Trento, debate sobre el metro Esther Stocker


La intervención de Esther Stocker, un importante nombre del arte internacional, ha transformado un lugar de tránsito de Trento en una importante obra de arte. Pero no ha faltado la polémica. Y su obra ya ha sido objeto de vandalismo (aunque inmediatamente reparado).

La remodelación del metro de Via Canestrini en Trento, recientemente transformado gracias a una gran obra de Ester Stocker (Silandro, 1974) titulada Sottopasso lineare, es un caso emblemático de cómo el arte público puede intervenir en el espacio de la ciudad, transformando lugares puramente funcionales en experiencias estéticas y sensoriales. No sin suscitar cierta polémica. El proyecto, nacido de la sinergia entre el Mart, la Galleria Civica y la administración municipal, contó con la participación directa, como estaba previsto, de Esther Stocker, artista de origen sudtirolés afincada en Viena, cuyas investigaciones se centran desde hace tiempo en la redefinición de los espacios mediante un uso riguroso de la geometría y una paleta de colores reducida a lo esencial. La intervención no se limitaba a una simple operación de decoración superficial, sino que pretendía regenerar un punto frágil del tejido urbano, haciendo hincapié en la dimensión ética de la producción artística aplicada al espacio colectivo.

La obra que ha modificado el metro, que forma parte de un vasto proyecto de regeneración urbana que va a transformar toda la antigua zona SIT, cerca de la estación de ferrocarril, que se convertirá en un gran nudo de intercambio para la movilidad urbana, se presenta como una compleja red de líneas blancas y negras que se persiguen a lo largo de las paredes, el techo y el suelo, creando un entorno inmersivo que desafía las convenciones habituales de la vista. Estas líneas, aunque parten de un orden aparentemente simétrico, sufren súbitas desviaciones y fracturas, albergando en su interior distorsiones que rompen la uniformidad de la visión. Según la visión de Stocker, el objetivo principal es devolver el valor a un lugar de tránsito frecuentado a diario por los ciudadanos, ofreciendo una experiencia tan inusual como atractiva. El artista interpreta el trabajo en el espacio público como un acto de compartir, destinado a estimular la percepción de los transeúntes y reactivar su atención hacia entornos que habitualmente se recorren de forma distraída o automática.

Esther Stocker, Paso subterráneo lineal. Foto: Emma Bonvecchio, con permiso del Ayuntamiento de Trento.
Esther Stocker, Paso subterráneo lineal. Foto: Emma Bonvecchio, cortesía del Ayuntamiento de Trento
Esther Stocker, Paso subterráneo lineal. Foto: Emma Bonvecchio, con permiso del Ayuntamiento de Trento.
Esther Stocker, Paso subterráneo lineal. Foto: Emma Bonvecchio, cortesía del Ayuntamiento de Trento

Desde el punto de vista técnico, la realización de Sottopasso lineare requirió un esfuerzo considerable y una colaboración constante entre la artista, los servicios técnicos del municipio y los contratistas. La empresa Nerobutto se encargó de la pintura, mientras que la empresa Demi se ocupó de la renovación de los componentes eléctricos. Además del valor puramente estético, la intervención supuso una importante modernización estructural: el sistema de iluminación se rehizo por completo, con la sustitución de las antiguas luminarias por sistemas de alta eficiencia que garantizan un mejor rendimiento y un importante ahorro energético. Al mismo tiempo, se llevaron a cabo obras de impermeabilización para resolver los problemas relacionados con las infiltraciones de agua, y se restauraron los sistemas de videovigilancia retirados previamente para permitir las obras.

La obra se inscribe en un contexto urbano en rápida evolución, actuando como enlace privilegiado entre el centro de la ciudad y el nuevo centro intermodal de la antigua zona Sit. Para el alcalde de Trento , Franco Ianeselli, la transformación de este pasillo anónimo en una obra de arte público encarna la idea de una ciudad capaz de aportar belleza y emoción a la vida cotidiana, inspirándose en aquella tradición histórica en la que se recurría a los artistas para dar forma a las fachadas, iglesias y edificios de los centros urbanos. Desde esta perspectiva, la intervención de Stocker consigue dar una identidad precisa a un espacio que hasta hace poco carecía de carácter, integrándolo plenamente en las vías de movilidad de la ciudad.

El planteamiento de Esther Stocker, a caballo entre el arte óptico y el minimalismo, pretende invitar al público a una profunda interacción con la arquitectura. El metro deja así de ser un simple punto en el mapa para convertirse en un “momento” perceptivo, un sistema nervioso de líneas que obliga al cerebro a buscar un orden constantemente desafiado por la propia obra. La metamorfosis de la Via Canestrini no fue, pues, un simple cambio de vestido cromático, sino una propuesta de arte público sensible que pretende cambiar la forma en que los ciudadanos interactúan con el territorio.

