CC: El espeluznante doble de Michael E. Smith en el sótano de Bolonia


En el sótano del Palazzo Bentivoglio, Michael E. Smith transforma residuos y objetos cotidianos en presencias ambiguas, inquietantes y postapocalípticas. Un viaje a través de la luz, la oscuridad y las visiones postindustriales que redefine la mirada y la experiencia expositiva. Reseña de Tristana Chinni.

CC, exposición del artista posminimalista estadounidense Michael E. Smith, acogida en el sótano del Palazzo Bentivoglio de Bolonia y comisariada conjuntamente por Simone Menegoi y Tommaso Pasquali, se confirma como uno de los proyectos expositivos más interesantes de Art City, el programa institucional promovido por el Ayuntamiento de Bolonia en colaboración con BolognaFiere que, desde 2013, flanquea Arte Fiera, contribuyendo a hacer de la ciudad un espacio generalizado para la promoción y el disfrute del arte contemporáneo. Nacido en Detroit en 1977, Smith construye sus esculturas e instalaciones utilizando materiales comunes e industriales para transformarlos desde su apariencia inicial en otra cosa, haciéndolos ambiguos, a menudo irreconocibles, a veces irónicos, las más de las veces inquietantes, gracias también a ensamblajes inéditos para que lo cotidiano esconda algo indecible. Se trata de objetos supervivientes, desechados, que pueden encontrarse en vertederos o tiendas de segunda mano, pero que siguen siendo capaces de contar algo. Las obras resultantes escenifican la banalidad de lo cotidiano, invitan a reflexionar sobre el destino de los propios objetos, sobre la escala de valores, sobre el abandono y, como reflexión, sobre la fragilidad de la existencia.

Los lugares reproducen las intervenciones que los acogen y las contraponen en un juego de correspondencias inquietantes: ya se trate de una galería o de un espacio museístico aséptico, el entorno se altera para que no quede nada del cubo blanco preexistente y para que él mismo se convierta en una obra de arte. Durante el proceso creativo-equipamiento, que el artista denomina “composición” (en clara referencia a la composición musical y a la música, por la que siempre ha sentido un gran interés como usuario e intérprete), Smith oscurece ventanas, privilegia pasillos o zonas habitualmente consideradas marginales o accesorias, enfatiza puertas traseras, sistemas eléctricos y de ventilación, subvirtiendo sus parámetros y funciones. De este modo, trastoca las jerarquías establecidas y cuestiona las normas implícitas que rigen la experiencia expositiva.

Cuando Smith entró en relación con el sótano del palacio, del siglo XVI, rico en historia y dotado de características distintivas, creó un proyecto específico a partir del lugar, encontrándose en un entorno ya de por sí “resonante”.

Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Montaje de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero

Visitar la exposición es un entrenamiento de la mirada, para interceptar intervenciones a menudo imperceptibles, ocultas en los pliegues de la arquitectura, insinuadas en una grieta, en un hueco del pavimento (y así la obra ocupa un espacio del margen que se ennoblece, adquiriendo así su propia gravitas). Se trata de acostumbrar la vista a la penumbra (en algunos espacios la luz ha visto reducida su potencia, algunas secciones están parcialmente iluminadas, otras casi a oscuras), aceptar una visión incierta, dejarse guiar por la iluminación que a veces emana de algunas obras, de pequeñas velas que Smith ha esparcido aquí y allá, y, cuando esto no basta, activar la linterna del propio teléfono. Por lo dicho, se percibirá que la luz es en sí misma un acto escultórico, un elemento primario y no accesorio.

Además, el título de la exposición(CC), aparentemente críptico, casi un acrónimo, nos advierte de antemano: ver, ver. Mire dos veces, mire con atención. La obra del artista estadounidense siempre ha tenido que ver con mirar y ser mirado: me viene a la mente la obra Bugs , presentada ya en 2023 durante la exposición Ghosts en Leeds, , compuesta por dos reproductores que ya no se utilizan (uno para DVD y otro para VHS), casi dos grandes ojos escrutadores, fijos en paneles que oscurecen una ventana que antes era “con vistas”. Ya no se trata (o al menos no sólo) de contemplar un objeto, sino de hacer una reflexión contemporánea más amplia sobre quién mira, cómo mira y qué implicaciones de poder, identidad y control implica el acto.

