En Gante, gran retrospectiva de 40 artistas activos en los Países Bajos entre los siglos XVII y XVIII.


El Museo de Bellas Artes de Gante presenta una gran retrospectiva que reúne a cuarenta artistas activos en los Países Bajos históricos entre 1600 y 1750, destacando su decisiva contribución a la cultura visual y a la economía del Siglo de Oro.

El Museo de Bellas Artes de Gante prosigue en 2026 su compromiso con la promoción de las mujeres artistas. Tras las exposiciones dedicadas al Barroco y al tema Las mujeres en el arte, la atención se centra ahora en Inolvidables (del 7 de marzo al 31 de mayo de 2026), una gran retrospectiva que reúne a cuarenta mujeres artistas activas en los Países Bajos históricos entre 1600 y 1750, destacando su decisiva contribución a la cultura visual y a la economía del Siglo de Oro. Con un planteamiento colectivo que va más allá del enfoque tradicional de las monografías, que a menudo tienden a presentar a las mujeres artistas como figuras aisladas, la exposición pretende mostrar cómo estas mujeres estaban plenamente integradas en los circuitos creativos, las redes profesionales y los contextos sociales de su época. Numerosas y diversas en cuanto a origen y trayectorias, compartían oportunidades, limitaciones y aspiraciones comunes.

Las obras de Judith Leyster, Clara Peeters, Rachel Ruysch, Maria Sibylla Merian y muchas otras acompañan al público en un viaje inmersivo a través de las diferentes secciones. La exposición devuelve la palabra a protagonistas que durante mucho tiempo han sido marginadas por razones sociales, económicas o de género, poniendo de relieve la variedad de sus talentos: desde el refinamiento del encaje hasta las naturalezas muertas, desde los estudios científicos hasta el retrato íntimo.

Identidad

La primera sección se centra en la autorrepresentación. Los retratos y autorretratos muestran cómo las mujeres artistas construyeron su imagen pública. En el autorretrato de Judith Leyster, por ejemplo, la artista se presenta afirmando un estilo propio, vivo y reconocible. Johanna Helena Herolt también juega con el tema de la identidad, colocando un autorretrato oculto en un reflejo de luz dentro de un jarrón de flores: un gesto que combina aparente modestia y conciencia técnica.

Tradición y ambición

Repartida en dos salas, esta parte refuta la idea de que las mujeres se dedicaban exclusivamente a las naturalezas muertas con flores. Las obras de Clara Peeters y Maria Tassaert demuestran dominio técnico e inteligencia de mercado. Si el género floral tenía demanda, muchas mujeres artistas supieron explotarlo estratégicamente, pero tampoco renunciaron a probar suerte en la pintura de historia, considerada la forma más elevada del arte. Los cuadros de Michaelina Wautier dan fe de esta ambición, junto a esculturas, grabados y finos objetos textiles que revelan pericia y espíritu emprendedor.

Judith Leyster, Autorretrato (ca. 1630; Washington, DC, National Gallery of Art)
Judith Leyster, Autorretrato (ca. 1630; Washington, DC, National Gallery of Art)
Clara Peeters, Bodegón con queso y gambas, con un autorretrato (c. 1612 - 1621; Colección particular)
Clara Peeters, Bodegón con queso y gambas, con un autorretrato (c. 1612 - 1621; Colección privada)

Lazos familiares y educación

El acceso a la educación dependía en gran medida de la extracción social. Las mujeres de élite, como Louise Hollandine van de Palts y Catharina Backer, recibían una educación humanística completa y lecciones de maestros consagrados. Las artistas de clase media a menudo crecían en talleres familiares, contribuyendo a la continuidad de la empresa, pero sólo firmaban obras tras la muerte de un familiar varón. Para las clases más humildes, como las encajeras anónimas, la visibilidad seguía siendo casi imposible, a pesar de que su trabajo era esencial para la economía textil.

Expectativas sociales

Independientemente de su origen, muchas mujeres se enfrentaron al papel de esposas y madres. Algunas, como Anna Francisca de Bruyns, alternaban la práctica artística con los compromisos familiares. Otras, como Rachel Ruysch, pudieron continuar su actividad hasta la vejez, gracias a unas condiciones favorables. También hubo alternativas: la vida religiosa, elegida por Louise Hollandine o Catharina II Ykens, o la opción consciente del celibato, propugnada por la intelectual Anna Maria van Schurman.

Redes locales

La exposición también destaca el papel de las mujeres artistas como empresarias. Clara Peeters, por ejemplo, respondió a la demanda del mercado introduciendo motivos innovadores y reproduciendo composiciones de éxito. Estrategias similares pueden encontrarse en los muestrarios de encajes producidos para optimizar el tiempo y la demanda. En un sistema basado en las relaciones, los contactos eran tan decisivos como la habilidad técnica.

Maria Faydherbe, Crucifijo (1625 - 1650; Malinas, Museo Hof van Busleyden)
Maria Faydherbe, Crucifijo (1625 - 1650; Malinas, Museo Hof van Busleyden)
Michaelina Wautier, Dos doncellas como Santa Inés y Dorotea (c. 1650; Amberes, KMSKA - Colección de la Comunidad Flamenca)
Michaelina Wautier, Dos doncellas como Santa Inés y Dorotea (c. 1650; Amberes, KMSKA - Colección de la Comunidad Flamenca)

Redes mundiales

A continuación, la exposición se amplía a la dimensión internacional, situando a los artistas en el contexto de la economía global de principios de la Edad Moderna. El comercio colonial también influyó en la producción artística: en los cuadros aparecen objetos exóticos y materiales preciosos, mientras que algunas artistas trabajaban explícitamente para mercados extranjeros. Los grabados científicos de Maria Sibylla Merian, realizados tras su viaje a Surinam, atestiguan el vínculo entre arte, ciencia y colonialismo.

Valor, memoria y legado

La sección final reflexiona sobre las razones por las que muchos de estos artistas son poco conocidos hoy en día, a pesar de la fama de que gozaron en vida. Atribuciones erróneas, obras conservadas en colecciones privadas o depósitos de museos, cambios en el gusto y en la jerarquía de los géneros, así como la fragilidad de algunos materiales, han ido oscureciendo su memoria.

Con Inolvidables, el Museo de Gante participa activamente en el proceso de redescubrimiento y revalorización de las mujeres artistas del pasado, invitando al público a reconocer su papel central en la historia del arte europeo.

En Gante, gran retrospectiva de 40 artistas activos en los Países Bajos entre los siglos XVII y XVIII.
En Gante, gran retrospectiva de 40 artistas activos en los Países Bajos entre los siglos XVII y XVIII.



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