Los museos durante el coronavirus: servicios públicos esenciales... pero "fuera de los límites".


La actual emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto todas las limitaciones del decreto por el que los museos fueron declarados servicios públicos esenciales en 2015. Y en la imposibilidad de prestarlos se capta la gravedad de la situación.

Los museos cerraron. Nunca antes había sucedido algo así durante un periodo tan largo e incierto. La medida establecida por el Presidente del Consejo de Ministros el 9 de marzo, entre las destinadas a contener la propagación del COVID-19, invita a reflexionar sobre lo que, sin embargo, es un récord del que Italia puede presumir desde hace algunos años: es desde 2015, de hecho, cuando los museos y los lugares de cultura se han convertido en servicios públicos esenciales garantizados a los ciudadanos. Como los hospitales, por ejemplo. ’Hospitales’ fuera de los límites, sin embargo, en la hora de laemergencia sanitaria.

Al cierre patronal sin precedentes se llegó con medidas graduales, pero cercanas, debido al súbito agravamiento de la situación. Comenzó con la cancelación por parte del Ministro de Cultura, Dario Franceschini, del primer domingo libre del mes, el 1 de marzo, y después con el Decreto del Primer Ministro del 8 de marzo, que entre las medidas para combatir y contener la propagación de la epidemia (ahora pandemia) en la región de Lombardía y en las provincias de algunas ciudades del norte establecía también el cierre de museos e institutos culturales. Justo al día siguiente, la medida se extendió a toda Italia, que se había convertido en una única “zona roja”.

Aunque hubo una región que, imprudentemente, actuó de forma autónoma al principio. El adverbio no es casual. Fue precisamente la autonomía lo que esgrimió el gobierno siciliano para apoyar la decisión tomada en contra de la tendencia nacional de dejar abiertos los lugares de interés cultural de la isla el primer domingo de marzo. Una prueba más que puso en evidencia, una vez más, el uso distorsionado de un Estatuto generalmente ignorado que, conviene recordar, en su artículo 17, lett. n, r, dice: “Corresponde a la Asamblea [...] la legislación exclusiva sobre [...] turismo, vigilancia hotelera y protección del paisaje; conservación de antigüedades y obras artísticas [...] museos, bibliotecas y academias”. Una competencia específica de la que goza la Región en materia de patrimonio cultural exhibida en corrientes alternas, la mayoría de las veces fuera de lugar. Como en este caso. Pero en aquel momento, el mensaje que se quería transmitir, para contrarrestar el daño a la industria turística, era del tipo “¡reaccionemos, la vida debe continuar!”. Es decir, no se entendía que los 17 millones de visitantes que llevan los museos estatales desde la introducción de la medida en 2014, como también han demostrado las cifras registradas por los sitios sicilianos, no son comparables a las entradas ordinarias. Una gratuidad de la que bien se podría haber prescindido, ya que no satisface las necesidades básicas de los ciudadanos, pero que sin duda favoreció la concentración de gente, peculiar también por las colas que se crearon, como siempre ocurre en esos días especiales con entrada gratuita, con turistas y visitantes unos junto a otros.

La Zisa de Palermo, uno de los museos que permanecieron abiertos.
La Zisa de Palermo, uno de los museos que permanecieron abiertos. Foto Crédito

Los museos sicilianos aún no están equipados, como muchos otros a lo largo de la Bota, pero en el caso de algunos grandes museos, desde la Pinacoteca di Brera a los Uffizi, pasando por los Museos Vaticanos, se puede recurrir a una visita virtual a las salas con las obras maestras. La “segregación” del original se alivia en algunos casos gracias a su digitalización con una definición tan alta que es posible observar detalles que el ojo humano no podría alcanzar de visu. Queda, sin embargo, que la fruición virtual, que debería ser siempre complementaria, integradora, introductora de la fruición directa, ha terminado, en cambio, por sustituirla por completo en el momento en que se nos pide que renunciemos a los lugares físicos de la cultura y a los bienes que en ellos se albergan. El arte, excluido en su materialidad, sigue, sin embargo, llegando hasta nosotros con sus contenidos y mensajes. El arte, como bien inmaterial, sigue siendo de libre acceso.

Pero una cosa está clara hoy: los museos no figuran entre las primeras necesidades de los ciudadanos, aunque sean servicios públicos esenciales. Es ahora cuando podemos comprender mejor su alcance más amplio, que trasciende el hecho contingente que lo había impulsado, así como sus límites, la reforma normativa introducida con carácter de urgencia hace cinco años: la Proposición de Ley 146/2015, convertida con modificaciones en la Ley 182, de 12 de noviembre de 2015. Cabe recordar que la medida, que incluía en la categoría de servicios públicos esenciales también “la apertura de museos y lugares de cultura”, sometiendo además las huelgas del sector a la legislación específica sobre la materia (Ley n.º 146/1990), había sido adoptada como respuesta del Gobierno al cierre a los turistas del anfiteatro Flavio y de los Foros Imperiales por una asamblea sindical. La medida sirvió para garantizar la continuidad del servicio público de “disfrute del patrimonio histórico y artístico de la Nación”, tal y como exige la ley.

La protección, el disfrute y la valorización del patrimonio cultural son actividades que se incluyen así entre los niveles esenciales de los servicios. Se trata de un logro importante en la dirección de una democratización real que asimile el disfrute del patrimonio cultural a los servicios públicos destinados, en última instancia, a promover el bienestar de la población.

Pero si ya entonces Giuseppe Piperata en Aedon destacaba que el alcance de la reforma normativa no se limita a la regulación de las huelgas, siendo "mucho más amplio, pues tiende a potenciar aún más el patrimonio cultural como un bien que necesariamente debe ser disfrutado para que pueda cumplir su función, que es la de transmitir testimonios de civilización y fomentar el desarrollo de la cultura“, el escenario actual revela también los límites de lo que es también un logro democrático. En el cierre patronal de los museos, en la imposibilidad de la República de garantizar servicios esenciales como su máximo disfrute, o, en referencia al dictado constitucional, de remover los obstáculos, que en este caso no son ’de orden económico y social’, sino que atañen a la salud pública, que ’impiden el pleno desarrollo de la persona humana’ (art. 3, párrafo 2) también a través del disfrute del patrimonio cultural, podemos medir toda la gravedad ”cultural" y social, y no sólo sanitaria o económica, de la emergencia actual.


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