El tema del doble se repite a lo largo de la exposición en numerosas instalaciones formadas por parejas de objetos: los visores, las hojas A4, los tubos adornados con pelucas que nos reciben a la entrada (la obra toma prestado el título de una canción de Nina Simone, my sweet lord, today is a killer), las dos bases cubiertas pretenciosamente con preciosas cortinas blancas y burdeos que sugieren ajuares litúrgicos, las cestas de mimbre colocadas frente a una pelota de baloncesto, las telas tendidas en la pared (una blanquecina y la otra identificable como un mantel), lala otra identificable como mantel que representa el árbol de la vida, símbolo del renacimiento, revelan contrastes entre lo anicónico y lo figurativo en una atrevida reflexión improvisada mediante objetos domésticos), las luces azules y rojas en bucle de un vídeo mudo, los pufs curvados en forma de saco de judías mordidas por perros colocados dentro del marco de latón de una cama de matrimonio... casi mensajes de esperanza frente a una soledad sin límites.

Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Montaje de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero

La exposición, anticipada por una especie de“intro” con una intervención en el patio frente a la entrada, se abre con dos visores de realidad aumentada vueltos del revés y colocados en el suelo en un nicho bajo que, con su forma de máscara de buzo, invitan a inmersiones inconscientes (dentro de la banda elástica que los sujeta a la cabeza, sostienen folletos reflectantes donde la mirada autista es atraída hacia los ojos del espectador).dentro de la banda elástica que los sujeta a la cabeza, sostienen cuadernillos reflectantes donde la mirada se autorrefleja, en un reflejo narcisista y autorreferencial). Smith las coloca junto a un barreño de plástico azul que contiene globos coloreados con agua (tituladoSchmücke dich o Liebe Seele, bwv 654, o un coral compuesto con música de J.S. Bach y texto de Johann Franck por Johann Krüger dedicado a la Eucaristía), quizá una especie de “bienvenida” a una fiesta vespertina de una familia estadounidense de clase media: una imagen de la calma antes de la tormenta.

A continuación, una sucesión de instalaciones sugiere la presencia antrópica sin que realmente esté presente, empezando por la sala oscura de la izquierda donde, más allá de la mesa de recepción, unos palos de móvil fluorescentes están sujetos a una silla en una composición que recuerda a un esqueleto humano, o por los tubos adornados con pelucas rubias encajonadas bajo celofán rojo (reciénacaba de mencionar) que parecen atentos centinelas, hasta las estructuras de resina que parecen una parodia de un esqueleto que emerge de una caja de zapatos Adidas, rellena de espuma de poliuretano, como si hubiera salido de un sarcófago de piedra; y de nuevo desde el balón de baloncesto en el que se reconocen ojos, nariz y boca recubiertos de espuma blanca en una intervención que simula un rostro (colocado en la parte inferior a favor del fútbol y no en la superior a favor de la canasta, para reiterar precisamente un redimensionamiento de los ideales resumidos en un objeto que durante años simbolizó la posibilidad de redención de las clases humildes), hasta las pelotas de tenis que componen una extraña marioneta tumbada de forma humanoide. A través del vacío y de los objetos creados, Smith reflexiona sobre la precariedad de la existencia contemporánea y la vulnerabilidad del cuerpo, evocado pero nunca mostrado explícitamente, lo que contribuye a crear una atmósfera suspendida, frágil y siniestra, tanto más tangible cuanto que se da en ausencia. Los objetos recuerdan la figura humana por analogías, asonancias o porque le fueron útiles.