Sin embargo, el nuevo diseño del metro de Via Canestrini ha generado un acalorado debate que ha dividido a la opinión pública y a la política local. Las críticas se han centrado en tres frentes principales: la accesibilidad sensorial, el impacto económico de la obra y la gestión del decoro urbano existente. Muchos ciudadanos expresaron su malestar por el fuerte impacto visual de las líneas discontinuas en blanco y negro, quejándose de un efecto desorientador que algunos describieron como causante de “dolores de cabeza” al cruzar. En el plano político, la oposición y algunos miembros de la mayoría expresaron su profunda preocupación por la decisión de favorecer la búsqueda estética en detrimento de la función primordial del lugar. En concreto, los concejales de Generazione Trento señalaron que una obra pública debe cumplir los criterios del “diseño universal”, teniendo en cuenta las necesidades de las personas con fragilidad cognitiva, visual o motriz. Según esta opinión, aunque la intervención es conceptualmente interesante y audaz, carecería de accesibilidad sensorial, lo que crearía un posible cortocircuito entre la libertad expresiva del artista y las necesidades de quienes tienen que utilizar a diario un cruce crucial para la movilidad. A continuación, el concejal Renato Tomasi señaló que la nueva instalación ha borrado los murales anteriores creados por jóvenes escritores aficionados, unas veces de forma independiente y otras en colaboración con las políticas de juventud del municipio, lo que plantea dudas sobre la continuidad de los proyectos de participación colectiva.

La ceremonia de inauguración, el 20 de enero
La ceremonia de inauguración, el 20 de enero
El metro de Via Canestrini antes de la intervención de Esther Stocker
El metro de Via Canestrini antes de la intervención de Esther Stocker
Trento, el proyecto de reurbanización de la antigua zona SIT
Trento, el proyecto de reurbanización de la antigua zona SIT

Otro punto central de controversia se refiere al aspecto financiero de Sottopasso lineare, con un coste total de unos 80.000 euros. El concejal de Fratelli d’Italia Daniele Demattè cuestionó duramente la cuantía del gasto, calificándolo de desproporcionado respecto a los 10.000 euros que se habían destinado inicialmente mediante una enmienda vinculada a una variación presupuestaria. Demattè pidió explicaciones sobre cómo la cifra final podía haber ascendido a ocho veces lo acordado inicialmente entre las fuerzas políticas. La respuesta del alcalde Ianeselli no se hizo esperar: el primer ciudadano precisó que la cantidad total no constituye la remuneración de la artista Esther Stocker, sino que cubre toda la operación de reurbanización. Esto incluye, además del componente artístico, la mano de obra especializada para la pintura y, sobre todo, los trabajos estructurales necesarios, como el nuevo sistema de iluminación y la impermeabilización de los muros para luchar contra las infiltraciones. No obstante, estas cifras son totalmente acordes con proyectos de este tipo.

En cualquier caso, los partidarios del proyecto, como el conservador Gabriele Lorenzoni, de la Galleria Civica, siguen defendiendo la transformación del metro como un acto de transformación ética del espacio, necesario para revitalizar una zona destinada de otro modo a la degradación. Por no hablar de que Trento cuenta ahora con una obra pública de un importante artista reconocido internacionalmente, que, además, es plenamente consciente de la función social del arte, como ha declarado en las últimas horas en una larga entrevista con Gabriele Landi publicada en Finestre sull’Arte (dedicada a su arte en general, y en la que no se tocó el tema de la polémica). Según Stocker, el arte sólo tiene sentido si se inscribe en una dimensión social: “Creo que el arte sólo tiene sentido si se concibe de este modo. En mi opinión, no de un modo excesivamente educativo, sino de un modo que permita una dimensión poética, estética, un lugar de encuentro. Estos lugares de encuentro no deben pensarse sólo como lugares psíquicos, sino también como lugares mentales, donde las formas, los pensamientos y las maneras de pensar pueden conducirnos a la belleza”.

Pero no sólo ha habido polémica. Menos de cuarenta y ocho horas después de la ceremonia de inauguración, que tuvo lugar el 20 de enero, la obra de Via Canestrini fue objeto de un acto vandálico que reavivó el debate sobre la seguridad urbana. La noche siguiente a la reapertura, aparecieron sobre las superficies blancas del metro unos escritos realizados con un trazo oscuro , desfigurando la instalación en uno de sus puntos más visibles. Entre los mensajes dejados por los vándalos había escritos insultantes y siglas dirigidas contra la policía, gesto que fue condenado inmediatamente por las autoridades y los sindicatos.

