La Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea (Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo ) de Roma está en el centro de un asunto que está suscitando un amplio debate en el mundo cultural y académico italiano. El caso saltó a la palestra el 19 de enero en un editorial de Dacia Maraini publicado en el Corriere della Sera: “Circula una carta de la nueva directora Cristina Mazzantini”, explicaba la escritora, “declarando el cierre de los archivos históricos donados por artistas y sus herederos debido a la nulidad del acto. Se pide a los donantes, que son muchos, que retiren el material cedido a la prestigiosa Galería, que ya no puede mantenerlos. Se trata de miles de documentos, entre cartas, dibujos y fotografías, que se han ido acumulando a lo largo de los años en el Archivo de la Galería y que pertenecen a la memoria de la ciudad y del país. El archivo fue inaugurado por Palma Bucarelli en 1946 y se ha convertido en un importante centro de documentación para estudiantes que realizan sus tesis, para estudiosos que preparan libros sobre crítica de arte. Es un archivo bioiconográfico al que se han remitido estudiosos de todo el mundo. Se trata de 33.250 nombres de artistas. ¿La razón del cierre? La seguridad. Y de nuevo por seguridad, los empleados que trabajaban allí fueron despedidos. Las donaciones se consideran nulas. Para quienes no quieran o no puedan llevarse el valioso material a casa, se recomienda trasladarlo todo a los Archivos Estatales. Pero las donaciones se hicieron a la Galería de Arte Moderno, no a los Archivos Estatales, que se extienden a toda la zona con distintos fines. El comité de estudios históricos de la Universidad La Sapienza protestó, afirmando que se habían omitido tesis doctorales enteras debido a la imposibilidad de acceder al archivo. Pintores, críticos, historiadores y estudiantes impugnaron la decisión. Pero no parece haber servido de nada”.
Así, al parecer, una comunicación oficial de la dirección del museo dirigida a los herederos de artistas, críticos y estudiosos ha declarado nulas ciertas donaciones de archivos históricos realizadas en las últimas décadas, invitando a las familias a recuperar el material entregado. Esta decisión ha desatado la polémica, planteado cuestiones jurídicas y provocado la intervención de instituciones e intelectuales para evitar la dispersión de un patrimonio considerado esencial para la memoria del arte moderno y contemporáneo del país. Un patrimonio que ha alimentado tesis de licenciatura, doctorados, publicaciones científicas, exposiciones y seminarios, convirtiéndose en un punto de referencia internacional para la historia del arte italiano del siglo XX.
Hoy ese centro neurálgico está parado. Desde 2024, los archivos están cerrados al público por obras de renovación, con graves consecuencias para estudiosos e investigadores, algunos de los cuales han tenido que cambiar o interrumpir sus investigaciones: en 2025, la ex directora de los Archivos de la GNAM, Claudia Palma, afirmó que este cierre está causando un enorme daño a la investigación y al arte. Se trata del Ala Cosenza, destinado a convertirse, después de décadas, en un espacio finalmente utilizable y multifuncional, diseñado por Mario Botta, con una inversión de unos 15 millones de euros. Por el momento, sin embargo, la zona sigue siendo una obra abierta.
Al cierre físico de los archivos se suma ahora una cuestión jurídico-administrativa. Según la dirección del museo, dirigida por Renata Cristina Mazzantini, algunas donaciones presentarían vicios de procedimiento que las harían nulas. De ahí la invitación a los herederos a retirar el material o, en su defecto, a transferirlo a los Archivos Estatales. Una perspectiva que suscitó una gran perplejidad, ya que las donaciones se habían hecho específicamente a la Gnamc, una institución con autonomía y una misión cultural diferente de la de los Archivos Estatales, que funcionan sobre una base territorial con fines distintos.
Las reacciones no se hicieron esperar. Intelectuales, historiadores del arte y estudiantes impugnaron la decisión, denunciando el riesgo de una fragmentación irreversible de unos fondos archivísticos que, por su propia naturaleza, derivan valor de su unidad. Según Dacia Maraini, pedir a los donantes que retiren sus archivos equivale a renegar de una historia de décadas y debilitar la función pública de una institución cultural. Una postura compartida por muchos estudiosos, que subrayan cómo el Estado ya ha incurrido en importantes gastos para el traslado y conservación de estos fondos y cómo su eventual devolución supondría nuevos gastos, así como el riesgo de litigios.
El asunto también ha llegado al Parlamento. El pasado miércoles 28 de enero, el diputado Matteo Orfini, del Partido Democrático, presentó una pregunta escrita a la ministra de Cultura, en la que pedía aclaraciones sobre la legitimidad de la declaración de nulidad de las donaciones y sobre las iniciativas que el ministerio piensa tomar para evitar la dispersión de un patrimonio de gran interés público. El documento recuerda el papel histórico de la Galería y el valor insustituible de sus archivos, utilizados por generaciones de estudiosos italianos y extranjeros.
Mientras tanto, desde el área romana ha llegado una propuesta concreta para evitar que los archivos sean desmembrados o devueltos de forma fragmentaria. La concejala de Cultura del I Ayuntamiento, Giulia Silvia Ghia, ha enviado un llamamiento al Ministerio de Cultura y a la Gnamc, ofreciendo la disponibilidad del Ayuntamiento de Roma para hacerse cargo temporal y condicionalmente de los archivos. La idea es albergarlos en los espacios del sistema archivístico capitolino, desde los locales de Villa Torlonia hasta el Archivo Histórico Capitolino, garantizando la continuidad de la conservación, la gestión profesional y el acceso público a la espera de las aclaraciones administrativas necesarias.
Ghia ha subrayado que no se trata de un enfrentamiento entre instituciones ni de una amnistía impropia, sino de un acto de responsabilidad institucional dirigido exclusivamente a proteger el interés público. El objetivo declarado es evitar decisiones irreversibles que borrarían una pieza fundamental de la memoria artística italiana y mantener viva la consulta de materiales que incluyen documentos de artistas como De Chirico, Guttuso, Carrà, Manzù, Morandi, Balla y Burri.
Una cuestión fundamental sigue estando en el centro del debate: ¿es más importante atenerse rígidamente a argucias de procedimiento o salvaguardar y valorizar un patrimonio que ya ha sido reconocido de interés cultural en el pasado y que ha sido confiado a la Gnamc en un clima de confianza institucional? Para muchos observadores, si efectivamente hay fallos en los actos administrativos, la vía más adecuada sería subsanarlos, mediante un reexamen compartido y una voluntad política clara, en lugar de dispersar unos archivos que constituyen fuentes primarias de la historia del arte del siglo XX. Así pues, el futuro de los archivos de la Galería Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo sigue siendo incierto, suspendido entre obras abiertas, controles burocráticos y presiones del mundo cultural. Pero el caso ya ha tenido el mérito de volver a poner en el centro de la escena el valor de la memoria y la responsabilidad de las instituciones a la hora de preservarla y hacerla accesible a las generaciones futuras.
![]() |
| Gnam, archivos en peligro: el caso de las donaciones que hacen debatir a los estudiosos |
Advertencia: la traducción al español del artículo original en italiano se ha realizado mediante herramientas automáticas. Nos comprometemos a revisar todos los artículos, pero no garantizamos la ausencia total de imprecisiones en la traducción debidas al programa. Puede encontrar el original haciendo clic en el botón ITA. Si encuentra algún error, por favor contáctenos.