CC es, en definitiva, un viaje exploratorio (a varios niveles, psíquico, social, de la experiencia contemporánea) en el que el visitante se convierte en un espeleólogo enviado a explorar meandros semioscuros que muestran, en una narración fragmentada, lo que queda de un derrumbe que ya se ha producido: es como si el autor estuviera excavando en elinframundo, o quisiera hacernos testigos cómplices de un mundo postapocalíptico. Todo ello inmerso en una suerte de imaginería lynchiana con la que ambos artistas comparten la categoría freudiana de loUnheimlich. Lo sentimos en el aire, cuando pasamos junto a una mesa de hormigas en la que un Lo sentimos en el aire cuando pasamos junto a una mesa de hormigas sobre la que se ha extendido con los brazos abiertos una colcha infantil(Poppies), una imagen que a primera vista nos alarma, o cuando deambulamos entre los trozos de tela blanca iridiscente esparcidos por el suelo (algunos parecen los que se utilizan para envolver cadáveres) que parecen formar un cuerpo desmembrado y sin cabeza tendido sobre una almohada(Bricks in my pillow - Laura Dukes) mientras a su lado hay un jarrón oblongo que colocado a su lado hay un jarrón oblongo que recuerda la forma de una cabeza en una decolación sui generis; lo percibimos en la instalación de una lengua de césped sintético inglés nada tranquilizadora(Hello walls -demo) colocada casi al final del recorrido en una perspectiva alienante, flanqueada por un proyector que emite haces de luz sobre un par de cristales de selenita (homenaje a Bolonia y sus antiguas murallas) entre un rastrillo preexistente y una máquina láser. En la última sala, ante el muro con el que el visitante tendrá que reconciliarse al final de la exposición, Smith deja encendida una luz siniestra, para que sea percibida no como un descuido, sino como un elemento cargado de significación: un to-be-continued que es escalofriante y al mismo tiempo arranca una sonrisa porque es como si el artista guiñara un ojo al visitante para decirle “a estas alturas ya me conoces, ya te haces una idea” (el registro narrativo es siempre dual).

CC es una exposición densa en cultura de masas americana, pero habla de una América deldespués donde lo inquietante es interno a lo que antaño parecía familiar: las guitarras infantiles (una con la imagen de Bob Esponja, personaje de dibujos animados que simboliza el optimismo y la resiliencia), el monopatín equipado con luces azules, el par de coches sin circuitos colocados bajo cristal dentro delhipogeo con suelos de espejo, las cajas de zapatos Adidas y Nike y los paquetes apilados de abanicos(Back in our minds) con su tecnología ahora retro (una cita revisitada de Andy Warhol y las cajas de detergente Brillo, como se especula en el texto curatorial) y guardados dentro de un búnker, para ser leídos como una preciada reserva en vista de futuros presagios de dificultades.

Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Montaje de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Instalación de la exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero
Exposición CC de Michael E. Smith, Palazzo Bentivoglio, Bolonia. Foto: Carlo Favero

La poética de Smith está influida por el contexto postindustrial de su ciudad de origen, Detroit, que adquiere un valor paradigmático en su obra. Como señala Mark Fisher, “el paisaje posfordista no es sólo un espacio económico y urbano, sino una estructura afectiva y mental, marcada por la depresión, el estancamiento y la imposibilidad de un futuro”. En este caso, el futuro está realmente ahí, y Smith lo reinventa con la nada, creando por sustracción a partir de la carencia, de la crisis, del descarte, fiel a ese alfabeto que se ha convertido en su verdadera seña de identidad estilística y que, sin embargo, innova con motivo de la exposición de Bolonia: ya no hay animales taxidermiados, ni cráneos, fragmentos de huesos y restos humanos (porque a estas alturas ya se han asumido ciertos discursos ligados a la ecología y a la violencia sistémica), y algunos objetos no son de segunda mano, sino inaugurados para la ocasión, a la espera de que comience su historia (citando libremente a Menegoi: es como si después de haber investigado durante mucho tiempo los residuos, el autor quisiera centrarse en la producción vital del objeto impregnada del encanto efímero de la novedad). Y además, en esta exposición está la música, la gran pasión de Smith desde los tiempos en que de niño escuchaba hip hop: recordada en los escasos títulos dados a las obras, que esta vez aparecen inusualmente con referencias al blues, al soul. Una música que funciona como una improvisación de jazz para reforzar la instalación silenciosa (con la excepción de algunos inquietantes sonidos eléctricos o del ritmo metálico producido por un amplificador conectado a un pedal de guitarra, procedente de la instalación colocada en la zona de la estructura de la cama doble); aunque el artista haya confesado a los comisarios que su obra se ha vuelto últimamente “más funky, excéntrica, extraña, maloliente”.

Una exposición que hay que ver no sin antes informarse (tal vez leyendo el catálogo publicado por CURA con textos de los comisarios y una intervención de Romeo Castellucci), o, por el contrario, sin brújula para perderse en los diversos significados y dejarse sorprender.



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