El Museo del Louvre pone en marchael proyecto de restauración más impresionante y ambicioso jamás emprendido por el Departamento de Pintura: se restaurarán los 24 cuadros monumentales de Peter Paul Rubens que componen el célebre Ciclo de María de Médicis. Se trata de un proyecto de cuatro años de alcance excepcional en todos los aspectos. La Galería de los Médicis representa, de hecho, el mayor encargo jamás confiado a Rubens, realizado cuando el artista se encontraba en el apogeo de su fama en Europa. La intervención afectará a una superficie pictórica total de aproximadamente 293 metros cuadrados y se llevará a cabo directamente en la sala 801 del ala Richelieu, que se transformará especialmente en taller de restauración. La decisión de restaurar el ciclo completo, madurado a lo largo de la última década, se deriva de una evaluación del estado de conservación realizada en 2016 y confirmada posteriormente por dos estudios preliminares realizados en 2020 y 2023. Estos últimos permitieron obtener, por primera vez, una documentación completa a través de imágenes científicas de las obras. Además del amarilleamiento provocado por la oxidación de los barnices, preocupa el estado estructural de algunas pinturas, en las que hay indicios de desprendimiento de la capa pictórica.
El concurso público se publicó el 23 de febrero de 2026 con el apoyo del Centro Francés de Investigación y Restauración de Museos (C2RMF). El contrato se adjudicará en junio de 2026 a dos equipos de restauradores, mientras que el inicio de los trabajos está previsto para octubre del mismo año, bajo la supervisión de un comité científico internacional. Las obras son posibles gracias a la importante contribución de la Sociedad de Amigos del Louvre, que ha destinado cuatro millones de euros al proyecto.
El ciclo pictórico, compuesto por veinticuatro lienzos, narra en clave heroica la vida de María de Médicis (1573-1642), reina de Francia y consorte de Enrique IV. Fue ejecutado entre 1622 y 1625 para decorar una de las dos galerías del palacio de María de Médicis en París, el Palacio de Luxemburgo, residencia que la soberana quiso tener a partir de 1615 y hoy sede del Senado. Las obras, en su mayoría ejecutadas directamente por la mano de Rubens, aunque retiradas de su emplazamiento original, se colocaron entre las ventanas de la galería, iluminadas por aberturas a ambos lados. Una segunda galería, destinada a celebrar las hazañas de Enrique IV, sólo se inició parcialmente entre 1628 y 1631 y luego se abandonó tras el exilio de la reina en 1631.
El ciclo se articulaba según un recorrido narrativo preciso: al entrar en la galería, las obras se disponían a lo largo de las paredes en secuencia de izquierda a derecha, con retratos a la entrada y un gran cuadro conclusivo en la pared del fondo.
Cuando Rubens recibió el encargo, ya gozaba de una extraordinaria reputación internacional. Por este motivo, la reina recurrió a él para realizar lo que se convertiría en el encargo más importante jamás recibido por Rubens y su taller. El proyecto destacó inmediatamente por sus imponentes dimensiones. Constaba de aproximadamente 293 metros cuadrados de superficie pintada, ejecutada en Flandes y trasladada después a Francia. El contrato se firmó en febrero de 1622, tras las negociaciones iniciadas el año anterior, y el ciclo se completó en 1625.
Los veinticuatro lienzos narran la vida de la princesa toscana que ascendió al trono de Francia en 1600, estrechamente entrelazada con sus actividades políticas. La obra, realizada en Amberes por Rubens y su taller, representa una de las empresas artísticas más complejas de la época, aunque su realización sólo está parcialmente documentada. Las cartas del artista, aunque incompletas, constituyen una valiosa fuente para comprender su génesis. Este ciclo se considera la obra maestra de la carrera de Rubens, pero aún conserva muchos aspectos misteriosos. Se trata de unaobra extremadamente rica y compleja: es a la vez una declaración política, una celebración del papel de Francia en Europa, un excelente ejemplo de retrato cortesano y una cumbre del lenguaje alegórico de la época. También refleja las tensiones políticas de la corte, el ascenso del cardenal Richelieu y la fragilidad de la primera dinastía borbónica. No es de extrañar, pues, que hoy en día se considere uno de los tesoros más preciados del Louvre.
Ya en 2016, el Departamento de Pintura había constatado condiciones de conservación insatisfactorias para el conjunto del ciclo. Por ello, en 2020 se encargó un estudio preliminar a un equipo de seis restauradores especializados, coordinados por Luc Hurter. Sus análisis confirmaron criticidades importantes: desprendimiento de la película pictórica, deterioro de los soportes y alteraciones debidas a intervenciones anteriores. Además, el aspecto estético de las obras estaba comprometido: los barnices oxidados aparecían amarilleados y los repintes realizados en el pasado eran ahora visibles y desiguales, dificultando la correcta lectura de las imágenes.
A la luz de estas evaluaciones, se decidió proceder a una restauración completa, con un doble objetivo: conservador y estético. Las intervenciones incluyen la limpieza de las superficies para eliminar las restauraciones deterioradas y recuperar el equilibrio cromático original, así como operaciones estructurales en los soportes para garantizar la estabilidad de las pinturas a lo largo del tiempo. La fase final consistirá en la reintegración de las lagunas, para devolver la coherencia visual al conjunto.
Uno de los principales retos será mantener la uniformidad y armonía entre las distintas intervenciones, teniendo en cuenta que el ciclo está concebido como un todo unificado. Al mismo tiempo, la restauración ofrecerá la oportunidad de profundizar en el estudio de los materiales y técnicas utilizados, gracias también al apoyo de avanzados análisis científicos. A lo largo de los siglos, el ciclo ha gozado de gran fama y ha sido estudiado y copiado por numerosos artistas, entre ellos Laurent de La Hyre, Jean-Honoré Fragonard, Antoine Watteau y Eugène Delacroix. Desde el siglo XVIII se tomaron medidas para su conservación, como el control de la luz y la temperatura en las salas de exposición.
A lo largo del tiempo se han llevado a cabo numerosas restauraciones, a menudo con motivo de traslados o reordenaciones. En la actualidad, todos los lienzos han sido forrados o trasladados a nuevos soportes. La última intervención radical data de los años 1950-1951: la restauración actual es, por tanto, la primera de tal magnitud en unos 75 años.
Fueron necesarios diez años de estudio y preparación para llegar a la publicación del anuncio en 2026. El segundo estudio, realizado en 2023 por el equipo de Thierry Radelet, produjo una documentación científica extremadamente detallada, que incluía imágenes en diferentes condiciones de luz (directa, rasante, ultravioleta e infrarroja), así como radiografías y análisis de pigmentos. Estas investigaciones permitieron comprender mejor las técnicas de ejecución, los cambios compositivos y las intervenciones sufridas a lo largo del tiempo.
La restauración se llevará a cabo directamente in situ, y la Galería permanecerá cerrada al público mientras duren los trabajos. El espacio se configurará como un taller altamente equipado, con herramientas y estructuras específicas diseñadas a medida para trabajar en obras de gran tamaño. Todas las etapas serán cuidadosamente documentadas.
Sébastien Allard dirigirá el proyecto, con la supervisión de Blaise Ducos y Oriane Lavit, responsables de las colecciones implicadas.
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| Comienza la mayor restauración pictórica del Louvre: 24 lienzos monumentales de Rubens |
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