Caravaggio, Cigoli, Passignano: tres artistas compitiendo por un cuadro. ¿O no?


Una de las competiciones más famosas de la historia del arte vio enfrentarse a Caravaggio, Cigoli y Passignano, tres grandes artistas. Pero, ¿qué hay de cierto en esta historia?

Y como monseñor Massimi quería un Ecce Homo que le satisficiera, encargó uno a Passignano, otro a Caravaggio y otro a Cigoli, sin conocimiento de uno ni de otro; todos los cuales, una vez terminados y comparados, le gustó el suyo más que los otros, por lo que lo conservó consigo mientras estuvo en Roma, y luego fue llevado a Florencia y vendido a Severi".

Estas son las palabras que nos han transmitido uno de los"concursos" más famosos de la historia del arte. Estamos en 1605: juez del concurso y comisario de las obras es el cardenal Massimo Massimi, prelado romano de noble cuna. Los tres contendientes son tres de los más grandes artistas de la época: Michelangelo Merisi conocido como Caravaggio, Ludovico Cardi conocido como Cigoli y Domenico Cresti conocido como Passignano. Los tres tienen curiosamente en común que su apodo es el nombre de un pueblo: el lugar de nacimiento de Cardi y Cresti, el de la madre de Merisi. El concurso consistía en proponer a Massimo Massimi un cuadro cuyo tema fuera el EcceHomo, es decir, el momento de la Pasión de Cristo en el que Jesús, tras ser flagelado, es presentado por Poncio Pilato al pueblo para demostrar su flagelación. La expresión “Ecce Homo”, en latín, significa “he aquí al hombre”: el episodio se relata en el Evangelio de Juan. El cuadro considerado mejor por Massimo Massimi ganará el"concurso".

Caravaggio, Cigoli e Passignano
Caravaggio, Cigoli y Passignano

El cuadro de Caravaggio, ahora en el Palazzo Bianco de Génova, muestra a un Jesús sufriente pero tranquilo, porque ya sabe cuál será su destino. Ya ha sufrido la coronación de espinas y sostiene una caña que le han colocado en la mano a modo de cetro para burlarse de aquel a quien la gente aclamaba como el Rey de los Judíos. Un sirviente, representado con excelente realismo, le cubre la espalda. Poncio Pilato está a la derecha, con expresión natural y severa, pero mirando al observador con aire casi interrogativo, quizá preguntándose si el castigo es realmente el que Cristo merece. Tanto el sirviente como Poncio Pilato están vestidos con ropas modernas, una característica típica del arte del siglo XVII.

Ecce Homo di Caravaggio, Genova, Palazzo Bianco
Ecce Homo de Caravaggio, Génova, Palazzo Bianco

En cambio, el cuadro de Cigoli, que se encuentra en el Palazzo Pitti de Florencia, es a la vez más sufriente y más refinado. El sufrimiento se aprecia en el rostro de Jesús, visiblemente abrumado por el suplicio al que ha sido sometido. Como en el cuadro de Caravaggio, tiene la corona de espinas y la caña en las manos. Manos que están atadas con una cadena de metal y no simplemente con una cuerda como en el cuadro de Michelangelo Merisi: este recurso comunica también un mayor dramatismo. Angustiada es también la mirada de Poncio Pilato, que parece participar en el dolor de Cristo. El refinamiento de Cigoli (era toscano, y por tanto tradicionalmente inclinado a una pintura más elegante) se nota especialmente en el exótico atuendo de Poncio Pilato: túnica adamascada y turbante a la moda, todo para un atuendo de estilo oriental elegido, como escribió Roberto Longhi, para “responder mejor al gusto florido y lujoso de la época saliente”. La sirvienta también aparece en Cigoli, menos joven y con rasgos mucho menos delicados que en Caravaggio.

Ecce Homo di Cigoli, Firenze, Palazzo Pitti
Ecce Homo de Cigoli, Florencia, Palacio Pitti

El cuadro ejecutado por Passignano, sin embargo, desgraciadamente no ha llegado hasta nosotros. Al final, parece que el cardenal Massimo Massimi decretó su decisión: el ganador del concurso sería Ludovico Cardi, conocido como Cigoli. Y durante mucho tiempo muchos consideraron incontrovertible esta sabrosa historia, la de Cigoli logrando vencer a Caravaggio en un concurso. Pero, ¿realmente sucedieron así las cosas?

El pasaje que citábamos al principio fue escrito por Giambattista Cardi, sobrino de Ludovico, antes de 1628, es decir, unos años después de la muerte del pintor en 1613. Pero, ¿estamos seguros de lo que escribió el sobrino de Ludovico? Ciertamente, sería muy sugerente pensar que efectivamente hubo una competición entre los tres artistas, y que fue Cigoli quien venció a Caravaggio. Una competición que hoy resulta aún más fascinante por el hecho de que, a los ojos de nuestros contemporáneos, el genio de Merisi parece muy superior al de Ludovico Cardi, a pesar de que en aquella época Cigoli y Caravaggio eran artistas muy consagrados.

En el siglo XX, sin embargo, se deslizó la sospecha de que el paso dado por Giambattista Cardi había sido un expediente para celebrar la figura de su tío y hacerla aparecer así triunfante sobre la de uno de los pintores más en boga en la Roma de principios del siglo XVII y destinado a condicionar el arte de todo un siglo (y más allá). Estas sospechas se convirtieron en certezas a raíz de un estudio de la historiadora del arte Rosanna Barbiellini Amidei(Della committenza Massimi in Caravaggio. Nuove riflessioni, libro de 1989 de la serie “Quaderni di Palazzo Venezia”). En su investigación, la erudita publicó documentos que atestiguan que hubo dos encargos, y además distintos. En efecto, Caravaggio recibió el encargo de realizar un Ecce Homo en 1605: la obra debía servir de colgante a una Coronación de espinas ejecutada anteriormente. Probablemente se trate de laCoronación de Espinas que hoy se encuentra en el Palacio de los Alberti de Prato. Existe una nota del pintor lombardo, en la que el propio artista escribe que se comprometió a realizar “un cuadro de valor y grandeza como el que hice de la Coronación de Espinas para él el primero de agosto de 1605”. La nota está fechada el 25 de junio de 1605. Cigoli, por su parte, pintó su Ecce Homo dos años más tarde, en 1607: existe una nota que atestigua esta fecha (para ser exactos, el tres de marzo de ese año). Dos obras, pues, creadas en dos fechas distintas, con dos años de diferencia (y el hecho de que la obra de Cigoli se pintara más tarde puede explicar quizá los puntos de contacto con la de Caravaggio) y en contextos diferentes. Y documentos que han llevado a los estudiosos a descartar la idea de una competición entre artistas y considerarla un recurso literario de Giambattista Cardi. Un “mero producto de la imaginación”, como escribió Roberto Contini en 1991 en su importante ensayo sobre Ludovico Cardi.

Así pues, los documentos nos devuelven a la realidad: pero siempre es romántico pensar que estos tres grandes artistas se retaron con un pincel, sobre el mismo tema, y que uno de los tres (y, además, ni siquiera el que gozó de más éxito y estima) resultó vencedor. Por eso, aunque se ha comprobado que el concurso no tuvo lugar, todo el mundo sigue recordando este episodio: inventado, pero sugerente. Por supuesto, a quienes observen el cuadro se les dirá más tarde que el concurso nunca tuvo lugar. Pero el episodio sigue embelesando a los amantes del arte siglos después: incluso detrás de estas anécdotas se esconde la fascinación de la historia del arte.


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