Vuelven al ataque: como titulan todos los periódicos, sobre la base de no menos de ciento cincuenta mil firmas recogidas, Silvano Vinceti y su “equipo” han vuelto a reclamar en los últimos días, con renovada insistencia, el regreso de la Gioconda de Leonardo da Vinci a Italia1, tal vez para una exposición que podría llevarla a Florencia y Roma2 (¡ciudades notoriamente necesitadas de relanzamiento turístico y de imagen...! !).
No me perderé en inútiles preámbulos, sólo recordaré a los que se hayan perdido algo (porque por lo que se lee en redes sociales, foros y blogs hay muchos que no saben lo que pasó) que la Gioconda no nos pertenece: Leonardo se la llevó consigo cuando se trasladó a Francia en 1516, y luego el cuadro fue vendido al rey Francisco I. Desde entonces, la Gioconda es, por así decirlo, “francesa”. Por lo tanto, afirmar, como hacen algunos, que la Gioconda "pertenece legítimamente a nuestro país, teniendo en cuenta el lugar de nacimiento de Leonardo da Vinci"3, es completamente ilógico tanto desde el punto de vista jurídico como histórico-artístico. Por lo demás, si entretanto ha cambiado alguna ley y nadie me ha avisado, les diré a mis padres que tendrán que devolver sus azulejos a Portugal, por ejemplo.
Así pues, la petición de devolución, aunque sea temporal, de la Gioconda a Italia no tiene sentido por varias razones:
El público no está formado por individuos groseros a los que hay que asombrar “con efectos especiales”: considerar la historia del arte como un circo para divertir a la mayoría de la gente es una profunda falta de respeto hacia el propio público, y operaciones como la posible (y esperemos que nunca real) devolución de la Gioconda a Italia van precisamente en esa dirección. Ya tenemos un enorme patrimonio cultural y artístico propio, no necesitamos pedir “obras maestras” a otros países. Pensemos más bien en valorizar lo que ya tenemos (algo que no se nos da tan bien a la vista de las últimas noticias). Las ciento cincuenta mil firmas podrían emplearse en batallas más sensatas: la última en orden cronológico, por ejemplo, es la que llevó a cabo Giulio Burresi para evitar que un importantísimo complejo museístico, el de Santa Maria della Scala en Siena, tuviera que cerrar sus puertas. Cuidemos de conocer, apreciar, valorar lo que tenemos y, sobre todo, evitemos que las razones de la cultura y el arte cedan ante las de las operaciones comerciales. Lo que me sorprende, sin embargo, es que ya se hablaba de esto hace un año, y ya entonces se esgrimían razones para impedir tal operación. Sin embargo, ha pasado un año y seguimos hablando de ello...
El autor de este artículo: Federico Giannini
Nato a Massa nel 1986, si è laureato nel 2010 in Informatica Umanistica all’Università di Pisa. Nel 2009 ha iniziato a lavorare nel settore della comunicazione su web, con particolare riferimento alla comunicazione per i beni culturali. Nel 2017 ha fondato con Ilaria Baratta la rivista Finestre sull’Arte. Dalla fondazione è direttore responsabile della rivista. Nel 2025 ha scritto il libro Vero, Falso, Fake. Credenze, errori e falsità nel mondo dell'arte (Giunti editore). Collabora e ha collaborato con diverse riviste, tra cui Art e Dossier e Left, e per la televisione è stato autore del documentario Le mani dell’arte (Rai 5) ed è stato tra i presentatori del programma Dorian – L’arte non invecchia (Rai 5). Al suo attivo anche docenze in materia di giornalismo culturale all'Università di Genova e all'Ordine dei Giornalisti, inoltre partecipa regolarmente come relatore e moderatore su temi di arte e cultura a numerosi convegni (tra gli altri: Lu.Bec. Lucca Beni Culturali, Ro.Me Exhibition, Con-Vivere Festival, TTG Travel Experience).
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