de sus habitantes.

Entre sus retratados se cuentan nombres como los duques de Windsor, Cy Twombly, Karl Lagerfeld o Yves Saint Laurent. Estas instantáneas, recogidas en volúmenes de gran éxito, mostraban cómo para Horst no había diferencia entre el cuerpo humano y una habitación: ambos eran volúmenes que debían organizarse con la luz para crear armonía. Su capacidad para hacer dialogar objetos, obras de arte y espacios arquitectónicos convirtió estos reportajes en verdaderas lecciones de estilo y cultura de la vida, consolidando su reputación de “director de arte” polifacético.

Horst P. Horst, Princesa Isabel Chavchavdze, Palacio de Polignac, Venecia, 1947
Horst P. Horst, Princesa Isabel Chavchavdze, Palacio de Polignac, Venecia, 1947

9. La influencia en la cultura pop: el caso Madonna

Aunque su estética estaba profundamente enraizada en el clasicismo, Horst tuvo un impacto increíble en la cultura de masas contemporánea. El ejemplo más llamativo es el vídeo de la canción “Vogue” de Madonna. El director David Fincher se inspiró explícitamente en las atmósferas y composiciones de Horst de los años 30 y 40 para realizar el clip. Madonna no sólo recreó la pose del corsé Mainbocher, sino que adoptó el lenguaje de iluminación nítida y poses esculturales que Horst había convertido en icónico en Vogue décadas antes.

El fotógrafo, aunque halagado por el homenaje, comentó el incidente con su típica ironía, pero el éxito mundial del vídeo sirvió para redescubrir su genio a las nuevas generaciones. Este episodio demuestra cómo las “ecuaciones visuales” de Horst nunca envejecen: su fuerza reside en una lógica formal tan pura que sigue vibrando y siendo relevante incluso en contextos completamente diferentes.

Horst P. Horst, Foro Mussolini, Roma, Italia
Horst P. Horst, Foro Mussolini, Roma, Italia

10. Los últimos años y el retorno a lo esencial: Flores y Vanitas

Hacia el final de su vida, Horst volvió a concentrarse en un género pictórico clásico: la naturaleza muerta. Cuando su vista empezó a declinar debido a una enfermedad degenerativa en la década de 1990, optó por fotografiar flores y pequeños objetos cotidianos en su retiro de Oyster Bay. Estas imágenes, a menudo en color, han sido descritas como “vanitas efímeras”, meditaciones silenciosas sobre la fragilidad de la belleza y el paso del tiempo.

Con gran humildad, Horst utilizaba lo que tenía a mano -vasos, trozos de papel, pétalos caídos- para crear composiciones que se asemejan a los rebuscados surrealistas. Incluso en estas últimas obras, creadas poco antes de su muerte en 1999, el rigor de las proporciones nunca se vio comprometido: cada pétalo estaba colocado con la precisión de un arquitecto. Estas instantáneas representan el testamento espiritual de un artista que, hasta su último momento, trató de ordenar el mundo a través de la belleza, convencido de que en el corazón de toda forma natural se encuentra una cita secreta entre lo humano y lo divino.

Horst P. Horst, Yves Saint Laurent, s.d. © Horst Estate
Horst P. Horst, Yves Saint Laurent, s.d. © Horst Estate


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