El Siap, Sindacato Italiano Appartenenti Polizia, calificó el incidente de despreciable desfiguración del decoro y del patrimonio colectivo, interpretándolo como una preocupante muestra de desprecio hacia las instituciones y hacia quienes trabajan por la seguridad de los ciudadanos. Según el sindicato, este episodio demuestra una vulnerabilidad que en parte había sido prevista y denunciada incluso a través de los canales sociales en los días previos a la inauguración. El acto vandálico golpeó un espacio que fue creado precisamente con la intención de borrar las señales de degradación y devolver la dignidad a una zona estratégica para el tránsito peatonal.

El episodio volvió a poner en primer plano la cuestión de la prevención y la vigilancia de la zona. Aunque el metro estaba equipado con cámaras de seguridad conectadas a un sistema de videovigilancia recién restaurado, el episodio confirmó que la tecnología por sí sola no siempre es suficiente para evitar actos relámpago de deterioro. La indignación por los garabatos tocó también a los ciudadanos que habían apreciado la intervención de Esther Stocker, que vieron en el vandalismo no una forma de rebeldía artística, sino una falta de sentido cívico y de respeto por el bien común. Hubo quien reflexionó sobre la incapacidad de una parte de la sociedad para reconocer y defender la belleza urbana, señalando cómo a menudo nos damos cuenta del valor de un lugar sólo cuando es desfigurado. A pesar de la polémica sobre el carácter “psicodélico” y divisivo del metro, el ataque vandálico se percibió de forma generalizada como perjudicial para toda la comunidad trentina.

Sin embargo, la reacción de la administración municipal ante los daños causados a la obra fue inmediata y estuvo marcada por la firmeza, manteniendo al mismo tiempo un enfoque orientado a la educación y no a la mera represión. De hecho, los escritos que habían desfigurado los muros de Via Canestrini se eliminaron fácilmente: al haber sido realizados con lápices o colores muy claros, bastó una simple goma de borrar para devolver a las superficies su aspecto original. Esta sencilla intervención demostró que, paradójicamente, la elección de un diseño basado en líneas claras y colores puros como el blanco y el negro facilita las operaciones de mantenimiento y restauración en caso de pequeños actos vandálicos.

Imágenes de la exposición Caos Calmo (comisariada por Gabriele Lorenzoni, Galleria Civica, Trento). Foto: Edoardo Meneghini, cortesía del Museo Mart - Rovereto
Imágenes de la exposición Caos Calmo de Esther Stocker (comisariada por Gabriele Lorenzoni, Galleria Civica, Trento). Foto: Edoardo Meneghini, cortesía del Museo Mart - Rovereto
Imágenes de la exposición Análisis del error de Esther Stocker, cinta adhesiva en pared y suelo (comisariada por Ángel moya García, 2025, Tenuta dello Scompiglio, Lucca). Foto: Leonardo Morfini, cortesía de Associazione Culturale Dello Scompiglio, Lucca
Imágenes de la exposición de Esther Stocker Análisis del error, cinta adhesiva sobre pared y suelo (comisariada por Ángel moya García, 2025, Tenuta dello Scompiglio, Lucca). Foto: Leonardo Morfini, cortesía de Associazione Culturale Dello Scompiglio, Lucca

El alcalde Franco Ianeselli tranquilizó a los ciudadanos durante una rueda de prensa sobre la eficacia de los sistemas de control. Gracias a las nítidas imágenes proporcionadas por las cámaras de videovigilancia, los autores de las pintadas fueron identificados como sujetos absolutamente reconocibles, lo que permitió a las autoridades competentes proceder a las actividades normales de identificación. El primer ciudadano reiteró su satisfacción por el resultado estético y estructural de la obra, invitando a todos a recorrerla personalmente para superar prejuicios y experimentar la emoción que transmite la instalación, si bien admitió que la percepción del arte sigue siendo un hecho subjetivo. Sin embargo, una propuesta innovadora partió de la teniente de alcalde y concejala de Cultura, Elisabetta Bozzarelli, quien subrayó la importancia de abordar la cuestión desde la perspectiva de la educación cívica. En lugar de limitarse a sanciones puramente punitivas, el ayuntamiento ha sugerido obligar a los responsables de la pintada a limpiar otros muros de la ciudad que hayan sido pintarrajeados con anterioridad. La idea que subyace tras esta medida es promover una cultura de cuidado del bien público, convirtiendo un error individual en una oportunidad de aprendizaje y participación activa en el mantenimiento del decoro urbano.

La historia del metro de Via Canestrini se cierra, al menos en este primer capítulo, con una nueva e importante obra para Trento, realizada por una artista de la talla de Esther Stocker. Y el proyecto de remodelación no acaba aquí: en los próximos meses se completará el revestimiento exterior del metro y del tramo de carretera que lo conecta con el nuevo centro intermodal, completando así una intervención que pretende cambiar definitivamente la fisonomía de un barrio de Trento.

Trento, debate sobre el metro Esther Stocker
Trento, debate sobre el metro Esther Stocker



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